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  • viva el Thu10Jan13 Permalink
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    Por el gravatar Aquella muchacha miraba tan intensamente… 

    (Por el gravatar)

    Aquella muchacha miraba tan intensamente, que le salió un ojo en un ojo.

    Un saludo

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  • viva el Thu5Jul12 Permalink
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    EN LA PLAZA FRENTE A LA CATEDRAL 

    GUADALAJARA, JALISCO (MEXICO)

    Estábamos mi esposa y yo vacacionando en esta hermosa ciudad, sentados en una de las bancas del parque simplemente dejando pasar tranquilamente el tiempo mientras disfrutábamos de un clima espectacular y ante nosotros esporádicamente pasaba algún comerciante ofreciendo diversos productos o servicios tradicionales del área tales como: Cotorinas, algodones de azúcar, helados, un organillero, un bolero, un vendedor de títeres de madera, un vendedor de sombreros y otros más

    Obviamente también éramos parte del paisaje todos los allí presentes como paseantes, había puedo dar fe: gentes de muy diversas latitudes, razas, culturas, niveles económicos y profesiones a los que nos unía la dicha de no tener prisa en ese momento por nada.

    Observé a una muchacha deambulando para arriba y para abajo como sin ningún propósito al igual que nosotros, ya se sentaba en una banca, ya en el suelo cerca de la fuente, o se quedaba un momento quieta observando algo que le llamara la atención. Para cualquier persona supongo le habría parecido que ella estaba extraviada de sí misma

    Vi también a un muchacho pidiendo limosna, es probable que nunca haya recibido atención médica especializada que le minimizara los problemas locomotores en sus extremidades lo cual provocó sin lugar a dudas la deformación ya muy notoria de las mismas, también denotaba ese tipo de miseria que te obliga a vestir las prendas hechas ya unas garras, tan delgado que ni siquiera la anemia cabía en su cuerpo.

    Debo decir que no hicimos línea los presentes para preguntarle en que podíamos ayudarle, no nos disputamos el orgullo de ser los primeros en tenderle la mano, creo que ninguno dejamos de comer lo que sea que haya sido que hubiésemos comprado para tal propósito, ninguno nos dirigimos a las oficinas del Municipio para avisar que habían omitido accidentalmente ayudar a uno de sus conciudadanos en desgracia pero que afortunadamente estaba allí ahora al alcance de la mano

    En eso que uno voltea la mirada no sabe por qué hacia un lugar en lo particular me encontré con que la muchacha que mencioné previamente iba caminando hacia el muchacho, conforme se acercaba se metió la mano izquierda por su escote, hurgó dentro de su ropa intima y le dio un billete sin siquiera poner atención en la denominación

    ¿Tienen idea ustedes de lo miserable que me sentí y hoy sé que soy?

     
  • viva el Thu5Jul12 Permalink
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    EN LA PLAZA FRENTE A LA CATEDRAL DE… 

    EN LA PLAZA FRENTE A LA CATEDRAL DE GUADALAJARA, JALISCO (MEXICO)

    Estábamos mi esposa y yo vacacionando en esta hermosa ciudad, sentados en una de las bancas del parque simplemente dejando pasar tranquilamente el tiempo mientras disfrutábamos de un clima espectacular y ante nosotros esporádicamente pasaba algún comerciante ofreciendo diversos productos o servicios tradicionales del área tales como: Cotorinas, algodones de azúcar, helados, un organillero, un bolero, un vendedor de títeres de madera, un vendedor de sombreros y otros más

    Obviamente también éramos parte del paisaje todos los allí presentes como paseantes, había puedo dar fe: gentes de muy diversas latitudes, razas, culturas, niveles económicos y profesiones a los que nos unía la dicha de no tener prisa en ese momento por nada.

    Observé a una muchacha deambulando para arriba y para abajo como sin ningún propósito al igual que nosotros, ya se sentaba en una banca, ya en el suelo cerca de la fuente, o se quedaba un momento quieta observando algo que le llamara la atención. Para cualquier persona supongo le habría parecido que ella estaba extraviada de sí misma

    Vi también a un muchacho pidiendo limosna, es probable que nunca haya recibido atención médica especializada que le minimizara los problemas locomotores en sus extremidades lo cual provocó sin lugar a dudas la deformación ya muy notoria de las mismas, también denotaba ese tipo de miseria que te obliga a vestir las prendas hechas ya unas garras, tan delgado que ni siquiera la anemia cabía en su cuerpo.

    Debo decir que no hicimos línea los presentes para preguntarle en que podíamos ayudarle, no nos disputamos el orgullo de ser los primeros en tenderle la mano, creo que ninguno dejamos de comer lo que sea que haya sido que hubiésemos comprado para tal propósito, ninguno nos dirigimos a las oficinas del Municipio para avisar que habían omitido accidentalmente ayudar a uno de sus conciudadanos en desgracia pero que afortunadamente estaba allí ahora al alcance de la mano

    En eso que uno voltea la mirada no sabe por qué hacia un lugar en lo particular me encontré con que la muchacha que mencioné previamente iba caminando hacia el muchacho, conforme se acercaba se metió la mano izquierda por su escote, hurgó dentro de su ropa intima y le dio un billete sin siquiera poner atención en la denominación

    ¿Tienen idea ustedes de lo miserable que me sentí y hoy sé que soy?

     
  • viva el Sat9Aug08 Permalink
    Etiquetas: , , , , , , muchacha, , , , , , Santiago de Compostela,   

    Santiago de Compostela 

    No hay lugar más escalofriante y terrorífico que aquel donde acaba de pasar el caballero negro de la muerte; donde todavía se mueve como un péndulo amenazante la cadena que ataba a la fiera de afiladas zarpas que acaba de escapar de su mazmorra; donde la carne trémula de la muchacha de blanco semblante ha recibido innumerables cuchilladas, convirtiendo su cuerpo en celosía de sangre; donde, tras el quicio de la puerta de la oscura y maloliente estancia contigua, se desplaza fugaz una mano negra y simiesca; donde las altas sombras no obedecen a nada ni a nadie y el xipro de un afilador de cuchillos se anuncia entre la neblina como un viento helador y espeluznante.

     
  • viva el Fri20Jun08 Permalink
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    He sembrado como un tubérculo su carne … 

    He sembrado como un tubérculo su carne y la he regado de rocío. Conviene tener ese detalle. Sólo porque hoy celebro esa clase de éxito moderno de enterrar al enemigo. Levanto mi sombrero. Le dejé en calzoncillos, pienso con gran satisfacción. En este laberinto, de todas formas, no lo van a encontrar. Qué muerte tan poética, comenta Mira. Ha sido rápido, respondo. El cascabel de la muerte sonando de nuevo en nuestra familia, otro cadáver más, dice. El cementerio huele a orín y ese maldito símbolo está por todas partes. Saco un pañuelo del bolsillo y cubro mi nariz. La literatura, muchacha, es el barco en que este viejo acaricia tus senos, digo para animarla. Sonríe.

     
  • viva el Fri20Jun08 Permalink
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    He sembrado como un tubérculo su carne y… 

    He sembrado como un tubérculo su carne y la he regado de rocío. Conviene tener ese detalle. Sólo porque hoy celebro esa clase de éxito moderno de enterrar al enemigo. Levanto mi sombrero. Le dejé en calzoncillos, pienso con gran satisfacción. En este laberinto, de todas formas, no lo van a encontrar. Qué muerte tan poética, comenta Mira. Ha sido rápido, respondo. El cascabel de la muerte sonando de nuevo en nuestra familia, otro cadáver más, dice. El cementerio huele a orín y ese maldito símbolo está por todas partes. Saco un pañuelo del bolsillo y cubro mi nariz. La literatura, muchacha, es el barco en que este viejo acaricia tus senos, digo para animarla. Sonríe.

     
  • viva el Fri20Jun08 Permalink
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    CONDENADO 

    He sembrado como un tubérculo su carne y la he regado de rocío. Conviene tener ese detalle. Sólo porque hoy celebro esa clase de éxito moderno de enterrar al enemigo. Levanto mi sombrero. Le dejé en calzoncillos, pienso con gran satisfacción. En este laberinto, de todas formas, no lo van a encontrar. Qué muerte tan poética, comenta Mira. Ha sido rápido, respondo. El cascabel de la muerte sonando de nuevo en nuestra familia, otro cadáver más, dice. El cementerio huele a orín y ese maldito símbolo está por todas partes. Saco un pañuelo del bolsillo y cubro mi nariz. La literatura, muchacha, es el barco en que este viejo acaricia tus senos, digo para animarla. Sonríe.

     
  • viva el Sun11May08 Permalink
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    Para Xarleen 

    Tu aliento me sostiene en este bosque frío,
    oh blanca muchacha de los cielos xarleenes.
    En tu monte de Venus cohabitará mi mano
    con los memes sin nombre de mis labios
    y, en mis brazos, tu sexo cesará de su lucha;
    yo escucharé el poema de tus labios vaginales
    mientras el diablo en la Gloria
    sufrirá los terribles tormentos
    por no poder dormir en tus pechos,
    esas dunas de arena y erótica luz
    que aborrecen la fétida sopa.

     
  • viva el Fri9Mar07 Permalink
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    Luna 

    Luna es redonda y blanca en la oscuridad de la fría noche. Luna sonríe siempre entre las estrellas fugaces. Luna sale todos los días a algún lugar del planeta. Luna vive siempre a la sombra y toma el sol desnuda. Esta muchacha, ¡Ay!

     
  • viva el Sat11Nov06 Permalink
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    MERCADER 

    EXT. BOSQUE. NOCHE.
    Un bosque con frondosos árboles. Pájaros, lobos, zorros, ciervos, tormenta cada vez más intensa. Muy, muy lejos se divisa una cabaña.
    Un rey, que está cazando, cabalga por un camino con su caballo. El rey va de caza con sus criados. Se nubla, llueve, el rey y sus criados se extravían y buscan refugio.
    La tormenta arrecia y los criados y la guardia real se desbandan todos.
    CRIADOS. Majestad, volvamos, la tormenta arrecia.
    REY. No, no, sigamos al zorro, se fue por este camino.
    El rey sigue el camino y encuentra la lejana cabaña.
    REY. ¡A mí la guardia!
    REY. ¡Cobardes y viles criaturas!
    El rey dispara a los pájaros.
    Los pájaros huyen en desbandada y luego vuelven a posarse.
    Un pájaro muere. Los pájaros huyen en desbandada pero luego vuelven a posarse y atacan al rey.
    REY. Quien se mete debajo de hoja, dos veces se moja.
    CABALLO. ¿Y yo que hago aquí? ¡Brrr..!

    INT. CABAÑA. NOCHE.
    La cabaña tiene unos catres, una mesa, unas sillas, etc. Fuego encendido crepitando. Patos, cisnes, pavos reales.
    En la sencilla cabaña hay un viejo mal vestido, de barba larga y blanca.
    REY. ¿Me das albergue, viejo?
    VIEJO. Venid y secaos al fuego, Majestad.
    El rey tiende la ropa en la silla.
    El rey se acerca al fuego.
    El rey se echa a dormir en el catre. Se despierta por la noche al oír hablar al viejo. Al no verlo dentro de la cabaña, sale a buscarlo fuera.

    EXT. CABAÑA. NOCHE.
    Estrellas titilando, búhos.
    El rey sale. El cielo está despejado. El viejo está sentado en el escalón.
    REY. ¿Con quién hablas, viejo?
    VIEJO. Con los planetas, Majestad.
    REY. ¿Y que les dices a los planetas?
    VIEJO. Les agradezco la fortuna que me han dado.
    REY. ¿Qué fortuna, viejo?
    VIEJO. Me concedieron la gracia de que mi mujer diera a luz esta noche, y nació un varón; y a vos la gracia de que vuestra mujer diera a luz también esta noche, y le nació una niña; y cuando llegue el momento mi hijo será el marido de vuestra hija.
    REY. ¡Ah, viejo descarado! ¿Cómo te atreves a hablar de ese modo?
    El rey entra de nuevo a la cabaña muy enfadado.
    REY. ¡Me las vas a pagar!
    REY. Bonita luna.

    INT. CABAÑA. DÍA.
    Canto de los gallos, cerdos, gatos. El rey se vuelve a vestir. Con las primeras luces el rey sale de la cabaña. El rey toma el camino de regreso a su palacio.

    EXT. PRADERA. DÍA.
    Rechinar de ruedas oxidadas. Burros, vacas, liebres, conejos. El rey se encuentra en el camino a caballeros y criados que vienen en su busca. Los caballeros se inclinan ante él exageradamente.
    CABALLERO2. Buenos días, Majestad, ¿Cómo se encuentra su Majestad?
    CABALLERO1. Felices nuevas, Majestad. Anoche la Reina dio a luz una hermosa niña.
    REY. ¡Apartaos, pelotas, déjadme seguir!
    REY. ¡Arre!
    El rey fustiga al caballo y se dirige a palacio cabalgando a todo galope.
    REY. ¡Qué corte, señor, qué corte!
    REY. ¡Esbirros!
    CRIADO1. Su Majestad no parece de humor.
    CRIADO2. Nunca lo está.
    CRIADO2. Nuestros amos son unos…
    CRIADO1. ¿Genuflexos..?

    EXT. PALACIO. DÍA.
    Campanadas, trompetas. El rey llega cabalgando al palacio real y desmonta de la silla en el patio de armas. Las nodrizas le muestran la niña al rey. Le rodean cortesanos que le felicitan.
    REY. Que busquen a todos los hijos varones nacidos esta noche en la ciudad y les quiten la vida.
    JUGLAR1. Fea o bonita será..
    JUGLAR2. Tonta o lista crecerá..
    JUGLAR1 ¡Oh, que terrible será..!
    REY. ¡Basta ya, desmedrados bufones!
    Relinchan los caballos. Los perros ladran y huyen asustados.

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Gritos, llantos, jaleo. Palomas, ratas y ratones huyendo. Los soldados se dispersan por las calles de la ciudad y en poco tiempo la registran entera.
    SOLDADO1. Aquí no hay nada.
    SOLDADO2. Claro que sí, mira.
    Los soldados encuentran a un varón nacido esa noche.
    SOLDADO2. Ya no busques más..
    SOLDADO1. ¿Tu hijo ha nacido esta noche?
    MUJER. No, no..
    Los soldados se lo arrebatan a la madre.
    SOLDADO2. Tenemos que llevarlo al bosque para matarlo por orden del Rey.
    MUJER. ¡No, no..!
    SOLDADO1. Es una niña. No nos interesa.
    SOLDADO2. Ya no busques más..

    EXT. BOSQUE NOCHE.
    Aullidos de perros. Ardillas. Dos soldados llevan al niño y lo dejan en el suelo.
    SOLDADO1. Hazlo tú.
    SOLDADO2. No, no.. hazlo tú.
    Uno de ellos levanta su espada para matarlo. El soldado baja su espada, no se atreve a matar al niño.
    SOLDADO1. ¿Pero de veras tenemos que matar a este inocente?
    SOLDADO2. Yo tampoco puedo hacerlo.
    SOLDADO1. ¿Y ahora qué hacemos? El rey nos matará a nosotros.
    El perro ladra a los soldados.
    SOLDADO1. Se me ocurre una idea. Matamos a ese perro y con su sangre empapamos los pañales y se los llevamos al rey.
    SOLDADO2. ¡Qué buena idea! Pero ¿Y el niño?
    SOLDADO1. Lo dejamos aquí y que dios le ayude.
    Así lo hacen.
    SOLDADO2. ¡Pobre perro!
    El niño llora. El niño balbucea. El niño llora.
    CABALLO1. ¡Qué crueles! ¿Serán capaces?
    Los caballos relinchan.

    EXT. BOSQUE. DÍA.
    Llanto de niño. Un mercader pasa por el bosque en viaje de negocios y oye llorar a un niño. Lo busca entre los arbustos. El mercader encuentra un trozo de pañal. El mercader busca y no haya nada. El mercader busca y no haya nada. El mercader encuentra al niño y trata de calmarlo. El mercader se lleva al niño consigo y lo sube al caballo.

    INT. CASA NOCHE.
    Balbuceos de bebé. Perros, gatos. El mercader entra en su casa llevando en los brazos un atillo.
    MERCADER. Mujer, la mercancía que traigo esta vez no la he comprado. Es un niño que estaba en medio del bosque. Nosotros no tenemos hijos. Este es un regalo del señor.
    MUJER. Lo criaremos y educaremos como si fuera nuestro hijo y siempre creerá que realmente lo es.

    INT. CASA. DÍA.
    Música de fiesta. Moscas, mosquitos, avispas, abejas. Fiesta en casa del mercader. El hijo del mercader cumple 20 años.
    MERCADER. Hijo mío, yo estoy envejeciendo, tú te haces hombre. Encárgate de mis cuentas, mis registros, mis cajas de caudales. Tú seguirás con mis negocios.
    El joven prepara sus baúles dispuesto a partir con sus criados a recorrer el mundo para ejercitarse en los negocios con la bendición de sus padres.
    AMIGO. ¡Qué suerte la tuya!

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Ruido de carros, caballos, burros, voces de arriero. Serpientes, tortugas, reptiles. Ajetreo del mercado. El joven recorre un reino extranjero comerciando con sus joyas y piedras preciosas. La fama del mercader llega al Palacio Real. El rey le hace llamar para ver sus piedras preciosas.

    INT. PALACIO. DÍA.
    Juglares. El rey, el mismo que ordenó matarle, le recibe en la sala de audiencias del palacio real. El rey llama a la princesa, convertida ya en una bella muchacha de 20 años.
    REY. Acércate a ver si hay alguna joya que te guste.
    La princesa apenas ve al joven mercader se enamora de él.
    REY. ¿Qué pasa, hija mía, qué tienes?
    PRINCESA. Nada, papá.
    REY. ¿Quieres algo? Habla.
    PRINCESA. No, papá, no quiero joyas ni piedras preciosas. Yo sólo quiero casarme con este hermoso joven.
    El rey examina al joven mercader.
    REY. ¿Y tú quién eres? Dime.
    JOVEN. Soy hijo de un rico mercader y recorro el mundo para ejercitarme en los negocios, y ocupar después el puesto de mi viejo padre.
    El rey, considerando las riquezas del joven mercader, decide conceder al joven la mano de su hija. El joven parte para invitar a sus padres a la boda.
    CORTESANA. Qué apuesto.
    CORTESANO. Lo que tu digas, querida.
    CORTESANA. Qué apuestas a que…
    PRINCESA. Silencio, ya basta de cuchicheos.

    INT. CASA. NOCHE.
    Cuchicheo de comadres. El joven se presenta en la casa de sus padres. Les cuenta el encuentro con el rey y la promesa de matrimonio. Entonces la madre palidece de golpe y empieza a injuriarlo.
    MUJER. Ah, ingrato, quieres dejarme, te enamoraste de esa princesa y ya no ves la hora de irte. ¡Puedes irte ahora mismo! ¡Que no te vuelva a ver en esta casa!
    JOVEN. Pero, madre mía, ¿Qué he hecho yo de malo?
    MUJER. ¡Qué madre, ni qué narices! ¡Yo no soy tu madre!
    JOVEN. ¿Cómo? ¿Y entonces quién es mi madre, si no tú?
    MUJER. Pues vete a saber quién es. ¡A ti te encontraron en medio del bosque!
    Y el mercader le cuenta la historia al pobre joven que casi pierde el conocimiento.
    JOVEN. ¿Qué he hecho yo de malo?
    El mercader, ante la cólera de su mujer, no tiene el valor de oponerse. Afligido, provee al joven de dinero y mercancías y le deja partir.
    CRIADO, en voz baja. ¡Cómo está la jefa!
    CRIADO. ¡Arrea, que notición!
    MERCADER. Espera, hijo, espera, no te marches así.
    Cuchichean criados. Ladra el perro.

    EXT. BOSQUE. NOCHE.
    Canto de cigarras y grillos. Hormigas trabajando. El joven llega desesperado, se tira al pie de un árbol y dando puñetazos en el suelo suspira.
    JOVEN. ¡Ay, madre mía! ¿Qué voy a hacer ahora, tan solo y desconsolado? ¡Alma de mi madre, ayúdame!
    Junto a él aparece un viejo mal vestido de barba blanca y larga.
    VIEJO. ¿Qué te pasa, hijo?
    El joven le confía sus pesares.
    JOVEN. Así que no puedo volver con mi prometida puesto que no soy el hijo del mercader.
    VIEJO. ¿Y de qué tienes miedo? Tu padre soy yo y voy a ayudarte.
    El joven mira al viejo harapiento.
    JOVEN. ¿Tú mi padre? ¡Lo habrás soñado!
    VIEJO. Sí, hijo mío, soy tu padre. Si vienes conmigo, te traeré suerte. Si no estás perdido.
    El joven mira a los ojos del viejo y piensa ‘Perder por perder, mejor me voy con él. Después de todo no me queda mucho donde elegir’.
    JOVEN. ¿Tú qué dices caballo?
    CABALLO. Yo que tú le haría caso al viejo.
    Hace montar al viejo a la grupa del caballo y parten para el reino de su prometida.
    JOVEN. Demuéstramelo.
    VIEJO. Si vienes te lo demostraré..
    VIEJO. ¿Qué, has decidido ya?
    CIGARRA. ¡Eh, que yo no soy de este cuento!
    HORMIGA. Ni estos tampoco.
    La cigarra canta y la hormiga trabaja.
    GRILLO. ¡Bocazas, bocazas.. que lo demuestre, que lo demuestre!
    El grillo canta y la hormiga trabaja.
    HORMIGA. Es como la cigarra y el grillo, un andrajoso.

    EXT. PRADERA. DÍA.
    Cascos de caballo y asnos. Mientras vuelven al palacio, van conversando por el camino.
    VIEJO. ¿Y quién dices que te encontró?
    JOVEN. ..y me encontraron en el bosque..
    JOVEN. Un comerciante ismaelita fue.. es mi padre.

    INT. PALACIO. DÍA.
    Cuchicheos palaciegos. El joven y el viejo llegan al Palacio Real y se presentan en la sala de audiencias del rey.
    REY. ¿Dónde está tu padre?
    JOVEN, señalando al viejo. Este es.
    REY. ¡Este! ¿Y tienes el coraje de venir a pedir a mi hija?
    VIEJO. Majestad, yo soy aquel viejo que hablaba con las estrellas y os anunció el nacimiento de vuestra hija y el de mi hijo, que debía casarse con ella. Y este, como ya os ha dicho, es ese hijo mío.
    El rey da un brinco del trono.
    REY. ¡Viejo descarado, fuera de aquí! ¡Guardias a él!
    El rey se queda petrificado.
    VIEJO. ¿Majestad?
    Los guardias se adelantan a cogerlo, entonces el viejo se abre la raída vestimenta a la altura del pecho y aparece el Toisón de oro, símbolo del emperador
    GUARDIAS. ¡El emperador!
    REY. ¡El emperador!
    TODOS. ¡El emperador!
    REY. Perdón, Sacra Majestad. No sabía con quién hablaba. Esta es mi hija, cúmplase tu voluntad.
    La princesa y el joven se besan y abrazan.

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Ajetreo de un mercado. Golondrinas, oso amaestrado, cabras, ovejas, gallinas, pollos.
    UNO. Así que el Emperador, cansado de la corte, recorría el mundo disfrazado de pordiosero, solo, hablando con los planetas y las estrellas.
    OTRO. ¿Y dices que hoy mismo se concertaron las bodas?
    UNO. Así es. Y hoy llega el mercader y su mujer, que han sido llamados por el joven para asistir a su boda.

    INT. PALACIO. NOCHE.
    Canto de juglares, bullicio palaciego. El joven recibe a sus padres en el palacio real. Les da un abrazo.
    JOVEN. Hoy me caso con la princesa. Vosotros me echasteis de casa y por ello…
    JOVEN. …os debo mi fortuna, Pero vosotros siempre os quedaréis conmigo. ¡Padre y madre mía, porque para mí vosotros sois mi padre y mi madre!
    Y los viejos, enternecidos, rompen a llorar.

    EXT. CIUDAD. NOCHE.
    Desde la plaza mayor se ve un gran festín nupcial en toda la ciudad. El hijo del emperador se casa con la hija del rey.
    UNO. Y ellos vivirán contentos y felices..
    OTRO. Y nosotros con un palmo de narices..
    Fuegos artificiales.

    JUGLARES. ¡Viva el rey!
    TODOS. ¡Viva!

     
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