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    Octubre 

    Tus ojos son las alas de la noche en que miro las estrellas de mi amor y el fresco rocío de nuestra sedienta madrugada.
    HAIKU BLANCO Bordes de nieve, sueño en la almohada que te adormece.
    El ruido de las olas, columpio en el vacío de mi eterna juventud.
    Extraño efluvio: soles de himeneo con las estrellas.
    Rosas al viento, sus pétalos flotando y persiguiendo quimeras.
    He desnudado tu vertical sonrisa, ninguna prisa.

     
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    Mayo 

    Sufre mi corazón con sólo rozar tu sombra sin poder abrazarte.
    Ola tras ola el mar deja mi ojos como la arena.
    Se desmaya la verde primavera todos los días.
    A veces, sólo a veces, la espera es tan larga como un día sin baile.
    Si hoy eres mi roca, mañana serás mi arena.
    Sólo importan las estrellas que te iluminan.
    Sígueme. No sé adónde voy. Quizás a todas partes. Quizás a la nada. Pero siempre a ti.
    Qué tristes son los caminos que nos separan y qué negras las frías noches en que no estás.
    Por las distancias cortas, los besos largos, la flores rojas, …yo te amé.
    Hoy somos como los pasajeros de un vuelo perdido. Pasajeros del amor que no saben coger pista de aterrizaje.
    Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Vosotros que admiráis la belleza en el rostro, obviando el dolor de los desahucios interiores ¿Qué sabéis de belleza y de dolor?
    Lloran las tímidas guitarras bajo las nubes de un sol de lágrimas vibrantes.
    Cerca del silencio están tus labios, tus lágrimas, tus huesos, en el callado lugar de las estrellas.
    Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tu que me lees ahora.
    HAIKU DE LA ROSA Llora la rosa: el rocío de la mañana es su frescura.
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
    Soy sonoro silencio que incendió tu mirada. Mis cenizas volaron cabalgando los vientos para buscar el aire que respiraste hoy.
    Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejarán de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreirá.
    El amor está lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y lágrimas Y de dulces “te quiero”.
    Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
    Love is made of little moments.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Caen al vacío pétalos y palabras que se marchitan.
    Cerca del silencio están tus labios, tus lágrimas, tus huesos, en el callado lugar de las estrellas.
    Tan sólo quiero amarte en defensa propia.
    Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tu que me lees ahora.
    HAIKU DE LA ROSA Llora la rosa: el rocío de la mañana es su frescura.
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
    Soy sonoro silencio que incendió tu mirada. Mis cenizas volaron cabalgando los vientos para buscar el aire que respiraste hoy.
    Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejarán de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreirá.
    Llega la luz del alba: soles de himeneo sobre mi almohada.
    Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
    El amor está lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y lágrimas Y de dulces “te quiero”.
    Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Lloran las tímidas guitarras bajo las nubes de un sol de lágrimas vibrantes.
    Cerca del silencio están tus labios, tus lágrimas, tus huesos, en el callado lugar de las estrellas.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tu que me lees ahora.
    HAIKU DE LA ROSA Llora la rosa: el rocío de la mañana es su frescura.
    Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    Las alas del amor están vacías de sus brazos y sólo queda arena en las pestañas.
    Qué dirán los que han visto el rumor herido de mi sombra sobre tus ojos.

     
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    Abril 

    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
    Soy sonoro silencio que incendió tu mirada. Mis cenizas volaron cabalgando los vientos para buscar el aire que respiraste hoy.
    Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejarán de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreirá.
    Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
    El amor está lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y lágrimas Y de dulces “te quiero”.
    Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Cerca del silencio están tus labios, tus lágrimas, tus huesos, en el callado lugar de las estrellas.
    Lloran las tímidas guitarras bajo las nubes de un sol de lágrimas vibrantes.
    En este momento estoy a cero grados de separación de ti.
    De tus manos zarparon las caricias que suavizan la sórdida aridez de este mundo que parece vagar a la deriva como un barco fantasma.
    Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tu que me lees ahora.
    Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    Soy sonoro silencio que incendió tu mirada. Mis cenizas volaron cabalgando los vientos para buscar el aire que respiraste hoy.
    A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
    Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejarán de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreirá.
    El amor está lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y lágrimas Y de dulces “te quiero”.
    Hombre de arena, ya no queda nada, ni perfume en el viento.
    El silencio de tu voz se perdió en la neblina.
    Llega la luz del alba: soles de himeneo sobre mi almohada.
    Soy la luna del sol de tus ojos.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Cerca del silencio están tus labios, tus lágrimas, tus huesos, en el callado lugar de las estrellas.
    Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tu que me lees ahora.
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    Descargué tu alma de la nube y ahora soy tú lloviendo.
    No hay hilo rojo pero para cada corazón hay llaves en el universo infinito del amor.
    Todas las estrellas cuentan y yo cuento a las estrellas.
    DESAYUNO CON AMANTES Dame el café de tus ojos, el zumo de tu mirada y, de tus labios, el pan, bien untado de tu risa.
    La rosa es novia de la espina.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tu que me lees ahora.
    Lentos como la nieve Caían los copos de tu amor Sobre mi espalda dorada.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres TU.
    La soledad es el ensayo de la muerte.
    Mi vida está pintada sobre un muro incendiado de corazones solitarios.
    Si quieres cambiarme, no es a mi a quien quieres. Búscate a otra.
    Distracciones sin amor; amor sin distracciones… Where’s my Summer Love?
    Las estrellas son almas de besos incendiarios que acarician de luz los bellos labios.

     
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    Febrero 

    Lloran las tímidas guitarras bajo las nubes de un sol de lágrimas vibrantes.
    A Paco de Lucía: Corazón flamenco, honda guitarra, embrujo de mujer, soul de Andalucía.
    Este desierto sin fin sólo me muestra el espejismo de un amor verdadero.
    Para llorar no necesito la cebolla si te tengo a ti.
    Ya de tus ojos, oasis Ya de tus labios, desierto O ya de tus manos, cielo.
    Llave de mi puerta Luz de mi ventana Venda de mi herida
    Luna, labio del cielo besado por el sol.
    Mi alma en llamas, hora dorada, por tu luz crepuscular horadada.
    Hacerle el amor a tu sonrisa, acariciar despacio tu silencio.
    Cuando aprendes a ser princesa todo el mundo quiere ser súbdito.
    A las olas, alas de amor a mar.
    Se Dilatan Se Deleitan Se Delatan Tus Pupilas
    Amarse para siempre en un instante eterno.
    Cada mirada pertenece al que la mira.
    Unas veces se ama y otras se aprende.
    Dispara tus besos y róbame.
    La mejor frase de amor es la que no se dice.
    Si encajan nuestros cuerpos quizás te empotre el alma.
    Hay miradas que enamoran y palabras que lo desmienten.
    Deshazme el amor.
    Y ahora os dejo, que tengo que inventar la bomba erotónica.
    Necesito un brochazo de amor!
    Me conquistó tu mirada y tu sonrisa, ya es hora de que me conquisten tus abrazos y besos.
    Me asomo al profundo pozo de sus ojos negros para gritarle pero nadie responde.
    ¿Fui yo tu princesa? Apenas fui un suspiro, Un cruce de miradas. Tan sólo fue eso.
    Amor por despecho tras amor de pecho.
    Murió habiendo abrazado sólo sueños.
    Recomiendo leerme en la intimidad de los abrazos eléctricos…
    Ya no son latidos, son balas explosivas…
    No quiero volver, no quiero olvidar…
    Oculto tu amor en un poema que nadie leerá.
    Si el amor se marchita, endurece sus espinas.
    Sí… cada mirada, cada beso, cada caricia, cada palabra, cada sonrisa, cada abrazo… son necesarios. Todo lo demás sobra.
    Madurar es aceptar la derrota, la humillación y la ofensa.
    ¿Cómo puedes tener alma si no tienes sonrisa?
    Si vienes a buscarme, te acompaño encantada.
    Aún busco los contornos de tu rostro, las suaves orillas de tus dedos, el alado sabor de los besos que nunca nos dimos, tu trémulo rubor…
    Es oscura la noche en el mar del olvido. Y mientras busco el faro de tus ojos, me recreo en la niebla de mi dolor dormido.
    “Querer” nunca fue sinónimo de “que te quieran”.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Besos: droga de la claridad.
    No soporto la mediocridad.
    Quiero un amor que haga daño.
    A veces veo muertos de ganas en el cementerio de los deseos por cumplir.
    Tal vez un día me vea reflejada en tus labios, en tu sonrisa, en tus besos.
    El amor es tan ilusorio como los fantasmas.
    Lee mi piel en la intimidad en tono grave y musical con la rotundidad de las olas espumadas que rompen en tus brazos galantes.
    Nunca los besos fueron gratis, siempre los paga el desamor.
    Si te conformas con sus hermosos ojos negros, dejarán de mirarte como te miraron. Si te conformas con su sonrisa, no sonreirá.
    El amor es como las olas del mar, a veces calmachicha, otras tsunami y casi siempre una marejadilla.
    El amor está lleno de miradas, silencios… De palabras azules Y de rojos besos, De sonrisas y lágrimas Y de dulces “te quiero”.
    Cartero: un amor en cada puerta.
    Eres trigo verde Bajo mi limonero. El quimono de seda Que cubre mi desnudo. El abrupto barranco Donde caer rendida.
    Donde Están Los Besos Que El sol Te dió, Allí Estará Mi amor.
    Llévate lejos este amor, donde el sol lo abrase y fortalezca…
    Eres daltónico para mi amor.
    Todo está en contra de un amor a destiempo.
    Después del primer amor, todos son prescindibles.
    Magia, locura, amor… abre la puerta…
    Hay tiempos en que los besos dan sapos y otros en los que dan amores.
    Como la luna sin luz y como el viento sin aire.
    El tiempo es un canalla, ni sumiso a la brisa de la pasión, anega los sueños de estrellas negras.
    El primer sueño ¿realmente importa? No hay golondrinas hoy como la sombra. Besa y sigue remando.
    Olas de seda, perfume de la higuera entre tus labios, el ruido de las olas por el aire abortado: tu te desnudas luna de sangre…

     
  • viva el Tue25Sep18 Permalink
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    El bigote de Botella y el moño de Aznar: los límites del humor 

    Unos científicos han descubierto los límites del humor. Según un estudio reciente realizado por Married & Married, de la King John Charles University, el límite se encuentra entre el moño de Aznar y el bigote de Botella.

    Como han podido demostrar, es imposible encontrar el humor entre esos límites, por lo que se deduce que es este el límite universal del humor, imposible de traspasar por cualquier sonrisa ni carcajada.

    La gelidez es tal que se acerca al cero absoluto -ha declarado Married & Married- a uno se le congela la sangre sólo de pensarlo.

     
  • viva el Sat30Jun18 Permalink
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    Cuando ríes… 

    Cuando te ríes, todo el mundo se detiene y mira un rato, porque eres increíble tal como eres.

    Mira las estrellas, mira cómo brillan por ti y todo lo que haces, como si fueran Pléyades.

    Porque todo mi yo ama todo de ti.

    Ama tus curvas y tus aristas, todas tus perfectas imperfecciones.

    Algo en la forma en que te mueves me atrae como ningún otro amante.

    Algo en la forma en que me amas.

    Porque, amor, tu alma nunca podría envejecer, es de hoja perenne y, amor, tu sonrisa siempre estará en mi mente y en mi memoria.

    Seré el mayor fan de tu vida.

    No puedo evitar mirarte, porque veo la verdad en algún lugar de tus ojos.

    Sigues siendo a la que pertenezco, sigues siendo la que quiero de por vida.

     
  • viva el Sat23Jun18 Permalink
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    Ninfas en el cielo 

    Ninfas en el cielo dicen lo que quieres

    Ven y baila conmigo, toda mi llama

    Volando a casa, collar de perlas

    Debo romper las enseñanzas de Orfeo?

    Estrella fugaz, ven conmigo

    Pongo una sonrisa en tu boca

    Amor de verano, vuelve a mi

    Pones una sonrisa en mi boca

    La luna sigue girando en el lago

    Un nuevo mirlo brilla en mi cabeza

     
  • viva el Sat19May18 Permalink
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    To G.A.W. John Keats 

    Ninfa de la sonrisa hacia abajo y mirada

    esquiva, ¿ en qué momentos tan divinos del día

    eres más fascinante? ¿Cuando vas descarriada

    entre los laberintos de la expresión dulce,

    O cuando vas paseando tranquilamente en trance

    de pensamiento sombrío? ¿O cuando te apresuras,

    desaliñada, a ver la luz de la mañana,

    Y eximes a las flores en tu intrincada danza?

    Quizá cuando tus labios de rubí se separan

    dulcemente y se quedan así mientras escuchas.

    Pero fuiste educada para agradar del todo,

    por eso no distingo cuál es tu mejor temple.

    Y diré de igual forma qué gracia es la que baila

    frente a Apolo mejor que todas las demás.

     
  • viva el Tue10May16 Permalink
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    Le mataron en una guerra injusta como todas… 

    Le mataron en una guerra injusta, como todas, quizás fue en Siria, pero su cadáver conservó eternamente una sonrisa sardónica.

     
  • viva el Sun22Feb15 Permalink
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    ¿Alguien puede pasarme el teléfono del dentista de… 

    ¿Alguien puede pasarme el teléfono del dentista de la luna? Quiero replicar en mi cara su sonrisa.

     
  • viva el Sat10Jan15 Permalink
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    En tus ojos veo el infinito de nuestras… 

    En tus ojos veo el infinito de nuestras miradas, viva.
    El beso, la sonrisa y las palabras de amor de tus labios y
    La fuerza infinita de nuestras manos
    Mezcladas con el aguardiente de tus bajos.

     
  • viva el Sun30Nov14 Permalink
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    Nunca me acuerdo de todo ese es el… 

    Nunca me acuerdo de todo, ese es el problema. Hoy por ejemplo, sólo recuerdo la sonrisa imbécil que hacías aparecer en mi rostro.

     
  • viva el Tue25Nov14 Permalink
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    Tiene la sonrisa de quimera y a mis… 

    Tiene la sonrisa de quimera, y a mis ilusiones les están saliendo alas…

     
  • viva el Fri22Aug14 Permalink
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    Estoy tan perdido en su sonrisa que ya… 

    Estoy tan perdido en su sonrisa que ya comienzo a hablar con faltas de ortografía…

     
  • viva el Tue25Feb14 Permalink
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    SANDRO 

    Lo mas valioso en la vida. Valioso y vida. Porque relacionamos esas dos palabras. Si lo hacemos será por algo. Pues bien, están relacionadas. Porque la vida, la de cada uno de nosotros, tiene un valor. Un valor mucho más poderoso que el dinero. Pero más valor tiene todas las enseñanzas que a lo largo de la vida vamos aprendiendo… Al principio, nosotros no tenemos ni idea de lo que es el valor. Pero más adelante, mucho más adelante, llegara un momento en el que todos lo acabaremos comprendiendo. Comprendemos en ese momento aquellas cosas que realmente van a tener valor y aquellas que nunca lo tendrán.

    Para empezar, desde el principio, lo más valioso que puede haber en esta vida no es lo que tenemos, no son esos cascos que tenemos, ni ese ordenador ni ese móvil último modelo… no son cosas u objetos que compramos con dinero, con dinero que encima está sucio y manchado de muchas manos… Creemos que con ese dinero conseguiremos la felicidad, que nos permitirá comprar absolutamente todo, pero lamentablemente nos equivocamos. El dinero solo sirve para comprar cosas, objetos que con el paso del tiempo acabaremos despreciando, tirando o incluso olvidándolo en el fondo del cajón. Ese dinero jamás nos los dará todo, hay cosas que lamentablemente el dinero jamás podrá comprar. Y eso es la felicidad. La felicidad es algo que jamás se podrá comprar, vender o alquilar, es algo que tampoco se regala, la felicidad, amigos míos, es un sentimiento, un valor que pocas personas tienen a día de hoy. Lo valioso, lo que realmente tendrá valor y nos hará felices, son esas personas que siempre están ahí, a nuestro lado, las que cada día comparten un poquito nuestro día a día. Pero aun así, lo comparten. Eso es la felicidad, eso es ser realmente feliz y no el sucio dinero. Otra cosa que deberemos de aprender y que, lamentablemente es una realidad, es que nos creemos y mucho, que por tener un buen físico ya vamos a enamorar y a ser los mejores. Eso tiene una palabra, y sin ánimo de ofender, esa palabra es ser un chulo, un creído. Y no es así, el físico jamás tendría que importarnos, eso antes no importaba, pero claro, ahora si importa. Ahora si no somos cachitas no somos nada y eso no me parece correcto. ¿Y a vosotros? La personalidad, como somos en realidad, es lo que tendría que importar realmente, es lo que de verdad acaba enamorando, es lo que nos acabara permitiendo conocer a gente nueva, a enamorarla. Vamos a recordad que el físico nunca enamorara, solo nos atraerá, pero si queremos enamorar, hagámoslo con lo que hay dentro de nosotros, dentro de cada uno de nosotros, con la personalidad de cada uno. Otra cosa valiosa que todos acabaremos aprendiendo es que aquellos que no valoran lo que tienen, que jamás lo disfrutan, lo van a acabar perdiendo y encima, para siempre. Si nunca valoramos lo que tenemos lo perderemos y nos pasaremos el resto de nuestra vida lamentando haber perdido aquello que en su día, en su momento, no valoramos. Que para que seamos felices tenemos que hacer feliz a otras personas, o si me permiten mejorarlo, rodearnos de buenas y grandes personas y que nosotros acabemos siendo una de ellas. Nunca nos debemos de quedar al lado de esas personas que solo van a hacer de nuestra vida un infierno, que no les importamos, ni nosotros ni nuestra felicidad.

    Quiero decir para terminar que siempre que la persona que menos esperamos en nuestras vidas, es la que probablemente nos haga que vivamos los mejores momentos de nuestra vida y acabemos ganando grandes experiencias. Jamás debemos de rechazar a alguien que extiende su mano, ya que eso podría ser el comienzo de una gran amistad. Olvidemos eso que nos mata, que nos martiriza nuestro día a día, olvidemos ese pasado, esa historia que ocurrió y que no podremos recuperar, no arruinemos nuestro presente por un pasado que ya no tiene futuro. Y una última cosa, una también bastante valiosa, y es que una persona fuerte sabe perfectamente que aun con lagrimas en los ojos sabe poder arreglárselas para decir con una gran sonrisa… “Estoy bien”.

     
  • viva el Tue25Feb14 Permalink
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    Lo mas valioso en la vida 

    Valioso y vida. Porque relacionamos esas dos palabras. Si lo hacemos será por algo. Pues bien, están relacionadas. Porque la vida, la de cada uno de nosotros, tiene un valor. Un valor mucho más poderoso que el dinero. Pero más valor tiene todas las enseñanzas que a lo largo de la vida vamos aprendiendo… Al principio, nosotros no tenemos ni idea de lo que es el valor. Pero más adelante, mucho más adelante, llegara un momento en el que todos lo acabaremos comprendiendo. Comprendemos en ese momento aquellas cosas que realmente van a tener valor y aquellas que nunca lo tendrán.

    Para empezar, desde el principio, lo más valioso que puede haber en esta vida no es lo que tenemos, no son esos cascos que tenemos, ni ese ordenador ni ese móvil último modelo… no son cosas u objetos que compramos con dinero, con dinero que encima está sucio y manchado de muchas manos… Creemos que con ese dinero conseguiremos la felicidad, que nos permitirá comprar absolutamente todo, pero lamentablemente nos equivocamos. El dinero solo sirve para comprar cosas, objetos que con el paso del tiempo acabaremos despreciando, tirando o incluso olvidándolo en el fondo del cajón. Ese dinero jamás nos los dará todo, hay cosas que lamentablemente el dinero jamás podrá comprar. Y eso es la felicidad. La felicidad es algo que jamás se podrá comprar, vender o alquilar, es algo que tampoco se regala, la felicidad, amigos míos, es un sentimiento, un valor que pocas personas tienen a día de hoy. Lo valioso, lo que realmente tendrá valor y nos hará felices, son esas personas que siempre están ahí, a nuestro lado, las que cada día comparten un poquito nuestro día a día. Pero aun así, lo comparten. Eso es la felicidad, eso es ser realmente feliz y no el sucio dinero. Otra cosa que deberemos de aprender y que, lamentablemente es una realidad, es que nos creemos y mucho, que por tener un buen físico ya vamos a enamorar y a ser los mejores. Eso tiene una palabra, y sin ánimo de ofender, esa palabra es ser un chulo, un creído. Y no es así, el físico jamás tendría que importarnos, eso antes no importaba, pero claro, ahora si importa. Ahora si no somos cachitas no somos nada y eso no me parece correcto. ¿Y a vosotros? La personalidad, como somos en realidad, es lo que tendría que importar realmente, es lo que de verdad acaba enamorando, es lo que nos acabara permitiendo conocer a gente nueva, a enamorarla. Vamos a recordad que el físico nunca enamorara, solo nos atraerá, pero si queremos enamorar, hagámoslo con lo que hay dentro de nosotros, dentro de cada uno de nosotros, con la personalidad de cada uno. Otra cosa valiosa que todos acabaremos aprendiendo es que aquellos que no valoran lo que tienen, que jamás lo disfrutan, lo van a acabar perdiendo y encima, para siempre. Si nunca valoramos lo que tenemos lo perderemos y nos pasaremos el resto de nuestra vida lamentando haber perdido aquello que en su día, en su momento, no valoramos. Que para que seamos felices tenemos que hacer feliz a otras personas, o si me permiten mejorarlo, rodearnos de buenas y grandes personas y que nosotros acabemos siendo una de ellas. Nunca nos debemos de quedar al lado de esas personas que solo van a hacer de nuestra vida un infierno, que no les importamos, ni nosotros ni nuestra felicidad.

    Quiero decir para terminar que siempre que la persona que menos esperamos en nuestras vidas, es la que probablemente nos haga que vivamos los mejores momentos de nuestra vida y acabemos ganando grandes experiencias. Jamás debemos de rechazar a alguien que extiende su mano, ya que eso podría ser el comienzo de una gran amistad. Olvidemos eso que nos mata, que nos martiriza nuestro día a día, olvidemos ese pasado, esa historia que ocurrió y que no podremos recuperar, no arruinemos nuestro presente por un pasado que ya no tiene futuro. Y una última cosa, una también bastante valiosa, y es que una persona fuerte sabe perfectamente que aun con lagrimas en los ojos sabe poder arreglárselas para decir con una gran sonrisa… “Estoy bien”.

     
  • viva el Mon22Apr13 Permalink
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    La sonrisa de buena mañana es la eyaculacion… 

    La sonrisa de buena mañana es la eyaculacion precoz de la felicidad

     
  • viva el Thu29Nov12 Permalink
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    El viento se lo lleva todo las penas… 

    El viento se lo lleva todo; las penas, la tristeza, las desilusiones…
    Te siento lejos de mí, muy lejos…Intento calmarme, respirar poco a poco, pero la angustia que siento no se va…
    Comienzo a caminar y el viento recorre todos los rincones de mi cuerpo, respiro profundamente para que se lleve mi malestar…
    Cierro los ojos y dejo mi mente en blanco. Al abrirlos ya no siento nada, solo paz…
    Recuerdo tus caricias, tu sonrisa, tus miradas cómplices y vuelvo a sonreír.

     
  • viva el Fri9Nov12 Permalink
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    Eucaristía A la cola como todo el mundo… 

    Eucaristía

    A la cola, como todo el mundo –dijo el cura apartando la oblea de sus fauces “metálicas”–, ¿o crees que por comulgar el último Dios te quiere menos? Además, con eso que te han puesto en la boca no se recibe el cuerpo de Cristo. Así que ya te lo estás quitando. ¿No querrás que el Señor se sienta como si hubiese entrado en un desguace lleno de hierros retorcidos?
    Cabizbajo, se puso el último, casi a la entrada, justo detrás de la sonrisa triunfal de su prima Eufemia, y tiró y tiró hasta que la ortodoncia –¡cluf!– cayó sanguinolenta en la pila del agua bendita.

     
  • viva el Sat14Jul12 Permalink
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    El mundo es una Greguería Jueves por la… 

    El mundo es una Greguería.
    Jueves por la tarde, calle Ibiza, Madrid, dos amigas charlando, una de ellas fuera del alcance de mis oídos dice una frase premonitoria a la que la amiga le contesta; “No seas AGÜERA”. Y al oírla provoca en mí una carcajada interna y una sonrisa boba que cualquiera que me hubiese visto pensaría que me fugué del Psiquiátrico cercano.
    Explico el nuevo “palabro”. Conjunción de dos frases: por un lado “No seas AGORERA” y Por otro “No seas pájaro de mal AGÜERO”… :-)

     
  • viva el Fri29Jun12 Permalink
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    Mujeres barbudas que se limpian con una sonrisa… 

    Mujeres barbudas que se limpian con una sonrisa la leche de su barba tras el desayuno: ¡sois el orgullo de la humanidad!

     
  • viva el Tue22May12 Permalink
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    Tratar con cariño a un tiesto vacío a… 

    Tratar con cariño
    a un tiesto vacío, a una noche.
    a esa esperanza idiota que te sostuvo un día.
    a la vida.
    a los funerales y a las cajeras del supermarket. al mando a distancias.
    al coche cuando no arranca, al perro que ladra, al día lluvioso.
    al aburrimiento grave, a la repetición.
    al horizonte feo, a las ballenas.
    tratar con cariño algo que ni conoces
    a las malas noticias, al desaliento.
    a la sonrisa del otro, a lo relativo. a lo que ignoro
    con cariño
    tratar con cariño

     
  • viva el Sat28Apr12 Permalink
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    Os acompaño un soneto de Juan Gutiérrez Padial… 

    Os acompaño un soneto de Juan Gutiérrez Padial. Os recomiendo al poeta, aunque es difícil de hallar. Se titula “Río anónimo”, y va encabezado por una leyenda que dice “Lanjarón tiene un río, que de verme llorar anda salobre”. Ahí va el soneto:
    Río mío de nieve, río de prisa
    arcana y musical en tu ribera,
    agua de mi querencia que te espera
    de par en par a tu altivez sumisa.
    Llevo en mi piel el áncora y la brisa
    de tu presencia verde y marinera;
    tu noria circundó mi voz primera,
    mi barco de papel y mi sonrisa.
    Pero qué lejos ya. Cuánto pasado
    por tu gastada orilla, qué distantes
    el caballo, la arena… Y qué porfía
    le clavas a mi ausencia desbocado
    para seguir, tan río como antes,
    escupiéndole a mar la muerte mía.

     
  • viva el Tue24Apr12 Permalink
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    Sometido estrujado a presión en el salón de… 

    Sometido, estrujado a presión en el salón de actos, sin importarme otros doscientos setenta y ocho más… era tu aliento, tu cuerpo retorcido, tu incívica actuación… tu roce constante del abrigo contra mi pierna… lo que motivo hallarte en lo más oscuro de mi virtual pensamiento descuartizado sobre la vía del tren… entretenido en colocar tus restos aquí y allá, esboce esa sonrisa que ya conoces, inquieto apartaste tus ojos de gel azul de los míos.
    Optaste por irte.
    Lástima, nos hubiéramos divertido.

     
  • viva el Wed4Apr12 Permalink
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    Toda su vida se dedicó a mullir la… 

    Toda su vida se dedicó a mullir la realidad de sus congéneres con mentiras blancas.
    Un día la encontraron a punto de asfixiarse entre las plumas blancas de su jaula de cristal. Fue la primera vez que se ahorró regalar su sonrisa a desconocidos, aunque eran sus salvadores, los que acababan de salvar su blanca vida de zambullirse en el negro sin retorno.

     
    • Carlos Burgos el Mie4Abr12 Permalink | Inicia sesión para responder

      ¿Te refieres al Papa?

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    • desde el blog translucidoh el Mie4Abr12 Permalink | Inicia sesión para responder

      Pues no estaba pensando en él, la verdad, pero mirándolo desde esa perspectiva el Papa también cabe…

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    • espinarota el Mie4Abr12 Permalink | Inicia sesión para responder

      Pienso que hablas de un periodista

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    • viva el Mie4Abr12 Permalink | Inicia sesión para responder

      Nos tienes en ascuas

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    • desde el blog translucidoh el Jue5Abr12 Permalink | Inicia sesión para responder

      No pensaba hacer una adivinanza, pero si queréis os cuento cómo veo esta imagen que me vino … Estaba pensando en un genérico de personas que dedican toda su energía en agradar a los demás, haciéndoles ver una realidad positiva y placentera- con plumas blancas-, cuando ellos no la viven así, hasta que un día se ahogan en su propia contradicción. Esfuerzo sobre esfuerzo en hacerle la vida más fácil a los demás cuando ellos se mueren por dentro sin fe alguna.
      Me venía a la cabeza una mujer que no sabe poner límites ni tiene centro, y vive con la máscara de la sonrisa y de “aquí no pasa nada, todo es maravilloso”…

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    • Liacice el Jue5Abr12 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ahora lo veo claro y, además, me recuerdan a alguna persona que conozco y…¡coincido en que, por desgracia, no acaban bien!. Ejemplos cercanos lo corraboran. Y no me refiero sólo a mujeres. Conozco a bastantes más hombres qeu se están comportando así en estos tiempos de crisis:unos no se atreven a confesar su precariedad laboral y siguen pagando ellos las rondas del bar, otros se inventan trabajos, incapaces de decrile a su pareja que les despidieron, otros no piden ayuda ni a su propia familia para llegar a fin de mes… Las mujeres siempre somos más plañideras y eso, tal vez, nos hace ser más resistentes. Claro, siempre que carezcas de orgullo, sino da igual el sexo qeu portes: serás paloma ahogada, como dices. Ah, y al Papá apostólico y romanao también le pega,

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  • viva el Sun25Mar12 Permalink
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    ROBERTO CARRASCO 

    — ¿Sabes cual sería mi paraíso? —dijo él mirando su copa de vino.
    — ¿Paraíso? —dijo ella algo sorprendida por aquella pregunta. Ël siempre había sido un filosofo idealista y por eso no la pillaba de sorpresa. Aunque disfrutaba con sus preguntas.
    — Al morir digo —respondió él mirándola con el corazón
    Ella entendió la complicidad de él y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
    — ¿Cual?
    — Viajar contigo siempre. Repetir una y otra vez el placer de olvidar por unos días esta asquerosa vida —dijo él tras dar un trago al Ribera del Duero que vivía en su copa—. Cómo si le dieras al repeat en una canción.
    — Estaría muy chulo —añadió ella alzando su copa hacia él —. ¿Me lo prometes?
    —Te lo juro.

     
  • viva el Sun25Mar12 Permalink
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    TE LO JURO 

    — ¿Sabes cual sería mi paraíso? —dijo él mirando su copa de vino.
    — ¿Paraíso? —dijo ella algo sorprendida por aquella pregunta. Ël siempre había sido un filosofo idealista y por eso no la pillaba de sorpresa. Aunque disfrutaba con sus preguntas.
    — Al morir digo —respondió él mirándola con el corazón
    Ella entendió la complicidad de él y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.
    — ¿Cual?
    — Viajar contigo siempre. Repetir una y otra vez el placer de olvidar por unos días esta asquerosa vida —dijo él tras dar un trago al Ribera del Duero que vivía en su copa—. Cómo si le dieras al repeat en una canción.
    — Estaría muy chulo —añadió ella alzando su copa hacia él —. ¿Me lo prometes?
    —Te lo juro.
    […] Síguelo en :http://labibliotecadelfauno.wordpress.com/2012/03/25/te-lo-juro-por-r-c-calderon/

     
  • viva el Sun25Mar12 Permalink
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    L´homme aimable est celui qui écoute en souriant… 

    L´homme aimable est celui qui écoute en souriant les choses qu´il sait, dites par quelqu ´un qui les ingnore.
    Alfred Capus
    El hombre amable es alguien que escucha con una sonrisa las cosas que conoce, diciendo a alguien que lo ingnoraba.
    Alfred Capus

     
  • viva el Thu22Mar12 Permalink
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    Tu sonrisa mece mis ojos 

    Tu sonrisa mece mis ojos.

     
  • viva el Fri16Mar12 Permalink
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    El mejor remedio contra la intolerancia está en… 

    El mejor remedio contra la intolerancia está en limpiarse los oidos de prejuicios mientras ves jugar en el patio del colegio a niños de distintas razas pero con una misma sonrisa.

     
    • Julio Santizo Coronado (Facundo) el Sab17Mar12 Permalink | Inicia sesión para responder

      Los niños no saben de prejuicios. Los niños perdonan sin reserva. Son los golpes constantes lo que nos endurecen con el pasar de los años.

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  • viva el Wed22Feb12 Permalink
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    de mis manos zarparan las caricias y de… 

    de mis manos zarparan las caricias y de tu boca surgirá la sonrisa. De mi mirada saldra la lujuria y tu boca pronunciara la palabra. Seremos uno contra viento y marea y las olas brindaran la noticia.

     
  • viva el Thu16Feb12 Permalink
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    Cuando me siento cansado recuerdo tu sonrisa y… 

    Cuando me siento cansado recuerdo tu sonrisa y continúo mi camino.

     
  • viva el Wed8Feb12 Permalink
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    Hace unos minutos sentía que mi existencia era… 

    Hace unos minutos sentía que mi existencia era un desperdicio y quería limpiar el mundo de éste desperdicio,desde hace unos segundos una sonrisa nació en mi,me hubiese perdido de este sentimiento de felicidad si hubiese limpiado al mundo de mi existencia

     
  • viva el Sun5Feb12 Permalink
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    Dolor querer comprar una sonrisa y darse cuenta… 

    Dolor: querer comprar una sonrisa y darse cuenta de que no se halla en venta.
    Soledad: querer correr más a prisa y no poder mover los pies.
    Amor: La falsedad de la misericordia divina.

     
  • viva el Wed23Feb11 Permalink
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    No logro que se me quede pegada a la car… 

    No logro que se me quede pegada a la cara la permanente sonrisa tonta laboral…

     
  • viva el Tue18May10 Permalink
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    matrimonio ilustre enamorar con una sonrisa jamás pasará… 

    matrimonio ilustre: enamorar con una sonrisa jamás pasará de moda.

     
  • viva el Thu18Mar10 Permalink
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    Ya veo entre tus piernas la sonrisa beatífica de los serafines 

    las nubes reman,
    se estremece un lucero,
    en llano en llamas
    se diluyen los sueños
    por peldaños de hielo.

     
  • viva el Sun25Jan09 Permalink
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    Paris Hilton y su sonrisa múltiple 

    De Paris Hilton sólo puedo decir que tiene una sonrisa espléndida a punto de padecer esclerosis múltiple.

     
  • viva el Thu19Jun08 Permalink
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    CONDENADO 

    Hace tiempo un cazo era mi sombrero. Hasta este happy end de mi visión. Se acerca agosto y, agitado, me cambio de sitio para perseguir el sentido de vida que encuentro en cada sonrisa, en cada melodía, haciendo cybersex de juventud. No es tontería. Mi blanco es ahora sufrir amables felaciones que alguien con olor a diosa pueda hacerme sobre un piano. No es una estupidez, os lo aseguro.

     
  • viva el Thu19Jun08 Permalink
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    Hace tiempo un cazo era mi sombrero. Has … 

    Hace tiempo un cazo era mi sombrero. Hasta este happy end de mi visión. Se acerca agosto y, agitado, me cambio de sitio para perseguir el sentido de vida que encuentro en cada sonrisa, en cada melodía, haciendo cybersex de juventud. No es tontería. Mi blanco es ahora sufrir amables felaciones que alguien con olor a diosa pueda hacerme sobre un piano. No es una estupidez, os lo aseguro.

     
  • viva el Thu19Jun08 Permalink
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    Hace tiempo un cazo era mi sombrero Hasta… 

    Hace tiempo un cazo era mi sombrero. Hasta este happy end de mi visión. Se acerca agosto y, agitado, me cambio de sitio para perseguir el sentido de vida que encuentro en cada sonrisa, en cada melodía, haciendo cybersex de juventud. No es tontería. Mi blanco es ahora sufrir amables felaciones que alguien con olor a diosa pueda hacerme sobre un piano. No es una estupidez, os lo aseguro.

     
  • viva el Sat5Apr08 Permalink
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    Espejito, espejito, ¿quién es la más…? 

    Esta mañana el espejo me devolvió una sonrisa forzada, oscuras ojeras, ojos con resto de maquillaje y el ya habitual pelo alborotado. El día de ayer no había sido muy… en fin, digamos simplemente sin demasiadas florituras que fue una mierda. Este verano que acababa podría ser calificado como el peor de mi vida, pero lo que yo no sabía es que lo “mejor” sería el final. Me estampé, si, pero no literalmente; ojalá. Todo se vino abajo cual castillo de arena arrastrado por las olas del mar.
    Me lavé la cara y volví a mirarme en el espejo, pero este seguía devolviéndome la misma sonrisa tosca. Cerré los ojos y, en contraste con el agua fría que todavía humedecía mi cara, noté dos cálidas lágrimas resbalar por mi piel. Me miré de nuevo en el espejo y vi que este me miraba amablemente. Abrí los ojos y, no, el espejo seguía reflejándome a mí, claro.
    Me metí en la bañera y me duché con agua bien caliente, quizá me relajara un poco. Tras sentir el agradable caer de millones de gotitas por mi desnudo cuerpo, salí de la bañera y cuando iba a coger la toalla me miré en el espejo de nuevo, pero este ya no me reflejaba a mí. Empañado, mostraba un mensaje…
    …profundo malestar oculta tu mirar…
    Rompí en llanto, me quedé acurrucada en una esquina del cuarto de baño, desnuda y mojada en mil lágrimas con olor a avena.

     
  • viva el Fri4Apr08 Permalink
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    Silencio 

    Hace tiempo que dejé de pensar, no obedecía a nada, empecé a mover piedras, a morder el polvo. Me sangraban las manos, me ardía el cuerpo, porque el odio tiene esa textura…
    ¿Resignarme a lo mas evidente? ¿que te fuiste sin despedirte?, no, ahora no se oía ni un llanto, ni el mas leve sollozo. Solo silencio. Todo me parece tan lejano, ya solo quedan los recuerdos y un sentimiento latente a cada piedra que levanto, cada recuerdo que destapo. Intentan convencerme de que salga de allí, que si sigo seré yo quien salga herida, mas que me importa.
    Dime ¿Qué me queda? Solo el dolor y una rabia que no sabe por donde salir y esa sonrisa en tus labios rodeado de sangre, aniquilando poco a poco mi corazón.

     
  • viva el Fri16Nov07 Permalink
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    Eres ese silencio que se convierte en sonrisa 

    Eres ese silencio que se convierte en sonrisa.

     
  • viva el Thu11Oct07 Permalink
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    Sonrisa de payaso 

    No quiero que el Sol derrame mi sombra
    No quiero que la Luna llore por mí
    Quiero liberar mi alma de esa botella de cristal

    No consigo entender el por qué de este malestar
    Día tras día mi sonrisa se torna convexa
    Reflejando el dolor que no puede salir de ella

    Mis ojos, ahogados en llanto
    No consiguen encontrar el cómo
    Cómo es posible que no quiera libertad
    Que sólo sueñe con mantener esta jodida rutina
    Que me encadena a una maldita soledad

    Alas rotas, ya no vuelan
    Ya no sirven más que para quitar una a una sus plumas
    Tirarlas al viento y ver como dibujan un camino a recorrer
    Un camino en el que hace ya me perdí

    xarleen

     
  • viva el Thu12Jul07 Permalink
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    HAIKU CUANDO ALETEAN SUS PESTAÑAS 

    En su sonrisa
    es una mariposa
    la que os mira.

     
  • viva el Fri25May07 Permalink
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    En su sonrisa grazna una garza ruido de… 

    En su sonrisa
    grazna una garza
    ruido de agua.

     
  • viva el Fri25May07 Permalink
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    HAIKU A PEGGY SU 

    En su sonrisa
    grazna una garza
    ruido de agua.

     
  • viva el Tue15May07 Permalink
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    Un poco de rodaje… 

    Sólo yo me percaté de que un equipo de rodaje se encontraba en la calle preparando una grabación, con actores muy viejos y muy conocidos todos. Me entró una curiosidad casi morbosa, hasta el punto de que me acerqué demasiado, casi metiéndome encima de su trabajo. La chica que manejaba los aparatos de sonido hizo un gesto de que me hiciera hacia atrás, me callara y esperase. Le hice un gesto de excusarme con una sonrisa que intentaba a la vez ser picarona y ella así lo entendió pues nada más acabar vino hacia mí reprendiéndome pero también con una sonrisa igualmente pícara. Ambos nos acercamos y cuando ya estábamos tan cerca que podíamos tocarnos le dije que perdonase pero es que… No pude resistir, al disculparme, acariciarle levemente aquellas hermosas caderas, lo cual, sin duda, le gustó pues aún se acercó más y me permitió acabar mi caricia bajando ella misma mis manos desde la cadera hasta la parte más cercana a las piernas. Mientras yo disfrutaba de esta curva imprevista, ella seguía dando explicaciones de porque no debía acercarme como si reprendiese a un muchacho travieso que en el fondo le había divertido con su travesura, pero yo no escuchaba nada ya de lo que decía y sólo veía su sonrisa mientras hablaba.
    Se percató que no le escuchaba y que, en cambio, me acercaba más a ella, mirando sus atractivos ojos y sus sensuales labios que me hipnotizaban con su sonrisa. Ella acercó su mano a mi cuello quizás sólo intentando centrar mi atención, pero aquello fue para mí como si encendieran de golpe el sol en mi cara. Yo estaba a punto de rozar sus labios y ambos caímos fundidos en un apasionado abrazo. Como unos amantes que han estado mucho tiempo sin verse, separados por la distancia y el tiempo.
    Ambos ardíamos cada vez más. Yo llevé una mano a sus nalgas y las acariciaba suavemente. Acercamos nuestros sexos, que se encontraban a la misma altura: desprendían un calor excitante y placentero. Ella revolvía mi pelo con su mano mientras atornillábamos nuestros labios. Sin poder despegarnos el uno del otro, rozábamos nuestros sexos a través de la ropa, transmitiéndonos el excitante calor progresivamente más húmedo y lúbrico, que ahora empapaba nuestra ropa interior e incluso los finos pantalones que aún nos cubrían…

    Mientras se alejaba con sus aparatos ella sonrió:
    -Volveremos a vernos…

     
  • viva el Tue15May07 Permalink
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    Sólo yo me percaté de que un equipo… 

    Sólo yo me percaté de que un equipo de rodaje se encontraba en la calle preparando una grabación, con actores muy viejos y muy conocidos todos. Me entró una curiosidad casi morbosa, hasta el punto de que me acerqué demasiado, casi metiéndome encima de su trabajo. La chica que manejaba los aparatos de sonido hizo un gesto de que me hiciera hacia atrás, me callara y esperase. Le hice un gesto de excusarme con una sonrisa que intentaba a la vez ser picarona y ella así lo entendió pues nada más acabar vino hacia mí reprendiéndome pero también con una sonrisa igualmente pícara. Ambos nos acercamos y cuando ya estábamos tan cerca que podíamos tocarnos le dije que perdonase pero es que… No pude resistir, al disculparme, acariciarle levemente aquellas hermosas caderas, lo cual, sin duda, le gustó pues aún se acercó más y me permitió acabar mi caricia bajando ella misma mis manos desde la cadera hasta la parte más cercana a las piernas. Mientras yo disfrutaba de esta curva imprevista, ella seguía dando explicaciones de porque no debía acercarme como si reprendiese a un muchacho travieso que en el fondo le había divertido con su travesura, pero yo no escuchaba nada ya de lo que decía y sólo veía su sonrisa mientras hablaba.
    Se percató que no le escuchaba y que, en cambio, me acercaba más a ella, mirando sus atractivos ojos y sus sensuales labios que me hipnotizaban con su sonrisa. Ella acercó su mano a mi cuello quizás sólo intentando centrar mi atención, pero aquello fue para mí como si encendieran de golpe el sol en mi cara. Yo estaba a punto de rozar sus labios y ambos caímos fundidos en un apasionado abrazo. Como unos amantes que han estado mucho tiempo sin verse, separados por la distancia y el tiempo.
    Ambos ardíamos cada vez más. Yo llevé una mano a sus nalgas y las acariciaba suavemente. Acercamos nuestros sexos, que se encontraban a la misma altura: desprendían un calor excitante y placentero. Ella revolvía mi pelo con su mano mientras atornillábamos nuestros labios. Sin poder despegarnos el uno del otro, rozábamos nuestros sexos a través de la ropa, transmitiéndonos el excitante calor progresivamente más húmedo y lúbrico, que ahora empapaba nuestra ropa interior e incluso los finos pantalones que aún nos cubrían…

    Mientras se alejaba con sus aparatos ella sonrió:
    -Volveremos a vernos…

     
  • viva el Tue15May07 Permalink
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    Un poco de rodaje… 

    Sólo yo me percaté de que un equipo de rodaje se encontraba en la calle preparando una grabación, con actores muy viejos y muy conocidos todos. Me entró una curiosidad casi morbosa, hasta el punto de que me acerqué demasiado, casi metiéndome encima de su trabajo. La chica que manejaba los aparatos de sonido hizo un gesto de que me hiciera hacia atrás, me callara y esperase. Le hice un gesto de excusarme con una sonrisa que intentaba a la vez ser picarona y ella así lo entendió pues nada más acabar vino hacia mí reprendiéndome pero también con una sonrisa igualmente pícara. Ambos nos acercamos y cuando ya estábamos tan cerca que podíamos tocarnos le dije que perdonase pero es que… No pude resistir, al disculparme, acariciarle levemente aquellas hermosas caderas, lo cual, sin duda, le gustó pues aún se acercó más y me permitió acabar mi caricia bajando ella misma mis manos desde la cadera hasta la parte más cercana a las piernas. Mientras yo disfrutaba de esta curva imprevista, ella seguía dando explicaciones de porque no debía acercarme como si reprendiese a un muchacho travieso que en el fondo le había divertido con su travesura, pero yo no escuchaba nada ya de lo que decía y sólo veía su sonrisa mientras hablaba.
    Se percató que no le escuchaba y que, en cambio, me acercaba más a ella, mirando sus atractivos ojos y sus sensuales labios que me hipnotizaban con su sonrisa. Ella acercó su mano a mi cuello quizás sólo intentando centrar mi atención, pero aquello fue para mí como si encendieran de golpe el sol en mi cara. Yo estaba a punto de rozar sus labios y ambos caímos fundidos en un apasionado abrazo. Como unos amantes que han estado mucho tiempo sin verse, separados por la distancia y el tiempo.
    Ambos ardíamos cada vez más. Yo llevé una mano a sus nalgas y las acariciaba suavemente. Acercamos nuestros sexos, que se encontraban a la misma altura: desprendían un calor excitante y placentero. Ella revolvía mi pelo con su mano mientras atornillábamos nuestros labios. Sin poder despegarnos el uno del otro, rozábamos nuestros sexos a través de la ropa, transmitiéndonos el excitante calor progresivamente más húmedo y lúbrico, que ahora empapaba nuestra ropa interior e incluso los finos pantalones que aún nos cubrían…

    Mientras se alejaba con sus aparatos ella sonrió:
    -Volveremos a vernos…

     
  • viva el Fri13Apr07 Permalink
    Etiquetas: , sonrisa   

    EL BOTONES 

    La trampilla estaba cerrada, sin embargo, nadie se ha extrañado de que el Administrador general, a pesar de que no es su costumbre, estuviera por allí. Yo le he saludado amablemente y, debido a la poca simpatía que siempre despierta en mí, me he largado a otra cosa, mariposa.

    Mi curiosidad no ha quedado satisfecha. Me he escondido tras los contenedores y he esperado acontecimientos. Algo ocurre aquí. Esto no es normal. ¿A qué viene esa amabilidad en el saludo? Algo oculta tras esa cínica sonrisa.

    Y efectivamente, mis sospechas se han confirmado. Ahora llega el Intendente mayor. Está claro que han quedado aquí intencionadamente y no es un encuentro casual, como han pretendido simular. Esto cada vez huele peor. Los dos buitres reunidos. Oveja muerta.

    ¿Pero como es posible que haya una trampilla de transbordador en un balneario?

     
    • women regarded as a source of sexual gratification el Dom23Abr06 Permalink | Inicia sesión para responder

      was that remark directed at me?

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    • Ahasvero el Lun24Abr06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Absolutely!

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    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      The hatch
      The hatch was closed, nevertheless, nobody has been surprised of which the general Administrator, although it is not his custom, was that way. I have saluted to him amiably and, due to the little always wide-awake affection that in me, I have released myself to another thing, butterfly.
      My curiosity has not been satisfied. I have hidden after the containers and I have waited for events. Something happens here. This is not normal. To what that amiability in the greeting comes? Something hides after that cynical smile.
      And indeed, my suspicions have been confirmed. Now the greater Intendant arrives. It is clear that they have been here deliberately and is not an accidental encounter, since they have tried to simulate. This every time smells worse. Vultures both reunited. Dead ewe.
      But like it is possible that there is a hatch of ferry in a bath?

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  • viva el Fri13Apr07 Permalink
    Etiquetas: , , sonrisa   

    En la trampilla 

    La trampilla estaba cerrada, sin embargo, nadie se ha extrañado de que el Administrador general, a pesar de que no es su costumbre, estuviera por allí. Yo le he saludado amablemente y, debido a la poca simpatía que siempre despierta en mí, me he largado a otra cosa, mariposa.

    Mi curiosidad no ha quedado satisfecha. Me he escondido tras los contenedores y he esperado acontecimientos. Algo ocurre aquí. Esto no es normal. ¿A qué viene esa amabilidad en el saludo? Algo oculta tras esa cínica sonrisa.

    Y efectivamente, mis sospechas se han confirmado. Ahora llega el Intendente mayor. Está claro que han quedado aquí intencionadamente y no es un encuentro casual, como han pretendido simular. Esto cada vez huele peor. Los dos buitres reunidos. Oveja muerta.

    ¿Pero como es posible que haya una trampilla de transbordador en un balneario?

     
    • women regarded as a source of sexual gratification el Dom23Abr06 Permalink | Inicia sesión para responder

      was that remark directed at me?

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    • Ahasvero el Lun24Abr06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Absolutely!

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    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      The hatch
      The hatch was closed, nevertheless, nobody has been surprised of which the general Administrator, although it is not his custom, was that way. I have saluted to him amiably and, due to the little always wide-awake affection that in me, I have released myself to another thing, butterfly.
      My curiosity has not been satisfied. I have hidden after the containers and I have waited for events. Something happens here. This is not normal. To what that amiability in the greeting comes? Something hides after that cynical smile.
      And indeed, my suspicions have been confirmed. Now the greater Intendant arrives. It is clear that they have been here deliberately and is not an accidental encounter, since they have tried to simulate. This every time smells worse. Vultures both reunited. Dead ewe.
      But like it is possible that there is a hatch of ferry in a bath?

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  • viva el Mon5Mar07 Permalink
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    PANDEMONIA 

    Desnudas mi sonrisa
    y yo recorro
    el desierto de tu piel
    hasta llegar
    a tu estival Monte de Venus,
    fiel oasis que aguarda
    mi mano jardinera…
    mi experta pericia…
    en la caricia y el pellizco
    de la flor de tu preciado cactus.

     
  • viva el Mon5Mar07 Permalink
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    Monte de Venus 

    Desnudas mi sonrisa
    y yo recorro
    el desierto de tu piel
    hasta llegar
    a tu estival Monte de Venus,
    fiel oasis que aguarda
    mi mano jardinera…
    mi experta pericia…
    en la caricia y el pellizco
    de la flor de tu preciado cactus.

     
  • viva el Mon5Mar07 Permalink
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    Desnudas mi sonrisa y yo recorro el desierto… 

    Desnudas mi sonrisa
    y yo recorro
    el desierto de tu piel
    hasta llegar
    a tu estival Monte de Venus,
    fiel oasis que aguarda
    mi mano jardinera…
    mi experta pericia…
    en la caricia y el pellizco
    de la flor de tu preciado cactus.

     
  • viva el Tue27Feb07 Permalink
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    Perfumo mi deseo y salgo a pasear los… 

    Perfumo mi deseo
    y salgo a pasear
    los ávidos gemidos.
    Arreglo mi vestido con
    flores de pasión
    y largas violetas de sonrisa.
    Hago volar mis sueños
    hasta él.
    Ahora abriré mi regazo
    de brisa cuando llegue.

     
  • viva el Tue27Feb07 Permalink
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    Perfumo… 

    Perfumo mi deseo
    y salgo a pasear
    los ávidos gemidos.
    Arreglo mi vestido con
    flores de pasión
    y largas violetas de sonrisa.
    Hago volar mis sueños
    hasta él.
    Ahora abriré mi regazo
    de brisa cuando llegue.

     
  • viva el Tue27Feb07 Permalink
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    Perfumo… 

    Perfumo mi deseo
    y salgo a pasear
    los ávidos gemidos.
    Arreglo mi vestido con
    flores de pasión
    y largas violetas de sonrisa.
    Hago volar mis sueños
    hasta él.
    Ahora abriré mi regazo
    de brisa cuando llegue.

     
  • viva el Tue27Feb07 Permalink
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    PANDEMONIA 

    Perfumo mi deseo
    y salgo a pasear
    los ávidos gemidos.
    Arreglo mi vestido con
    flores de pasión
    y largas violetas de sonrisa.
    Hago volar mis sueños
    hasta él.
    Ahora abriré mi regazo
    de brisa cuando llegue.

     
  • viva el Wed7Feb07 Permalink
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    ALFONSO TIPODURO 

    La acera estaba vacía. Seguí caminando hasta la siguiente manzana. Los primeros copos de nieve empezaban a caer. El viento los arremolinaba aleatoriamente. Las ramas de los árboles me saludaban caprichosas también. ¿Me encontraba en una bola de cristal? Tenía la sensación de encontrarme dentro de una de esas infantiles bolas de navidad con renos y Papá Noel. Rodeado de copos de nieve. Mi estúpida sonrisa salió de nuevo imaginándome como un papá noel repartiendo regalos. Incluso pensé en subir por la chimenea y dejarme deslizar para dejar mi regalo en los calcetines colgados. Lástima que no hubiera aprendido a volar.
    Todo aquel asunto había sido realmente sucio. Y sólo el cielo era limpio ahora. Respiré. Había cumplido su palabra. Estaba allí.

    ¿Ni siquiera me había movido de mi habitación? ¿Todo había ocurrido en mi cabeza? ¿Sería la falta de acción? ¿La necesidad de inventarme una vida distinta a la que realmente estaba llevando? ¿La necesidad de fabulación y confabulación con el mundo que no me pertenecía? No se. Pero ahora me alegro de que todo sea un sueño. Una pesadilla que se acaba.

    Lo que no acabo de comprender es qué hace este millón aquí… Y… ¿Qué importa? Suena I Am A Foul For You. La copa de güisqui está fría y Aretha canta como los ángeles. ¿Qué más puedo pedir? Una cosa sí, una única cosa: Por favor, no hables más de mí.

     
  • viva el Wed7Feb07 Permalink
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    PFNHDM 12.UN PROBLEMA MENOS, UN MILLÓN MÁS 

    La acera estaba vacía. Seguí caminando hasta la siguiente manzana. Los primeros copos de nieve empezaban a caer. El viento los arremolinaba aleatoriamente. Las ramas de los árboles me saludaban caprichosas también. ¿Me encontraba en una bola de cristal? Tenía la sensación de encontrarme dentro de una de esas infantiles bolas de navidad con renos y Papá Noel. Rodeado de copos de nieve. Mi estúpida sonrisa salió de nuevo imaginándome como un papá noel repartiendo regalos. Incluso pensé en subir por la chimenea y dejarme deslizar para dejar mi regalo en los calcetines colgados. Lástima que no hubiera aprendido a volar.
    Todo aquel asunto había sido realmente sucio. Y sólo el cielo era limpio ahora. Respiré. Había cumplido su palabra. Estaba allí.

    ¿Ni siquiera me había movido de mi habitación? ¿Todo había ocurrido en mi cabeza? ¿Sería la falta de acción? ¿La necesidad de inventarme una vida distinta a la que realmente estaba llevando? ¿La necesidad de fabulación y confabulación con el mundo que no me pertenecía? No se. Pero ahora me alegro de que todo sea un sueño. Una pesadilla que se acaba.

    Lo que no acabo de comprender es qué hace este millón aquí… Y… ¿Qué importa? Suena I Am A Foul For You. La copa de güisqui está fría y Aretha canta como los ángeles. ¿Qué más puedo pedir? Una cosa sí, una única cosa: Por favor, no hables más de mí.
    elegancia del pavo

     
  • viva el Sat3Feb07 Permalink
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    La sonrisa es la rueda que de verdad… 

    La sonrisa es la rueda que de verdad hace girar al mundo.

     
  • viva el Sat3Feb07 Permalink
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    A Su 

    La sonrisa es la rueda que de verdad hace girar al mundo.

     
  • viva el Fri19Jan07 Permalink
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    ALFONSO TIPODURO 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
  • viva el Fri19Jan07 Permalink
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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
    tienda
    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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    PFNHDM 2.UN TIPO ORDINARIO Y OBSCENAMENTE FELIZ 

    Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
    A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
    Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
    Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
    Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
    Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

    He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

    Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

    Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    Salió a la calle, el suelo estaba mojado y se respiraba aire fresco. Poco habitual en esta mierda de ciudad ¿Eh, imbécil? Lo normal es tener el moco más espeso del país y, en un solo día que te las pongas, los cuellos de las camisas más sucios que el rabo de una vaca. Maldita contaminación de mierda. En fin. Necesito despejarme. Encendió otro cigarrillo. Aspiró profundamente. Qué poco nos queda, imbécil -pensó. El coche no había sido robado y dibujó de nuevo su estúpida sonrisa. Qué seguro se sentía de sí mismo. Un millón por un fiambre. Era para pensarlo detenidamente. Por un millón podría retirarse. Tendría que hacerlo por narices. Quién iba a continuar en Madrid después de eso. ¿Tendría bastante para irse a Las Bahamas, por ejemplo? A lo mejor no. Y a un monasterio del Tíbet, ¿Qué tal? Su imaginación empezó a volar. Sí, con ese cantautor, joder, sí, ese que me gusta tanto… Joder, el güisqui hace estragos en la memoria, imbécil. Tenía que dormir. Sería mejor consultarlo con la almohada. Era una decisión muy importante. No podía hacerse a la ligera. Tendría que sopesarlo bien. Y de nuevo volvía a llover. Definitivamente en casa había mejor música y apretó el acelerador. De pronto le vino a la mente, el puto Leonard Cohen, ese era el cantautor que no recordaba hace un momento. Y se vio viviendo en el Tíbet con Leonard Cohen y un monje calvo con gafas de culo de botella y dientes de roedor. De nuevo esa estúpida sonrisa afloró en su comisura.
    A estas alturas debería haberme presentado. Ojos y sienes algo hundidos, frente prominente, orejas pequeñas, mentón partido, labios finos -últimamente también partidos- y pómulos salientes. Cualquiera diría que soy un frankestein pero en realidad suelen decir que le doy un aire a Ralph Fiennes. Yo no creo que sea tan atractivo, aunque opiniones hay para todas. Desde luego mis ojos no son azules sino verdes. Creo.
    Decir que llevo una vida ordinaria es un halago para esta anodina y rutinaria inactividad que la caracteriza. Lo más exótico que me sucede es echar a los miembros borrachos del club a la puta calle cuando mi jefe me lo ordena. Me da cierta sensación de poder sobre esos ricachones. Maldita sea. Y ocurre tan pocas veces que finalmente mi jefe ha decidido llamarme por teléfono sólo cuando hay algún problema en el club. La gente que lo frecuenta es muy civilizada. Al menos en apariencia. Creo que lo decidió así, para que no fuera yo el primer borracho que acababa todas las noches vomitando en el servicio de su trastienda. Ya ves. Había tan poco trabajo para mí que todas las noches trasegaba varios güisquis y poco más. Mi jefe debió pensárselo mejor y amablemente rehizo mis obligaciones. La música que ponen es buena, aunque siempre sea la misma. Yo no soy un portero. Se supone que me paga para mantener la seguridad del club y de mi propio jefe. Sin embargo, los que entran al club, son miembros selectos y adinerados. Escogidos personalmente por mi jefe. No parece equivocarse mucho y eso me deja a mí sin acción. La verdad es que, para mi descargo, borrachos, lo que se dice borrachos, no he echado jamás a ninguno. Esa es la excusa que utiliza mi jefe para quitarse de en medio a los miembros del club que no aprecian sus trapicheos financieros. Les expulsa y punto. Y yo me encargo de quitarles las ganas de volver, calentándoles un poco las costillas. Tengo un trabajito para ti, dice, y yo me acerco por el club. Él me indica desde la ventanilla de su trastienda quién es el afortunado y yo procedo a darle el premio gordo de la noche. Eso es todo. Entonces tengo derecho a güisqui gratis y a cobrar mi jodido sueldo de matón -que no está nada mal. Así pueden pasar meses hasta que me encarga un nuevo trabajito. En ese paréntesis he de vivir sin otra ocupación que mis maquinaciones mentales y mi propio güisqui y mi propia música en mi propia covacha y con mi propia soledad de matón de tres al cuarto.
    Antes de ser este tipo desagradable al que todos temen he sido cosas peores -peor sobre todo por la falta de la pasta gansa que mi actual ocupación me proporciona. Por ejemplo, investigador privado -como dicen los finolis- o sabueso -como todos nos llamamos en la profesión… antes de esto… madero, y aún antes guarda de seguridad, tramoyista, mozo de almacén, barrendero, pocero, guarda de puercos y, excepcionalmente, el único oficio en el que no tenía que limpiar la mierda de la gente, pinchadiscos, gracias al cual me viene mi afición por la música.
    Mi flamante y ascendente curriculum se está completando, ahora que me sobra mucho tiempo, con estudios de derecho -otra demostración de mi tendencia a acabar ejerciendo profesiones con inclinación a la coprofilia, aunque esta vez se supone que más refinadamente malolientes. Muy limpias, si señor.
    Sin embargo, soy un tío obscenamente feliz.

    He decidido ser escritor. La divina trinidad formada por el lector, el personaje y el autor en una sola persona me atrae como un agujero negro.

    Era, como todos la llamaban, la dame de voyage. Una auténtica muñeca.

    Eso decía él. Yo lo vi de otra forma. Qué juzgue el lector.

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
    –¿Hola? ¿Alfonso?
    –Sí, diga.
    –Soy yo, Gonzalo.
    –Ah, hola, jefe.
    –Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
    –Sí claro, jefe.
    –Vale. Aquí te espero.
    –Vale.
    Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
    El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Armstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.

    –No está.
    –¿No está…?
    –No, no está.
    –¿Pero vendrá?
    –Sí, claro vendrá.
    –¿Cuándo?
    –Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
    –Me llamó para un trabajito.
    –¿Y no le dijo cuando vendría?
    –No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
    –Pues tendrá que esperarle.
    –Está bien. Póngame un güisqui.
    –Claro, como no.
    Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
    El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
    –No soporto a Nino Bravo.
    –Yo tampoco.
    –Y ¿Por qué lo pone?
    –Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
    –El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
    –Eso pienso.
    – …
    –Bueno, por fin se acabó.
    –También lo malo dura poco.
    –A veces.
    –La gran Aretha.
    –Eso está mejor.
    –Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
    –Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
    –Ya.
    –De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
    El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
    El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
    –Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
    –Gracias, Charli.
    –Yo no me llamo Charli.
    –Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
    Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
    –Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
    –Usted dirá, jefe.
    –Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
    –Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
    –Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
    –No te andas con rodeos.
    –No.
    –¿Y cómo se llama?
    –Eso no importa.
    –Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
    –Viene por aquí, por el bar.
    –Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
    –No estoy para bromas, joder.
    –Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
    –No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
    –Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
    –Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
    –Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
    –Tienes que jurármelo.
    –Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
    –Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
    –¿Un millón de qué…?
    –Euros, joder, euros.
    –¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
    –Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
    –¿Ah, pero tu mujer no..?
    –No, no lo sabe.
    –No, si digo que si no es la acosada.
    –¿Mi mujer acosada?
    –Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
    –Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
    –Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
    –Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
    –Siempre amenazan con lo mismo.
    –¿Esos canallas?
    –No, esas zorras.
    –Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
    –Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
    –Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
    –No nada, jefe, estaba recordando.
    –Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
    –Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
    –Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
    –Joder, jefe.

     
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    PFNHDM 1.LA LLAMADA DE MISTER DOLAR 

    El teléfono suena con insistencia, cómo si alguien al otro lado tuviera una prisa desmesurada. Estaba dormitando. Me ha costado salir del sueño. Pero finalmente he descolgado el auricular.
    –¿Hola? ¿Alfonso?
    –Sí, diga.
    –Soy yo, Gonzalo.
    –Ah, hola, jefe.
    –Tengo un trabajito para ti. ¿Puedes venir al local esta misma tarde?
    –Sí claro, jefe.
    –Vale. Aquí te espero.
    –Vale.
    Acabo de recibir una llamada de mi jefe. Tendré que ponerme en marcha cuanto antes. No le gusta esperar. Es de esas personas que están acostumbradas a que todo el mundo le obedezca inmediatamente y sin rechistar. Para eso te pago -dice. Y no hay más que hablar. Resuelve todos los problemas de la misma forma. Firma un cheque y chasquea sus dedos. Mueve tus ancas -dice, como si fuéramos ranas. Y problema resuelto. No le falta razón. Normalmente la gente nos rendimos a Mister Dolar sin la más mínima resistencia. Cogemos el cheque y acallamos nuestra conciencia para otro momento, si es que la tenemos. Yo no, desde luego. Mis ancas se mueven. Vaya sí se mueven.
    El club estaba vacío a esas horas pero la música sonaba como si el humo pudiera cortarse. Sonaba Please, don’t talk about me de Amstrong. Entré. Recordé que había dejado el coche abierto pero no quise volver a cerrarlo. De alguna forma sabía que nadie iba a llevárselo. Pregunté por el jefe al nuevo camarero -un tipo feo que no había dejado de observarme desde que entré en el local.
    club
    –No está.
    –¿No está…?
    –No, no está.
    –¿Pero vendrá?
    –Sí, claro vendrá.
    –¿Cuándo?
    –Eso nunca se sabe. Es muy libre de venir a cualquier hora.
    –Me llamó para un trabajito.
    –¿Y no le dijo cuando vendría?
    –No, no lo dijo, creía que estaba aquí ahora.
    –Pues tendrá que esperarle.
    –Está bien. Póngame un güisqui.
    –Claro, como no.
    Ahora sonaba Charles Lloyd. El bajo se metía en el estómago cosquilleando el alcohol de mi tripa. Algo agradable pasó por mi cabeza a pesar de la depresiva tarde. Recordé un buen polvo echado con esta misma música. Qué lejano. Sin embargo, volví a excitarme como aquella vez. El camarero no comprendía aquella sonrisa estúpida que se me dibujaba. ¿Acaso no estaba contrariado? ¿Cómo podía reírme así? ¿De qué?
    El Jack Daniels comenzó a darme ardor. No había momentos perfectos. Ya lo sabía desde hacía mucho, pero me fastidiaba perder tan rápidamente esos atisbos de gozo sensual. Sentí la necesidad de encender un cigarrillo, como si efectivamente acabara de echar un polvo. El Camel me calmaba el desasosiego. Me sentía como aquellos días en que discutía toda la noche con mi amiga Fiora sobre esas tonterías que tanto me hacían reír.
    –No soporto a Nino Bravo.
    –Yo tampoco.
    –Y ¿Por qué lo pone?
    –Yo no lo pongo, es una grabación con todo eso grabado, sin que se pueda cambiar. Es siempre la misma música. Una mezcla de jazz y música latina.
    –El jazz está bien pero considerar a Nino Bravo como música latina me parece excesivo.
    –Eso pienso.
    – …
    –Bueno, por fin se acabó.
    –También lo malo dura poco.
    –A veces.
    –La gran Aretha.
    –Eso está mejor.
    –Oye, ¿Por qué los camareros siempre estáis secando vasos cuando no hay nadie en el local?
    –Es una costumbre. Una de esas cosas que no tiene explicación.
    –Ya.
    –De esas tengo varias. Por ejemplo, colocar los posavasos completamente alineados…
    El camarero siguió hablando pero ya no le escuchaba seducido por la sensual y profunda voz de Aretha Franklin. Se sentía de nuevo transportado. El camel le había sabido a poco y encendió otro.
    El güisqui empezaba a hacer efecto. Radio Futura. Cuánto tiempo sin escuchar esa canción. Ahora el camel sabía a maría. Eh, tú. Sí tú. Ese escritor que se sienta en su portátil y venga a darle a la tecla. Como si los personajes que salen de su… -iba a decir pluma- pero no. ¿De sus dedos? ¿De su teclado? ¿De su pantalla? Sí, eso de su pantalla. Salen y se ponen a hablarle directamente a la cara, sin necesidad de escribirlo en la pantalla. Porque los personajes se escriben a sí mismos. No necesitan de un imbécil que transcriba lo que dicen, lo que hacen, lo que sienten, lo que perciben, lo mucho o poco que sufren o gozan. Por favor, no hables de mí. Va. Ese imbécil que también está bebiendo un Jack Daniels y que en el fondo desearía ser ese personaje que se ha fabricado a base de malditismo de pacotilla. Es patético ver como se devanan los sesos con la primera hoja en blanco. Hasta que el propio personaje empieza a vivir por sí mismo, a poco que le hallan dibujado la cara, la boca, el cerebro. Sale de la cuartilla -perdón, de la pantalla- y empieza a hacer su vida. A pesar del escritor y sobre todo por encima y más allá del escritor, que no es más que un mero mecanógrafo del personaje. Una secretaria al dictado del verdadero artífice, del verdadero maestro de la pluma -perdón, de la pantalla. El personaje, el héroe o el antihéroe. El personaje que se escribe a sí mismo en su anti-biografía imaginaria. El autor que sueña con ser su anti-personaje. El personaje que sueña con ser su anti-autor. Dos personas y una sola personalidad. Uno y dúo. Jugando a ser dioses. Y luego está el lector que completa la Santísima Trinidad literaria. Uno y trino.
    –Eh, el jefe ya está ahí. En la trastienda. Ha llegado por la puerta de atrás. Te está esperando.
    –Gracias, Charli.
    –Yo no me llamo Charli.
    –Es mi costumbre inexplicable, yo llamo así a todos los camareros.
    Apuró el güisqui y masticó el hielo que le quedaba al vaso, era otra de sus costumbres inexplicables. Hubiera cogido el sombrero pero no lo llevaba. Eso sólo ocurría en las novelas de gánsters de los años treinta y estábamos en el siglo XXI. Algunos imbéciles llevaban sombrero, como para distinguirse del resto de los mortales. Resultaba ridículo. En la ciudad no hacía frío para llevar la cabeza cubierta. Quizás con ello intentaban atrapar a esos personajes. Para que no escaparan de sus cabezas. Se ponían sombrero. Y luego, una vez le daban un nombre al personaje, le dejaban vagar por las calles, ya identificado, con carnet de identidad y pasaporte. No siempre para la fama. Por cierto, ¿Cómo me llamo, imbécil? ¿Lo adivinas? Pero, por favor, no hablemos de mí.
    –Alfonso, necesito que me hagas un trabajito.
    –Usted dirá, jefe.
    –Ya sabes que no me gusta que me llamen jefe.
    –Está bien, jefe, digo, Gonzalo.
    –Hay un canalla que está haciendo la vida imposible a mi familia. Quiero que lo liquides.
    –No te andas con rodeos.
    –No.
    –¿Y cómo se llama?
    –Eso no importa.
    –Pero tendré que saber quién es para hacerlo líquido.
    –Viene por aquí, por el bar.
    –Ya, por aquí vienen doscientas personas cada noche. ¿No querrás que los liquide a todos? ¿Te vas a deshacer de la clientela de esa forma?
    –No estoy para bromas, joder.
    –Bueno, bueno… Vas a decirme de una vez quién es. Y yo le doy el premio, como siempre.
    –No, no como siempre. Ya te he dicho que hay que liquidarlo, liquidarlo, sabes, liquidarlo.
    –Vaya. Eso… Yo no… Quién es…
    –Todo a su debido tiempo. Quiero que me jures que lo harás.
    –Hombre… jefe, digo, Gonzalo, nunca he hecho un trabajito de esos. Yo nunca he pasado del mamporrazo y el susto de muerte pero sin muerto.
    –Tienes que jurármelo.
    –Joder, jefe… Yo le doy una paliza que no se acuerda ni de su madre, pero lo de darle pasaporte para el otro mundo…
    –Te daré lo que quieras, el dinero no es problema, ¿Qué quieres? ¿Un millón?
    –¿Un millón de qué…?
    –Euros, joder, euros.
    –¡Euros! Madre mía, ¿Va en serio?
    –Pero no ves como estoy de desesperado. Si mi mujer se entera de mis negocios, gracias a ese capullo…
    –¿Ah, pero tu mujer no..?
    –No, no lo sabe.
    –No, si digo que si no es la acosada.
    –¿Mi mujer acosada?
    –Vamos a ver, jefe, has dicho que un canalla le estaba haciendo la vida imposible a tu familia ¿No?
    –Sí, pero no a mi mujer, imbécil, a mis hijos.
    –Eso de imbécil ¿Por quién iba? ¿Por mí o por ese?
    –Ese canalla es el que está amenazando a mis hijos, los persigue, los asusta. Si mi mujer se entera me quitarán la custodia.
    –Siempre amenazan con lo mismo.
    –¿Esos canallas?
    –No, esas zorras.
    –Cuidadito con lo que dices, Alfonso.
    –Perdón, jefe, si lo decía por la mía. Dama, dama, de alta cuna, de baja cama…
    –Y ahora a qué viene esa cancioncita de Cecilia, se puede saber.
    –No nada, jefe, estaba recordando.
    –Bueno, basta ya. Si lo vas a hacer, dímelo. Ya sabes lo que hay de recompensa. Si no lo haces tú, lo hará cualquier otro.
    –Por ese dinero, seguro… pero tengo que pensármelo un poco ¿Vale, jefe?
    –Hazlo pronto. No puedo esperar más. ¿Entendido?
    –Joder, jefe.

     
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    BARRENDERO 

    Eran las cinco en punto de la madrugada. Había llovido y la calle se presentaba desoladora y solitaria. Augusto tenía un aspecto deplorable cuando se asomó por la ventana. En realidad todo en él era penoso, lamentable y desolador. Una mirada abotargada y pusilánime y una nariz grande como una bota junto con su extremada barriga hacían sentir al que lo contemplaba una repulsión instintiva. Se despiojó de las inmensas legañas que le cubrían los ojos y bostezó con desidia. El aspecto andrajoso estaba muy en consonancia con su casa. Había latas de cerveza tiradas por el suelo, platos sucios acumulados en un aguamanil, ropa enlodada de barro dejada aleatoriamente aquí y allá, un sinfín de cachivaches mezclados con comida y botellas de alcohol. Estando dentro, cualquiera podía imaginar sin dificultad la covacha de un pordiosero en un rincón de una calle del arrabal, cuando en realidad se trataba de una casa por cuyo aspecto exterior nadie hubiese imaginado lo terrible, sucio y horrísono que escondía dentro.

    Arrastrando los pies entró en el cuarto de baño y sin encender la luz se miró al espejo. No pudo soportarlo mucho tiempo. Escupió en la taza del water pero las flemas cayeron en el suelo al lado de una toalla tirada. Debería limpiar esto alguna vez, pensó, y tomó el primer trago del día con el que se enjuagó la boca. A la media hora había agotado la botella. En la escalera se oyó al portero retirar el cubo de basura de la calle. Se asomó por la mirilla, como hacía siempre, y comentó entre dientes:

    —¡Maldito mierda!

    Por la ventana del patio oyó como la vieja de enfrente hacía sus deposiciones matutinas. Una sonrisa estúpida recorrió su rostro. Luego le colocó el mentón a “la parienta”, que estaba empotrada en el sillón. La parienta olía bastante mal. Para animarse tomó un trago. Las varices de las mejillas y la nariz estaban a punto para tomar su habitual color rojizo e hinchado.

    Salió a la calle y encendió medio cigarrillo que encontró tirado en la acera. Se lo puso en los labios y metió las manos en los bolsillos. Sonrió como un idiota con la cabeza inclinada.

    Siempre iba andando a todos sitios, también al trabajo. Esa mañana tenía que ir a la zona 3 del barrio 5. Ya se lo sabía de memoria, hoy sólo tenía que barrer tres calles y no muy largas, además, a la velocidad que él barría, habría acabado a las dos horas y podría escaparse a la Ballesta. Así que respiró hondo y de nuevo una sonrisa estúpida llenó su vacuo semblante. Era la cara que ponía cuando pensaba en las tetas de Boni, tan grandes como su cabeza. Y con las manos en el bolsillo se acarició los testículos.

    Los domingos a las nueve la calle aún está solitaria y vacía. Si no fuera por los barrenderos –pensó- las ciudades estarían desbordás de papeles, colillas y cacas de perro, no podríamos vivir en ellas con tanta mierda acumulá. Cogió un periódico tirado y lo dobló con sumo cuidado, como quien dobla una sabana de bebé, y lo introdujo en el bolsillo de la chaqueta. Luego continuó barriendo las colillas. Las cacas de perro no las barro –dijo para sí.

    A las once y cuarto estaba listo, según él. Dio la última calada a la colilla; dejó la pala y la escoba dentro del carretón y, empujándolo, se dirigió con diligencia hacia el Centro.

    Aquel día, muy caluroso para ser enero, acabó la rutina diaria más pronto de lo acostumbrado. Paco el portero, estaba más intranquilo de lo habitual. Su instinto de hurón le decía algo que no era capaz de comprender. Volvió a subir la escalera limpiando el pasamanos, y deteniéndose un poco en cada puerta. Nada parecía fuera de lo corriente, sin embargo no acababa de rumiar. Algo indefinido que no sabía explicar le producía un comecome. Extraño silencio. No podía escuchar las conversaciones de los vecinos. Nadie parecía estar en la casa y sin embargo notaba una desconcertante presencia. Aguzó los sentidos. Si no podía oír, al menos podría oler e incluso entrar a mirar. Ya que no parecía haber nadie, sería el mejor momento para fisgonear. E intrigado por el olor que salía de la casa de Augusto, no pudiendo aguantar más la curiosidad, decidió entrar a curiosear. El cadáver se conservaba mejor de lo que cabía esperar para llevar oliendo tanto tiempo, y es que Augusto había aprendido algo de taxidermia, cuando era joven y había dejado a su mujer como un pájaro.

     
    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      They were the five o’clock of the dawn. It had rained and the street appeared devastating and solitary. Augusto had a deplorable aspect when it was shown by the window. In fact everything in him was laborious, lamentable and devastating. A swollen glance and pusilánime and a great nose as a boot along with their extreme belly made feel to which it contemplated an instinctive repulsion to it. One deloused of immense legañas that to him the eyes covered and yawned with laziness. The ragged aspect was very in consonancia with its house. There were tins of beer thrown by the ground, accumulated dirty plates in a washbowl, enlodada lazy mud clothes randomly here and there, sinfín of knicks-knack mixed with food and alcohol bottles. Being inside, anyone could imagine without difficulty covacha of a pordiosero in a corner of a street of the suburb, when in fact it was a house whose outer aspect nobody had imagined the terrible thing, dirty and horrísono that it hid inside.
      Dragging the feet it entered the bathroom and without igniting the light one watched the mirror. It could not support it long time. Escupió in the cup of water but flemas fell in the ground next to a thrown towel. It would have to clean this sometimes, it thought, and it took the first drink from the day with which the mouth was rinsed. To half an hour it had exhausted the bottle. In the stairs one heard the doorman retire the dustbin of the street. It was shown by the peephole, like it always did, and it commented between teeth:
      – Damn excrement!
      By the window of the patio it heard like the old one of opposite made his depositions matutinal. A stupid smile crossed its face. Soon it placed the chin to him to “the relative”, who was embedded in the armchair. The relative smelled badly enough. In order to animate itself she took a drink. The varices of the cheeks and the nose were to point to take their habitual reddish and swollen color.
      It went out and it ignited means cigarette that found wire drawing in the sidewalk. Was put it in the lips and put the hands in the pockets. It smiled like an idiot with the inclined head.
      It always was walking to all sites, also to the work. That morning had to go to zone 3 of district 5. Was already known it of memory, today only had to sweep three streets and not very long, in addition, at the
      speed that he swept, would have finished to the two hours and could escape to the Crossbow. So it breathed deep and again a stupid smile filled its empty semblante. It was the face that put when it thought about the teats of Boni, as great as its head. And with the hands in the pocket one caressed the testicles.
      Nine Sundays to the street still is solitary and empty. If not outside of the street cleaners – it thought – the cities would be in favor desbordás of papers, butts and poops of dog, we could not live in them with as much excrement acumulá. It took a newspaper thrown and it doubled it with extreme care, like that doubles a baby savannah, and it introduced it in the pocket of the jacket. Soon it continued sweeping the butts. The dog poops not them mud – it said for himself.
      To eleven and quarter he was ready, according to him. It gave the last one pierced to the butt; it left the shovel and the broom within the small cart and, pushing it, went with diligence towards the Center.
      That day, very warm to be January, more soon finished the daily routine of the customary thing. Alpaca the doorman, was intranquilo of the habitual thing more. Its instinct of ferret said something to him that was not able to include/understand. It returned to raise to the stairs cleaning the banister rails, and stopping a little in each door. Nothing seemed outside the current, nevertheless did not finish brooding. Something indefinite that did not know to explain produced comecome to him. Strange silence. It could not listen to the
      conversations of the neighbors. Nobody seemed to be in the house and nevertheless it noticed an amazing presence. It sharpened the senses. If it could not hear, it could at least smell and to even enter to watch. Since it did not seem to have nobody, it would be the best moment to snoop. And intrigued by the scent that left the house of Augusto, not being able to hold plus the curiosity, it decided to enter to look around. The corpse was conserved better of which it was possible to hope to take smelling as much time, and is that Augusto had learned something of taxidermia, when he was young and it had left to his woman like a bird.

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      They were the five o’clock of the dawn. It had rained and the street appeared devastating and solitary. Augusto had a deplorable aspect when it was shown by the window. In fact everything in him was laborious, lamentable and devastating. A swollen glance and pusilánime and a great nose as a boot along with their extreme belly made feel to which it contemplated an instinctive repulsion to it. One deloused of immense legañas that to him the eyes covered and yawned with laziness. The ragged aspect was very in consonancia with its house. There were tins of beer thrown by the ground, accumulated dirty plates in a washbowl, enlodada lazy mud clothes randomly here and there, sinfín of knicks-knack mixed with food and alcohol bottles. Being inside, anyone could imagine without difficulty covacha of a pordiosero in a corner of a street of the suburb, when in fact it was a house whose outer aspect nobody had imagined the terrible thing, dirty and horrísono that it hid inside.
      Dragging the feet it entered the bathroom and without igniting the light one watched the mirror. It could not support it long time. Escupió in the cup of water but flemas fell in the ground next to a thrown towel. It would have to clean this sometimes, it thought, and it took the first drink from the day with which the mouth was rinsed. To half an hour it had exhausted the bottle. In the stairs one heard the doorman retire the dustbin of the street. It was shown by the peephole, like it always did, and it commented between teeth:
      – Damn excrement!
      By the window of the patio it heard like the old one of opposite made his depositions matutinal. A stupid smile crossed its face. Soon it placed the chin to him to “the relative”, who was embedded in the armchair. The relative smelled badly enough. In order to animate itself she took a drink. The varices of the cheeks and the nose were to point to take their habitual reddish and swollen color.
      It went out and it ignited means cigarette that found wire drawing in the sidewalk. Was put it in the lips and put the hands in the pockets. It smiled like an idiot with the inclined head.
      It always was walking to all sites, also to the work. That morning had to go to zone 3 of district 5. Was already known it of memory, today only had to sweep three streets and not very long, in addition, at the
      speed that he swept, would have finished to the two hours and could escape to the Crossbow. So it breathed deep and again a stupid smile filled its empty semblante. It was the face that put when it thought about the teats of Boni, as great as its head. And with the hands in the pocket one caressed the testicles.
      Nine Sundays to the street still is solitary and empty. If not outside of the street cleaners – it thought – the cities would be in favor desbordás of papers, butts and poops of dog, we could not live in them with as much excrement acumulá. It took a newspaper thrown and it doubled it with extreme care, like that doubles a baby savannah, and it introduced it in the pocket of the jacket. Soon it continued sweeping the butts. The dog poops not them mud – it said for himself.
      To eleven and quarter he was ready, according to him. It gave the last one pierced to the butt; it left the shovel and the broom within the small cart and, pushing it, went with diligence towards the Center.
      That day, very warm to be January, more soon finished the daily routine of the customary thing. Alpaca the doorman, was intranquilo of the habitual thing more. Its instinct of ferret said something to him that was not able to include/understand. It returned to raise to the stairs cleaning the banister rails, and stopping a little in each door. Nothing seemed outside the current, nevertheless did not finish brooding. Something indefinite that did not know to explain produced comecome to him. Strange silence. It could not listen to the
      conversations of the neighbors. Nobody seemed to be in the house and nevertheless it noticed an amazing presence. It sharpened the senses. If it could not hear, it could at least smell and to even enter to watch. Since it did not seem to have nobody, it would be the best moment to snoop. And intrigued by the scent that left the house of Augusto, not being able to hold plus the curiosity, it decided to enter to look around. The corpse was conserved better of which it was possible to hope to take smelling as much time, and is that Augusto had learned something of taxidermia, when he was young and it had left to his woman like a bird.

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    • Ignacio el Mar2Ene07 Permalink | Inicia sesión para responder

      Joder que depresion

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    • Ahasvero el Lun8Ene07 Permalink | Inicia sesión para responder

      LO ANOTO, AZENA!

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      Y QUÉ LO DIGAS, IGNACIO!

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  • viva el Sat16Dec06 Permalink
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    ¿Un porvito mi arma – le dice al… 

    —¿Un porvito, mi arma? – le dice al pequeño japonés con cara de inocente.
    —¿?
    —¡Un porvito, hombre…! …tres mil quinientas por ser tú… más la cama.
    —…

    Tras un titubeo, asiente con la cabeza y una sonrisa. La lozana echa a andar y él la sigue como un corderito, como un niño malo sigue a su madre después de hacer una travesura. Ella por delante, en cambio, como si llevara a su hijo a hacer la primera comunión, orgullosa y altanera.

    La generosa andaluza no necesitaba rogar mucho a los clientes, todos caían como moscas, ella los elegía cómo y cuándo le apetecía.

     
    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      The Lozana Andalusian
      – a porvito, my weapon? – it says to him to small the Japanese with innocent face.
      – …?
      – a porvito, man…… three thousands five hundred being you… plus the bed.
      -…
      After a titubeo, it seats with the head and a smile. The lozana throws to walk and it follows it like a corderito, as a bad boy follows his mother after making a prank. She, however, as if he took to his son to make the first comunión, proud and ahead arrogant.
      The generous Andalusian did not need to request much to the clients, all fell like flies, she chose them how and when she desired to him.

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      The Lozana Andalusian
      – a porvito, my weapon? – it says to him to small the Japanese with innocent face.
      – …?
      – a porvito, man…… three thousands five hundred being you… plus the bed.
      -…
      After a titubeo, it seats with the head and a smile. The lozana throws to walk and it follows it like a corderito, as a bad boy follows his mother after making a prank. She, however, as if he took to his son to make the first comunión, proud and ahead arrogant.
      The generous Andalusian did not need to request much to the clients, all fell like flies, she chose them how and when she desired to him.

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    La lozana andaluza 

    • ¿Un porvito, mi arma? – le dice al pequeño japonés con cara de inocente.
    • ¿?

    • ¡Un porvito, hombre…! …tres mil quinientas por ser tú… más la cama.

    Tras un titubeo, asiente con la cabeza y una sonrisa. La lozana echa a andar y él la sigue como un corderito, como un niño malo sigue a su madre después de hacer una travesura. Ella por delante, en cambio, como si llevara a su hijo a hacer la primera comunión, orgullosa y altanera.

    La generosa andaluza no necesitaba rogar mucho a los clientes, todos caían como moscas, ella los elegía cómo y cuándo le apetecía.

     
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      The Lozana Andalusian

      a porvito, my weapon? – it says to him to small the Japanese with innocent face.

      …?
      a porvito, man…… three thousands five hundred being you… plus the bed.

      -…

      After a titubeo, it seats with the head and a smile. The lozana throws to walk and it follows it like a corderito, as a bad boy follows his mother after making a prank. She, however, as if he took to his son to make the first comunión, proud and ahead arrogant.

      The generous Andalusian did not need to request much to the clients, all fell like flies, she chose them how and when she desired to him.

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  • viva el Sat2Dec06 Permalink
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    EXT. ESQUINA A BALLESTA. DÍA 

    El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

    BONI. Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy.

    Boni puso sus tacones en marcha.

    Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares…

    BONI. Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi…

     
    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      The wind struck the canvas against the scaffolds. Cold and typical radiating sun of January. In the Boni corner, that always took the forearms in the open, contoneaba with the doubled knee. Then she was single she in the street. It was like a test for when a client came. The Mayan transparency was crossed that covered its chests like an old one which it fixes his toquilla to enter mass. Through her enormous and soft sines like of plastic were overflowed their. Suddenly one noticed that they watched it.
      – desgraciao is Already here again that. I go away. – and he put his heels in march.
      Boni did not make disgusts to anybody. Only one person was impossible to support to him. Augusto produced in her an instinctive repulsion. With that face of moscote died that puts, that stupid smile of and those andares… That never, – it said would not do it nor by my mother. To my it does not do that to me what it did to him to the Pepi.

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    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      The wind struck the canvas against the scaffolds. Cold and typical radiating sun of January. In the Boni corner, that always took the forearms in the open, contoneaba with the doubled knee. Then she was single she in the street. It was like a test for when a client came. The Mayan transparency was crossed that covered its chests like an old one which it fixes his toquilla to enter mass. Through her enormous and soft sines like of plastic were overflowed their. Suddenly one noticed that they watched it.
      – desgraciao is Already here again that. I go away. – and he put his heels in march.
      Boni did not make disgusts to anybody. Only one person was impossible to support to him. Augusto produced in her an instinctive repulsion. With that face of moscote died that puts, that stupid smile of and those andares… That never, – it said would not do it nor by my mother. To my it does not do that to me what it did to him to the Pepi.

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    Boni 

    El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

    • Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy. – Y puso sus tacones en marcha.

    Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares… Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi.

     
    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      The wind struck the canvas against the scaffolds. Cold and typical radiating sun of January. In the Boni corner, that always took the forearms in the open, contoneaba with the doubled knee. Then she was single she in the street. It was like a test for when a client came. The Mayan transparency was crossed that covered its chests like an old one which it fixes his toquilla to enter mass. Through her enormous and soft sines like of plastic were overflowed their. Suddenly one noticed that they watched it.

      desgraciao is Already here again that. I go away. – and he put his heels in march.

      Boni did not make disgusts to anybody. Only one person was impossible to support to him. Augusto produced in her an instinctive repulsion. With that face of moscote died that puts, that stupid smile of and those andares… That never, – it said would not do it nor by my mother. To my it does not do that to me what it did to him to the Pepi.

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  • viva el Mon13Nov06 Permalink
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    EXT. WORDCLOUD. DÍA 

    Una nube de palabras
    sobre la espuma negra.

    Tu vertical sonrisa
    en cuestas metafísicas
    abre su abanico de luna
    con helado de coco.

     
  • viva el Fri27Oct06 Permalink
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    DIEZ BILLONES DE CUENTOS (gugolcuento) 

    He rescatado de la Biblioteca de Babel un famosísimo cuento que su autor perdió en un naufragio. El problema es que sus frases están arbitrariamente ordenadas de forma alfabética. Las combinaciones, variaciones o permutaciones* de las frases de este cuento dan lugar a la inimaginable cifra del título de este post (creo, pues las matemáticas no son mi fuerte). He puesto a mi ordenador a trabajar para ir combinando estas frases hasta dar con el original, pero según mis cálculos habré muerto cuando acabe. Estoy desesperado. No puedo abordar tal tarea yo solo. Abatido por esa desalentadora perspectiva, únicamente se me ocurre acudir a vosotros para que me ayudéis en esta ingente tarea. Estas son las frases:

    A la madrastra no le gustaban los niños
    Aquel día tuvo un sueño revelador
    Aquello le recordó el brillo de las estrellas
    Después de adentrarse profundamente
    Dibujando en la pared con maestría
    El ruido de furias gobernantas
    El viento soplaba sobre el lago
    Estaba manchado de sangre
    Estaban como locos
    –Este amuleto es perfecto–exclamó sonriente.
    La Iglesia de Cristo
    Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí
    Las frutas maduras cayeron al suelo
    Le dio una palmada y despertó sobresaltado.
    Le explicó lo que estaba pasando
    Lo llevó al pozo para lavarlo
    –Lo sentimos, pero hay que obedecer– decía.
    Mientras ellas permanecían paralizadas,
    No hay abrazo más fatal que el de la tierra
    No le cabe la polla entre sus dientes de conejo
    Nos quedaremos sordos
    Pensó: “Aquí se puede descansar”.
    Pero ellos continuaban sin parar
    Se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa
    Si todas las hormigas se ponen a cantar
    Subió al bote y remó durante horas
    Un día, el más largo del verano,
    Un miasmático señor
    –Ya se han marchado–dijo.

    Por favor, ayudad a esta alma en pena a encontrar el cuento original -o al menos alguno que pueda pasar por tal- antes de mi muerte!
    PODÉIS PASARLO COMO MEME, A VER SI ALGUIEN ENCUENTRA EL ORIGINAL Y ME LO ENVÍA. ¡OS DOY CIEN TRILLONES DE GRACIAS DE ANTEMANO!

    * Nota añadida el 7.12.06:
    Un amigo, al que llaman El diablo de los números y cuyo nombre real es Hans Magnus Enzensberger, me ha dicho que el cálculo correcto es hallar el factorial de veintinueve, 29! (él lo llama ¡veintinueve pum!) y según mi calculadora el resultado es 8.8e+30, es decir casi un 9 seguido de 30 ceros.

     
    • jazz el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

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    • jazz el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

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    • Purificación Ávila el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

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    • Purificación Ávila el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

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    • BlogsiAna el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

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    • BlogsiAna el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

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    • lraggio el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

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    • lraggio el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

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    • xalernita el Dom29Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

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    • xalernita el Dom29Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

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    • Ahasvero el Lun30Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

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    • Ahasvero el Lun30Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

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    • carlos el Mar31Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

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    • carlos el Mar31Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
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    • lraggio el Mar31Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

    • lraggio el Mar31Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

    • fontfranch el Mie1Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

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    • fontfranch el Mie1Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

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    • Ahasvero el Mie1Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Voy volando a verlo!

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    • Ahasvero el Mie1Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Voy volando a verlo!

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    • Avery el Dom12Oct08 Permalink | Inicia sesión para responder

      no te quedes con el personal

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    • viva el Jue24Nov11 Permalink | Inicia sesión para responder

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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    • viva el Jue24Nov11 Permalink | Inicia sesión para responder

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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    • VIVA el Mie14Jun17 Permalink | Inicia sesión para responder

      EMMMMM

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    • VIVA el Mie14Jun17 Permalink | Inicia sesión para responder

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  • viva el Sat23Sep06 Permalink
    Etiquetas: , , sonrisa,   

    República 

    La nave República partió del muelle de carga un 27 de mayo. Nadie sabe de que año. Esperamos su llegada al destino programado en el próximo milenio. Ojalá sea para bien y mucho antes. La carga que transportaba era esperada con impaciencia en los muelles de la Confederación desde siglos atrás. Todos los preparativos están a punto y se revisan en tiempo y forma apropiados. Los confederados afilan su impaciencia. Los no confederados ríen. Veremos quién ríe finalmente el último. Es más, quién dejará su sarcástica sonrisa congelada para siempre. ¡Mamuts prehistóricos!
    — Aviso, todo lo expresado en estas páginas es ficticio, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Los administradores no se hacen responsables de su contenido como tampoco lo son de sus actos, aunque sean hijos directos de ellos –dijo el general Disclaimer.
    Ya se sabe, cualquier discusión con el general Disclaimer puede acabar en un tiroteo desigual…

     
    • Ahasvero el Vie26May06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Republic
      The ship Republic left from the loading platform 27 of May. Nobody knows that year. We waited for its arrival to the destiny programmed in the next millenium. Hopefully it is for good and long before. The load that transported was awaited with impatience in the wharves of the Confederation from centuries back. All the preparations are to point and they are reviewed in time and forms appropriate. The confederados ones sharpen their impatience. Confederados they do not laugh. We will see who rie finally the last one. It is more, who will leave its sarcastic smile congealed for always. Mamuts prehistoric!

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      Republic
      The ship Republic left from the loading platform 27 of May. Nobody knows that year. We waited for its arrival to the destiny programmed in the next millenium. Hopefully it is for good and long before. The load that transported was awaited with impatience in the wharves of the Confederation from centuries back. All the preparations are to point and they are reviewed in time and forms appropriate. The confederados ones sharpen their impatience. Confederados they do not laugh. We will see who rie finally the last one. It is more, who will leave its sarcastic smile congealed for always. Mamuts prehistoric!

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  • viva el Thu24Aug06 Permalink
    Etiquetas: , , sonrisa   

    La luna es la sonrisa vertical del cielo 

    La luna es la sonrisa vertical del cielo.

     
  • viva el Tue1Aug06 Permalink
    Etiquetas: , sonrisa,   

    Sol ríe 

    En la fresca mañana de verano el sol sale con irónica sonrisa.

     
  • viva el Tue1Aug06 Permalink
    Etiquetas: , sonrisa,   

    EXT. PRADERA. AMANECER 

    En la fresca mañana de verano el sol sale con irónica sonrisa. Sol riente.

     
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