Etiquetado: el Diablo Mostrar/Ocultar Comentarios | Atajos de teclado

  • viva el Mon1Apr19 Permalink
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    ¡Ojo con las banderas, que las pinta el diablo!

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  • viva el Thu28Apr16 Permalink
    Etiquetas: el Diablo,   

    Cuando el diablo no tiene nada que hacer… 

    Cuando el diablo no tiene nada que hacer con el rabo mata Hitler’s.

     
  • viva el Thu8Jan15 Permalink
    Etiquetas: el Diablo   

    Huye como alma que lleva el diablo de… 

    Huye como alma que lleva el diablo de las tierras fértiles en profetas.

     
  • viva el Thu7Mar13 Permalink
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    El diablo cuando está satisfecho es buena… 

    “El diablo, cuando está satisfecho, es buena persona”
    ( no me acuerdo de quién es esta cita, pero me gustó mucho porque… ¿ cuándo está satisfecho el diablo?)

     
  • viva el Sun7Oct12 Permalink
    Etiquetas: el Diablo   

    La asociación internacional de moscas adquiere una play… 

    La asociación internacional de moscas adquiere una play station para el diablo, “nos tenía hasta el rabo de su idem”.

     
  • viva el Sun21Nov10 Permalink
    Etiquetas: , , el Diablo,   

    EL DIABLO COJUELO 

    Yo soy las pulgas del infierno, la chisme, el enredo, la usura, la mohatra; yo truje al mundo la zarabanda, el déligo, la chacona, el bullicuzcuz, las cosquillas de la capona, el guiriguirigay, el zambapalo, la mariona, el avilipinti, el pollo, la carretería, el hermano Bartolo, el carcañal, el guineo, el colorín colorado; yo inventé las pandorgas; las jácaras, las papalatas, los comos, las mortecinas, los títeres, los volatines, los saltambancos, los maesecorales, y, al fin, yo me llamo el Diablo Cojuelo.

     
  • viva el Sun21Nov10 Permalink
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    yo soy las pulgas del infierno la chisme… 

    yo soy las pulgas del infierno, la chisme, el enredo, la usura, la mohatra; yo truje al mundo la zarabanda, el déligo, la chacona, el bullicuzcuz, las cosquillas de la capona, el guiriguirigay, el zambapalo, la mariona, el avilipinti, el pollo, la carretería, el hermano Bartolo, el carcañal, el guineo, el colorín colorado; yo inventé las pandorgas; las jácaras, las papalatas, los comos, las mortecinas, los títeres, los volatines, los saltambancos, los maesecorales, y, al fin, yo me llamo el Diablo Cojuelo.

    El diablo cojuelo

     
  • viva el Sun11May08 Permalink
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    Para Xarleen 

    Tu aliento me sostiene en este bosque frío,
    oh blanca muchacha de los cielos xarleenes.
    En tu monte de Venus cohabitará mi mano
    con los memes sin nombre de mis labios
    y, en mis brazos, tu sexo cesará de su lucha;
    yo escucharé el poema de tus labios vaginales
    mientras el diablo en la Gloria
    sufrirá los terribles tormentos
    por no poder dormir en tus pechos,
    esas dunas de arena y erótica luz
    que aborrecen la fétida sopa.

     
  • viva el Wed14Feb07 Permalink
    Etiquetas: , , , , , , , , , , , el Diablo, , , el Eremita, el Juglar, , , , , , , , , , , , , , , la Emperatriz, , , , , la Torre herida por el rayo, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,   

    TAROT 

    La fuerza del Tarot reside no tanto en su capacidad de explicar y predecir, cuanto en su capacidad para crear combinaciones de historias y universos. En ese sentido es más parecido a un complejo mecano infantil, un juguete para construir mundos, objetos e interpretaciones que un sistema de explicación universal -como muchos de sus estudiosos han pretendido. Que, a veces, la realidad se parezca al Tarot no es una refutación de lo dicho sino, muy al contrario, la confirmación de que la realidad también es una combinación aleatoria de elementos como lo es el propio Tarot. Personalmente prefiero, al igual que Italo Calvino, utilizarlo como juego para la creación literaria que como instrumento profético o interpretativo. Véase, como ejemplo de su potencia creativa, su mapa de conceptos, que permitió a Temístocles de Alejandría llenar cientos de papiros enrollados, por desgracia hoy perdidos, y que yo, el judío errante, leí con avidez de adolescente mientras permanecí como discípulo suyo.

    Acróbata, el Ahorcado, el Carro, Color positivo-negativo, Destrucción, el Diablo, Dodecanario, el Emperador, la Emperatriz, el Enamorado, el Eremita, las Estrellas, la Fuerza, Gran Sacerdote, Gran Sacerdotisa, Imagen del mundo, Inversión, el Juglar, el Juicio, la Justicia, Lámpara, Letras, el Loco, la Luna, la Muerte, el Mundo, Naipes, Nudo, Números, Ojo, la Rueda de la Fortuna, Simbolismo fonético, el Sol, Sombrero, la Templanza, Torre, la Torre herida por el rayo, Zodíaco

     
  • viva el Tue6Feb07 Permalink
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    Alacena 

    El diablo tiene una surtida alacena de chorizos.

     
  • viva el Mon18Dec06 Permalink
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    CONDENADO 

    Sí, cualquiera podía callarme. Bastaba un tímido chisporroteo al saludar y algo me atenazaba, ya no reía. Como si contemplara vergeles de cadáveres en una luna de plata. Pero ahora grito y es distinto. Arrastro mi voz, acaso reencontrada, desde esta playa… por todo el continente, como haré cuando, de cerca, me ofrezca sus rezagadas odas, esos juegos de palabras en los que antes pedía socorro con deletéreos estertores… Pero yo, yo, yo… escapé, por eso lo relato. Me matarán sin compasión, pero será otro día, lo presiento. Entonces escapé. Ya no son nuestras esas voces. Lejanas quedan, son sólo ecos que nos espían desde el monte. Nada conseguiremos quejándonos. Nuevos gustos -que nada nos gustan- nos distraen. Y es necesario actuar, no ser cerrados, incluso bajo el suplicio de los torbellinos de su aliento. Mientras llegan, me daré un baño, volveré a reescribir esta crónica inspirada por el diablo. Ya es suficiente con estas cruzadas del desenfreno. Que no seamos vistos con aquellas necias de nuevo me reconforta.

     
  • viva el Mon18Dec06 Permalink
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    CONDENADOS (4) 

    Sí, cualquiera podía callarme. Bastaba un tímido chisporroteo al saludar y algo me atenazaba, ya no reía. Como si contemplara vergeles de cadáveres en una luna de plata. Pero ahora grito y es distinto. Arrastro mi voz, acaso reencontrada, desde esta playa… por todo el continente, como haré cuando, de cerca, me ofrezca sus rezagadas odas, esos juegos de palabras en los que antes pedía socorro con deletéreos estertores… Pero yo, yo, yo… escapé, por eso lo relato. Me matarán sin compasión, pero será otro día, lo presiento. Entonces escapé. Ya no son nuestras esas voces. Lejanas quedan, son sólo ecos que nos espían desde el monte. Nada conseguiremos quejándonos. Nuevos gustos -que nada nos gustan- nos distraen. Y es necesario actuar, no ser cerrados, incluso bajo el suplicio de los torbellinos de su aliento. Mientras llegan, me daré un baño, volveré a reescribir esta crónica inspirada por el diablo. Ya es suficiente con estas cruzadas del desenfreno. Que no seamos vistos con aquellas necias de nuevo me reconforta.

    visité unum.

     
  • viva el Mon18Dec06 Permalink
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    Sí, cualquiera podía callarme 

    Sí, cualquiera podía callarme. Bastaba un tímido chisporroteo al saludar y algo me atenazaba, ya no reía. Como si contemplara vergeles de cadáveres en una luna de plata. Pero ahora grito y es distinto. Arrastro mi voz, acaso reencontrada, desde esta playa… por todo el continente, como haré cuando, de cerca, me ofrezca sus rezagadas odas, esos juegos de palabras en los que antes pedía socorro con deletéreos estertores… Pero yo, yo, yo… escapé, por eso lo relato. Me matarán sin compasión, pero será otro día, lo presiento. Entonces escapé. Ya no son nuestras esas voces. Lejanas quedan, son sólo ecos que nos espían desde el monte. Nada conseguiremos quejándonos. Nuevos gustos -que nada nos gustan- nos distraen. Y es necesario actuar, no ser cerrados, incluso bajo el suplicio de los torbellinos de su aliento. Mientras llegan, me daré un baño, volveré a reescribir esta crónica inspirada por el diablo. Ya es suficiente con estas cruzadas del desenfreno. Que no seamos vistos con aquellas necias de nuevo me reconforta.

    visité unum.

     
  • viva el Fri27Oct06 Permalink
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    DIEZ BILLONES DE CUENTOS (gugolcuento) 

    He rescatado de la Biblioteca de Babel un famosísimo cuento que su autor perdió en un naufragio. El problema es que sus frases están arbitrariamente ordenadas de forma alfabética. Las combinaciones, variaciones o permutaciones* de las frases de este cuento dan lugar a la inimaginable cifra del título de este post (creo, pues las matemáticas no son mi fuerte). He puesto a mi ordenador a trabajar para ir combinando estas frases hasta dar con el original, pero según mis cálculos habré muerto cuando acabe. Estoy desesperado. No puedo abordar tal tarea yo solo. Abatido por esa desalentadora perspectiva, únicamente se me ocurre acudir a vosotros para que me ayudéis en esta ingente tarea. Estas son las frases:

    A la madrastra no le gustaban los niños
    Aquel día tuvo un sueño revelador
    Aquello le recordó el brillo de las estrellas
    Después de adentrarse profundamente
    Dibujando en la pared con maestría
    El ruido de furias gobernantas
    El viento soplaba sobre el lago
    Estaba manchado de sangre
    Estaban como locos
    –Este amuleto es perfecto–exclamó sonriente.
    La Iglesia de Cristo
    Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí
    Las frutas maduras cayeron al suelo
    Le dio una palmada y despertó sobresaltado.
    Le explicó lo que estaba pasando
    Lo llevó al pozo para lavarlo
    –Lo sentimos, pero hay que obedecer– decía.
    Mientras ellas permanecían paralizadas,
    No hay abrazo más fatal que el de la tierra
    No le cabe la polla entre sus dientes de conejo
    Nos quedaremos sordos
    Pensó: “Aquí se puede descansar”.
    Pero ellos continuaban sin parar
    Se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa
    Si todas las hormigas se ponen a cantar
    Subió al bote y remó durante horas
    Un día, el más largo del verano,
    Un miasmático señor
    –Ya se han marchado–dijo.

    Por favor, ayudad a esta alma en pena a encontrar el cuento original -o al menos alguno que pueda pasar por tal- antes de mi muerte!
    PODÉIS PASARLO COMO MEME, A VER SI ALGUIEN ENCUENTRA EL ORIGINAL Y ME LO ENVÍA. ¡OS DOY CIEN TRILLONES DE GRACIAS DE ANTEMANO!

    * Nota añadida el 7.12.06:
    Un amigo, al que llaman El diablo de los números y cuyo nombre real es Hans Magnus Enzensberger, me ha dicho que el cálculo correcto es hallar el factorial de veintinueve, 29! (él lo llama ¡veintinueve pum!) y según mi calculadora el resultado es 8.8e+30, es decir casi un 9 seguido de 30 ceros.

     
    • jazz el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

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    • jazz el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      según mis cálculos son cien mil trillones de cuentos ¿no?

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Bueno, ya dije que no es lo mío la matemática, pero entre esos cien mil trillones -¡qué barbaridad! ¿seguro?- se encuentra el cuento original que estoy buscando. Ayudadme!

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    • Purificación Ávila el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

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    • Purificación Ávila el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Bueno, bueno, este reto me gusta! Si son cien mil trillones de cuentos no acabaremos nunca. ¿Y cómo sabemos cual es el correcto de esa enormidad de cuentos posibles?

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    • BlogsiAna el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

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    • BlogsiAna el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Me he divertido con estas frases, posteo el relato en mi blog.

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    • lraggio el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

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      esto no va a ser nada facil, pero aqui estoy ya trabajando para que algo salga…

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Francamente, yo creo que eso será lo más fácil, Alicia.

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    • Ahasvero el Vie27Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

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      BlogsiAna, así me gusta, el que da primero, da dos veces!

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    • xalernita el Dom29Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

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    • xalernita el Dom29Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      acepto el reto pese a que el akismet quiera interponerse xD

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    • Ahasvero el Lun30Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

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    • Ahasvero el Lun30Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Efectivamente, xalernita, el akismet se interpone en nuestras vidas. Gracias por aceptar el reto. Me imagino que harás un despliegue informático del tipo Proyecto SETI. ¡Vamos, digo yo!

      Gracias Lorenzo, seguro que algo sale… o se sale.

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    • carlos el Mar31Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

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    • carlos el Mar31Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      ¡SIN CUENTA!….. cuentos ,como las estrellas que son más.
      me encantó.

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    • lraggio el Mar31Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

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    • fontfranch el Mie1Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

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    • fontfranch el Mie1Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Ala, ya está, me ha costado pero por fin. Espero que os guste y si no, mira ¿qué le vamos a hacer? :-).

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    • Ahasvero el Mie1Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Voy volando a verlo!

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    • Ahasvero el Mie1Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Voy volando a verlo!

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    • Avery el Dom12Oct08 Permalink | Inicia sesión para responder

      no te quedes con el personal

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    • viva el Jue24Nov11 Permalink | Inicia sesión para responder

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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    • viva el Jue24Nov11 Permalink | Inicia sesión para responder

      Esta es la versión de blogsiana:

      “El ruido de furias gobernantas

      Enrique era mi único amigo en la escuela. Compartíamos, entre otras cosas, el mismo estigma de condenados: yo algo ruda y él claramente amanerado. En los pasillos nos gritaban “¡homosexuales!”, como si la sola palabra bastara para desatar el infierno sobre nosotros. Éramos tan ingenuos, que tuvimos que buscar la palabra en un diccionario. El conocimiento del significado, lejos de escandalizarnos, nos dio una extraña serenidad. Casi sonreía cuando escuchaba el término a mis espaldas. Nuestra escuela estaba afiliada a la Iglesia de Cristo. Papá me animaba con su guitarra, cantando estrofas de héroes que encontraron su vocación entre las torturas y peculiaridades del colegio católico: “Lanzad a inocentes y lánguidos poetas allí y forjaréis espíritus indomables”. Papá era trovador de noche y de día arreglaba el jardín de Enrique. Mamá aseaba la mansión y a cambio vivíamos en la choza de servicio a espaldas. Sus salarios de mozos ayudaban a pagar la parte de la colegiatura que la beca no cubría. Era caro estudiar en un colegio católico, pero ante los ojos de mis padres me aseguraba un futuro brillante y la entrada al círculo de Enrique. A mí su círculo me parecía triste. Su madre había muerto durante el parto y su padre, un miasmático señor, murió una década después. La única familia de Enrique era Sara, su hermana mayor. Y la madrastra, por supuesto.

      Enrique y yo solíamos caminar juntos de regreso a casa y jugábamos bobadas en el jardín hasta que el invierno nos encerraba en la mansión. Una tarde en que la nieve caía ligera como talco sobre la ventana, la madrastra de Enrique regresó antes de tiempo y nos sorprendió dibujando en la pared con maestría. Era nuestra travesura secreta, separar el sofá del muro y trazar figuras desnudas sobre la superficie blanca. La madrastra, furiosa, le soltó a Enrique una bofetada, luego otra. Yo grité, Enrique gritó, la madrastra gritó y yo pensé, “Nos quedaremos sordos.” Entonces apareció Sara. La madrastra hizo una pausa y le explicó lo que estaba pasando. A Sara le brincó el párpado derecho, un tic que confirmaba su enojo extremo. Enrique estaba manchado de sangre. Sara lanzó una mirada fulminante a la madrastra y sin decir palabra, nos sacó de escena a Enrique y a mi tomándonos de la mano.

      Vé con tus papás, Ana. – me dijo suavemente al oído y a Enrique lo llevó al pozo para lavarlo.

      El agua helada calmó la herida del labio y las lágrimas, se llevó consigo la sangre y entumeció los sentimientos. Yo, desobedeciendo, los espiaba detrás de un árbol. Estaba enamorada de Sara, con ese primer suspiro de una cabeza que apenas alcanza a entender el fuego que arde entre las piernas. También me ardía la garganta con las frases que no sabía pronunciar. Luego de un rato, los hermanos se retiraron de la nieve hacia la mansión. Sara dejó la luz de su recámara encendida y no durmió hasta que ya amanecía. Lo sé porque pasé la noche observando su ventana desde el jardín. Aquel día tuvo un sueño revelador. Lo sé porque Enrique me lo contó. Era de madrugada, Enrique aún dormía, pero Sara le dio una palmada y despertó sobresaltado al encontrarse con el rostro endurecido de su hermana.

      A la hora del desayuno, la madrastra se sentó a la mesa como si nada. Mandó a mamá por mí para que me les uniera en son de paz. Tomamos nuestros asientos y la madrastra se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa y besó a Sara en los labios. La sangre me calentó la cabeza a pesar del frío. Después la bruja tocó con un dedo la herida de Enrique y también lo besó en los labios, cosa que lo obligó a hacer una mueca de asco contenido. No estaba acostumbrado a las caricias, como Sara. A la madrastra no le gustaban los niños, eso lo sabíamos bien. Desde que enviudó, sólo le gustaban las niñas como Sara y algunas mujeres que a veces la visitaban para jugar canasta y pasar la noche entre copas. La madrastra sirvió el té y pasó las tazas.

      Lo sentimos, pero hay que obedecer, – decía la madrastra durante el desayuno como justificación a la paliza del día anterior.

      Sara murmuró en respuesta, “Si todas las hormigas se ponen a cantar….”

      ¿Qué dices, Sara?- preguntó la madrastra.

      Que todas las reglas se deben acatar, – respondió.

      La madrastra asintió visiblemente complacida y le acarició la pierna por debajo de la mesa. A mi casi se me tira el té sobre el mantel. Los hermanos terminaron el desayuno, yo no tenía hambre por culpa de los celos. Nos disculpamos y partimos hacia la escuela. Un vínculo se había formado entre nosotros para resistir la tiranía del mundo adulto. Esa noche, la madrastra se ausentó en una de sus cenas de sociedad. Sara aprovechó para tocar a mi ventana por primera vez. Entre susurros, me convenció de escabullirme y seguirla. El corazón me golpeaba las costillas marcando mis pasos acelerados hasta su recámara. Ahí me desnudó con habilidad y besó hasta el titubeo más mínimo que habitaba mi cuerpo. Cada gota de sudor sobre mi piel le juró pasión infinita. La luz de la luna se reflejó en nuestros cuerpos en un destello breve. Aquello le recordó el brillo de las estrellas y me abrazó contra su pecho. “Tienes el cuerpo cubierto de estrellas,” me dijo al oído y yo le creí. Así pasamos el invierno, llegó la primavera, luego el verano y las frutas maduras cayeron al suelo. Yo tenía los ojos llenos de Sara. Mi ropa interior estaba impregnada de Sara. Después de adentrarse profundamente en mi cuerpo, Sara controlaba mi voluntad con una precisión exquisita y perturbadora. Sus dedos manipulaban los hilos de mis hormonas, hilos que movían la marioneta de mi vida al compás de sus deseos. A Enrique no le molestaba nuestro amorío. “Mejor tú que la madrastra,” decía. Yo era parte instrumental en el plan de los hermanos: amiga de uno y amante de la otra. Tenían mi lealtad asegurada.

      Se acercaban mis quince años y papá había ofrecido darme un regalo especial. Sin titubear, le pedí un bote. Algo pequeño bastaría, para tres o cuatro personas. Estaba bien si era de remos. Modesto, pero seguro. Papá se mostró aliviado de que no le pidiese la tradicional fiesta con baile y chambelanes. Era hábil con la madera: cortó, pegó, lijó y pintó una linda lancha para mi. Festejamos mi cumpleaños con el primer paseo. El bote se deslizaba ligero por el lago. Papá lo amarró a un sauce llorón que lo ocultaba parcialmente sin sacarlo del agua.

      Aquí no lo robarán y podrás usarlo cuando quieras, – me aseguró.

      Esa noche, las amigas de la madrastra fueron a la mansión a jugar canasta. Enrique y yo disolvimos somníferos en las jarras de ponche que les servíamos. Las mujeres tardaron un par de horas en retirarse tambaleantes a los dormitorios y se desplomaron en la cama. Mientras ellas permanecían paralizadas por los somníferos, entramos armados de cuerdas y mordaza. Con la destreza de las arañas, envolvimos a la madrastra en un capullo. La sacamos de la mansión en la carretilla que mi papá utilizaba en sus labores de jardinero. El viento soplaba sobre el lago. Entre los tres, logramos trepar al gusano de mecate que era la madrastra. Sara desató las amarras, subió al bote y remó durante horas. Parecía una máquina indestructible, con la determinación humedeciéndole la frente. Llegamos a la otra orilla, un lugar solitario que habíamos escogido para cavar el hoyo unos dias antes. La madrastra, ya despierta por el trayecto, se retorcía intentando liberarse. La bajamos a empujones y la rodamos hasta el borde del agujero. Sara tomó un tubo de metal especialmente embelesado para la ocasión. Lo había pulido con esmero y brillaba.

      Este amuleto es perfecto – exclamó sonriente al tiempo que elevaba la vara a la usanza de las sacerdotisas antes del sacrificio. – Quique, ¡quítale la mordaza! ¡Quiero que chille como la cerda que es!

      Enrique obedeció y la madrastra separó los labios, aspiró una bocanada y soltó un alarido. Sara intentó meterle el tubo por la boca para silenciarla, pero era demasiado grueso.

      No le cabe la polla entre sus dientes de conejo, – se rió a carcajadas.

      Yo la miraba entre fascinada y horrorizada, sin poderme mover. Entonces cayó el primer golpe, luego el segundo, y siguió la ronda. Enrique pateaba mientras Sara propinaba palos. Estaban como locos. El cuerpo de la madrastra estaba ya inerte, pero ellos continuaban sin parar. Cuando se cansaron, rodaron el cadáver hacia el agujero. Echamos la tierra encima son las manos. Sara hablaba como en un trance, repetía las palabras que escuchó en sueños: “Si todas la hormigas se ponen a cantar, no hay abrazo más fatal que el de la tierra.“

      Nos lavamos en el lago e iniciamos el retorno. Esta vez, Enrique y yo alternamos en los remos. Sara miraba el cielo recostada sobre el bote. Respiró lento y en voz alta pensó, “Aquí se puede descansar.” La tomé de la mano y miré a Enrique. Nunca su sonrisa fue tan amplia. Llegamos a casa empapados y temblorosos. Mamá nos recibió con té caliente y toallas.

      ¿Y las señoras? – preguntó Sara.

      Ya se han marchado, – dijo mi madre.

      Así transcurrió un día, el más largo del verano.”

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    • VIVA el Mie14Jun17 Permalink | Inicia sesión para responder

      EMMMMM

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    • VIVA el Mie14Jun17 Permalink | Inicia sesión para responder

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  • viva el Fri29Sep06 Permalink
    Etiquetas: , el Diablo, , ,   

    Reía… 

    —Me lo cortaron, me lo cortaron —se decía, y reía entusiasmado…

    Salío calle abajo con el brazo al hombro. Alguien aquella mañana le prometió la gloria de los poetas.

    —Sí, quizás un pacto con el diablo… —pensaba. Y, sin pensarlo mucho, se dirigió a él…

    —¿A cambio..? Ah..! pero ¿hay que dar algo a cambio?
    —¿Te acuerdas de Cervantes? —dice el diablo.
    —Yo era muy pequeñito…
    —Pues a él también le pedí su brazo a cambio de la gloria eterna.
    —Está bien… estoy dispuesto, me aguarda el mundo.

    Salió calle abajo con el brazo al hombro. Y reía… reía… reía.

     
    • Luxumei de Patagonia* el Vie29Sep06 Permalink | Inicia sesión para responder

      buta que es bueno haberles encontrado, qué bien escriben, que bellos y bellas me los imagino…yo le ofrezco al diablo mi lengua…¿querrá?

      sky: muy bell@s no somos, nosotros ofrecimos al diablo nuestras cabezas…
      saludos

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    • Luxumei el Vie29Sep06 Permalink | Inicia sesión para responder

      qué bien escriben, qué bueno divisarlos con este catalejo, distancia, distancia….

      yo le ofrezco en vez de un brazo mi lengua al diablo, me haría un gran favor…además de hacerme de la gloria eterna aunque la eternidad me espanta. ¿querrá?

      sky: el Ahasvero sabe lo espantosa que es… pero…. tú prueba

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    • Luxumei* el Vie29Sep06 Permalink | Inicia sesión para responder

      qué bien escriben, qué bueno divisarlos con este catalejo, distancia, distancia….

      yo le ofrezco en vez de un brazo mi lengua al diablo, me haría un gran favor…además de hacerme de la gloria eterna aunque la eternidad me espanta. ¿querrá?

      sky: el Ahasvero sabe lo espantosa que es… pero…. tú prueba

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    • blood el Lun2Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Dediqué un tiempo a leer no sólo tus haikus sino también tus cuentos y las otras páginas… Realmente admirable tu sentido sarcástico y mordaz para encarar los temas, envidiable… Ah, y gracias por colocarme en “microliteratura”. No sé qué significa, pero gracias igual…

      Saludos sangrientos

      Blood

      PS: yo veré a quién le corto algo para hacer el trato; algo sobre tratos publiqué en Doctor Blood, por si te interesa…

      sky:
      Gracias por vista y comentarios, Blood. Me pasé por tu blog y no encuentro eso que dices, seguiré buscando.

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    • Blood* el Lun2Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Dediqué un tiempo a leer no sólo tus haikus sino también tus cuentos y las otras páginas… Realmente admirable tu sentido sarcástico y mordaz para encarar los temas, envidiable… Ah, y gracias por colocarme en “microliteratura”. No sé qué significa, pero gracias igual…

      Saludos sangrientos

      Blood

      PS: yo veré a quién le corto algo para hacer el trato; algo sobre tratos publiqué en Doctor Blood, por si te interesa…

      sky:
      Gracias por vista y comentarios, Blood. Me pasé por tu blog y no encuentro eso que dices, seguiré buscando.

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    • blood el Lun2Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Veo por los comentarios que no “eres” sino “son”. Bueno, pluralicen todo lo que escribí…

      sky:
      Eso depende de los días, hay días que me siento multitud y otros nadie.

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    • Blood* el Lun2Oct06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Veo por los comentarios que no “eres” sino “son”. Bueno, pluralicen todo lo que escribí…

      sky:
      Eso depende de los días, hay días que me siento multitud y otros nadie.

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  • viva el Fri29Sep06 Permalink
    Etiquetas: , el Diablo,   

    Reía… 

    Me lo cortaron, me lo cortaron -se decía- y reía entusiasmado…

    Salío calle abajo con el brazo al hombro. Alguien aquella mañana le prometió la gloria de los poetas. Sí, quizás un pacto con el diablo -pensaba. Y, sin pensarlo mucho, se dirigió a él…

    -¿A cambio? Ah! pero ¿hay que dar algo a cambio?
    -¿Te acuerdas de Cervantes? -dice el diablo.
    -Yo era muy pequeñito…
    -… Pues a él también le pedí su brazo a cambio de la gloria eterna.
    -Está bien… estoy dispuesto, me aguarda el mundo.

    Salió calle abajo con el brazo al hombro. Y reía… reía… reía.

     
  • viva el Fri29Sep06 Permalink
    Etiquetas: , el Diablo,   

    Reía… 

    Me lo cortaron, me lo cortaron -se decía- y reía entusiasmado…

    Salío calle abajo con el brazo al hombro. Alguien aquella mañana le prometió la gloria de los poetas. Sí, quizás un pacto con el diablo -pensaba. Y, sin pensarlo mucho, se dirigió a él…

    -¿A cambio? Ah! pero ¿hay que dar algo a cambio?
    -¿Te acuerdas de Cervantes? -dice el diablo.
    -Yo era muy pequeñito…
    -… Pues a él también le pedí su brazo a cambio de la gloria eterna.
    -Está bien… estoy dispuesto, me aguarda el mundo.

    Salió calle abajo con el brazo al hombro. Y reía… reía… reía.

     
  • viva el Fri29Sep06 Permalink
    Etiquetas: , el Diablo,   

    Reía… 

    Me lo cortaron, me lo cortaron -se decía- y reía entusiasmado…

    Salío calle abajo con el brazo al hombro. Alguien aquella mañana le prometió la gloria de los poetas. Sí, quizás un pacto con el diablo -pensaba. Y, sin pensarlo mucho, se dirigió a él…

    -¿A cambio? Ah! pero ¿hay que dar algo a cambio?
    -¿Te acuerdas de Cervantes? -dice el diablo.
    -Yo era muy pequeñito…
    -… Pues a él también le pedí su brazo a cambio de la gloria eterna.
    -Está bien… estoy dispuesto, me aguarda el mundo.

    Salió calle abajo con el brazo al hombro. Y reía… reía… reía.

     
  • viva el Fri29Sep06 Permalink
    Etiquetas: , el Diablo,   

    Reía… 

    Me lo cortaron, me lo cortaron -se decía- y reía entusiasmado…

    Salío calle abajo con el brazo al hombro. Alguien aquella mañana le prometió la gloria de los poetas. Sí, quizás un pacto con el diablo -pensaba. Y, sin pensarlo mucho, se dirigió a él…

    -¿A cambio? Ah! pero ¿hay que dar algo a cambio?
    -¿Te acuerdas de Cervantes? -dice el diablo.
    -Yo era muy pequeñito…
    -… Pues a él también le pedí su brazo a cambio de la gloria eterna.
    -Está bien… estoy dispuesto, me aguarda el mundo.

    Salió calle abajo con el brazo al hombro. Y reía… reía… reía.

     
  • viva el Tue5Sep06 Permalink
    Etiquetas: el Diablo,   

    El diablo existe 

    El auténtico Maligno es el mal humor

     
  • viva el Mon17Jul06 Permalink
    Etiquetas: , el Diablo   

    Big Bang 

    Dios murió en el Big Bang pero el diablo debió quedar ileso.

     
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