Vino aromático

Una cucharada de ajenjo o artemisa
Cuatro anises estrellados
Tres ramas de canela
Una pizca de cardamomo
Tres o cuatro clavos
Corteza de naranja y de limón
Media cucharadita de genciana
Una punta de cuchillo de jengibre
Flores de manzanilla
Un vasito de miel
Un puñado de salvia
Tres ramas de vainilla
Y un litro de vino mejorable.

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MI EPOPEYA RÚSTICA

Nací a las 12 de la noche de un 29 de marzo de 1964, en el oratorio de la Casa grande o Casa de los Manrique. Un oratorio o capilla de la casa solariega de Rodrigo Manrique, en la que su hijo, Jorge, vivió su feliz luna de miel, y que en mi época había sido mancillado, convirtiéndolo en el dormitorio principal de una parte de la casa, que ahora era una corrala de vecinos, de la que mi abuela materna era propietaria de una cuarta parte de la misma.
Nací pues en un pueblo de La Mancha que había recibido sucesivamente el nombre de Belmontejo de la Sierra, Belmonte y finalmente Villa de Los Manrique o Villamanrique. Un pueblo que, en pleno siglo XX, aún permanecía en la Edad Media. En una época más degradada y mísera aún que aquella debido a los estragos de la postguerra española. En la más oscura y profunda España, católica, apostólica y romana, en un lugar de La Mancha, entre la Sierra de Alcaraz y Sierra Morena, de la que me acuerdo con más nubes que claros. Una tierra en donde los maquis y los bandoleros seguían siendo un tema de conversación habitual. En donde las historias de la guerra civil aún estaban vivas y no habían cicatrizado. En donde la pobreza y la roña eran aceptadas como lo más natural del mundo. Un mundo donde no era difícil encontrarse con quinquis, latoneros, familias de cíngaros ambulantes y gitanos sedentarios. Una tierra de paso, el natural entre Andalucía y la Mancha, llena de caminos polvorientos, de repoblación y despoblación, en la que también había “jaros” procedentes de Europa que Franco había traído para “repoblar” y hasta viejos bandoleros de Sierra Morena. En fin, una honrada y leal villa de la España franquista, a la que no llegó la guerra pero sí sus rencillas, enfrentamientos y consecuencias. Un lugar de paso, en el que nunca nadie ha querido permanecer durante mucho tiempo, un territorio sin raíces y sin historia. Un paso fronterizo durante siglos entre moros y cristianos. Una tierra periférica dejada de la mano de cualquiera que por allí pasase, incluidos Don Quijote y Santa Teresa. Una comarca de soles, vientos y piedras oxidados y olvidados, sin más novedades que las pasajeras y aventureras nubes.
De mi familia paterna sé, según contaba mi padre, que procedía de Andalucía. El primer Alfaro que, según él, había llegado al pueblo era el llamado Abuelo Carbonero, un hombre, al parecer, listo y emprendedor que debió hacerse con una buena cantidad de tierras serranas, vírgenes y sin roturar, que mi familia paterna fue convirtiendo en olivares a lo largo de varias generaciones. Yo mismo me enorgullezco de haber participado junto con mi padre en esa epopeya familiar, en esa conversión de una sierra pedregosa, pobre y arisca en productivos y ordenados olivares, plantando, mano a mano con mi padre, 300 olivos, quizás los últimos 300 que se han plantado ya en la familia. Yo por lo menos no pienso plantar más. A los catorce años se acabó mi rural y bucólica epopeya. Yo también estaba allí de paso. De paso hacia ningún sitio.

Tango

Triza su saliva los húmeros, los dientes,
arrabal de la sangre,
brujulean los dedos de su lengua
buscando las farolas de mis ansias.

La luz nace de lo hondo,
el sol, de los abismos,
la noche, de los peces de su caliz.

En sábanas de azúcar
y madrigales de miel
duerme mi amor.

Tango

Triza su saliva los húmeros, los dientes,
arrabal de la sangre,
brujulean los dedos de su lengua
buscando las farolas de mis ansias.

La luz nace de lo hondo,
el sol, de los abismos,
la noche, de los peces de su caliz.

En sábanas de azúcar
y madrigales de miel
duerme mi amor.

Cáncer

Consulté el gran libro de la correspondencia: Hércules estaba en lucha; la miel no era para la boca del burro; la muerte anidaba en el zodíaco. Luego sólo podía ser cáncer.

Multitud

–Permíteme que te cuente, estimado Ahasvero, porqué vivo en la calle, buscando siempre alguna multitud aglomerada y atronadora. Yo era muy joven entonces y un día asistí a un concierto en Las Ventas. Ya ni siquiera recuerdo quién actuaba. En mi memoria sólo se ha fijado este hecho que te voy a contar. Aquel día en la plaza no cabía ni un suspiro. En medio de aquella abigarrada multitud una cálida mano se introdujo dentro de mi falda. Hábil e inexplicablemente me rodeó con su brazo y dio un giro a la misma, dejando su abertura hacia atrás. Primero sentí miedo, pero aquella suave y tibia mano no parecía buscar otra cosa que mi posterior regocijo. La muchedumbre no me permitía moverme y me dejé hacer, vencida por la sensual caricia que esa mano me propiciaba a través de la abertura de mi minifalda. Pronto me inundó un ardoroso estremecimiento. Enlatada en medio de aquella humanidad, empecé a sentir aquel enorme paquete en la abertura de mi falda, deslizándose suavemente, apartando mis bragas como un ariete, duro, ardiente e imparable. Yo palpitaba como un gazapo atrapado pero voluptuoso y lúbrico. Sentí como aquel inflamado y duro pichón comenzó a estremecerse dentro de mí al atávico ritmo de la música. Yo le atrapaba entre mis labios para no dejarle escapar hasta que ambos estallamos vertiendo nuestra inesperada, cremosa y acalorada miel de juventud. Desde entonces, en que gané mi frenético desvirgamiento, amo las multitudes y los conciertos…
– ¿¡Cómo has podido olvidar, queridísima callejera, aquella música, aquel sublime primer concierto de tu inaugural desvirgar vital en que los Beatles tocaron magistralmente I Want To Hold Your Hand y Come Together mientras te fundías con la multitud y eras atravesada por aquel desconocido falo!?
– ¡Eh, eso no te lo he contado, era mi secreto, ¿Cómo lo sabes!?
– Permíteme que te cuente, mi amadísima melómana, Lady Madonna. Yo tenía casi 20, como tú, pero no eran años, sino siglos, y estaba detrás de tí… and I Can’t Work It Out Of You, Penny Lane.

SÍMBOLOS

Adonis
Plantas

Afrodita
Dioses planetarios

Agathodaemon
Serpiente

Agrippa de Nettesheim
Hombre, Quinario

Agua
Fuente, Huracán, la Templanza

Agua inferior y superior
Aguas, Dragón, Letras, Neptuno, Nubes

Inmersión en agua
Baño

Agua primordial
Arquitectura, Océano superior e inferior

Águila
Animales, Bandera, Letras, Lucha de animales, Procesión, Rey

Águila bicéfala
Águila, Géminis, Montaña

Cabeza del águila
Cabeza, Centro

Águila y león
Águila, León

Águila y Prometeo
Hércules, Prometeo

Águila y serpiente
Animales, Tetramorfos

San Agustín
Lámpara

Ahasvero
Judío errante

El Ahorcado
Acróbata, Balder, Crepúsculo, Inversión, Nudo

Ahrimanyu
Gemelos, Lucha, Ahrimán

Ahrimán
Cosmogonía, Ahrimanyu

Ahuramazda
Cabalgadura, Gemelos, Lucha, Sol

Seudo Aigremont
Pie

Aiguilhe de Puy
Sirena

Ain-Soph
Anciano

Aire
Padre, Viento

Akasha
Acuario

Alain de Lille
Naturaleza

Alambique
Horno

Rey Alberico
Color positivo-negativo

Alberto Magno
Animales

Albiruni
Correspondencia

Aldebarán
Cuaternario

Alejandro el Grande
Héroe, Lazos, Nudo

Alfa y omega
Letras

Alfabeto
Gráfico

Alfabeto egipcio
Letras

Alfabeto hebreo
Letras

Luna y alfabeto
Luna

Algonquinos
Liebre

René Allendy
Dientes

Alma
Globo, Paloma

Alma como pájaro
Pájaro

Peligros del alma
la Luna, Alma del mundo

Forma almendrada
Aureola

Alquimia

Alvao
Zodíaco

Amaltea
Cuerno de la abundancia

Amance
Agujero

Amarillo
Colores

Amazonas
Hércules, Lilith

Ambivalencia
Binario, Grutescos

San Ambrosio
Arca, Perdiz

Amfortas
Encantamiento, Rey

Ammón
Lago, Pluma

Ammón Ra
Aries

Amor y corazón
Corazón

Amor y realeza
Rey

Amrita
Caos, Fuente

Amuletos
Escalera, Quinario, Piel

Mano y amuletos
Mano

Plata y amuletos
Luna

Anael
Septenario

Anaitis
Luna

Anciano
Niño, Anciano de los Días

Anciano de los Días
Anciano, Gran Madre

Áncora
Delfín

Andrógino/androginia
Adán, Alquimia, Daena, Hombre

Andrómeda
Liberación de la doncella

Anémonas
Granada

Anfión-Zeto
Gemelos

Anfisbena
el Carro

Ángeles
Ciudad, el Juicio

Siete ángeles
Septenario, Números

Ánima
Castillo, Cimera, Daena, Flauta, Joyas, Madre, Mujer, Shekina, Sirena

Animales-símbolo
Gráfico

Animales en alquimia
Animales

Hombre entre dos animales
Potne Otheron

Animales lunares
Animales, Luna

Mujer y animales
Mujer

Animal natural y fabuloso
Animales

Ovíparos
Ovíparos

Procesiones de animales
Animales

Animales y puntos cardinales
Cuaternario

Ankh
Cruz

Anormal
Animales, Bufón

Antares
Cuaternario

Anteo
Revolcamiento

Antomonio
Gráfico

Apis
Toro

Apolo
Árbol, Arco, Boca, Cisne, Color, Crómlech, Dioses planetarios, Dragón, Flecha, Grifo, Helio, Laurel, Mercurio, Monstruos, Nombre, Sol

Apolo y Artemisa
Gemelos, Helio

Apolonio
Manto

Aqueloo
Sirena

Aquiles
Espuela, Juguetes, Muerte, Pie

Arabia
Arabesco, Luna

Araña
Animales, Pulpo, Telaraña

Árbol
Bosque

Árbol cósmico
Montaña

Árbol de ciencia
Árbol, Columna

Árbol de muerte
Árbol

Árbol de vida
Árbol

Árbol del mundo
Tambor

Espada y árbol
Espada

Árbol que canta
Árbol, Rocío

Árbol y serpiente
Serpiente

Árbol de la Muerte
Columna

Árbol de la Vida
Aves, Ciervo, Columna, Cruz, Cuaternario, Grifo, Serpiente

Árbol de Navidad iluminado
Fuego

Arca de la alianza
Cofre, Objeto, Templo

Arcilla
Limo

Arco de tres lóbulos
Trébol

Arco flamígero
Arquitectura

Arco triunfal
Inversión

Arco iris
Arca, Puente

Ares
Dioses planetarios, Marte

Argonautas
símbolos Heráldicos, Números, Vellocino de oro

Argos
Leopardo, Ojo

Ariadna
Binario, Lazos, Minotauro, Pérdida

Aries
Correspondencia, Cuernos, Géminis, Hércules, Héroe, Pan, Tauro, Zodíaco

Ariete
Cuernos

Arión
Gemelos

Ludovico Ariosto
Hipogrifo

Aristóteles
Agujero, Animales, Centro, Corazón, Dioses planetarios, Graal, Gráfico, Números, Perdiz, Polo, Semana, Sirena

Arjuna
Carro

Armadura
Escudo

Armas
Monstruos

Armas curvas y rectas
Guadaña, Espada

Armentia
Cordero

Armonía
Números

Arpa
Cisne

Arpía
Monstruos, Multiplicidad

Arpista
la Luna

Cuatro arqueros
Gráfico, Guerreros, Tetramorfos

Arquetipos
Cuaternario

Arquitectura
Templo

Arroz
Fertilidad

Arte abstracto
Gráfico

Arte gótico
Ángel, Arquitectura, Liebre, Objeto, Rueda

Arte románico
Acacia, Águila, Alas, Ángel, Animales, Árbol, Cordero, Escalera, Loto, Mariposa, Manicora, Nivel, Ornamentación, Perdiz, Rueda

Artemidoro de Daldi
Casa

Artemisa
Dioses planetarios, Gemelos, Luna, Serpiente, Diana

Rey Arturo
Abismo, Caballero, Cazador, Judío errante, Minarete, Rey

Ascensión
Águila, Escalera

Simbolismo ascensional
Binario

Ascesis
Cabellos

Ases
Cosmogonía

Asfódelos
Pradera

Ashvins
Caballo

Miguel Asín Palacios
Viaje a los infiernos

Asno
Animales

Astarté
Cono, Gran Madre, Pez

Astrea
la Justicia

Asuras
Cosmogonía

Atanor
Torre

Atargatis
Huso, Pez

Atenas
Arquitectura

Atenea
Espiral

Atlas
Hespérides

Atman
Gemelos

Atoum
Anciano

Attis
Árbol, Granada, Guadaña, Pino, Plantas, Yedra

Cuadras de Augias
Hércules

Aureola
Mano

Arthur Avalon
Serpiente

Azotes
Flagelación

Azoth
Sello de Salomón

Azufre
Hombre, León, Matrimonio

Azul
Colores

Ba
Pájaro, Periquito

Torre de Babel
Torre

Babilonia
Éufrates, Pájaro

Bacanales
Cesta

Gaston Bachelard
Aguas, Aire, Alcohol, Barca, Brillo, Cisne, Cuaternario, Elementos, Frío, Fuego, Llama, Nubes, Pájaro, Pasta, Perfume, Pradera, Verticalidad, Viaje al interior de la Tierra, Vuelo

J. J. Bachofen
Espacio, Madre

Balanza
Libra

Balder
Muerte

Ballena
Devoración, Montaña

Ballesta
Arco

Balmunga
Espada rota

Jurgis Baltrusaitis
Gráfico, Lazos, Nimbo

Bambú
Árboles y flores

Baphomet
Escamas

Barco
Peine

Barco de la vida
Pez

Barro
Humo

Bast
Gato

Georges Bataille
Cuaternario

Bautismo
Aguas, Números

Harold Bayley
Botella, Cruz, Escalera, Espada, Estrella, Gráfico, Grutescos, Letras, Muro, Rueda, Serpiente, Tridente

Germain Bazin
Gráfico

Beatriz
Color, Mujer

A. Beaumont
Color, Cuervo

Gustavo Adolfo Bécquer
Golondrina

Beigbeder
Tejer

Bel
Tempestad

Belerofonte
Pegaso

Eric Temple Bell
Descanso semanal

Benin
Imagen del mundo

Gottfried Benn
Imagen ignota

Luc Benoist
Arco, Cielo, Espacio, Gráfico, Hacha, Mandorla, Paisaje, Tocado y trono

Bartolomé Bermejo
Dragón

Claude Bernard
Vida

San Bernardo
Color positivo-negativo

R. Berthelot
Desierto, Profesiones, Templo, Tiempo, Tienda, Zodíaco

R. Bertrand
Dualismo

Bestia
Números

Betilo
Onfalo

Bettini
Escalera

Bhagavad-Gitâ
Viaje del alma

Bhowani
Simbolismo fonético

Bhutia Busty
Mandala

Biblos
Cono

Bielbog y Czernibog
Color positivo-negativo, Gemelos

Bimini
Islas bienaventuradas

Binario
Dos, Dualismo

William Blake
Adán, Cielo, Cuaternario, Edades, Imagen ignota, Infierno, Viaje al interior de la Tierra

Reina Blanche
Mujer muerta

Blanco
Thule, Colores

Blanco y negro
Color positivo-negativo, Colores, Rojo

H. P. Blavatsky
Andrógino, Árbol, Caos, Cocodrilo, Color positivo-negativo, Dragón, Islas bienaventuradas, Letras, Rana, Rotación, Serpiente, Zodíaco

Boca
Letras

Boca del monstruo
Boca

Bodo
Gigante

Bohaz
Jakin

Jacob Böhme
Caída, Correspondencia, Dragón, Mujer muerta, Sofía

Bolo, el democriteano
Mirabilia

J. L. Borges y M. Guerrero
Animales

Borobudur
Mandala, Montaña, Templo

Robert de Boron
Rey pescador

Bosra
Sangre

Maurice Bouisson
Periquito

Bouto
Serpiente

Brahma
Acuario, Binario, Cabeza, Cuaternario, Hombre, Huevo, Loto, Simbolismo fonético, Tejido, Triforme, vaca, Viaje del alma

Brahman
Gemelos

San Brandán
Islas bienaventuradas

Branwen
Simbolismo fonético

Brazo
Letras

André Bretón
Amada

Abbé Breuil
Sigma

Brillo
Sol

Bronwyn
Simbolismo fonético

Brunilda
Liberación de la doncella, Lilith

Bucráneo
Cuernos

Buda
Aguas, Color, Septenario, Serpiente

Buey
Animales, Cuernos, Miel, Toro, Tetramorfos

Bufón
Anormales, Asno, Odre

Buitre
Madre, Prometeo

Búsqueda
Graal

Caaba
Piedra

Cábala
el Ahorcado, Anciano, árbol, Daena, Espacio, Géminis, Hombre, Sefirot, Septenario, Simbolismo fonético, Tarot

Caballero
Rey Arturo, Castillo, Minotauro, Tabla Redonda

Caballero blanco y negro
caballero, Color positivo-negativo

Caballero errante
Caballero

Caballero rojo
Caballero, Sangre

Caballero y colores
Caballero

Caballero y lucha con animales
Animales, Tabla Redonda

Caballo
Animales, Cabalgadura, Dioniso, Gemelos

Caballo alado
Animales

Caballo blanco
Caballo, Color positivo-negativo

Conservación de cabezas
Decapitación

Cabiros
Capucha, Dedos

Cabra
Caballero, Cuerno de la abundancia, Dioniso, Inversión, Templo, Capricornio

Macho cabrío
Caballero, Cuerno de la abundancia, Dioniso, Inversión, Templo, Capricornio

Cacería perpetua
Identificaciones, Cazador maldito

Cadmo
Dragón

Caf
Montaña

Caída
Laberinto, Nave, Neptuno, Paraíso perdido, Zodíaco

Caín
Espada

Calavera
Hamlet

Calcante
Serpiente

Calcinación
Alquimia

Caldeos
Dioses planetarios

Pedro Calderón de la Barca
Titanes

Gran Piedra del Calendario
Mandala

Rey de Calicut
Muerte

Calímaco
Animales

Calíope
Sirena

Calipso
Bestia apocalíptica, Escollos, Isla

Cáliz
Caldera, Copa, Graal

Cambises
Zodíaco

Camelot
Minarete

S. Cammanm
Mandala

Campana
Objeto

Tommaso Campanella
Centro espiritual

Candelabro de los siete brazos
Imagen del mundo, Septenario

Cangrejo
la Luna

Caos
Dragón

Capucha
Casco

Carbón
Color positivo-negativo

Cardo
Templo

Carlos I
Enano

Carnero
Aries, Cuernos, Zodíaco

Julio caro Baroja
Cazador, Lamia, Ojancanu

Caronte
Aguas, Castillo

Vittore Carpaccio
Dragón

Carro
Riendas, Vehículo

Carro del sol
Rueda

Carro procesional
Tocado y trono, Cuadriga

Lewis Carroll
Espejo

Cartago
Babilonia

Vincenzo Cartari
Cuaternario

Ernst Cassirer
Simbolismo fonético

Castas
Profesiones

Cástor y Pólux
Caballo, Gemelos, Dioscuros

Cátaros
Sofía

Valoración del amor
Amada

Catasterismo
Dioses planetarios, Zodíaco

Catástrofe cósmica
Cielo

Catorce
Números

cautes y Cautopates
Gemelos

Caverna
Arquitectura, Desfiladero, Tesoro

Culto de la caverna
Mundo

Cayado
Peregrino, Poder

Cebada
Fecundidad

Cécrope
Héroe

Cedro
Árbol

Celso
Escalera

Cenicienta
Sacrificio, Septenario, Zapatos

Cenit
Huracán, Polo

Ceniza
Pasta

Centauro
Bucentauro, Cabalgadura, Hércules, Identificaciones, Minotauro

Zelda Zonk
MM

Cerbero
Diana, Ternario, Tridente

Cerdeña
Serpiente

Cerebro
Corazón

Ceres
Agricultura, Alas, Columna, Hormigas, Sirena

Cetro
Armas, Espiral, Poder

Ch’i-lin
Unicornio

Chakras
Serpiente

Chamanes
Soplar, Tambor

Jean-François Champollion
Letras

Chang
Fuego

L. Charbonneau-Lassay
Inversión, Triple recinto

Chastaing
Simbolismo fonético

Louis Chochod
Círculo, Tetramorfos, Tortuga

Chou-Li
Jade

Chrétien de Troyes
Animales, Sangre

Chung-li Chuan
Abanico

Cibeles
Gorro frigio, Guadaña, Ogro

Cicatrices
Marca

Cicerón
Luna

Ciclo
Año

Ciclo anual
Plantas

Gran ciclo
Edades

Cíclope
Gigante, Ojancanu, Ojo

Cielo siete
Huevo

Templo del cielo
Arquitectura

Cigarra
Crisálida

Cilindro
Formas

Cinco
Hombre, Mano, Números, Pensamiento

Cinturón
Hebilla

Circe
Encantamiento, Escollos

Círculo
Arquitectura, Ciclo, Dodecanario, Formas

Cuadratura del círculo
Arquitectura, Imagen del mundo

Círculo de piedra
Crómlech, Cuadrado

Circunferencia
Centro, Círculo

Cisne
Arpa, Serpiente

Canto del cisne
Arpa

Cisne de Leda
el Juicio

Mujer-cisne
Mujer

Cisne y arpa
Cisne

Ciudad
Gráfico, Imagen del mundo, Matrona

Claustro
Arquitectura

Clava
Maza, Mercurio

Clemente de Alejandría
Espacio

Catedral de Clonfert
Decapitación

Cloto
Espacio

Clusium
Laberinto

Cnosos
Laberinto

Codex Marcianus
Circunferencia, Color positivo-negativo, Ouroboros

Tercer cofre
Caja

Coincidentia oppositorum
Alquimia, Centro, Conjunción, Hombre, Inversión, Volcán

J. Cola Alberich
Anormales, Tatuajes

Collar
Cuerda

Francesco Colonna
Delfín

Colores de la flores
Flor

Colores de los cabellos
Cabellos

Colores en alquimia
Alquimia, Caballero

Colores y dragones
Dragón

Colores y la música
Correspondencia

Columna rota
Rotura

Columna vertebral
Columna

Compás
Alfa y omega

Compás de tres tiempos
Trébol

Conejo
fecundidad

Cong
Centro

Congelación
Hielo

Coniunctio
Despedazamiento, Sexos

Coniunctio oppositorum
Metales, Conjunción

Conjunción de contrarios
Cruz

Símbolo de conjunción
Flecha

Cono
Hacha, Formas

Constantino
Crismón

Constelación canicular
la Rueda de la Fortuna

Ananda K. Coomaraswamy
Caballero, despedazamiento

Copa
Objeto

Copa y rituales de Etiopía
Imagen del mundo

Nicolás Copérnico
Planetas

Corazón
Amor, Cofre

Corno
Gorro frigio

Corona
Cintas, Guirnalda, Poder, Victoria

Corona de espinas
Espina

Corona de laurel
Laurel

Corona doble
Poder

Corona en el matrimonio griego
Rey

Corona mural
Matrona

Corona triple
Poder

Correspondencia
Color, Objeto, Planetas

Corroído
Estado de conservación

Doncella de la cosecha
Perséfone

Cosmogonía
Creación

Court de Gebelin
Letras

Cráneo
Cabeza

Seis días de la creación
Espacio

Cremación
Madera

Creta
Hacha, Paisaje

Anciano de Creta
Edades

Crimilda
Lilith

Crisálida
Hueso, Máscara

Crisaor
Espada, Oro

Crisol
Horno

Crómlech
Recinto

Crono
Dioses planetarios

Cronos mitraicos
Eternidad, Serpiente, Saturno

Cruz ansada
Cruz, Llave

EL RUISEÑOR Y LA ROSA

—Ella me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas —murmuró el Estudiante—; pero en todo el jardín no queda ni una sola rosa roja.
El Ruiseñor le estaba escuchando desde su nido en la encina, y lo miraba a través de las hojas; al oír esto último, se sintió asombrado.
—¡Ni una sola rosa roja en todo el jardín! —repitió el Estudiante con sus ojos llenos de lágrimas—. ¡Ay, es que la felicidad depende hasta de cosas tan pequeñas! Ya he estudiado todo lo que los sabios han escrito, conozco los secretos de la filosofía y sin embargo, soy desdichado por no tener una rosa roja.
—Por fin tenemos aquí a un enamorado auténtico —se dijo el ruiseñor—. He estado cantándole noche tras noche, aunque no lo conozco; y noche tras noche le he contado su historia a las estrellas; y por fin lo veo ahora. Su cabello es oscuro como la flor del jacinto, y sus labios son tan rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha hecho palidecer su rostro hasta dejarlo del color del marfil, y la tristeza ya le puso su marca en la frente.
—El Príncipe da el baile mañana por la noche —seguía quejándose el Estudiante—, y allí estará mi amada. Si le llevo una rosa roja bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja la estrecharé entre mis brazos, y ella apoyará su cabeza sobre mi hombro, y apoyará su mano en la mía. Pero como no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, tendré que sentarme solo, y ella pasará bailando delante mío, sin siquiera mirarme y se me romperá el corazón.
—Este sí que es un auténtico enamorado verdadero —seguía pensando el Ruiseñor—. Yo canto y él sufre; lo que para mí es alegría, para él es dolor. No cabe duda que el amor es una cosa admirable, más preciosa que las esmeraldas y más rara que los ópalos blancos. Ni con perlas ni con ungüentos se lo puede comprar, porque no se vende en los mercados. No se puede adquirir en el comercio ni pesar en las balanzas del oro.
—Los músicos estarán sentados en su estrado —decía el Estudiante—, y harán surgir la música de sus instrumentos, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Ella bailará tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus trajes fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarla. Pero conmigo no bailará, porque no tengo una rosa roja para darle.
Y se arrojó sobre la hierba, y ocultando su rostro entre las manos, se puso a llorar amargamente.
—¿Por qué está llorando? —preguntó una lagartija verde que pasaba frente a él con la cola al aire.
—¿Sí, por qué? —murmuraba una margarita a su vecina, con voz dulce y tenue.
—Está llorando por una rosa roja —explicó el Ruiseñor.
—¿Por una rosa roja? —exclamaron las otras en coro. ¡Qué ridiculez!
La lagartija, que era un poco cínica, se puso a reír a carcajadas. Sólo el Ruiseñor comprendía el secreto de la pena del Estudiante y, posado silenciosamente en la encina, meditaba sobre el misterio del amor.
Por último, desplegó sus alas oscuras y se elevó en el aire. Cruzó como una sombra a través de la avenida, y como una sombra se deslizó por el jardín.
En medio del prado había un magnífico rosal, y el Ruiseñor voló hasta posársele en una de sus ramas.
—Necesito una rosa roja —le dijo. Dámela y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su ramaje.
—Mis rosas son blancas —le contestó—, como la espuma del mar y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve donde mi hermana que crece al lado del viejo reloj de sol, y puede ser que ella te proporcione la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló hacia el gran rosal que crecía junto al viejo reloj de sol.
—Dame una rosa roja —le dijo—, y te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
—Mis rosas son amarillas —contestó—, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar, y más amarillas que el Narciso que florece en el prado. Pero anda a ver a mi hermano, que crece al pie de la ventana del Estudiante, y quizás él pueda darte la flor que necesitas.
El Ruiseñor voló entonces hasta el viejo rosal que crecía al pie de la ventana del Estudiante.
—Dame una rosa roja —le dijo—, y yo te cantaré mi canción más dulce.
Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
—Rojas son, en efecto, mis rosas —contestó—; tan rojas como las patas de las palomas, y más rojas que los abanicos de coral que relumbran en las cavernas del océano. Pero el invierno heló mis venas, y la escarcha marchitó mis capullos, y la tormenta rompió mis ramas y durante todo este año no tendré rosas rojas.
—Una rosa roja es todo lo que necesito —exclamó el Ruiseñor—; ¡sólo una rosa roja! ¿No hay manera alguna de que la pueda obtener?
—Hay una manera —contestó el rosal—, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtela.
—Dímela —repuso el Ruiseñor—. Yo no me asustaré.
—Si quieres una rosa roja —dijo el rosal—, tienes que construirla con tu música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu corazón. Debes cantar con tu pecho apoyado sobre una de mis espinas. Debes cantar toda la noche, hasta que la espina atraviese tu corazón y la sangre de tu vida fluirá en mis venas y se hará mía…
—La propia muerte es un precio muy alto por una rosa roja —murmuró el Ruiseñor—, y la vida es dulce para todos. Es agradable detenerse en el bosque verde y ver al sol viajando en su carroza de oro y a la luna en su carroza de perlas. Es muy dulce el aroma del espino, y también son dulces las campanillas azules que crecen en el valle y los brezos que florecen en el collado. Sin embargo, el Amor es mejor que la vida, y, por último, ¿qué es el corazón de un ruiseñor comparado con el corazón de un hombre enamorado?
Y, desplegando sus alas oscuras, el ruiseñor se elevó en el aire, cruzó por el jardín como una sombra, y como una sombra se deslizó a través de la avenida.
El Estudiante seguía echado en la hierba, como lo había dejado; y las lágrimas no se secaban en sus anchos ojos.
—¡Alégrate! —le gritó el Ruiseñor—. ¡Siéntete dichoso, porque tendrás tu rosa roja! Yo la construiré con mi música, a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo único que pido en cambio, es que seas un verdadero amante, porque el Amor es más sabio que la Filosofía, por muy sabia que ésta sea, y es más poderoso que la Fuerza, por muy fuerte que ella sea. Las alas del Amor son llamas de mil tonalidades, y su cuerpo es del color del fuego. Sus labios son dulces como la miel, y su aliento es como la mirra silvestre.
El Estudiante levantó la vista de la hierba y escuchó, pero no comprendió lo que decía el Ruiseñor, porque él sólo podía entender lo que estaba escrito en los libros.
En cambio, la encina comprendió y se puso a balancear muy tristemente, porque sentía un hondo cariño por el pequeño Ruiseñor que había construido el nido en sus ramajes.
—Cántame, por favor, una última canción —le susurró la encina—, porque voy a sentirme muy sola cuando te hayas ido.
Y el Ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que cae de una jarra de plata.
Cuando terminó la canción del Ruiseñor, se levantó el Estudiante y sacó del bolsillo un cuadernito y un lápiz.
—He de admitir que ese pájaro tiene estilo —se dijo a sí mismo caminando por la alameda—, eso no puede negarse; pero ¿acaso siente lo que canta? Temo que no, debe ser como tantos artistas, puro estilo y nada de sinceridad. Jamás se sacrificaría por alguien, piensa solamente en música y ya se sabe que el arte es egoísta. Sin embargo, debo reconocer que su voz da notas muy bellas. ¡Lástima que no signifiquen nada, o que no signifiquen nada importante para nadie!
Luego entró en su alcoba, y, echándose sobre su cama, comenzó de nuevo a pensar en su amor. Después de unos momentos se quedó dormido.
Cuando la luna alumbró en los cielos, el Ruiseñor voló hacia el rosal, y apoyó su pecho sobre la mayor de las espinas. Toda la noche estuvo cantando con el pecho contra la espina, y la luna fría y cristalina se inclinó para escuchar. Toda la noche estuvo cantando así apoyado, y la espina se hundía más y más en su carne y la sangre de su vida se derramaba en el rosal.
Cantó primero al nacimiento del Amor en el corazón de los adolescentes. Entonces, en la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo como canción tras canción. Al principio era pálida, como la niebla que flota sobre el río; pálida como los pies de la mañana y plateada como las alas de la aurora. La rosa que floreció en la rama más alta del rosal era como el reflejo de una rosa en un cáliz de plata, era como el reflejo de una rosa en espejo de agua.
El rosal le gritó al Ruiseñor para que apretara más su pecho contra la espina.
—¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o el día llegará antes de haber terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más contra la espina, y más y más creció su canto porque ahora cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un joven y de una virgen.
Y un delicado rubor comenzó a cubrir las hojas de la rosa, como el rubor que cubre las mejillas del novio cuando besa los labios de su prometida.
Pero la espina no llegaba todavía al corazón del corazón, y el corazón de la rosa permanecía blanco, porque sólo la sangre de un ruiseñor puede enrojecer el corazón de una rosa.
Y el rosal le gritó al Ruiseñor para que se apretara más aún contra la espina.
—¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o llegará el día antes de haber terminado de fabricar la rosa!
Y el Ruiseñor se apretó más aún contra la espina, y la espina al fin le alcanzó el corazón. Un terrible dolor lo traspasó. Más y más amargo era el dolor, y más y más impetuosa se hacía su canción, porque ahora cantaba el Amor sublimado por la muerte, el Amor que no puede aprisionar la tumba.
Y la rosa del rosal se puso camersí como la rosa del cielo del Oriente. Su corona de pétalos era púrpura como es purpúreo el corazón de un rubí.
La voz del Ruiseñor ya desmayaba, sus alitas comenzaron a agitarse, y una nube le cayó sobre sus ojos. Su canto desmayaba más y más, y sentía que algo le obstruía la garganta.
Entonces tuvo una última explosión de música. Al oírla la luna blanca se olvidó del alba y se demoró en el horizonte. Al oírla la rosa roja tembló de éxtasis y abrió sus pétalos al frescor de la mañana. El eco llevó la canción a la caverna de las montañas, y despertó a los pastores dormidos. Luego navegó entre los juncos del río que llevaron el mensaje hasta el mar.
—¡Mira, mira —gritó el rosal—, la rosa ya está terminada!
Pero el Ruiseñor no contestó, porque estaba muerto con la espina clavada en su corazón.
Ya era eso del mediodía cuando despertó el Estudiante; abrió la ventana y miró hacia afuera.
—¡Caramba, qué maravillosa visión! —exclamó—. ¡Una rosa roja! En mi vida he visto una rosa semejante. Es tan hermosa que estoy seguro que tiene un nombre muy largo en latín.
Se inclinó por el balcón y la cortó.
En seguida se caló el sombrero, y con la rosa en la mano, corrió a la casa del profesor.
La hija del profesor estaba sentada cerca de la puerta, devanando una madeja de seda azul, con su perrito a los pies.
—Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja —exclamó el Estudiante—. Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. Esta noche la prenderás sobre tu corazón y como bailaremos juntos podré decirte cuánto te amo.
Pero la jovencita frunció el ceño.
—Me temo que no va a hacer juego con mi vestido nuevo —repuso—, Y, además el sobrino del Chambelán me envió unas joyas de verdad, y todo el mundo sabe que las joyas son más caras que las flores.
—Eres una ingrata incorregible —dijo agriamente el Estudiante, y tiró con ira la rosa al arroyo donde un carro la aplastó al pasar.
—¿Ingrata? —dijo la muchacha—. Yo te digo que eres un grosero. ¿Qué eres tú, después de todo? Sólo un estudiante, y ni siquiera creo que lleves hebillas de plata en los zapatos, como lo hace el sobrino del Chambelán.
Y muy altanera se metió en su casa.
—¡Qué cosa más estúpida es el Amor! —se dijo el Estudiante mientras caminaba—. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no demuestra nada y le habla a uno siempre de cosas que no suceden nunca, y hace creer verdades que no son ciertas. En realidad no es nada práctico, y como en estos tiempos ser práctico es serlo todo, volveré a la Filosofía y al estudio de la Metafísica.
Y al llegar a su casa, abrió un libro lleno de polvo, y se puso a leer.

Oscar Wilde