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  • viva el Wed11May16 Permalink
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    Familia burguesa, estado burgués y religión burguesa 

    Familia burguesa, estado burgués y religión burguesa: la santa trinidad de las hamburguesas.

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  • viva el Fri20Sep13 Permalink
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    Los viernes se nos aparece la Trinidad a… 

    Los viernes se nos aparece la Trinidad, a eso del mediodía.

     
  • viva el Mon3Jun13 Permalink
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    Familia patria y Dios forman la oscura Trinidad… 

    Familia, patria y Dios forman la oscura Trinidad del Capitalismo y el PP es su profeta.

     
  • viva el Fri16Nov07 Permalink
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    Trinidad 

    Muerto en la curva del camino estaba Pedro. Su asno lamía las heridas de basilisco que le mataron junto al trébol de cuatro hojas que su burro comió.

     
  • viva el Mon13Aug07 Permalink
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    Julio Skarmenti 

    Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
    Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

    —Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

    Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.

    Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.

    El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.

    Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula.

    A pesar de su empecinamiento, la mula sabía hacer su trabajo con el más esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorría las más importantes plazas y calles del lugar, lo cual permitía a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y latón- su maravilloso y único espectáculo en el mundo. Espectáculo en el que todos tenían su papel asignado, desde la cabra, que no sólo daba leche a la familia sino también conciertos de pedorretas al público congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quimérica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantalón de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse oídos sordos pues su estertor era fácilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en más de una ocasión entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

    Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorría la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o recién hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el día y mostraban durante la noche a los valientes como él.

    Caminó entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas pétreas estuvieran abandonadas a la intemperie. Pequeñas veredas se bifurcaban, dándole la oportunidad de sentir la náusea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sentía que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tomó el amplio paseo que conducía a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentación de caminar bajo su sólido y único arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes oía a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofrío, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspondía, recorría su cuerpo. […]

     
    • boscour el Mar14Ago07 Permalink | Inicia sesión para responder

      Esto merece un largo, muy largo desarrollo. Buenísimo.

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    • Ahasvero el Mie15Ago07 Permalink | Inicia sesión para responder

      Puede continuarse… :lol:

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    • boscour el Jue16Ago07 Permalink | Inicia sesión para responder

      …que muy seria, como si reconociese por adelantado no sólo haber elegido el camino correcto hacia el escenario donde estaba escrito que se desarrollara el próximo capítulo del destino de los Skarmenti, sino el argumento mismo de dicho futuro familiar.
      Julio compartía con la mula ese secreto que los demás apenas sospechaban lo suficiente como para no contradecir las manifiestas y tercas intenciones de la mula que, llegada a cada bifurcación de los caminos, tendía a desviarse más y más hacia los altos montes donde los últimos escitas escondían aquellos juegos de piedras gastadas por el manoseo a que eran sometidos en procura de torcer el sempiterno veredicto. Todavía faltaba mucho, pero el muchacho y la mula sabían que se estaban aproximando. Faltaban los diluvios del hondo valle entrevistos en los sueños repetidos, donde y cuando las bestias se enterrarían hasta los cuartos y las carretas hasta los ejes. Faltaba pasar por el ataque de las manadas de perros cimarrones enfurecidas por el hambre. Faltaba todavía atravesar aquel desierto extrapolado de antiguos mapas manuscritos, donde el agua tornaríase en sangre y el sol se clavaría en un perenne cenit de plomo derretido. Por no más que mencionar algunas cosas de las tantas que faltaban ocurrir antes de terminar la actual jornada, La última luminosa.

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    • Ahasvero el Mar21Ago07 Permalink | Inicia sesión para responder

      en una jornada piensas liquidarte el muy, muy largo desarrollo?

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    • boscour el Mie22Ago07 Permalink | Inicia sesión para responder

      No sería para tanto pero puedo afirmar como testigo inoportuno que he sido, que harto trabajo le daba a Julio Skarmenti extrer de entre sus ropas y desarrollar ante los ojos de la golosa mula la desproporcionada probostide inguinal que la naturaleza y tal vez la suerte, le habían regalado. No otro era el motivo que llevaba a la jumenta a arrastrar a Julio hacia los más apartados bosques, los más solitarios valles y en fin cualquier lugar donde pudiera esperar tranquila el desarrollo de los acontecimientos.

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  • viva el Mon13Aug07 Permalink
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    Skarmenti 

    Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
    Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

    • Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

    Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
    Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
    El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
    Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

    a las 10 en casa

     
    • boscour el Mar14Ago07 Permalink | Inicia sesión para responder

      Esto merece un largo, muy largo desarrollo. Buenísimo.

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      Puede continuarse… :lol:

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      …que muy seria, como si reconociese por adelantado no sólo haber elegido el camino correcto hacia el escenario donde estaba escrito que se desarrollara el próximo capítulo del destino de los Skarmenti, sino el argumento mismo de dicho futuro familiar.
      Julio compartía con la mula ese secreto que los demás apenas sospechaban lo suficiente como para no contradecir las manifiestas y tercas intenciones de la mula que, llegada a cada bifurcación de los caminos, tendía a desviarse más y más hacia los altos montes donde los últimos escitas escondían aquellos juegos de piedras gastadas por el manoseo a que eran sometidos en procura de torcer el sempiterno veredicto. Todavía faltaba mucho, pero el muchacho y la mula sabían que se estaban aproximando. Faltaban los diluvios del hondo valle entrevistos en los sueños repetidos, donde y cuando las bestias se enterrarían hasta los cuartos y las carretas hasta los ejes. Faltaba pasar por el ataque de las manadas de perros cimarrones enfurecidas por el hambre. Faltaba todavía atravesar aquel desierto extrapolado de antiguos mapas manuscritos, donde el agua tornaríase en sangre y el sol se clavaría en un perenne cenit de plomo derretido. Por no más que mencionar algunas cosas de las tantas que faltaban ocurrir antes de terminar la actual jornada, La última luminosa.

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    • Ahasvero el Mar21Ago07 Permalink | Inicia sesión para responder

      en una jornada piensas liquidarte el muy, muy largo desarrollo?

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    • boscour el Mie22Ago07 Permalink | Inicia sesión para responder

      No sería para tanto pero puedo afirmar como testigo inoportuno que he sido, que harto trabajo le daba a Julio Skarmenti extrer de entre sus ropas y desarrollar ante los ojos de la golosa mula la desproporcionada probostide inguinal que la naturaleza y tal vez la suerte, le habían regalado. No otro era el motivo que llevaba a la jumenta a arrastrar a Julio hacia los más apartados bosques, los más solitarios valles y en fin cualquier lugar donde pudiera esperar tranquila el desarrollo de los acontecimientos.

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    Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas… 

    Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
    Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

    —Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

    Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
    Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
    El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
    Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

     
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      …que muy seria, como si reconociese por adelantado no sólo haber elegido el camino correcto hacia el escenario donde estaba escrito que se desarrollara el próximo capítulo del destino de los Skarmenti, sino el argumento mismo de dicho futuro familiar.
      Julio compartía con la mula ese secreto que los demás apenas sospechaban lo suficiente como para no contradecir las manifiestas y tercas intenciones de la mula que, llegada a cada bifurcación de los caminos, tendía a desviarse más y más hacia los altos montes donde los últimos escitas escondían aquellos juegos de piedras gastadas por el manoseo a que eran sometidos en procura de torcer el sempiterno veredicto. Todavía faltaba mucho, pero el muchacho y la mula sabían que se estaban aproximando. Faltaban los diluvios del hondo valle entrevistos en los sueños repetidos, donde y cuando las bestias se enterrarían hasta los cuartos y las carretas hasta los ejes. Faltaba pasar por el ataque de las manadas de perros cimarrones enfurecidas por el hambre. Faltaba todavía atravesar aquel desierto extrapolado de antiguos mapas manuscritos, donde el agua tornaríase en sangre y el sol se clavaría en un perenne cenit de plomo derretido. Por no más que mencionar algunas cosas de las tantas que faltaban ocurrir antes de terminar la actual jornada, La última luminosa.

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      en una jornada piensas liquidarte el muy, muy largo desarrollo?

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      No sería para tanto pero puedo afirmar como testigo inoportuno que he sido, que harto trabajo le daba a Julio Skarmenti extrer de entre sus ropas y desarrollar ante los ojos de la golosa mula la desproporcionada probostide inguinal que la naturaleza y tal vez la suerte, le habían regalado. No otro era el motivo que llevaba a la jumenta a arrastrar a Julio hacia los más apartados bosques, los más solitarios valles y en fin cualquier lugar donde pudiera esperar tranquila el desarrollo de los acontecimientos.

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    ALFONSO TIPODURO 

    Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
    A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
    Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
    Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
    Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
    Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

    He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

    Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

    Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

     
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    PFNHDM 2.UN TIPO ORDINARIO Y OBSCENAMENTE FELIZ 

    Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
    A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
    Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
    Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
    Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
    Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

    He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

    Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

    Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

     
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    PFNHDM 1.LA LLAMADA DE MISTER DOLAR 

    El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
    –¿Hola? ¿Alfonso?
    –Sí, diga.
    –Soy yo, Gonzalo.
    –Ah, hola, jefe.
    –Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
    –Sí claro, jefe.
    –Vale. Aquí te espero.
    –Vale.
    Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
    El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Amstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.
    club
    –No está.
    –¿No está…?
    –No, no está.
    –¿Pero vendrá?
    –Sí, claro vendrá.
    –¿Cuándo?
    –Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
    –Me llamó para un trabajito.
    –¿Y no le dijo cuando vendría?
    –No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
    –Pues tendrá que esperarle.
    –Está bien. Póngame un güisqui.
    –Claro, como no.
    Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
    El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
    –No soporto a Nino Bravo.
    –Yo tampoco.
    –Y ¿Por qué lo pone?
    –Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
    –El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
    –Eso pienso.
    – …
    –Bueno, por fin se acabó.
    –También lo malo dura poco.
    –A veces.
    –La gran Aretha.
    –Eso está mejor.
    –Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
    –Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
    –Ya.
    –De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
    El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
    El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
    –Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
    –Gracias, Charli.
    –Yo no me llamo Charli.
    –Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
    Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
    –Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
    –Usted dirá, jefe.
    –Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
    –Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
    –Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
    –No te andas con rodeos.
    –No.
    –¿Y cómo se llama?
    –Eso no importa.
    –Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
    –Viene por aquí, por el bar.
    –Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
    –No estoy para bromas, joder.
    –Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
    –No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
    –Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
    –Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
    –Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
    –Tienes que jurármelo.
    –Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
    –Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
    –¿Un millón de qué…?
    –Euros, joder, euros.
    –¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
    –Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
    –¿Ah, pero tu mujer no..?
    –No, no lo sabe.
    –No, si digo que si no es la acosada.
    –¿Mi mujer acosada?
    –Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
    –Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
    –Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
    –Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
    –Siempre amenazan con lo mismo.
    –¿Esos canallas?
    –No, esas zorras.
    –Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
    –Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
    –Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
    –No nada, jefe, estaba recordando.
    –Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
    –Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
    –Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
    –Joder, jefe.

     
  • viva el Wed17Jan07 Permalink
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    ALFONSO TIPODURO 

    El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
    –¿Hola? ¿Alfonso?
    –Sí, diga.
    –Soy yo, Gonzalo.
    –Ah, hola, jefe.
    –Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
    –Sí claro, jefe.
    –Vale. Aquí te espero.
    –Vale.
    Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
    El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Armstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.

    –No está.
    –¿No está…?
    –No, no está.
    –¿Pero vendrá?
    –Sí, claro vendrá.
    –¿Cuándo?
    –Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
    –Me llamó para un trabajito.
    –¿Y no le dijo cuando vendría?
    –No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
    –Pues tendrá que esperarle.
    –Está bien. Póngame un güisqui.
    –Claro, como no.
    Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
    El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
    –No soporto a Nino Bravo.
    –Yo tampoco.
    –Y ¿Por qué lo pone?
    –Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
    –El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
    –Eso pienso.
    – …
    –Bueno, por fin se acabó.
    –También lo malo dura poco.
    –A veces.
    –La gran Aretha.
    –Eso está mejor.
    –Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
    –Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
    –Ya.
    –De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
    El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
    El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
    –Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
    –Gracias, Charli.
    –Yo no me llamo Charli.
    –Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
    Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
    –Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
    –Usted dirá, jefe.
    –Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
    –Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
    –Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
    –No te andas con rodeos.
    –No.
    –¿Y cómo se llama?
    –Eso no importa.
    –Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
    –Viene por aquí, por el bar.
    –Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
    –No estoy para bromas, joder.
    –Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
    –No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
    –Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
    –Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
    –Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
    –Tienes que jurármelo.
    –Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
    –Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
    –¿Un millón de qué…?
    –Euros, joder, euros.
    –¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
    –Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
    –¿Ah, pero tu mujer no..?
    –No, no lo sabe.
    –No, si digo que si no es la acosada.
    –¿Mi mujer acosada?
    –Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
    –Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
    –Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
    –Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
    –Siempre amenazan con lo mismo.
    –¿Esos canallas?
    –No, esas zorras.
    –Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
    –Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
    –Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
    –No nada, jefe, estaba recordando.
    –Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
    –Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
    –Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
    –Joder, jefe.

     
  • viva el Wed22Nov06 Permalink
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    Poesías 

    Cántico espiritual
    Canciones entre el Alma y el esposo

    1
    Esposa
    ¿Adónde te escondiste
    Amado, y me dexaste con gemido?
    Como el ciervo huyste
    aviéndome herido;
    salí tras ti clamando, y eras ydo. 5

    2
    Pastores, los que fuerdes
    allá por las majadas al otero,
    si por ventura vierdes
    aquél que yo más quiero,
    dezilde, que adolezco, peno, y muero. 10

    3
    Buscando mis amores
    yré por essos montes, y riberas;
    ni cogeré las flores;
    ni temeré las fieras;
    y passaré los fuertes, y fronteras. 15

    4
    ¡O bosques y espesuras
    plantadas por la mano del Amado!
    ¡o prado de verduras,
    de flores esmaltado!
    dezid si por vosotros a passado. 20

    5
    Mil gracias derramando
    pasó por estos sotos con presura;
    y yéndolos mirando
    con sola su figura
    vestidos los dexó de hermosura. 25

    6
    ¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
    Acaba de entregarte ya de vero:
    no quieras embiarme
    de oy más ya mensajero,
    que no saben dezirme lo que quiero. 30

    7
    Y todos quantos vagan
    de ti me van mil gracias refiriendo;
    y todos más me llagan,
    y déxanme muriendo,
    un no sé qué que quedan balbuziendo. 35

    8
    Mas ¿cómo perseveras,
    ¡o vida! no viviendo donde vives?
    ¿Y haziendo por que mueras
    las flechas, que recives
    de lo que del Amado en ti concibes? 40

    9
    ¿Por qué, pues as llagado
    aqueste coraçón, no le sanaste?
    Y pues me le as robado,
    ¿por qué assí le dexaste,
    y no tomas el robo, que robaste? 45

    10
    Apaga mis enojos,
    pues que ninguno basta a deshazellos.
    Y véante mis ojos,
    pues eres lumbre dellos;
    y sólo para ti quiero tenellos. 50

    11
    Descubre tu presencia,
    y máteme tu vista y hermosura;
    mira que la dolencia
    de amor, que no se cura
    sino con la presencia, y la figura. 55

    12
    ¡O christalina fuente
    si en esos tus semblantes plateados
    formases de repente
    los ojos deseados
    que tengo en mis entrañas dibuxados! 60

    13
    Apártalos Amado,
    que voy de buelo.
    Esposo
    Buélvete paloma,
    que el ciervo vulnerado
    por el otero asoma
    al ayre de tu buelo, y fresco toma. 65

    14
    Mi Amado las montañas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las ínsulas estrañas,
    los ríos sonorosos,
    el silvo de los ayres amorosos, 70

    15
    la noche sosegada
    en par de los levantes del aurora,
    la música callada,
    la soledad sonora,
    la cena que recrea y enamora. 75

    16
    Caçadnos las raposas,
    que está ya florescida nuestra viña,
    en tanto que de rosas
    hazemos una piña,
    y no parezca nadie en la montiña. 80

    17
    Detente cierço muerto.
    Ven austro, que recuerdas los amores,
    aspira por mi huerto,
    y corran tus olores,
    y pacerá el Amado entre las flores. 85

    18
    ¡O ninfas de Judea!
    en tanto que en las flores, y rosales
    el ámbar perfumea
    morá en los arrabales;
    y no queráis tocar nuestros humblares. 90

    19
    Escóndete Carillo,
    y mira con tu haz a las montañas;
    y no quieras dezillo;
    mas mira las compañas
    de la que va por ínsulas estrañas. 95

    20
    A las aves ligeras
    leones, ciervos, gamos saltadores,
    montes, valles, riberas,
    aguas, ayres, ardores,
    y miedos de las noches veladores. 100

    21
    Por las amenas liras,
    y canto de serenas os conjuro,
    que cessen vuestras yras
    y no toquéis al muro,
    porque la esposa duerma más siguro. 105

    22
    Entrádose ha la esposa
    en el ameno huerto desseado,
    y a su sabor reposa
    el cuello reclinado
    sobre los dulces braços del Amado. 110

    23
    Debaxo del mançano
    allí conmigo fuiste desposada,
    allí te di la mano,
    y fuiste reparada
    donde tu madre fuera violada. 115

    24
    Nuestro lecho florido
    de cuevas de leones enlazado,
    en púrpura tendido,
    de paz edifficado,
    de mil escudos de oro coronado. 120

    25
    A çaga de tu huella
    las jóvenes discurren al camino,
    al toque de centella,
    al adobado vino,
    emissiones de bálsamo divino. 125

    26
    En la interior bodega
    de mi Amado beví, y quando salía
    por toda aquesta bega,
    ya cosa no sabía,
    y el ganado perdí que antes seguía. 130

    27
    Allí me dio su pecho;
    allí me enseñó sciencia muy sabrosa;
    y yo le di de hecho
    a mí sin dexar cosa;
    allí le prometí de ser su esposa. 135

    28
    Mi alma se a empleado
    y todo mi caudal en su servicio.
    Ya no guardo ganado,
    ni ya tengo otro officio,
    que ya sólo en amar es mi exercicio. 140

    29
    Pues ya si en el egido
    de oy más no fuere vista ni hallada,
    diréis que me e perdido,
    que andando enamorada
    me hize perdediza, y fuy ganada. 145

    30
    De flores y esmeraldas
    en las frescas mañanas escogidas
    haremos las guirnaldas
    en tu amor floridas,
    y en un cabello mío entretexidas. 150

    31
    En solo aquel cabello
    que en mi cuello volar consideraste,
    mirástele en mi cuello,
    y en él presso quedaste,
    y en uno de mis ojos te llagaste. 155

    32
    Cuando tú me miravas,
    su gracia en mí tus ojos imprimían;
    por esso me adamavas,
    y en esso merecían
    los míos adorar lo que en ti vían. 160

    33
    No quieras despreciarme,
    que si color moreno en mí hallaste,
    ya bien puedes mirarme,
    después que me miraste,
    que gracia y hermosura en mí dexaste. 165

    34
    La blanca palomica
    al arca con el ramo se a tornado;
    y ya la tortolica
    al socio desseado
    en las riberas verdes a hallado. 170

    35
    En soledad vivía,
    y en soledad a puesto ya su nido;
    y en soledad la guía
    a solas su querido
    también en soledad de amor herido. 175

    36
    Gozémonos Amado:
    y vámonos a ver en tu hermosura
    al monte y al collado,
    do mana el agua pura:
    entremos más adentro en la espesura. 180

    37
    Y luego a las subidas
    cavernas de la piedra nos yremos,
    que están bien escondidas,
    y allí nos entraremos,
    y el mosto de granadas gustaremos. 185

    38
    Allí me mostrarías,
    aquello que mi alma pretendía;
    y luego me darías
    allí, tu vida mía,
    aquello que me diste el otro día. 190

    39
    El aspirar de el ayre,
    el canto de la dulce filomena,
    el soto y su donayre
    en la noche serena
    con llama que consume y no da pena. 195

    40
    Que nadie lo mirava,
    Aminadab tampoco parescía;
    y el cerco sosegava;
    y la cavallería
    a vista de las aguas descendía. 200

    Noche oscura
    Canciones de el alma que se goza de aver llegado al alto estado de la perfectión, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual. De el mesmo autor

    En una noche obscura
    con ansias en amores inflamada
    ¡o dichosa ventura!
    salí sin ser notada
    estando ya mi casa sosegada. 5

    Ascuras y segura
    por la secreta escala disfraçada
    ¡o dichosa ventura!
    a escuras y encelada
    estando ya mi casa sosegada. 10

    En la noche dichosa
    en secreto que naide me veya
    ni yo mirava cosa
    sin otra luz y guía
    sino la que en el coraçón ardía. 15

    Aquesta me guiava
    más cierto que la luz de mediodía
    adonde me esperava
    quien yo bien me savía
    en parte donde nadie parecía. 20

    ¡O noche que guiaste!
    ¡O noche amable más que la alborada!
    ¡O noche que juntaste
    Amado con amada,
    Amada en el amado transformada! 25

    En mi pecho florido
    que entero para él solo se guardaba,
    allí quedó dormido
    y yo le regalava
    y el ventalle de cedros ayre daba. 30

    El ayre del almena
    quando yo sus cavellos esparcía,
    con su mano serena
    en mi cuello hería
    y todos mis sentidos suspendía. 35

    Quedéme y olbidéme
    el rostro recliné sobre el Amado;
    cessó todo y dexéme
    dexando mi cuydado
    entre las açucenas olbidado. 40

    Llama de amor viva
    Canciones de el alma en la íntima communicación de unión de amor de Dios. Del mismo autor

    ¡O llama de amor viva
    que tiernamente hyeres
    de mi alma en el más profundo centro!
    Pues ya no eres esquiva
    acava ya si quieres, 5
    rompe la tela de este dulce encuentro.

    ¡O cauterio suave!
    ¡O regalada llama!
    ¡O mano blanda! ¡O toque delicado,
    que a vida eterna save 10
    y toda deuda paga!
    Matando muerte en vida la has trocado.

    ¡O lámparas de fuego
    en cuyos resplandores
    las profundas cabernas del sentido 15
    que estava obscuro y ciego,
    con estraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Quán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno 20
    donde secretamente solo moras,
    y en tu aspirar sabroso
    de bien y gloria lleno
    quán delicadamente me enamoras!

    Coplas de el mismo, hechas sobre un éstasis de harta contemplación

    Entréme donde no supe
    y quedéme no sabiendo,
    toda ciencia transcendiendo.

    1
    Yo no supe dónde entraba
    porque cuando allí me vi 5
    sin saver dónde me estaba
    grandes cosas entendí;
    no diré lo que sentí
    que me quedé no sabiendo,
    toda sciencia trascendiendo. 10

    2
    De paz y de piedad
    era la sciencia perfecta,
    en profunda soledad
    entendida vía recta,
    era cosa tan secreta 15
    que me quedé balbuciendo,
    toda sciencia trascendiendo.

    3
    Estava tan embebido
    tan absorto y ajenado
    que se quedó mi sentido 20
    de todo sentir privado,
    y el espíritu dotado
    de un entender no entendiendo,
    toda sciencia trascendiendo.

    4
    Quanto más alto se suve 25
    tanto menos se entendía
    que es la tenebrosa nuve
    que a la noche esclarecía,
    por eso quien la sabía
    queda siempre no sabiendo, 30
    toda sciencia trascendiendo.

    5
    El que allí llega de vero
    de sí mismo desfallesce
    quanto sabía primero
    mucho baxo le parece, 35
    y su sciencia tanto crece
    que se queda no sabiendo,
    y su sciencia trascendiendo.

    6
    Este saber no sabiendo
    es de tan alto poder 40
    que los sabios arguyendo
    jamás le pueden vencer,
    que no llega su saber
    a no entender entendiendo,
    toda sciencia trascendiendo. 45

    7
    Y es de tan alta excelencia
    aqueste summo saber
    que no ay facultad ni ciencia
    que le puedan emprender
    quien se supiere vencer 50
    con un no saber sabiendo,
    yrá siempre trascendiendo.

    8
    Y si lo queréis oýr
    consiste esta summa sciencia
    en un subido sentir, 55
    de la dibinal esencia
    es obra de su clemencia
    hazer quedar no entendiendo,
    toda sciencia trascendiendo.

    Coplas de el alma que pena por ver a Dios. De el mismo autor

    Vivo sin vivir en mí
    y de tal manera espero
    que muero porque no muero.

    En mí yo no vivo ya
    y sin Dios vivir no puedo 5
    pues sin él y sin mí quedo
    este vivir ¿qué será?
    Mil muertes se me hará
    pues mi misma vida espero
    muriendo porque no muero. 10

    Esta vida que yo vivo
    es privación de el vivir
    y assí es contino morir
    hasta que viva contigo.
    Oye mi Dios lo que digo 15
    que esta vida no la quiero,
    que muero porque no muero.

    Estando absente de ti
    ¿qué vida puedo tener
    sino muerte padecer 20
    la mayor que nunca vi?
    Lástima tengo de mí
    pues de suerte persevero
    que muero porque no muero.

    El pez que del agua sale 25
    aun de alibio no carece
    que en la muerte que padece
    al fin la muerte le vale.
    ¿Qué muerte abrá que se yguale
    a mi vivir lastimero, 30
    pues si más vivo más muero?

    Quando me empieço a alibiar
    de verte en el Sacramento
    házeme más sentimiento
    el no te poder gozar; 35
    todo es para más penar
    y mi mal es tan entero
    que muero porque no muero.

    Y si me gozo Señor
    con esperança de verte 40
    en veer que puedo perderte
    se me dobla mi dolor,
    viviendo en tanto pabor
    y esperando como espero,
    muérome porque no muero. 45

    Sácame de aquesta muerte
    mi Dios y dame la vida,
    no me tengas impedida
    en este lazo tan fuerte,
    mira que peno por verte 50
    y de tal manera espero
    que muero porque no muero.

    Lloraré mi muerte ya
    y lamentaré mi vida
    en tanto que detenida 55
    por mis pecados está.
    ¡O mi Dios! ¿quándo será
    quando yo diga de vero:
    vivo ya porque no muero?

    Otras de el mismo a lo divino

    Tras de un amoroso lance
    y no de esperança falto
    subí tan alto tan alto
    que le di a la caça alcançe.

    Para que yo alcance diesse 5
    a aqueste lançe divino
    tanto bolar me convino
    que de vista me perdiesse,
    y con todo en este trance
    en el buelo quedé falto 10
    mas el amor fue tan alto
    que le di a la caça alcance.

    Quando más alto suvía
    deslumbróseme la vista
    y la más fuerte conquista 15
    en escuro se hazía,
    mas por ser de amor el lance
    di un ciego y obscuro salto
    y fuy tan alto tan alto
    que le di a la caça alcance. 20

    Por una estraña manera
    mil buelos pasé de un buelo
    porque esperança del cielo
    tanto alcança quanto espera,
    esperé solo este lance 25
    y en esperar no fuy falto
    pues fuy tan alto tan alto
    que le di a la caça alcance.

    Quando más cerca llegava
    de este lance tan subido 30
    tanto más baxo y rendido
    y abatido me hallava
    dixe: No abrá quien lo alcançe.
    Abatíme tanto tanto
    que fuy tan alto tan alto 35
    que le di a la caça alcance.

    Finis

    Glosa de el mismo

    Sin arrimo y con arrimo,
    sin luz y ascuras viviendo
    toda me voy consumiendo.

    Mi alma está desassida
    de toda cosa criada 5
    y sobre sí levantada
    y en una sabrosa vida
    sólo en su Dios arrimada.
    Por esso ya se dirá
    la cosa que más estimo 10
    que mi alma se vee ya
    sin arrimo y con arrimo.

    Y aunque tinieblas padezco
    en esta vida mortal
    no es tan crecido mi mal 15
    porque si de luz carezco
    tengo vida celestial,
    porque el amor de tal vida
    quando más ciego va siendo
    que tiene al alma rendida 20
    sin luz y ascuras viviendo.

    Haze tal obra el amor
    después que le conocí
    que si ay bien o mal en mí
    todo lo haze de un sabor 25
    y al alma transforma en sí,
    y assí en su llama sabrosa
    la qual en mí estoy sintiendo
    apriessa sin quedar cosa
    todo me voy consumiendo. 30

    Glosa a lo divino. De el mismo autor

    Por toda la hermosura
    nunca yo me perderé
    sino por un no sé qué
    que se alcança por ventura.

    Sabor de bien que es finito 5
    lo más que puede llegar
    es cansar el apetito
    y estragar el paladar;
    y assí por toda dulçura
    nunca yo me perderé 10
    sino por un no sé qué
    que se halla por ventura.

    El coraçón generoso
    nunca cura de parar
    donde se puede passar 15
    sino en más difficultoso;
    nada le causa hartura
    y sube tanto su fee
    que gusta de un no sé qué
    que se halla por ventura. 20

    El que de amor adolesce
    de el divino ser tocado
    tiene el gusto tan trocado
    que a los gustos desfallece;
    como el que con calentura 25
    fastidia el manjar que ve
    y apetece un no sé qué
    que se halla por ventura.

    No os maravilléis de aquesto
    que el gusto se quede tal 30
    porque es la causa del mal
    ajena de todo el resto;
    y assí toda criatura
    enajenada se vee
    y gusta de un no sé qué 35
    que se halla por ventura.

    Que estando la voluntad
    de Divinidad tocada
    no puede quedar pagada
    sino con Divinidad; 40
    mas por ser tal su hermosura
    que sólo se vee por fee
    gústala en un no sé qué
    que se halla por ventura.

    Pues de tal enamorado 45
    dezidme si abréis dolor
    pues que no tiene sabor
    entre todo lo criado;
    solo sin forma y figura
    sin hallar arrimo y pie 50
    gustando allá un no sé qué
    que se halla por ventura.

    No penséis que el interior
    que es de mucha más valía
    halla gozo y alegría 55
    en lo que acá da sabor,
    mas sobre toda hermosura
    y lo que es y será y fue
    gusta de allá un no sé qué
    que se halla por ventura. 60

    Más emplea su cuydado
    quien se quiere aventajar
    en lo que está por ganar
    que en lo que tiene ganado;
    y assí para más altura 65
    yo siempre me inclinaré
    sobre todo a un no sé qué
    que se halla por ventura.

    Por lo que por el sentido
    puede acá comprehenderse 70
    y todo lo que entenderse,
    aunque sea muy subido,
    ni por gracia y hermosura
    yo nunca me perderé
    sino por un no sé qué 75
    que se halla por ventura.

    Cantar de el alma que se goza de conocer a Dios por fee

    Que bien sé yo la fonte que mana y corre,
    aunque es de noche.
    Aquella Eterna fonte está escondida,
    que bien sé yo do tiene su manida,
    aunque es de noche. 5
    Su origen no lo sé que pues no le tiene,
    mas sé que todo origen della viene,
    aunque es de noche.
    Sé que no puede ser cosa tan bella
    y que cielos y tierra beben della, 10
    aunque es de noche.
    Bien sé que suelo en ella no se halla
    y que ninguno puede vadealla,
    aunque es de noche.
    Su claridad nunca es escurecida 15
    y sé que toda luz de ella es venida,
    aunque es de noche.
    Sée ser tan caudalosas sus corrientes
    que infiernos cielos riegan y a las gentes,
    aunque es de noche. 20
    El corriente que nace desta fuente
    bien sé que es tan capaz y tan potente,
    aunque es de noche.
    Aquesta Eterna fuente está escondida
    en este vivo pan por darnos vida, 25
    aunque es de noche.
    Aquí se está llamando a las criaturas
    porque desta agua se harten aunque a escuras,
    porque es de noche.
    Aquesta viva fuente que deseo 30
    en este pan de vida yo la veo,
    aunque es de noche.

    • Fin. –

    Otras a lo divino de Christo y el alma del mismo

    Un pastorcico solo está penado
    ageno de plazer y de contento
    y en su pastora firme el pensamiento
    y el pecho del amor muy lastimado.

    No llora por averle amor llagado 5
    que no se pena en veerse así affligido,
    aunque en el coraçón está herido,
    mas llora por pensar que está olbidado.

    Que sólo de pensar que está olbidado
    de su vella pastora con gran pena 10
    se dexa maltratar en tierra agena
    el pecho del amor mui lastimado.

    Y dize el pastorcico: ¡Ay desdichado
    de aquel que de mi amor a hecho ausencia
    y no quiere gozar la mi presencia 15
    el pecho por su amor muy lastimado!

    Y a cavo de un gran rato se a encumbrado
    sobre un árbol do abrió sus braços vellos,
    y muerto se ha quedado asido dellos
    el pecho del amor muy lastimado. 20

    Fin

    Romances sobre el Evangelio «In principio erat Verbum» acerca de la Sanctíssima Trinidad

    1.º
    En el principio morava
    el Verbo y en Dios vivía
    en quien su felicidad
    infinita posseýa.
    El mismo Verbo Dios era 5
    que el principio se dezía.
    Él morava en el principio
    y principio no tenía.
    Él era el mismo principio
    por eso dél carecía, 10
    el Verbo se llama Hijo
    que del principio nacía.
    Hale siempre concevido
    y siempre le concevía;
    dale siempre su sustancia 15
    y siempre se la tenía.
    Y assí la gloria del Hijo
    es la que en el Padre avía
    y toda su gloria el Padre
    en el Hijo posseýa. 20
    Como amado en el amante
    uno en otro residía,
    y aquese amor que los une
    en lo mismo convenía.
    Con el uno y con el otro 25
    en ygualdad y valía
    tres Personas y un Amado
    entre todos tres avía.
    Y un amor en todas ellas
    un amante los hazía, 30
    y el amante es el amado
    en que cada qual vivía.
    Que el ser que los tres posseen
    cada qual le posseýa
    y cada qual dellos ama 35
    a la que este ser tenía.
    Este ser es cada una
    y este solo las unía
    en un inefable modo
    que dezirse no savía. 40
    Por lo qual era infinito
    el amor que los unía
    porque un solo amor tres tienen
    que su esencia se dezía;
    quel amor quanto más une 45
    tanto más amor hazía.

    De la communicación de las tres personas
    2.º
    En aquel amor inmenso
    que de los dos procedía
    palabras de gran regalo
    el Padre al Hijo dezía,
    de tan profundo deleite 5
    que nadie las entendía;
    sólo el Hijo lo gozaba
    que es a quien pertenecía.
    Pero aquello que se entiende
    desta manera dezía 10
    -Nada me contenta, Hijo,
    fuera de tu compañía.
    Y si algo me contenta
    en ti mismo lo quería
    el que a ti más se parece 15
    a mí más satisfazía.
    Y el que nada te semeja
    en mí nada hallaría
    en ti solo me e agradado
    ¡o vida de vida mía! 20
    Eres lumbre de mi lumbre
    eres mi sabiduría,
    figura de mi substancia
    en quien bien me complazía.
    Al que a ti te amare Hijo 25
    a mí mismo le daría
    y el amor que yo te tengo
    esse mismo en él pondría
    en razón de aver amado
    a quien yo tanto quería. 30

    De la creación
    3.º
    -Una esposa que te ame
    mi Hijo darte quería
    que por tu valor merezca
    tener nuestra compañía
    y comer pan a una mesa 5
    del mismo que yo comía,
    porque conozca los bienes
    que en tal Hijo yo tenía
    y se congracie commigo
    de tu gracia y loçanía. 10
    -Mucho lo agradezco Padre
    -el Hijo le respondía-,
    a la esposa que me dieres
    yo mi claridad daría
    para que por ella vea 15
    quánto mi Padre valía
    y cómo el ser que posseo
    de su ser lo recevía.
    Reclinarla e yo en mi braço
    y en tu amor se abrasaría 20
    y con Eterno deleite
    tu bondad sublimaría.

    Prosigue
    4.º
    -Hágase pues -dixo el Padre-,
    que tu amor lo merecía.
    Y en este dicho que dixo
    el mundo criado avía.
    Palacio para la esposa 5
    hecho en gran sabiduría
    el qual en dos aposentos
    alto y baxo dividía.
    El baxo de differencias
    infinitas componía 10
    mas el alto hermoseava
    de admirable pedrería.
    Porque conozca la esposa
    el Esposo que tenía
    en el alto colocava 15
    la angélica jerarchía,
    pero la natura humana
    en el baxo la ponía
    por ser en su ser compuesta
    algo de menor valía. 20
    Y aunque el ser y los lugares
    desta suerte los ponía,
    pero todos son un cuerpo
    de la esposa que dezía:
    que el amor de un mismo Esposo 25
    una esposa los hazía;
    los de arriva posseýan
    al Esposo en alegría,
    los de abaxo en esperança
    de fee que les infundía 30
    diziéndoles que algún tiempo
    él los engrandecería,
    y que aquella su baxeza
    él se la levantaría
    de manera que ninguno 35
    ya la vituperaría,
    porque en todo semejante
    él a ellos se haría,
    y se vendría con ellos
    y con ellos moraría 40
    y que Dios sería hombre
    y que el hombre Dios sería
    y que trataría con ellos
    comería y bebería,
    y que con ellos continuo 45
    él mismo se quedaría
    hasta que se consumase
    este siglo que corría
    quando se gozaran juntos
    en Eterna melodía; 50
    porque él era la cabeça
    de la esposa que tenía
    a la qual todos los miembros
    de los justos juntaría,
    que son cuerpo de la esposa 55
    a la qual Él tomaría
    en sus braços tiernamente
    y allí su amor le daría,
    y que assí juntos en uno
    el Padre la llevaría 60
    donde del mismo deleite
    que Dios goza gozaría,
    que como el Padre y el Hijo
    y el que de ellos procedía
    el uno vive en el otro; 65
    assí la esposa sería
    que dentro de Dios absorta
    vida de Dios viviría.

    Prosigue
    5.º
    Con esta buena esperança
    que de arriva les venía
    el tedio de sus trabajos
    más leve se les hazía,
    pero la esperança larga 5
    y el deseo que crecía
    de gozarse con su Esposo
    contino les affligía.
    Por lo qual con oraciones
    con suspiros y agonía 10
    con lágrimas y gemidos
    le rogavan noche y día
    que ya se determinase
    a les dar su compañía.
    Unos dezían: ¡O si fuesse 15
    en mi tiempo la alegría!
    Otros: Acava, Señor,
    al que as de embiar embía.
    Otros: ¡O si ya rompiese
    essos cielos y vería 20
    con mis ojos que baxases
    y mi llanto cessaría!
    Regat nuves de lo alto
    que la tierra lo pedía,
    y ábrase ya la tierra 25
    que espinas nos produzía,
    y produzga aquella flor
    con que ella florecía.
    Otros dezían: ¡O dichoso
    el que en tal tiempo sería 30
    que merezca beer a Dios
    con los ojos que tenía,
    y tratarle con sus manos
    y andar en su compañía
    y gozar de los misterios 35
    que entonces ordenaría!

    Prosigue
    6.º
    En aquestos y otros ruegos
    gran tiempo pasado avía
    pero en los postreros años
    el fervor mucho crecía,
    quando el viejo Simeón 5
    en deseo se encendía
    rogando a Dios que quisiese
    dexalle ver este día.
    Y assí el Espíritu Sancto
    al buen viejo respondía 10
    que le dava su palabra
    que la muerte no vería
    hasta que la vida viesse
    que de arriva descendía,
    y que él en sus mismas manos 15
    al mismo Dios tomaría
    y le tendría en sus braços
    y consigo abraçaría.

    Prosigue la Encarnación
    7.º
    Ya que el tiempo era llegado
    en que hazerse convenía
    el rescate de la esposa
    que en duro yugo servía,
    debaxo de aquella ley 5
    que Moysés dado le avía
    el Padre con amor tierno
    desta manera dezía:
    -Ya ves, Hijo, que a tu esposa
    a tu ymagen hecho avía 10
    y en lo que a ti se parece
    contigo bien convenía,
    pero diffiere en la carne
    que en tu simple ser no avía.
    En los amores perfectos 15
    esta ley se requería,
    que se haga semejante
    el amante a quien quería
    que la mayor semejança
    más deleite contenía; 20
    el qual sin duda en tu esposa
    grandemente crecería
    si te viere semejante
    en la carne que tenía.
    -Mi voluntad es la tuya 25
    -el Hijo le respondía-,
    y la gloria que yo tengo
    es tu voluntad ser mía,
    y a mí me conviene, Padre,
    lo que tu Alteza dezía 30
    porque por esta manera
    tu vondad más se vería;
    veráse tu gran potencia
    justicia y sabiduría
    yrélo a dezir al mundo 35
    y noticia les daría
    de tu belleza y dulçura
    y de tu soberanía;
    yré a buscar a mi esposa
    y sobre mí tomaría 40
    sus fatigas y trabajos
    en que tanto padecía;
    y porque ella vida tenga,
    yo por ella moriría
    y sacándola del lago 45
    a ti te la bolvería.

    Prosigue
    8.º
    Entonces llamó un archángel
    que Sant Gabriel se dezía,
    y embiólo a una donzella
    que se llamava María,
    de cuyo consentimiento 5
    el misterio se hazía,
    en el qual la Trinidad
    de carne al Verbo vestía.
    Y aunque tres hazen la obra
    en el uno se hazía, 10
    y quedó el Verbo encarnado
    en el bientre de María.
    Y el que tiene sólo Padre
    ya también madre tenía
    aunque no como qualquiera 15
    que de varón concevía,
    que de las entrañas de ella
    él su carne recevía,
    por lo qual Hijo de Dios
    y del hombre se dezía. 20

    Del nacimiento
    9.º
    Ya que era llegado el tiempo
    en que de nacer avía,
    assí como desposado
    de su tálamo salía,
    abraçado con su esposa 5
    que en sus braços la traýa,
    al qual la graciosa madre
    en un pesebre ponía
    entre unos animales
    que a la sazón allí avía. 10
    Los hombres dezían cantares
    los ángeles melodía
    festejando el desposorio
    que entre tales dos avía;
    pero Dios en el pesebre 15
    allí llorava y gimía
    que eran joyas que la esposa
    al desposorio traýa;
    y la madre estava en pasmo
    de que tal trueque veýa, 20
    el llanto del hombre en Dios
    y en el hombre el alegría,
    lo qual del uno y del otro
    tan ajeno ser solía.

    Finis

    Otro del mismo que va por «Super flumina Babilonis»

    Encima de las corrientes
    que en Babilonia hallava,
    allí me senté llorando
    allí la tierra regava,
    acordándome de ti 5
    ¡o Sión!, a quien amava.
    Era dulce tu memoria
    y con ella más llorava.
    Dexé los traxes de fiesta
    los de trabaxo tomava, 10
    y colgué en los verdes sauzes
    la música que llevaba
    puniéndola en esperança
    de aquello que en ti esperava.
    Allí me hyrió el amor 15
    y el coraçón me sacava.
    Díxele que me matase
    pues de tal suerte llagava;
    yo me metía en su fuego
    sabiendo que me abrasava, 20
    desculpando al avezica
    que en el fuego se acababa;
    estávame en mí muriendo
    y en ti solo respirava;
    en mí por ti me moría 25
    y por ti resucitava,
    que la memoria de ti
    daba vida y la quitava.
    Gozábanse los estraños
    entre quien cautivo estava. 30
    Preguntávanme cantares
    de lo que en Sión cantava:
    -Canta de Sión un hynno,
    veamos cómo sonava.
    -Dezid, ¿cómo en tierra ajena 35
    donde por Sión llorava
    cantaré yo la alegría
    que en Sión se me quedava?
    Echaríala en olbido
    si en la ajena me gozava. 40
    Con mi paladar se junte
    la lengua con que hablava
    si de ti yo me olbidare
    en la tierra do morava.
    Sión, por los verdes ramos 45
    que Babilonia me dava,
    de mí se olbide mi diestra
    que es lo que en ti más amava,
    si de ti no me acordare
    en lo que más me gozava, 50
    y si yo tuviere fiesta
    y sin ti la festejava.
    ¡O hija de Babilonia
    mísera y desventurada!
    Bienaventurado era 55
    aquel en quien confiava,
    que te a de dar el castigo
    que de tu mano llevava,
    y juntará sus pequeños
    y a mí, porque en ti esperava, 60
    a la piedra que era Christo
    por el qual yo te dexava.

    Debetur, soli gloria vera Deo.

    San Juan de la Cruz

     
  • viva el Wed19Jul06 Permalink
    Etiquetas: , , , trinidad   

    BLACK POWER 8 

    Rap, Hip Hop y Reggaeton son una santísima trinidad: tres rezos en un sólo ritmo.

     
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