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    Escribiendo una novela 

    La papelera está desbordada de papeles. No sé ya cuántos han sido los intentos de iniciar esta novela. He descrito personajes, tramas, comienzos, finales, escenarios… pero ninguno me seduce. Vuelvo a tirar del papel y el carro de la máquina de escribir ya empieza a quejarse, como si temiese salir despedido de la furia creciente con que lo hago en cada ocasión. Esta es la última vez que escribo, me digo a mi mismo. Y miro a los cientos de papeles arrugados en la papelera. Extraigo al azar uno de ellos. Empiezo a leer. Sorpresa. No recuerdo haber escrito eso. Cojo otro más y de nuevo la sorpresa. No puede ser. ¿Yo escribí eso? ¿Cuánto tiempo llevo escribiendo? De pronto me veo con desesperación sacando de la papelera todos los papeles arrugados. En un rato he acabado de planchar el caos y me encuentro sobre mi mesa cerca de 200 páginas escritas. Es hora de armar el rompecabezas.

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  • viva el Fri19Oct18 Permalink
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    Que no te timen: El negocio de las suscripciones en la App Store 

    El negocio de las suscripciones en la App Store facturó el año pasado 10.600 millones de dólares y se estima que para el año 2022 esta cifra ascienda a 75.700 millones. No obstante, existen multitud de empresas que no han dudado en aprovecharse de este sistema de negocio tan lucrativo, a menudo, incorporando unas prácticas basadas en engaños y triquiñuelas, un tanto cuestionables desde el punto de vista ético y moral.

    En este artículo, queremos adentrarnos dentro de la App Store para descubrir cuáles son las prácticas empleadas por estas aplicaciones, cómo consiguen engañar al cliente y cuánto consiguen obtener de beneficio empleando estas tácticas.

    Así pues, nos pusimos manos a la obra y empezamos a enfocar nuestra investigación en ciertas aplicaciones gratuitas, con gran número de descargas y valoraciones, y con unas estimaciones de ingresos bastante altas. Estas fueron algunas de estas aplicaciones que nos llamaron la atención:

    QR CODE SCANNER – Se trata de una aplicación muy conocida que ostenta el puesto número 8 en la lista Top de aplicaciones de utilidades. La aplicación, a pesar de ser gratuita, facturó el pasado año cerca de 5,3 millones de dólares. ¿Cómo puede una app gratuita facturar más de 5 millones en un año? La respuesta está en el despliegue masivo de anuncios pero, sobre todo, en su plan PRO. Este plan PRO que ofrece la app, añade unas cuantas prestaciones más a la lista a cambio de pagar unos 19,99 dólares al mes. El problema es que, al parecer, la app muestra de manera excesiva anuncios referentes a la posibilidad de actualizar a la versión de pago, por lo que mucha gente, a veces por error, cae en la trampa de la suscripción y le empiezan a retirar dinero de su cuenta todos los meses.

    PHANCED – Consiste en una aplicación que te permite personalizar tus fondos de pantalla preferidos. Perteneciente a la categoría de Foto y Vídeo de la App Store, esta app obtiene cada mes aproximadamente un millón de descargas. Cuando abrimos la app, después de haberla comprado de forma gratuita, nos encontramos con una sorpresa un tanto inesperada: un anuncio que ocupa toda la pantalla donde aparecen dos botones: uno de ellos nos permite utilizar la app durante 3 días gratis para después pagar 13,49 euros por semana; el otro nos permite actualizar la aplicación de manera instantánea durante 12 meses por 77,99 euros. Esto nos hace pensar que esta aplicación, abierta al público de forma totalmente gratuita, está diseñada para que la gente acabe pagando 80 euros al año por utilizarla. Cuando empezamos a utilizar la app, podemos reafirmar lo antes dicho: más de la mitad de las plantillas nos exigen que paguemos por la actualización. Puede parecer una práctica abusiva pero que permite embolsarse a sus fundadores más de 500 mil dólares en ingresos por mes.

    “Es una trampa para despistados, si le das a “Probar” al cabo de 3 días te renovaran una suscripción de 13€ por semana. Es engaña bobos.”

    “Carísimo. Obliga a suscribirse para lanzar la versión de prueba. Además, en esa versión no se puede probar nada. Un engaño.”

    PHOTABLE – Photable es otra de estas aplicaciones que ha sabido exprimir al máximo el potencial de los sistemas de suscripción en la App Store. Esta app, después de una intensa campaña de publicidad llevada a cabo en distintas redes sociales ha conseguido escalar en las listas hasta colocarse en el top 50 de las apps de foto y vídeo más descargadas de la App Store. Se trata de un editor de imágenes que permite retocar tus fotos: cambiar el color de tu piel, añadirte barba, tatuajes o unos abdominales y pectorales bien marcados. Esta app, no solo realiza sus retoques con una calidad que deja mucho que desear, sino que para disfrutar de gran parte de sus prestaciones necesitas actualizar la app, es decir, tienes que pagar una suscripción de 75 euros al año. Los ingresos que generaron esta aplicación (unos 5 millones de dólares en un año) muestran lo lucrativa que puede llegar a convertirse esta actividad.

    “Todos los meses me cobran 5 euros sin haberme subscrito ni nada y ahora no se como quitarlo”

    “No dejan ni probar, es un engaño, tienes que pagar para poder usarla, te dejan 3 días de prueba o eso dicen y seguro que es para que se te olvide y cobrarte, un engaño”

    Otras aplicaciones gratuitas que han conseguido amasar grandes beneficios en el pasado mes, teniendo como principal fuente de ingresos las suscripciones de pago, son:

    PicsArt Editor de Fotos (2 millones de dólares) Foto y Vídeo

    Facetune2: Editor de Selfies (2 millones de dólares) Foto y Vídeo

    Tu Creador de Avatares / Zmoji (1 millón de dólares) Utilidades

    InstaSize – Editor de Fotos (1 millón de dólares) Foto y Vídeo

    -Whatsit – Traductor (400 mil dólares) Utilidades

    Avast SecureLine VPN (200 mil dólares) Utilidades

    Moji Edit – Emoji Yourself (20 mil dólares) Utilidades

    Como puedes observar, la mayoría de ejemplos se encuentran en las categorías de “Foto y Vídeo” y “Utilidades”. Las cantidades entre paréntesis muestran los ingresos estimados en el mes de septiembre, según datos proporcionados por Sensor Tower.

    Otro de los temas que han causado una gran controversia entre los usuarios de la App Store es la dificultad que supone cancelar las suscripciones. A diferencia de la Play Store de Android, donde el usuario puede ver las suscripciones activas por las cuales está pagando desde la propia tienda, en la App Store hay que seguir un procedimiento un poco más costoso: tendrá que entrar en Ajustes, pinchar la opción “iTunes Store y App Store”, entrar en el enlace donde pone su ID de Apple y, seguidamente, darle a la opción “Ver ID de Apple”. Una vez que hayamos entrado, nos aparecerá una nueva pantalla con un apartado que pone “Suscripciones”.

    Como podemos ver, aunque Apple claramente denuncia cualquier actividad fraudulenta relacionada con la oferta de suscripciones e insiste en que las aplicaciones sean claras a la hora de indicar su gama de precios, la App Store sigue dando cobijo a muchas apps que obtienen grandes beneficios de formas un tanto cuestionables. Tendremos que ver ahora si la compañía de Cupertino decide comenzar un proceso de revisión de todas estas aplicaciones y si introduce nuevos métodos para que el cliente pueda, de una manera mucho más intuitiva, estar al tanto de sus suscripciones de pago y denunciar estos casos. Si esto no es así, más y más gente seguirá cayendo en estos engaños y la App Store perderá gran parte del prestigio ganado entre sus usuarios.

    Fuentes: Techcrunch | Sensor Tower | Forbes

     
  • viva el Fri1Jun18 Permalink
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    Mentira 

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  • viva el Mon24Nov14 Permalink
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    Algunos creen estar preparados para el futuro pero… 

    Algunos creen estar preparados para el futuro, pero no saben la sorpresa que se van a llevar.

     
  • viva el Thu6Dec12 Permalink
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    Únete a nosotros antes del 12 12 12… 

    Únete a nosotros antes del 12/12/12 a las 12:12:12. Sorpresa te espera!

     
  • viva el Sun29Apr12 Permalink
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    MAL DE ALZHEIMER, LOCURA SENIL 

    MAL DE ALZHEIMER, LOCURA SENIL
    Fue conmovedor no recuerdo que día de la semana cuando estaba yo paseando por las publicaciones de amigos míos a los que admiro y de los que me agrada leer sus trabajos, una publicación en lo particular me impactó, ya que mi propia Mamá fue víctima del Mal de Alzheimer o como también denominan otros más insensibles: Locura Senil.
    Culpo a mi memoria de no haber tomado nota ni del nombre del Bloguero ni el de la publicación, bueno….
    Pero logre captar que una persona harta de el desorden que causaba alguien más en sus habitaciones coloca una cámara para grabar al responsable y su sorpresa es mayúscula al descubrir que era ella misma y ni siquiera tenía idea de lo que le estaba sucediendo.
    Pues bien, o debiera al mismo tiempo decir Pues mal; yo lógicamente tengo herencia en mis genes desde no sé cuantas generaciones ha de parte de mis dos progenitores, siempre quise que dijeran las personas que me parecía a mi Papá y generalmente decían que me parecía a mi Mamá.
    Llegué a llorar no porque no la quisiera a ella pero digo, yo era hombrecito y quería parecerme a él.
    Descubrí con los años que no era cosa mala parecerme a ella, ella era bonita y yo digo que soy guapo, ella tenía muchas cualidades y características no del gusto de otros pero muy útiles para sus intereses propios que a mí me agradó y me convino heredar. Y entonces me conformaba yo con heredar a mi Papá con su gusto por la Poesía, su responsabilidad para el Trabajo, su gusto por la Cocina, su Gallardía al caminar, la dulzura mimosa con la que trataba a su esposa, y al final…..conforme.
    La situación es que con el correr de los años, después de dos perdidas que estoy seguro afectaron a mi Mamá en todos los aspectos, primero su única hija, mi hermana María de los Ángeles y al poco tiempo mi Papá.
    Yo no la atendí, fue mi hermano Juan con el apoyo de mi hija, Ale una de las hijas de él y desde luego Martha mi cuñada y al final de cuentas todos los cercanos, incluyendo a una sobrinita que apenas había comenzado a caminar hacia más o menos un año y hasta donde sé hasta un vecino con quien yo tuve un problema de manos nos ayudó. Sin embargo sí la vi aunque no en sus momentos más críticos pero me temo que de alguna forma los imagino por la descripción que recibí de ellos, ¡es increíble que haya yo deseado y pedido a mi Dios por medio de su Madre que por favor ya se la llevara!
    Si me pasa, yo lo acepto, pero ojalá que no.
    Bueno y ¿Qué le vamos a hacer?
    Si contáramos los granos de arena que entre el viento y el mar le han robado a las rocas desde el día en que nacimos….desde luego que nos desgastamos, algunos somos más veces golpeados o tal vez somos de un material más frágil, o más fino o más corriente, ¡que sé yo!
    Los lindos amaneceres y atardeceres de los que hemos disfrutado, los besos que hemos recibido y los que hemos dado….
    Al final como siempre concluyo cuando tengo achaques de la….vamos a decir madurez:
    La única manera de no tenerlos pues es morir joven y al final de cuentas ese es el problema de quien nos atienda o deje de hacerlo, se supone que nosotros no nos damos cuenta, ya veremos, ya veremos.

     
    • Alejandro S. Blázquez y su exceso de autoestima. el Dom29Abr12 Permalink | Inicia sesión para responder

      El árbol del olvido:
      Los árboles son el testigo
      del viento inquieto
      que evita ser visto.
      Mientras, con aire molesto,
      revuelve el lugar
      donde los pájaros
      han ido a posar su nido
      y, derrochando nonadas
      de despotismo,
      cimbra las ramas del olivo
      como si fueran recuerdos
      que, agitados,
      se han convertido en olvido.
      O eso creo recordar…

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  • viva el Sun29Apr12 Permalink
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    MAL DE ALZHEIMER LOCURA SENIL Fue conmovedor no… 

    MAL DE ALZHEIMER, LOCURA SENIL
    Fue conmovedor no recuerdo que día de la semana cuando estaba yo paseando por las publicaciones de amigos míos a los que admiro y de los que me agrada leer sus trabajos, una publicación en lo particular me impactó, ya que mi propia Mamá fue víctima del Mal de Alzheimer o como también denominan otros más insensibles: Locura Senil.
    Culpo a mi memoria de no haber tomado nota ni del nombre del Bloguero ni el de la publicación, bueno….
    Pero logre captar que una persona harta de el desorden que causaba alguien más en sus habitaciones coloca una cámara para grabar al responsable y su sorpresa es mayúscula al descubrir que era ella misma y ni siquiera tenía idea de lo que le estaba sucediendo.
    Pues bien, o debiera al mismo tiempo decir Pues mal; yo lógicamente tengo herencia en mis genes desde no sé cuantas generaciones ha de parte de mis dos progenitores, siempre quise que dijeran las personas que me parecía a mi Papá y generalmente decían que me parecía a mi Mamá.
    Llegué a llorar no porque no la quisiera a ella pero digo, yo era hombrecito y quería parecerme a él.
    Descubrí con los años que no era cosa mala parecerme a ella, ella era bonita y yo digo que soy guapo, ella tenía muchas cualidades y características no del gusto de otros pero muy útiles para sus intereses propios que a mí me agradó y me convino heredar. Y entonces me conformaba yo con heredar a mi Papá con su gusto por la Poesía, su responsabilidad para el Trabajo, su gusto por la Cocina, su Gallardía al caminar, la dulzura mimosa con la que trataba a su esposa, y al final…..conforme.
    La situación es que con el correr de los años, después de dos perdidas que estoy seguro afectaron a mi Mamá en todos los aspectos, primero su única hija, mi hermana María de los Ángeles y al poco tiempo mi Papá.
    Yo no la atendí, fue mi hermano Juan con el apoyo de mi hija, Ale una de las hijas de él y desde luego Martha mi cuñada y al final de cuentas todos los cercanos, incluyendo a una sobrinita que apenas había comenzado a caminar hacia más o menos un año y hasta donde sé hasta un vecino con quien yo tuve un problema de manos nos ayudó. Sin embargo sí la vi aunque no en sus momentos más críticos pero me temo que de alguna forma los imagino por la descripción que recibí de ellos, ¡es increíble que haya yo deseado y pedido a mi Dios por medio de su Madre que por favor ya se la llevara!
    Si me pasa, yo lo acepto, pero ojalá que no.
    Bueno y ¿Qué le vamos a hacer?
    Si contáramos los granos de arena que entre el viento y el mar le han robado a las rocas desde el día en que nacimos….desde luego que nos desgastamos, algunos somos más veces golpeados o tal vez somos de un material más frágil, o más fino o más corriente, ¡que sé yo!
    Los lindos amaneceres y atardeceres de los que hemos disfrutado, los besos que hemos recibido y los que hemos dado….
    Al final como siempre concluyo cuando tengo achaques de la….vamos a decir madurez:
    La única manera de no tenerlos pues es morir joven y al final de cuentas ese es el problema de quien nos atienda o deje de hacerlo, se supone que nosotros no nos damos cuenta, ya veremos, ya veremos.

     
    • Alejandro S. Blázquez y su exceso de autoestima. el Dom29Abr12 Permalink | Inicia sesión para responder

      El árbol del olvido:
      Los árboles son el testigo
      del viento inquieto
      que evita ser visto.
      Mientras, con aire molesto,
      revuelve el lugar
      donde los pájaros
      han ido a posar su nido
      y, derrochando nonadas
      de despotismo,
      cimbra las ramas del olivo
      como si fueran recuerdos
      que, agitados,
      se han convertido en olvido.
      O eso creo recordar…

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  • viva el Sun25Mar12 Permalink
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    TE LO JURO 

    — ¿Sabes cual sería mi paraíso? —dijo él mirando su copa de vino.
    — ¿Paraíso? —dijo ella algo sorprendida por aquella pregunta. Ël siempre había sido un filosofo idealista y por eso no la pillaba de sorpresa. Aunque disfrutaba con sus preguntas.
    — Al morir digo —respondió él mirándola con el corazón
    Ella entendió la complicidad de él y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
    — ¿Cual?
    — Viajar contigo siempre. Repetir una y otra vez el placer de olvidar por unos días esta asquerosa vida —dijo él tras dar un trago al Ribera del Duero que vivía en su copa—. Cómo si le dieras al repeat en una canción.
    — Estaría muy chulo —añadió ella alzando su copa hacia él —. ¿Me lo prometes?
    —Te lo juro.
    […] Síguelo en :http://labibliotecadelfauno.wordpress.com/2012/03/25/te-lo-juro-por-r-c-calderon/

     
  • viva el Sun25Mar12 Permalink
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    ROBERTO CARRASCO 

    — ¿Sabes cual sería mi paraíso? —dijo él mirando su copa de vino.
    — ¿Paraíso? —dijo ella algo sorprendida por aquella pregunta. Ël siempre había sido un filosofo idealista y por eso no la pillaba de sorpresa. Aunque disfrutaba con sus preguntas.
    — Al morir digo —respondió él mirándola con el corazón
    Ella entendió la complicidad de él y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
    — ¿Cual?
    — Viajar contigo siempre. Repetir una y otra vez el placer de olvidar por unos días esta asquerosa vida —dijo él tras dar un trago al Ribera del Duero que vivía en su copa—. Cómo si le dieras al repeat en una canción.
    — Estaría muy chulo —añadió ella alzando su copa hacia él —. ¿Me lo prometes?
    —Te lo juro.

     
  • viva el Mon12Mar12 Permalink
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    Mis pies tienen una dirección y allá que… 

    Mis pies tienen una dirección, y allá que van. Sólo ellos conocen el camino, no dicen a dónde nos lleva y cómo nos afecta no-andado-para-siempre de otros caminos que pudieron ser el nuestro, pero no lo son.
    Mejor será disfrutar mientras tanto del paisaje, de los olores y de la sorpresa constante del viaje.

     
  • viva el Sun2May10 Permalink
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    qué sorpresa le voy a dar..! ,–. ,–. …. 

    qué sorpresa le voy a dar..!

         ,--. ,--.           
     .-')| ,| |  |.-')       
    ( OO |(_| |  | OO )      
    | `-'|  | |  |`-' |
    
     
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    CONDENADO 

    Alguien debiera darle una bofetada en su carnal moflete. Vuelve a comer como un estúpido cochino, sin ningún respeto por el mar, con su engañosa y feliz apariencia. Siento frío. La herida de mi infancia se reabre ante este necio joven. Le prepararé un lugar en el laberinto de la muerte, me digo. No le manifiesto mi desprecio todavía. Escucho la melodía, como al principio. La puerta sigue su ritmo, sin sentido. Qué sorpresa te espera, patán, pienso. La tormenta se acerca. Ajusto mi visión. Vale.

     
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    Alguien debiera darle una bofetada en su carnal… 

    Alguien debiera darle una bofetada en su carnal moflete. Vuelve a comer como un estúpido cochino, sin ningún respeto por el mar, con su engañosa y feliz apariencia. Siento frío. La herida de mi infancia se reabre ante este necio joven. Le prepararé un lugar en el laberinto de la muerte, me digo. No le manifiesto mi desprecio todavía. Escucho la melodía, como al principio. La puerta sigue su ritmo, sin sentido. Qué sorpresa te espera, patán, pienso. La tormenta se acerca. Ajusto mi visión. Vale.

     
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    Alguien debiera darle una bofetada en su … 

    Alguien debiera darle una bofetada en su carnal moflete. Vuelve a comer como un estúpido cochino, sin ningún respeto por el mar, con su engañosa y feliz apariencia. Siento frío. La herida de mi infancia se reabre ante este necio joven. Le prepararé un lugar en el laberinto de la muerte, me digo. No le manifiesto mi desprecio todavía. Escucho la melodía, como al principio. La puerta sigue su ritmo, sin sentido. Qué sorpresa te espera, patán, pienso. La tormenta se acerca. Ajusto mi visión. Vale.

     
  • viva el Thu19Jun08 Permalink
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    CONDENADO 

    No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, mientras hurga en el laberinto carnal de su herida, no ha dejado de comer. Oigo el ritmo al que engulle. Esa visión me transporta a una engañosa melodía de mi infancia en clave de sonora bofetada. De principio, un té rojo, dice. Abro la puerta y él pierde el sentido. Es joven, alguien para quien la sorpresa continúa siendo el frío de la tormenta en el mar. Aprende, le digo.

     
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    No es feliz Es manifiesto Sin embargo mientras… 

    No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, mientras hurga en el laberinto carnal de su herida, no ha dejado de comer. Oigo el ritmo al que engulle. Esa visión me transporta a una engañosa melodía de mi infancia en clave de sonora bofetada. De principio, un té rojo, dice. Abro la puerta y él pierde el sentido. Es joven, alguien para quien la sorpresa continúa siendo el frío de la tormenta en el mar. Aprende, le digo.

     
  • viva el Thu19Jun08 Permalink
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    No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, … 

    No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, mientras hurga en el laberinto carnal de su herida, no ha dejado de comer. Oigo el ritmo al que engulle. Esa visión me transporta a una engañosa melodía de mi infancia en clave de sonora bofetada. De principio, un té rojo, dice. Abro la puerta y él pierde el sentido. Es joven, alguien para quien la sorpresa continúa siendo el frío de la tormenta en el mar. Aprende, le digo.

     
  • viva el Fri23Feb07 Permalink
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    Turgencia 

    Tu urgencia
    es mi turgencia.
    Vienes raudo
    a besar mis pezones
    que de sorpresa crecen.
    Tus manos son rubíes,
    zafiros, diamantes… amantes
    que adornan mi cuerpo desnudo
    como llamas.

     
  • viva el Fri23Feb07 Permalink
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    PANDEMONIA 

    Tu urgencia
    es mi turgencia.
    Vienes raudo
    a besar mis pezones
    que de sorpresa crecen.
    Tus manos son rubíes,
    zafiros, diamantes… amantes
    que adornan mi cuerpo desnudo
    como llamas.

     
    • ofelia el Sab10Nov07 Permalink | Inicia sesión para responder

      esta exitante ese poema. si me da iempo te voy a enviar uno que te va a dejar como la imagen q tienes de presentacion

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    • ofelia el Sab10Nov07 Permalink | Inicia sesión para responder

      esta exitante ese poema. si me da iempo te voy a enviar uno que te va a dejar como la imagen q tienes de presentacion

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    • olors, textures i sabors el Vie16Nov07 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ya mis manos desean
      ser rubíes y zafiros … y diamentes
      para incendiarse en tu piel.
      Cierto que tengo urgencia
      por tus turgencias;
      dime dónde
      que voy a besar tus pezones.

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    • olors, textures i sabors el Vie16Nov07 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ya mis manos desean
      ser rubíes y zafiros … y diamentes
      para incendiarse en tu piel.
      Cierto que tengo urgencia
      por tus turgencias;
      dime dónde
      que voy a besar tus pezones.

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  • viva el Fri19Jan07 Permalink
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    ALFONSO TIPODURO 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
  • viva el Fri19Jan07 Permalink
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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
    tienda
    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
  • viva el Sat23Dec06 Permalink
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    Boquiabierto 

    Cuando nos quitamos el zapato siempre se queda boquiabierto y mudo de sorpresa.

     
  • viva el Tue28Nov06 Permalink
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    Celia Oquendo por Celia Oquendo 

    Celia Oquendo (Buenos Aires, Argentina, 1965) nace -después de dieciocho meses de gestación en la Pampa- por empeño de su madre, y para sorpresa del gaucho que la encintó, en la capital argentina, mediante los exterminadores forceps del doctor Juan Quasimodo Gutiérrez (q.e.p.d.). No ha sido la de su nacimiento su única resistencia en esta vida: de muy chiquita permaneció oculta durante cinco años para no ser carne de colegio -para más inri, de monjas- y en su juventud se ha resistido siempre a todos sus novios y pretendientes; todos excepto a uno: el pelotudo que la trae a mal empujar por los burdeles. En sus ratos libres, que son pocos, debido a la fogosidad de los argentinos, escribe cosas sentimentales que le dejan publicar aquí (a veces) tratando de emular a Zelda Zonk.

    Celia Oquendo.

     
  • viva el Fri29Sep06 Permalink
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    hola 

    Hola, hola, soy popi… sorpresa!

    ¿Cuál es el auténtico popi?

     
  • viva el Fri29Sep06 Permalink
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    hola 

    Hola, hola, soy popi… sorpresa!

    ¿Cuál es el auténtico popi?

     
  • viva el Fri29Sep06 Permalink
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    POPI DOS 

    Hola, hola, soy popi… sorpresa! ¿Cuál es el auténtico popi?

     
  • viva el Fri29Sep06 Permalink
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    hola 

    Hola, hola, soy popi… sorpresa!

    ¿Cuál es el auténtico popi?

     
  • viva el Thu28Sep06 Permalink
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    Ani Cooper 

    Cuando se le ocurrió algo que decir lo dijo. Así era Ani Cooper. Siempre decía lo primero que pasaba por su cabeza. Afortunadamente era poco y muy de tarde en tarde. Pero esta vez algo me decía que su cabeza no iba a parar. ¿Qué repentina inspiración le picaba? ¿De dónde salía toda aquella verborrea? ¿Verborrea? ¿Era acaso verborrea? No parecía así a medida que avanzaba su discurso. Las caras de los concurrentes así lo demostraban. Esa incredulidad e indiferencia habituales se iban transformando poco a poco en extrañeza primero, en sorpresa después, en franca admiración por último.

    Pregúntale a Ani Cooper, decían todos. Y llevaban razón. Su cabeza tenía todas las respuestas. Su consejo siempre era el más acertado. ¿Cómo era posible tal prodigio? Nadie lo sabe. Tampoco nadie se atrevió a preguntárselo jamás. Bueno, no sé si debo decir “se atrevió”, quizás simplemente siempre tenían preguntas más acuciantes sobre si mismos. El caso es que ni siquiera yo, que nunca sentí la necesidad de preguntarle por mi mismo, pero sí la curiosidad de saberlo, encontré la ocasión de saberlo … Ahora las conjeturas me permiten deducir su secreto. Las preguntas, y por tanto también las respuestas, se repetían más que los universos paralelos. No había truco, ni secreto, ni magia, ni cualquier otra causa sobrenatural… Ani Cooper conocía la psicología de la gente, tan simple y común, en el fondo.

    —Basta escuchar -decía. La pregunta en sí misma ya da la respuesta a la mitad de lo que se quiere saber y la otra mitad es fácil suponerla. ¡Ese era todo su secreto!

    ¿Como es posible que esto nos haya ocurrido precisamente a nosotros?

     
    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ani CooperWhen something was happened to him that to say said it. Thus it was Ani Cooper. It always said first that it happened through his head. Luckyly it was little and very from time to time. But this time something said to me that its head was not going to stop. What sudden inspiration itched to him? From where it left all that verborrea? Verborrea? He was perhaps verborrea? It did not seem thus as it advanced his speech. The faces of the contenders therefore demonstrated it. That habitual incredulity and indifference were transformed little by little surprise first, surprise later, frank admiration finally.
      Pregúntale to Ani Cooper, said all. And they took reason. Its head had all the answers. His advice always was the most guessed right. How was possible such prodigy? Nobody knows it. Nobody either dared to never ask it to it. Good, I do not know if I must say “dared”, perhaps simply always had more pressing questions on themselves. The case is that not even I, that never I felt the necessity to ask to him for same me, but the curiosity of knowing it, I found the occasion of knowing it… Now the conjectures allow to deduce their secret me. The questions, and therefore also the answers, were repeated more than the parallel universes. There was trick, neither secret, nor magic, nor no any other supernatural cause… Ani Cooper knew psychology people, so simple and common, at heart.
      – Coarse to listen – it said. The question in itself already gives the answer to half of which it is wanted to know and other half is easy to suppose it. That was all its secret!
      As it is possible that this has happened to us indeed to us?

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    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ani CooperWhen something was happened to him that to say said it. Thus it was Ani Cooper. It always said first that it happened through his head. Luckyly it was little and very from time to time. But this time something said to me that its head was not going to stop. What sudden inspiration itched to him? From where it left all that verborrea? Verborrea? He was perhaps verborrea? It did not seem thus as it advanced his speech. The faces of the contenders therefore demonstrated it. That habitual incredulity and indifference were transformed little by little surprise first, surprise later, frank admiration finally.
      Pregúntale to Ani Cooper, said all. And they took reason. Its head had all the answers. His advice always was the most guessed right. How was possible such prodigy? Nobody knows it. Nobody either dared to never ask it to it. Good, I do not know if I must say “dared”, perhaps simply always had more pressing questions on themselves. The case is that not even I, that never I felt the necessity to ask to him for same me, but the curiosity of knowing it, I found the occasion of knowing it… Now the conjectures allow to deduce their secret me. The questions, and therefore also the answers, were repeated more than the parallel universes. There was trick, neither secret, nor magic, nor no any other supernatural cause… Ani Cooper knew psychology people, so simple and common, at heart.
      – Coarse to listen – it said. The question in itself already gives the answer to half of which it is wanted to know and other half is easy to suppose it. That was all its secret!
      As it is possible that this has happened to us indeed to us?

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