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  • viva el Tue13Nov18 Permalink
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    Marzo 

    ¿Destino? ¿Almas gemelas? ¿Amor verdadero? ¿Aún vives en la Edad Media?
    Se llenó el cosmos de preguntas y quisimos responderlas a todas. No hay respuestas. Sólo preguntas. Sólo el vacío nos inunda.
    El problema es que no hay tiempo para todos los “Tú”. Y no todos los versos son de mármol, ni todos los pensamientos son pájaros.
    El roce de tu piel es como brisa fresca de verano. El brillo de tus ojos como el amanecer de un niño. Eres todo poesía en mi recuerdo.
    El goteo de luz de su mirada. Los profundos mares de su ausencia. La limosna de la yema de sus dedos. Los silencios oscuros de sus labios.
    Rozar tu piel y no alcanzarte es espejismo de locura. Y respirar el aire que respiras es como el fuego del desierto que me abrasa.
    Las penas flotan por ti en el mar de la distancia incomprensible y en el oscuro bosque de la ausencia como infinita niebla.
    Si amas la rosa en su frescura, aprenderás a amarla ya seca y marchita.
    Moriré de pena sin tu amor.
    Ese oscuro objeto de tuiteo eres tú.
    Inalcanzable como una estrella, tan distante como el fondo del mar, invisible como el aire, prácticamente nada…
    El esperpento de un esperpento es la realidad.
    Son fríos los cuchillos del amor como frío es el viento de esta tarde.
    No me sigas, no. No me sigas si no has venido a quedarte. Sólo el que se queda puede llenar el vacío… …para siempre.
    Qué bello el infinito abismo, oscuro y limpio como la muerte…
    Y el final del día es la ruina solitaria, la que queda tirada por el suelo, entre olvidados páramos y lágrimas de rocío en la hierba.
    HAIKU DE LA ROSA ENAMORADA De mi amor por ti, en sábanas perfumadas caerán los pétalos.
    Los amores se van como los días y la muerte no llega tan deprisa para olvidarlos a todos de repente.
    Cuando el pétalo de mi rostro se marchite, quiero morir escribiendo como la espina de quien muere matando.
    Vosotros que admiráis la belleza en el rostro, obviando el dolor de los desahucios interiores ¿Qué sabéis de belleza y de dolor?
    Se apagó el cigarro del día y para siempre será el cadáver y las cenizas de un poema. (A Leopoldo María Panero)
    Quiero besar la luna en tus labios.
    Tus labios tienen hoy brillo de luna.
    La melancolía es el arpa del corazón acorazado.
    Ama. Todo lo demás es etcétera.
    Mi destino es ser quien soy. ¿Se ha terminado el camino?
    Se llenó de tristeza el ojo enamorado, se llenó de amor el ojo triste.

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  • viva el Fri1Jun18 Permalink
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    CONFESIONES 5 

    raza quizá nueva calvero cálidos contemplación crueles describir humana bosque aunque Satán espero saqueadores ofrezco hespérides separé importancia quemará para promesas cielos acostumbraré comercio forzado doméstica cedido busca acabé mangas porvenir arrojo repugnancias caldo exasperada causa soñando rayo aparecía despreocupaciones limbos fogatas inspirado parte cizaña innobles parece embarcado trabajaré almita llegue bella descriptivas segura reina simple desvelar llama revoluciones vivir claridad noches sequé saberlo desesperación llaves separaciones letrero cazar senté país mío parar fumar tapándome pastores sufrimiento movimiento apenas fuera confiad armas holgazanes alegres

     
  • viva el Tue2Apr13 Permalink
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    DOCTOR 

    —Hemos perdido los análisis de su mujer y no sabemos si tiene SIDA o Alzheimer.
    —¿Y qué hago, doctor?
    —Déjela en un bosque, si regresa, no se la folle.

     
  • viva el Tue2Apr13 Permalink
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    —Hemos perdido los análisis de su mujer y… 

    —Hemos perdido los análisis de su mujer y no sabemos si tiene SIDA o Alzheimer.
    —¿Y qué hago, doctor?
    —Déjela en un bosque, si regresa, no se la folle.

     
  • viva el Sat12Jan13 Permalink
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    EXT. BOSQUE. DÍA 

    árboles…
    árboles en la niebla,
    mudos árboles frente a la tierra,
    sierra vacía y sin gente.
    en blanco y negro,
    montaña negra.

     
  • viva el Fri10Feb12 Permalink
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    ¿Escritor amateur de excursión Cervantillo del Bosque 

    ¿Escritor amateur de excursión? Cervantillo del Bosque

     
  • viva el Wed5Oct11 Permalink
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    Llueve silencio en el bosque misterioso de hojas… 

    Llueve silencio
    en el bosque misterioso
    de hojas amarillas.

     
  • viva el Wed5Nov08 Permalink
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    Los ocres 

    Sobre los álamos blancos
    el bosque enciende las velas
    y a cristalinas riberas
    ocres de otoño le presta.

     
  • viva el Sun11May08 Permalink
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    Para Xarleen 

    Tu aliento me sostiene en este bosque frío,
    oh blanca muchacha de los cielos xarleenes.
    En tu monte de Venus cohabitará mi mano
    con los memes sin nombre de mis labios
    y, en mis brazos, tu sexo cesará de su lucha;
    yo escucharé el poema de tus labios vaginales
    mientras el diablo en la Gloria
    sufrirá los terribles tormentos
    por no poder dormir en tus pechos,
    esas dunas de arena y erótica luz
    que aborrecen la fétida sopa.

     
  • viva el Mon10Dec07 Permalink
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    Ely Star 

    La maraña de datos no me deja ver el bosque. Inmersa en su follaje.

     
  • viva el Mon10Dec07 Permalink
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    Star, Ely 

    La maraña de datos no me deja ver el bosque. Inmersa en su follaje.

     
  • viva el Wed14Nov07 Permalink
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    Zimmer, Heinrich 

    —He de reconocer que hoy estoy realmente perdida. Mi impaciencia sólo favorece al culpable.

     
  • viva el Sat7Jul07 Permalink
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    La heredera de Aquiles 

    Pero hete aquí que aquel oráculo de la desdicha señala los peligros y algo indefinido sobre ciertas alucinaciones en las que, mientras estás atrapada hasta las axilas, surgen del mar nuevas naves con cascos abollados que desembarcan en el puerto. Entonces, las rezagadas muchachas sufrimos los espantosos estragos de sus huestes por todo el país.
    Me revolcaré en el fango para camuflarme, pienso yo. Y, mientras dejo el arco sobre el suelo, les veo acercarse marcial y sigilosamente. Con aquella insoportable tensión mis músculos se agarrotan. No podría describir algo más real y terrorífico que aquellas guerreras moscas abatiéndose sobre mí. No puede ser humana esta alucinación, pienso yo. Al fin, me tiendo sobre el fango, pues ya mis piernas me han dado permiso para hacerlo. Oigo además, mientras casi me alcanzan, consejos susurrados por el bosque que se encuentra a mi espalda. Ya nada importa, me dice un viejo árbol, cúbrete bien con el barro milagroso de Aquiles, una gloriosa y larga vida te espera.

     
  • viva el Tue3Jul07 Permalink
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    Heinrich Zimmer 

    El bosque se interna en él a través de sus cabellos -he de aclarar que no siempre es el portador del caduceo pero la seguridad de su porte le da un color especial y, aquel miedo ancestral al despedazamiento que todos llevamos dentro, es conjurado por un disfraz mucho más aterrador aún.
    Atravesamos la isla con el mandala pero no hallamos rastro de la máscara maldita. El Océano nos rodea como el aire a un pájaro indefenso, como una serpiente constrictor a su presa.
    Y es de nuevo el tridente de Neptuno el que se clava en la túnica. Y Zimmer se desmaya.

    He de reconocer que estoy realmente perdida. Mi impaciencia sólo favorece al culpable.

     
  • viva el Tue24Apr07 Permalink
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    Setas 

    Las setas son los churumbeles de un bosque alucinógeno.

     
  • viva el Mon12Mar07 Permalink
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    Aullido 

    Allí quedó el aullido del lobo, desgarrando el corazón del bosque…

     
  • viva el Sun25Feb07 Permalink
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    PANDEMONIA 

    Salgo al bosque
    como un cervatillo perdido
    que no encuentra el camino
    y tiemblo
    al sentir tus pisadas
    de cazador…
    Devuélveme en tus hombros,
    al cobijo de tus brazos,
    al calor de tu fogón.

     
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    Salgo… 

    Salgo al bosque
    como un cervatillo perdido
    que no encuentra el camino
    y tiemblo
    al sentir tus pisadas
    de cazador…
    Devuélveme en tus hombros,

     
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    Salgo… 

    Salgo al bosque
    como un cervatillo perdido
    que no encuentra el camino
    y tiemblo
    al sentir tus pisadas
    de cazador…
    Devuélveme en tus hombros,
    al cobijo de tus brazos,
    al calor de tu fogón.

     
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    Salgo al bosque como un cervatillo perdido que… 

    Salgo al bosque
    como un cervatillo perdido
    que no encuentra el camino
    y tiemblo
    al sentir tus pisadas
    de cazador…
    Devuélveme en tus hombros,
    al cobijo de tus brazos,
    al calor de tu fogón.

     
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    ALFONSO TIPODURO 

    Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.

    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
  • viva el Fri19Jan07 Permalink
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    PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL 

    monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

    En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
    Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

    Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
    De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
    tienda
    Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
    El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
    Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
    Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

     
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    ..un barco que navega por la vida cargado de genes… 

    El domingo por la mañana, un golpe seco despertó a Hilde. Era la carpeta de anillas, que había caído al suelo. Había estado tumbada en la cama leyendo acerca de Sofia y Alberto, que hablaban de Marx. Luego se había dormido boca arriba con la carpeta en el edredón. La lamparita que tenía sobre la cama había estado encendida toda la noche.
    El despertador en el escritorio marcaba las 8.59 con cifras verdes.
    Había soñado con grandes fábricas y ciudades llenas de humo y hollín. Sentada en una esquina, una niña vendía cerillas. Gente bien vestida, con largos abrigos, simplemente había pasado flotando.
    Al incorporarse en la cama se acordó de aquellos legisladores que despertarían en una sociedad hecha por ellos mismos. Ella podía estar contenta de vivir en Bjerkely.
    ¿Se habría atrevido a despertarse en Noruega sin saber en qué parte lo haría?
    Pero no sólo era cuestión del lugar donde despertaría. También podría haberse despertado en una época completamente distinta.
    En la Edad Media, por ejemplo, o en una sociedad de la Edad de Piedra de hace diez o veinte mil años. Hilde intentó imaginarse sentada delante de la puerta de una caverna. Tal vez estaría preparando una piel.
    ¿Como viviría una chica de quince años antes de que existiera lo que llamamos cultura? ¿Cómo habría pensado entonces?
    Hilde se puso un jersey, cogió la carpeta y se sentó para continuar la lectura de la larga carta de su padre.
    Justo en el instante en que Alberto acababa de decir »final del capítulo», alguien llamó a la puerta de la Cabaña del Mayor
    -¿No tenemos opción, verdad? -dijo Sofía.
    -Supongo que no gruñó Alberto.
    Fuera había un hombre muy viejo con pelo y larga barba blancos. En la mano derecha llevaba un bastón, y en la izquierda una gran lámina de un barco. A bordo de éste se podía ver toda clase de animales.
    -¿Y quién es este viejo señor? -interrogó Alberto.
    -Me llamo Noé.
    __Me lo imaginaba.
    -Tu propio progenitor, hijo mío. Pero supongo que ya no está de moda acordarse de los progenitores.
    ¿Qué llevas en la mano? -preguntó Sofía.
    __Es una lámina de todos los animales que se salvaron del gran diluvio. Toma, hija mía, es para ti.
    Sofía cogió la gran ilustración y el viejo dijo:
    -Tendré que ir a casa a regar mis parras…
    Dio un pequeño salto juntando los pies en el aire, de la forma que sólo saben hacerlo hombres muy mayores de muy buen humor.
    Sofía y Alberto volvieron a entrar y se sentaron. Sofía empezó a mirar la lámina, pero Alberto se la quitó con autoridad.
    -Primero vamos a centrarnos en las grandes líneas dijo.
    -Empieza.
    -Nos olvidamos de decir que Marx vivió los últimos treinta y cuatro años de su vida en Londres, adonde se trasladó en 1849, y murió en 1883. Durante todo ese período también vivió Charles Darwin en las afueras de Londres. Murió en 1882 y fue enterrado solemnemente en Westminster Abbey como uno de los grandes hijos de Inglaterra. Pero Marx y Darwin no sólo se cruzan en el tiempo y en el espacio. Marx intentó dedicar a Darwin la edición inglesa de su gran obra El capital, pero Darwin no accedió. Al morir Marx, al año siguiente de Darwin, su amigo Friedrich Engels dijo: «De la misma manera que Darwin descubrió las leyes del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió las leyes del desarrollo histórico de la humanidad».
    Entiendo.
    -Otro importante pensador que también deseaba relacionar su actividad con Darwin, fue el psicólogo Sigmund Freud. También él vivió el último año de su vida en Londres. Freud señaló que tanto la teoría de la evolución de Darwin, como su propio psicoanálisis habían supuesto un agravio al «ingenuo amor propio del ser humano».
    Son ya muchos nombres, pero estamos hablando de Marx, Darwin y Freud, ¿no?
    En un sentido más amplio se puede hablar de una corriente naturalista desde mediados del siglo XIX, hasta muy adentrado nuestro propio siglo. Por naturalismo se entiende un concepto de la realidad que no admite ninguna otra realidad que la naturaleza y el mundo perceptible. Un naturalista considera, por lo tanto, al hombre como una parte de la naturaleza. Un investigador naturalista se basará exclusivamente en hechos dados por la naturaleza, es decir, ni en especulaciones racionalistas, ni en ninguna otra forma de revelación divina.
    -¿Esto es válido para Marx, Darwin y Freud?
    -Decididamente sí. Las palabras clave de mediados del siglo pasado son «naturaleza», «ambiente», «historia»,
    «evolución» y «crecimiento». Marx había señalado que la ideología de los seres humanos es un producto de la base material de la sociedad. Darwin demostró que el ser humano es el resultado de un largo desarrollo biológico, y el estudio de Freud del subconsciente mostró que los actos de los hombres se derivan, a menudo, de ciertos instintos animales.
    -Creo que entiendo lo que quieres decir con «naturalismo» ¿pero no sería mejor hablar de una cosa cada vez?
    -Vamos a hablar de Darwin, Sofía. Supongo que te acordarás de que los presocráticos buscaban explicaciones naturales a los procesos de la naturaleza. De la misma manera que ellos tuvieron que librarse de las viejas explicaciones mitológicas, Darwin tuvo que librarse de la visión de la Iglesia sobre la creación de animales y hombres.
    ¿Pero fue en realidad un filósofo?
    __Darwin era biólogo e investigador de la naturaleza. Pero fue el científico de los tiempos modernos que más que ningún otro desafió la visión de la Biblia sobre el lugar del hombre en la Creación de Dios.
    -Entonces me vas a hablar un poco de la teoría de la evolución de Darwin, ¿no?
    -Empecemos con el propio Darwin. Nació en la pequeña ciudad de Shrewsbury en 1809. Su padre, el doctor Robert Darwin, era un conocido médico del lugar y muy severo en cuanto a la educación de su hijo. Cuando Charles era alumno del Instituto de Bachillerato de Shrewsbury, el director dijo de él que andaba por ahí hablando tonterías y presumiendo sin méritos, que no hacía absolutaniente nada útil. Por «útil» este director de instituto entendía aprenderse de memoria los verbos latinos y griegos. Con andar por ahí, quería decir que Charles iba y venía coleccionando escarabajos de todas clases.
    -Llegaría a arrepentirse de aquellas palabras.
    -También mientras estudiaba teología se interesaba más por cazar pájaros y atrapar insectos que por los estudios. No obtuvo, por tanto, buenos resultados en lo que a teología se refiere. Pero aparte de los estudios de teología logró labrarse cierta reputación como investigador de la naturaleza. También se interesó por la geología, que tal vez fuera la ciencia más expansiva de la época. Después de obtener su título de teología en Cambridge en el mes de abril de 1831, se puso a viajar por el norte de Gales para estudiar formaciones de piedras y fósiles. En el mes de agosto del mismo año, cuando tenía veintidós años, recibió una carta que marcaría el rumbo del resto de su vida…
    -¿Qué ponía en esa carta?
    -La carta venía de su amigo y profesor John Steven Henslow. Decía: «Me han pedido… recomendar a un investigador de la naturaleza para acompañar al capitán Fitzroy, que ha recibido el encargo del Gobierno de investigar el extremo sur de América. Yo dije que te consideraba a ti la persona más cualificada que conozco para encargarse de una tarea de esta clase. En cuanto a las condiciones de sueldo, no sé nada. El viaje durará dos años…».
    -¡Madre mía, todo lo que sabes de memoria!
    -Un detalle sin importancia, Sofía.
    -¿Y contestó que sí?
    -Se moría de ganas por aprovechar esta oportunidad, pero en aquella época los jóvenes no hacían nada sin el consentimiento de sus padres. Tras largas consideraciones, el padre dijo que sí, y al final sería él quien pagaría el viaje del hijo. En cuanto a las «condiciones de sueldo», resultó que no había tal cosa.
    -Ah…
    -El barco era el buque de guerra H.M.S Beagle. El 27 de
    Septiembre de 1831, salió de Plymouth rumbo a Sudamérica y no volvió a Inglaterra hasta el mes de octubre de 1836, lo que quiere decir que los dos años se convirtieron en cinco. Por otra parte, el viaje a Sudamérica se convirtió en una vuelta al mundo. Estamos ante el viaje científico más importante de los tiempos modernos.
    -¿Dieron realmente la vuelta al mundo?
    -Literalmente, sí. Desde Sudamérica continuaron viaje por el Pacífico hasta Nueva Zelanda, Australia y sur de Africa. Luego volvieron hasta Sudamérica, antes de regresar finalmente a Inglaterra. Darwin escribió que «el viaje en el Beagle ha sido, decididamente, el suceso más importante de mi vida».
    -No sería fácil ser investigador de la naturaleza en el mar.
    __Los primeros años, el Beagle navegaba bordeando la costa de Sudamérica, lo que proporcionó a Darwin una magnífica oportunidad para conocer el continente también por tierra. Importantísimas fueron también sus incursiones en las islas Galápagos en el Pacífico, al oeste de Sudamérica. Así pudo recoger y coleccionar un amplio material que se iba enviando a Inglaterra. No obstante, conservó para sí sus muchas reflexiones sobre la naturaleza y la historia de los seres vivos. Cuando volvió a su patria, con sólo 27 años era ya un famoso investigador de la naturaleza. Tenía ya en su mente una idea clara de lo que sería su teoría de la evolución. Pero pasarían muchos años hasta que publicara su obra más importante. Darwin era un hombre prudente, Sofía; como debe serlo un investigador de la naturaleza,
    -¿Cómo se titulaba esa obra?
    -Bueno, en realidad fue más de una. Pero el libro que incitó el debate más enardecido en Inglaterra fue “El Origen de las especies”, que salió en 1859. El título era: On the Origin of Species by Means of Natural Selection or the Preservation of Favoured Races in Struggle for Life. Este título tan largo resume toda la teoría de Darwin.
    -¿Y qué significa eso?
    -«El Origen de las especies mediante la selección natural y la supervivencia de las razas favorecidas en la lucha por la vida.»
    -Pues sí, ese título tiene mucho contenido.
    -Pero lo vamos a ver punto por punto. En el de las especies Darwin presentó dos teorías o tesis: En primer lugar dijo que todas las plantas y animales actuales descendían de formas anteriores más primitivas. Mantuvo que tiene lugar una evolución biológica. Y lo segundo que defendió fue que la evolución se debía a la «selección natural».
    -Porque sobreviven los más fuertes, ¿verdad?
    -Pero primero nos centraremos en la propia idea de la evolución. La idea en sí no era muy original. En determinados círculos, la fe en una evolución biológica había comenzado a extenderse ya desde principios del siglo XIX. El más influyente fue el zoólogo francés Lamarck. Y antes de él, el propio abuelo de Darwin, Erasmus Darwin, había insinuado que las plantas y los animales habían evolucionado de unas pocas especies primitivas. Pero ninguno de ellos había dado una explicación de cómo ocurre esa evolución y, por lo tanto, tampoco fueron peligrosos adversarios de los hombres de la iglesia.
    -Pero Darwin si lo fue.
    -Sí, y no sin razón. Tanto los hombres de la Iglesia, como muchos sectores de los ambientes científicos, se atenían a la doctrina de la Biblia. Según la cual las distintas especies de plantas y animales eran inalterables. La idea era que cada especie animal fue creada de una vez por todas mediante un determinado acto de creación. Esta visión cristiana también armonizaba con Platón y Aristóteles.
    ¿Cómo?
    -La teoría de las Ideas de Platón implicaba que todas las especies animales eran inalterables porque estaban formadas según las Ideas o formas eternas. El que las especies animales fueran inalterables constituía también una piedra angular en la filosofía de Aristóteles. No obstante, precisamente en la época de Darwin se realizaron varias observaciones y hallazgos que pusieron nuevamente a prueba las ideas tradicionales.
    -¿Qué observaciones y hallazgos fueron éstos?
    __En primer lugar, se encontraban cada vez más fósiles, y además se encontraron grandes restos de huesos de animales extinguidos. El propio Darwin se había asombrado por los hallazgos de restos de animales marinos tierra adentro. En Sudamérica, incluso en lo alto de los Andes, hizo hallazgos de este tipo. Sofía, ¿tú me puedes explicar esto?
    -No.
    -Algunos opinaban que simplemente las personas o los animales los habían tirado por allí. Otros pensaban que Dios había creado esos fósiles y restos de animales marinos. Sólo con el fin de engañar a los impíos.
    -¿Qué opinaba la ciencia?
    -La mayor pade de los geólogos defendió la «teoría de la crisis», en el sentido de que la Tierra había sido asolada varias veces por grandes inundaciones, terremotos y otras catástrofes que extinguieron toda clase de vida. También la Biblia narra una catástrofe de ese tipo. Estoy pensando en el diluvio y en el Arca de Noé. Con cada catástrofe, Dios había renovado la vida de la Tierra creando plantas y animales nuevos y más perfectos.
    ¿Y entonces los fósiles eran huellas de formas anteriores de vida, formas que se extinguieron tras alguna terrible catástrofe?
    -Exactamente. Se decía, por ejemplo, que los fósiles eran huellas de animales que no consiguieron sitio en el Arca de Noé. Pero cuando Darwin se marchó de Inglaterra en el Beagle, se llevó consigo el primer tomo de la obra Principios de Geología, del geólogo inglés Charles Lyell. Este científico opinaba que la geografía actual, con montañas altas y valles profundos, era el resultado de una evolución inmensamente larga y lenta. La idea era que cambios muy pequeños pueden conducir a enormes cambios geográficos, si se tienen en cuenta los grandísimos espacios de tiempo transcurridos.
    -¿En qué cambios pensaba él?
    -Pensaba en las mismas fuerzas que actúan hoy: el sol, el viento, la lluvia, la nieve, el deshielo, los terremotos y los elevamientos de la tierra. Se suele decir que la gota horada la piedra, no mediante la fuerza, sino mediante el continuo goteo. Lyell pensaba que esos cambios pequeños y graduales durante largos espacios de tiempo pueden llegar a transformar la naturaleza completamente. Pero esta tesis sola, no podía explicar por qué Darwin había encontrado restos de animales marinos en lo alto de los Andes, aunque él no abandonó nunca esta idea de que cambios pequeños y graduales podían dar lugar a grandes cambios, transcurridos ya espacios de tiempo inmensamente largos.
    -¿Pensaría que también se podía emplear una explicación parecida para la evolución de los animales?
    -Sí, se preguntaba precisamente eso. Pero como ya he indicado, Darwin era un hombre prudente, e hizo la pregunta mucho antes de atreverse a aventurar alguna respuesta. En este aspecto, emplea exactamente el mismo método que todos los verdaderos filósofos. Es importante preguntar, pero no siempre hay que tener prisa por contestar.
    -Entiendo.
    -Un factor decisivo de la teoría de Lyell era la edad de la Tierra. En la época de Darwin se suponía generalmente que habían pasado unos 6.000 años desde que Dios creara el mundo. Se había llegado a esa cifra contando las generaciones desde Adán y Eva hasta ese momento.
    -¡Qué ingenuidad!
    -Bueno, eso es fácil de decir para nosotros, ahora que tenemos tanta información. Darwin llegó a la conclusión de que la Tierra tenía unos 300 millones de años, pues una cosa quedaba totalmente clara, y era que ni la teoría de Lyell sobre la evolución gradual, ni la del propio Darwin tendrían ningún sentido si no se contaba con períodos enormemente largos.
    -¿Y qué edad tiene verdaderamente la Tierra?
    -Hoy sabemos que la Tierra tiene 4.600 millones de años,
    -Ya está bien…
    -Hasta ahora nos hemos centrado en uno de los argumentos de Darwin sobre la evolución biológica: la existencia estratificada de fósiles en las distintas capas de una montaña. Otro argumento era la repartición geográfica de las especies vivas. En este aspecto, el viaje de investigación del propio Darwin contribuyó con un material nuevo e inmensamente rico. Observó con sus propios ojos que, de una región a otra, las distintas especies animales podían distinguirse por muy pequeñas diferencias. Sobre todo hizo unas interesantes observaciones al respecto en las islas Calápagos, al oeste de Ecuador.

    -¡Cuéntame!
    -Estamos hablando de un denso grupo de islas volcánicas. Por lo tanto no había grandes diferencias ni en la fauna ni en la flora. Pero a Darwin le interesaban precisamente esas pequeñas diferencias que existían. En todas esas islas se topaba con tortugas gigantes, pero variaban un poco de isla a isla. ¿Verdaderamente había creado Dios una raza de tortugas gigantes distinta para cada una de las islas?
    -Lo dudo.
    -Aún más importantes fueron las observaciones que hizo Darwin sobre los pájaros en las Calápagos. Había claras diferencias de isla a isla entre las distintas clases de pinzones, por ejemplo en lo que se refiere a la forma del pico. Darwin demostró que estas variaciones estaban estrechamente unidas a lo que los pinzones comían en las distintas islas. El pinzón de tierra, de pico puntiagudo, se alimentaba de piñones; el pequeño pinzón cantor, de insectos; el pinzón carpintero, de insectos que cogía en los troncos y las ramas de los árboles… Cada una de las clases tenía un pico perfectamente adaptado a los alimentos que tomaba. ¿Provenían todos esos pinzones de la misma especie de pinzones? ¿Se había ido adaptando esa especie al entorno de las distintas islas, manera que al final habían aparecido nuevas especies de pinzones?
    -Tal vez llegara a esa conclusión.
    -Sí, quizás Darwin se convirtiera en «darvinista» precisamente en las islas Galápagos. También se dio cuenta de que la fauna en el pequeño archipiélago se parecía a mucha de la que había observado en América del Sur. ¿Podía ser que definitivamente Dios hubiera creado esos animales un poco distintos entre ellos, o es que había tenido lugar una evolución? Dudaba cada vez más de que
    las especies fueran inalterables. Pero aún no tenía ninguna explicación satisfactoria sobre cómo tal evolución o adaptación podía haberse producido. Quedaba aún otro argumento a favor de la teoría de que todos los animales de la Tierra estaban emparentados.
    -¿Cuál?
    -El que se refiere al desarrollo del feto en los mamíleros. Si se comparan fetos de perro, murciélago, conejo y ser humano en una fase temprana, son tan parecidos que casi no se percibe la diferencia. Hasta que el feto no está mucho más desarrollado, no se puede distinguir el feto humano del feto de conejo. Esto debería indicar que somos parientes lejanos, ¿no?
    -¿Pero seguía sin encontrar la explicación a cómo se había producido el desarrollo?
    -Reflexionaba constantemente sobre la teoría de Lyell de que los cambios minúsculos podían dar lugar a grandes variaciones después de espacios de tiempo inmensamente largos. Pero no encontró ninguna explicación que pudiera servir de principio universal. Conocía también la teoría del zoólogo francés Lamarck. Lamarck había señalado que cada una de las especies animales había evolucionado según sus necesidades. Las jirafas, por ejemplo, tenían el cuello tan largo porque durante muchas generaciones lo habían estirado con el fin de llegar a las hojas de los árboles. Lamarck opinaba que las cualidades que cada individuo va adquiriendo poco a poco gracias a sus propios esfuerzos también son heredadas por los hijos. No obstante, Darwin dejó esta teoría de las «cualidades adquiridas» a un lado, simplemente porque Lamarck no tenía ninguna prueba de sus atrevidas aseveraciones. Pero había otro aspecto, mucho más próximo, en el que Darwin pensaba cada vez más. Podríamos decir que tenía el propio mecanismo de la evolución de las especies delante de sus narices.
    Estoy esperando.
    -Pero prefiero que tú misma descubras ese mecanismo. Por eso te pregunto: si tienes tres vacas, pero sólo tienes comida para alimentar a dos de ellas, ¿qué harías entonces?
    -Puede que tuviera que sacrificar a una de ellas.
    -¿Sí…? ¿Y a qué vaca matarías?
    -Seguramente mataría a la vaca que diera menos leche.
    -¿Ah, sí?
    -Sí, es lógico.
    -Y precisamente eso es lo que la gente ha hecho durante miles de años. Pero no dejemos todavía a las dos vacas. Y si quisieras que una de ellas tuviera terneros, ¿a cuál de ellas elegirías para tenerlos?
    -A la que diera más leche, porque lo más seguro es que también el ternero se convirtiera en una buena vaca lechera.
    -De modo que prefieres las buenas vacas lecheras a las malas. Entonces bastará con un ejercicio más. Si vas de caza y tienes dos perros cazadores, pero tienes que deshacerte de uno de ellos, ¿con cuál de ellos te quedarías?
    Evidentemente me quedaría con el que fuera mejor cazador.
    -De esa manera favorecerías al perro cazador más hábil, ¿verdad? Y ése, Sofía, ha sido el procedimiento que ha utilizado la humanidad para criar animales durante más de diez mil años. Las gallinas no siempre han puesto cinco huevos a la semana, las ovejas no han tenido siempre tanta lana, y los caballos no han sido siempre tan fuertes y rápidos. La gente ha ido haciendo una selección artificial. Y lo mismo ha pasado dentro del reino vegetal. No se siembran patatas malas si se tiene acceso a mejores semillas. Nadie se ocupa de cortar espigas que no llevan trigo. El punto clave de Darwin es que ninguna vaca, ninguna espiga de trigo ningún perro o ningún pinzón son idénticos a otros ejemplares de su misma especie. La naturaleza muestra un enorme abanico de variaciones, incluso dentro de la misma especie ningún individuo es idéntico a otro. De eso seguramente te diste cuenta cuando probaste la bebida azul.
    -Ya lo creo.
    -Darwin tuvo que preguntarse a sí mismo: ¿podría exisitir un mecanismo semejante también en la naturaleza? ¿Podría ser que la naturaleza realizara una «selección natural» de individuos «aptos» para vivir? Y finalmente, pero no por ello menos importante: ¿podría un mecanismo de ese tipo crear muy a la larga especies totalmente nuevas de animales y plantas?
    -Me imagino que la respuesta es que sí.
    -Darwin seguía sin poderse imaginar del todo cómo se podía realizar tal «selección natural». Pero en el mes de octubre de 1838, exactamente dos años después de volver en el Beagle, se encontró por pura casualidad con un pequeño libro del especialista en población Thomas Malthus, titulado An Essay on the PrincipIe of Population (Ensayo sobre el principio de la población). Fue Benjamin Franklin, el americano que entre otras cosas inventó el pararrayos, quien le dio la idea del libro a Malthus. Franklin había señalado que si no hubiese factores del imitadores en la naturaleza, una sola planta o especie se habría extendido por toda la Tierra. Pero como hay varias especies, se mantienen en jaque entre ellas.
    -Entiendo.
    -Malthus continuó desarrollando esta idea y la aplicó a la situación de la población de la Tierra. Señaló que la capacidad procreadora de los humanos es tan grande que siempre nacen más niños de los que tienen posibilidad de que vivan. Opinaba que ya que la producción de alimentos nunca podrá llegar a alcanzar el crecimiento de la población, un gran número está destinado a sucumbir en la lucha por la vida. Los que sobrevivan, y, por consiguiente, saquen adelante la raza, serán los que mejor se defiendan en la lucha por la existencia.
    -Suena lógico.
    -Pero éste era ese mecanismo universal que buscaba Darwin. De pronto tuvo la explicación de cómo sucede la evolución. Se debe a la selección natural en la lucha por la vida y, en esa lucha, el que mejor se adapte al entorno es el que sobrevivirá y llevará la raza adelante. Ésta era la segunda teoría que presentó en el libro El origen de la especies. Escribió: «El elefante es, de todos los animales conocidos, el que más despacio se reproduce, pero si todas sus crías sobrevivisen habría, después de 750 años, cerca de diecinueve millones de elefantes descendientes de la primera pareja».
    -Por no hablar de todos los miles de huevas de bacalao de un solo bacalao.
    -Darwin señaló que la lucha por la existencia es a menudo más dura entre especies cercanas, porque tienen que luchar por los mismos alimentos. Es entonces cuando actúan las pequeñas ventajas, es decir, las pequeñas y positivas variaciones con respecto a la media. Cuanto más dura sea la lucha por la existencia, más rápida será la evolución de nuevas especies. En esos casos solamente sobrevivirán los que estén mejor adaptados, todos los demás morirán.
    -Cuanto menos alimento haya y más numerosas sean las camadas, ¿más rápida será la evolución?
    -Si, pero no se trata únicamente de alimentos. Puede ser igual de importante evitar ser presa de otros animales. En este sentido puede ser una ventaja, por ejemplo, tener un color de «camuflaje», o la capacidad de correr deprisa o de detectar animales hostiles, o, en el peor de los casos, saber mal. Tampoco es de despreciar un veneno que mate a los animales de rapiña. No es una casualidad que muchos cactus sean venenosos, Sofía. En el desierto crece casi únicamente el cactus, razón por la cual es una planta muy expuesta a los animales herbívoros.
    -La mayoría de los cactus tiene además pinchos.
    -También la capacidad de reproducción es evidentemente de importancia primordial. Darwin estudió detalladamente lo ingeniosa que llega a ser en muchos casos la polinización. Las plantas irradian sus maravillosos colores v emiten sus dulces aromas precisamente con el fin de atraer a insectos que contribuyan a la polinización. Por la misma razón los pájaros entonan sus hermosos gorgoritos. Un buey perezoso o melancólico no tiene como tal ningún interés para la historia de su especie. Tales cualidades aberrantes desaparecerán casi instantáneamente. Porque la única misión que tiene el individuo es crecer y alcanzar la madurez sexual y reproducirse para continuar la especie. Es como una larga carrera de relevos. Aquellos que, por alguna razón, no consiguen llevar adelante sus genes, serán eliminados durante la selección. De esta forma la especie siempre irá mejorando. La resistencia a las enfermedades es una importante cualidad que siempre van recogiendo y conservando las variantes que sobreviven.
    -¿Quiere decir eso que todo mejora cada vez más?
    -La selección constante hace que los que estén mejor adaptados a un determinado ambiente, o a una determinada celda ecológica, sean los que a la larga continúen la especie dentro de ese ambiente. No obstante, lo que es una ventaja en un ambiente no tiene por qué serlo en otro. Para algunos de los pinzones de las islas Calápagos la destreza voladora era muy importante. Pero no es tan importante volar bien si la comida hay que buscarla en la tierra. En el transcurso de los tiempos, han surgido tantas especies animales precisamente por existir tantas celdas distintas en la naturaleza.
    -Pero, en cambio sólo hay una especie humana
    -Sí, porque los humanos tienen una fantástica capacidad de adaptarse a las más diversas condiciones de vida. Esto fue algo que asombró a Darwin cuando vio cómo los indios de la Tierra de Fuego sobrevivían en aquel clima tan frío. Pero no significa que todos los humanos sean iguales. Los que viven alrededor del ecuador, tienen la piel más oscura que los que habitan las regiones más al norte, y esto se debe a que la piel morena protege mejor contra la luz solar. Personas blancas que se exponen mucho al sol están, por ejemplo, más expuestas a padecer cáncer de piel.
    -¿Es una ventaja tener la piel blanca si vives en el norte?
    -Pues sí, porque en el caso contrario, las personas habrían tenido la piel oscura en todas partes. Pero la piel blanca desarrolla más fácilmente vitaminas solares, lo que puede ser una gran ventaja en lugares con poco sol. Hoy en día esto no es muy importante porque podemos procurarnos suficientes vitaminas solares con lo que comemos. Pero no hay nada que sea casual en la naturaleza. Todo se debe a los minúsculos cambios que han ido teniendo lugar durante innumerables generaciones.
    -En realidad es fantástico.
    ¿Verdad que sí? Entonces, por ahora, podemos resumir la teoría de la evolución de Darwin de la siguiente forma…
    ¡Venga!
    -Podemos decir que la «materia prima» que se halla detrás de la evolución de la vida en la Tierra son las constantes variaciones entre los individuos dentro de la misma especie y también las enormes camadas que hacen que sólo una pequeña parte consiga sobrevivir. El propio «mecanismo» o fuerza motriz Ile la evolución es la selección natural en la. lucha por la existencia. Esta selección hace que siempre sean los más fuertes o los «mejor adaptados» los que sobrevivan.
    -Me parece tan lógico como un ejercicio de matemáticas. ¿Cómo fue recibido el libro sobre el «origen de las especies»?
    -Hubo algunas luchas bastante feroces. La Iglesia protestó enérgicamente, y la ciencia británica se dividió en dos. En realidad no era de extrañar, pues Darwin había alejado a Dios del acto de la Creación. Ahora bien, algunos señalaron que era mucho más grandioso crear algo que llevara inherentes sus propias posibilidades de evolución que crear en detalle todas las cosas de una sola vez.
    De pronto Sofía se levantó de la silla de un salto.
    -¡Mira! -exclamó.
    Señaló a la ventana. Junto al lago andaban una mujer hombre cogidos de la mano. Estaban totalmente desnudos.
    -Son Adán y Eva -dijo Alberto-. Poco a poco tuvieron que resignarse a compartir su destino con el de Caperucita Roja y Alicia en el País de las Maravillas. Por eso aparecen aquí.
    Sofia se acercó a la ventana para verlos mejor. Pronto desaparecieron entre los árboles.
    -Porque Darwin pensaba que los humanos descendían de los animales, ¿no?
    -En 1871 publicó el libro Descent of man, o La descedencia humana, en el que señala todos los grandes parecidos entre humanos y animales; y que los humanos y los monos antropoideos en algún momento del pasado tienen que haberse desarrollado del mismo progenitor. Por entonces también se habían encontrado los primeros fósiles de cráneos de una clase extinguida de humanos, primero en una cantera en el peñón de Gibraltar y unos años más tarde en Neanderthal, en Alemania. Curiosamente las protestas fueron menores en 1871 que en 1859, cuando Darwin publicó El origen de las especies, pero la idea de que el hombre desciende de los animales ya estaba implícita en aquel primer libro. Y, como ya he dicho, cuando murió Darwin en 1882 fue enterrado con todos los honores como un pionero del mundo de la ciencia.
    -De modo que al final recibió los honores que se merecía.
    -Al final sí. Pero al principio fue caracterizado como el «hombre más peligroso de Inglaterra».
    -¡Madre mía!
    -«Esperemos que no sea verdad», dijo una noble señora, «pero si resulta ser verdad, esperemos que no se llegue a saber públicamente». Un reconocido científico de la época dijo algo parecido: «Un humillante descubrimiento; cuanto menos se hable de él, mejor».
    -¡Ellos casi aportaron la prueba de que los humanos están emparentados con los avestruces!
    -Pues sí, es verdad. Pero es fácil para nosotros saberlo todo a posteriori. De pronto mucha gente se sintió obligada a revisar su visión del Génesis de la Biblia. El joven escritor John Ruskin lo expresó así: «Ojalá los geólogos me dejaran en paz. Al final de cada versículo de la Biblia oigo sus martillazos».
    -¿Y los martillazos eran el dudar de la palabra de Dios?
    -Supongo que era eso lo que quiso decir. Porque no sólo se desmoronó la interpretación literal del Génesis, sino que la teoría de Darwin implicaba que eran variaciones completamente casuales las que al fin y al cabo habían producido al hombre. Y más que eso: Darwin había convertido al ser humano en un producto de algo tan poco emocional como la «lucha por la existencia».
    -¿Darwin dijo algo de cómo se producen estas «variaciones casuales»?
    -Estás tocando el punto más débil de su teoría. Darwin tenía sólo vagas nociones de genética. Algo se produce mediante el cruce. Un padre y una madre nunca llegan a tener dos hijos totalmente iguales; ya ahí se produce una cierta variación. Por otra parte, tampoco se puede conseguir algo verdaderamente nuevo de esa manera. Además hay plantas y animales que son gemíparos, o que se reproducen mediante división celular. En cuanto a la cuestión de cómo se producen las variaciones, el llamado neodarvinismo ha completado la teoría de Darwin.
    -¡Cuéntame!
    -Todo lo que sea vida y reproducción se trata, en último término, de división celular. Al dividirse una célula en dos, se producen dos células idénticas con exactamente los mismos genes. Por división celular se entiende, por tanto, el que una célula se copia a sí misma.
    -¿Sí?
    -Pero algunas veces ocurren minúsculos fallos en este proceso, de modo que la célula copiada no sale exactamente igual a la célula madre. A este fenómeno la biología moderna lo llama mutación. Tales mutaciones pueden carecer totalmente de importancia, pero otras pueden conducir a cambios acentuados de las cualidades del individuo. Algunas pueden ser directamente dañinas, y esos «mutantes» se eliminan constantemente de las grandes camadas mediante la selección. Muchas enfermedades se deben en realidad a una mutación. Ahora bien, algunas veces una mutación también puede aportar al individuo precisamente aquella cualidad positiva que este individuo necesita para defenderse mejor en la lucha por la existencia.
    -¿Por ejemplo un cuello más largo?
    -La explicación de Lamarck sobre el cuello largo de la jirafa, era que las jirafas se habían estirado. Pero según el darvinismo, ninguna cualidad de ese tipo es hereditaria, Darwin pensó que era una variación natural de la longitud del cuello del progenitor de la jirafa. El neodarvinismo completa este punto señalando una clara causa de que se produzcan esas variaciones.
    -¿Eran las mutaciones?
    -Sí. Cambios completamente accidentales en los genes proporcionaron a algunos de los antepasados de las jirafas un cuello un poco más largo que la media. Cuando había escasez de comida podía resultar muy importante. El que llegaba más alto en los árboles, tenía las mayores posibilidades de sobrevivir. Podemos además imaginarnos que algunas de las jirafas primitivas hubieran desarrollado la capacidad de hurgar en la tierra para encontrar comida. Después de muchísimo tiempo, una especie de animales extinguida puede, como ves, dividirse en dos especies de animales.
    -Entiendo.
    -Vamos a ver unos ejemplos más recientes de cómo funciona la selección natural. Es un principio muy sencillo.
    -¡Venga, cuéntame!
    -En Inglaterra vive una determinada especie de mariposas llamada medidor de abedul. Como su nombre indica, viven en los claros troncos de los abedules. Si retrocedemos al siglo XVIII veremos que la gran mayoría de medidores de abedules era de un color gris claro. ¿Por qué, Sofía?
    -Porque así los pájaros no las veían fácilmente.
    -Pero de vez en cuando nacían algunos ejemplares oscuros, debido a mutaciones completamente accidentales. ¿Cómo crees que se defendieron estas variantes oscuras?
    -Serían mas fáciles de ver, y por consiguiente también más fáciles de atrapar por pájaros hambrientos.
    -Porque en este ambiente, es decir en los claros troncos de abedul, el color oscuro era una cualidad desfavorable. Por lo tanto, eran siempre las mariposas blancas las que aumentaban. Pero de pronto sucedió algo en el ambiente. Debido a la industrialización, en algunos lugares los troncos blancos se volvieron completamente oscuros por el hollín. ¿Qué crees que sucedió entonces?
    Supongo que ahora eran las mariposas oscuras las que se defendían mejor.
    -Sí, y no tardaron mucho en aumentar en cantidad. Entre 1848 y 1948 el porcentaje de medidores negros de abedules aumentó del uno al noventa y nueve por ciento en algunos sitios. El ambiente había sido modificado, y ya no era ninguna ventaja ser claro en la lucha por la existencia. ¡Más bien al contrario! Los «perdedores» blancos eran eliminados, con la ayuda de los pájaros, nada más aparecer en los árboles. No obstante volvió a suceder un importante cambio. Una reducción en la utilización de carbón y un mejor equipo de limpieza en las fábricas ha dado como resultado un medio ambiente mucho más limpio en los últimos años.
    -¿De modo que los troncos se están volviendo blancos?
    -Por eso las mariposas están a punto de volver al color blanco. Eso es lo que se llama adaptación. Estamos ante una ley de la naturaleza.
    -Entiendo.
    -Pero hay más ejemplos sobre cómo las personas intervienen en el medio ambiente.
    -¿En qué estás pensando?
    -Se ha intentado combatir las alimañas con distintas materias venenosas. En un principio puede dar buenos resultados. Pero cuando se pulveriza un campo o un huerto con venenos contra los insectos, se causa una pequeña catástrofe ecológica para aquellas alimañas que uno desea combatir. Una serie de mutaciones puede dar lugar a que aparezca un grupo de alimañas que sea más resistente al veneno empleado. Ahora esos «ganadores» tienen el campo libre, y de esa manera las alimañas se vuelven cada vez más difíciles de combatir precisamente por los intentos humanos de exterminarlas. Son, como ya sabes, las variantes más resistentes las que sobreviven.
    -¡Qué horror!
    -Al menos da que pensar. También en nuestro propio cuerpo intentamos combatir parásitos dañinos. Estoy pensando en las bacterias.
    -Utilizamos penicilina u otros antibióticos.
    -Y una cura de penicilina es precisamente una «catástrofe ecológica» para los pequeños diablos. Pero conforme íbamos derrochando penicilina también nos hacíamos resistentes a ciertas bacterias. De esa forma hemos ido creando bacterias que son mucho más difíciles de combatir que antes. Nos vemos obligados a utilizar antibióticos cada vez más fuertes, pero al final…
    -Al final nos saldrán las bacterias por la boca, ¿no? ¿Quizás tengamos que empezar a pegarles tiros?
    -Eso quizás sea un poco exagerado. Pero está claro que la medicina moderna ha creado un serio dilema. No se trata sólo de que algunas bacterias se hayan vuelto más agresivas. Antes había muchos niños que no llegaban a adultos porque sucumbían a diferentes enfermedades, e incluso se puede decir que sólo sobrevivían unos pocos. Ahora bien la medicina moderna ha dejado esta selección natural de alguna manera fuera de juego. Lo que ayuda a un individuo a superar una mala racha de salud, puede a la larga llegar a debilitar las resistencias de la humanidad contra diversas enfermedades. Si no consideramos en absoluto lo que llamamos «higiene de la herencia», eso puede conducir a una degeneración de la humanidad. Con esto se quiere decir que se debilitan las condiciones genéticas para evitar enfermedades graves.
    -Son perspectivas bastante siniestras.
    -Sí, pero un verdadero filósofo no puede dejar de señalar lo «siniestro» si cree que es verdad. Intentemos resumir de nuevo.
    ¡Adelante!
    __Puedes decir que la vida es como una gran lotería en la que solamente los décimos ganadores son visibles.
    -¿Qué quieres decir con eso?
    -Los que han perdido en la lucha por la existencia han desaparecido. Detrás de cada especie de plantas y animales de la Tierra hay millones de años de selección de «décimos ganadores». Y los «décimos perdedores» sólo aparecen una vez, lo cual quiere decir que no existe hoy en día ninguna especie de plantas o animales que no puedan llamarse «décimos ganadores» en la gran lotería de la vida.
    -Porque sólo se conserva lo mejor.
    -Así puedes expresarlo si quieres. Ahora me puedes alcanzar aquella lámina que trajo ese… bueno, ese vigilante de fieras.
    Solía le dio la lámina. Por un lado estaba dibujada el Arca de Noé; por el otro lado se había dibujado un árbol genealógico para todas las especies animales. Éste era el lado que Alberto le quería enseñar.
    -La lámina muestra el reparto de las distintas especies de plantas y animales. ¿Ves cómo cada una de las distintas especies pertenece a grupos, clases y series?
    -Sí.
    -Junto con los monos, los hombres pertenecemos a los llamados primates. Los primates son mamíferos, y todos los mamíferos pertenecen a los vertebrados, que a su vez pertenecen a los animales pluricelulares.
    -Casi recuerda a Aristóteles.
    -Es verdad. Pero esta lámina no sólo nos dice algo de la división de las diferentes especies hoy, sino que también dice algo de la historia de la evolución de la vida. ¿Ves por ejemplo que los pájaros se separaron una vez de los reptiles, y que los reptiles se separaron por su parte de los anfibios y que los anfibios lo hicieron de los peces?
    -Sí, queda claro.
    -Cada vez que una de las líneas se divide en dos, han surgido mutaciones que han conducido a nuevas especies. Así surgieron también con los años las diferentes clases y series de animales. Esta lámina está muy simplificada. En realidad hoy viven en el mundo más de un millón de especies animales, y ese millón sólo es una fracción de todas las especies animales que han vivido en la Tierra. ¿Ves por ejemplo que un grupo de animales llamados trilobites está totalmente extinguido?
    -Y más abajo están los animales unicelulares.
    -Algunos de los cuales tal vez no hayan cambiado en un par de millones de años. ¿Ves que va una línea de esos Organismos unicelulares al reino vegetal? Pues también las plantas probablemente descienden de la misma célula primigenia que todos los animales.
    -Lo comprendo, pero hay algo que me gustaría saber.
    -Dime.
    -¿De dónde vino esa «célula primigenia»? ¿Tenía Darwin alguna respuesta a esa pregunta?
    -Te he dicho ya que Darwin era un hombre muy prudente. No obstante, sobre este punto que mencionas, se aventuró a adivinar. Escribió: «.. si pudiéramos imaginarnos una pequeña charca cálida en la que se encontraran toda clase de sales, en la que hubiera amoniaco y fósforo, luz, calor, electricidad, etc., y que se formase químicamente un compuesto proteínico en esta charca, dispuesto a someterse a cambios aún más complicados…».
    -¿Sí, qué?
    -Darwin filosofa sobre cómo la primera célula podría haber surgido en una materia inorgánica. Y vuelve a dar en el clavo. La ciencia de hoy se imagina precisamente que la primera y primitiva forma de vida surgió en esa charquita cálida que describió Darwin.
    ¡Cuenta!
    -Bastará con un esbozo superficial, y recuerda que estamos a punto ya de despedirnos de Darwin. Vamos a dar el salto hasta lo más nuevo en la investigación sobre el origen de la vida en la Tierra.
    -Estoy a punto de ponerme nerviosa. Nadie conoce la respuesta a cómo ha surgido la vida, ¿no?
    -Quizás no, pero se han ido colocando cada vez más piezas en ese rompecabezas sobre cómo pudo haber comenzado la vida.
    -¡Sigue!
    -Afirmemos en primer lugar que toda clase de vida en la Tierra, plantas y animales, está construida alrededor de exactamente las mismas sustancias. La definición más sencilla de «vida» es que vida es una sustancia que en una disolución nutritiva tiene la capacidad de dividirse en dos partes idénticas. Este proceso es dirigido por una sustancia que llamamos ADN. Con el ADN se indican los cromosomas o materiales genéticos que se encuentran en todas las células vivas. También hablamos de la molécula ADN, porque el ADN es en realidad una complicada molécula, o una macromolécula. La cuestión es cómo se produjo la primera molécula ADN.
    -¿Si?
    -La Tierra se formó cuando surgió el sistema solar hace 4.600 millones de años. Al principio era una masa incandescente, pero poco a poco la corteza terrestre se fue enfriando. La ciencia moderna opina que la vida se produjo hace entre 3.000 y 4.000 millones de años.
    -Suena completamente improbable.
    -Eso no lo puedes decir hasta no haber oído el resto. En primer lugar tienes que darte cuenta de que el planeta tenía un aspecto muy distinto al que tiene hoy. Como no había vida, tampoco había oxígeno en la atmósfera. El oxígeno libre no se forma hasta la fotosíntesis de las plantas. El hecho de que no hubiera oxígeno es muy importante. Es impensable que los ladrillos de la vida, que a su vez pueden formar el ADN, hubieran podido surgir en una atmósfera que contuviera oxígeno.
    -¿Por qué?
    -Porque el oxígeno es un elemento muy reactivo. Mucho antes de haberse podido formar moléculas tan complicadas como la de ADN, los ladrillos de la molécula ADN se habrían oxidado.
    -Vale.
    -Por eso sabemos también con seguridad que no surge nueva vida hoy en día, ni siquiera una bacteria o un virus. Esto quiere decir que toda la vida en la Tierra tiene que tener la misma edad. Un elefante tiene un cuadro genealógico tan largo como la bacteria más simple. Podrías decir que un elefante, o una persona, en realidad son una continua colonia de animales unicelulares. Porque en cada célula del cuerpo tenemos exactamente el mismo material genético. Toda la receta sobre quiénes somos se encuentra, por lo tanto, escondida en cada célula minúscula del cuerpo.
    -Es curioso.
    -Uno de los grandes enigmas de la vida es que las células de un animal pluricelular sean capaces de especializar su función. Porque todas las distintas propiedades genéticas no están activas en todas las células. Algunas de esas propiedades, o genes, están «apagadas» y otras están «encendidas». Una célula del hígado produce unas proteínas diferentes a las que produce una neurona o una célula de la piel. Pero tanto en la célula del hígado, como en la neurona y en la célula de la piel, existe la misma molécula ADN, que contiene, como ya indicamos, toda la receta del organismo del que estamos hablando.
    -¡Sigue!
    -Cuando no había oxígeno en la atmósfera, tampoco había ninguna capa protectora de ozono alrededor del planeta. Es decir, que no había nada que obstaculizara las radiaciones del universo. Esto es muy importante, porque precisamente esta radiación jugaría un papel relevante en la formación de las primeras moléculas complicadas. Esa radiación cósmica fue la propia energía que hizo que las distintas sustancias químicas de la tierra comenzaran a unirse en complicadas macromoléculas.
    -Vale.
    -Puntualizo: para que esas moléculas complicadas de las que está compuesta toda clase de vida pudieran formarse, tuvieron que haberse cumplido al menos dos condiciones: no pudo existir oxígeno en la atmósfera, y tuvo que haber existido la posibilidad de radiación del universo.
    -Entiendo.
    -En la «pequeña charca cálida», o «caldo primigenio la suelen llamar los científicos de hoy en día, se formó en una ocasión una macromolécula enormemente complicada, la cual tenía la extraña cualidad de poder dividirse en dos partes idénticas. Y con ello se pone en marcha esa larga evolución, Sofía. Si simplificamos un poco, vemos que ya estamos hablando del primer material genético, el primer ADN o la primera célula viva. Ésta se dividió y se volvió a dividir, pero desde el principio ocurrieron también constantes mutaciones. Después de un tiempo inmensamente largo ocurrió que esos organismos unicelulares se unieron para formar organismos pluricelulares más complicados. Así se puso también en marcha la fotosíntesis de las plantas, y se formó una atmósfera que contenía oxigeno. Esta atmósfera tuvo una doble importancia: en primer lugar, debido a ella, se pudieron desarrollar los animales que respiraban con pulmones. La atmósfera defendió, además, la vida contra las radiaciones dañinas del universo. Porque precisamente esa radiación, que quizás fuera una importante «chispa» para la formación de la primera célula, también es muy dañina para toda clase de vida.
    -Pero supongo que la atmósfera no se formó de un día para otro, ¿no?
    -La vida se produjo primero en ese pequeño «mar» que hemos llamado «caldo primigenio». Allí se podía vivir protegido contra la peligrosa radiación. Mucho más tarde, y después de que la vida del mar hubiese formado una atmósfera, subieron a tierra firme los primeros anfibios. Y de todo lo demás ya hemos hablado. Estamos sentados en una cabaña del bosque mirando hacia atrás a un proceso que ha durado unos tres o cuatro mil millones de años. Precisamente en nosotros el largo proceso ha llegado a tomar conciencia de si mismo.
    -¿Pero tú crees, a pesar de todo, que todo esto ha sucedido por pura casualidad?
    -No, yo no he dicho eso. La lámina muestra que la evolución puede tener una dirección. En el curso de millones de años se han ido formando animales con un sistema nervioso cada vez más complicado y poco a poco también con un cerebro cada vez más grande. Personalmente no creo que esto sea casual. ¿Tú qué crees?
    -El ojo humano no puede haber sido creado por pura casualidad. ¿No crees que significa algo el que podamos ver el mundo que nos rodea?
    -Lo del desarrollo del ojo también asombró a Darwin. No le encajaba muy bien que una cosa tan maravillosa como un ojo pudiera surgir solamente por la selección natural.
    Sofía se quedó mirando a Alberto. Pensó en lo extraño que era que viviera justo en este momento, que viviera solamente esta vez y que jamás volviera a la vida. De pronto exclamó:
    -«Qué significa la eterna Creación, si todo lo creado ha de desaparecer para siempre!»
    Alberto la miró severamente.
    -No deberías hablar así, hija mía. Son palabras del diablo.
    -¿Del diablo?
    -O de Mefisto, del Fausto de Goethe: «Was solí uns denn das ewge Schaffen! / Ceschaífenes zu nichts hinwegzuraffen! »
    -¿Pero qué significan exactamente esas palabras?
    -Justo en el instante antes de morir, Fausto mira hacía atrás en su larga vidar y exclama triunfante:

    Deténte, eres tan hermosa.
    La huella de mi vida
    no puede quedar envuelta en la nada.
    Basta el presentimiento de aquella
    felicidad sublime
    para hacerme gozar mi hora inefable.

    -¡Qué palabras tan bonitas!
    -Pero luego le toca al diablo. En cuanto Fausto expira, Mefisto exclama:
    ¡Acabó!
    ¡Estúpida palabra!
    ¿Por qué acabó?
    ¿No equivale esto a decir que todo quedó
    reducido a la nada?
    ¡Qué significa la eterna Creación,
    si todo lo creado ha de desaparecer para siempre!
    El mundo, al dejar de existir,
    será como si no hubiese existido nunca,
    y, sin embargo, lo vemos agitarse incesante
    como si realmente fuese algo.
    En verdad, prefiero aún mi eterno vacío.

    -¡Qué pesimista! Me ha gustado más la primera cita. Aunque su vida acababa, Fausto veía un significado en las huellas que dejaba tras sí.
    -¿No es también una consecuencia de la teoría de la evolución de Darwin que formamos parte de algo grande, y que cada minúscula forma de vida tiene importancia para el gran contexto? ¡Nosotros somos el planeta vivo, Sofía! Somos el gran barco que navega alrededor de un sol ardiente en el universo. Pero cada uno de nosotros también es un barco que navega por la vida cargado de genes. Si logramos llevar esta carga al próximo puerto, entonces no habremos vivido en vano. Bjornstjerne Bjornson expresó la misma idea en el poema «Psalmo II»:

    ¡Honremos la primavera eterna de la vida
    que todo lo creó!;
    hasta lo minúsculo tiene su creación merecida,
    sólo la forma se perdió.
    De estirpes nacen estirpes
    que alcanzan mayor perfección;
    de especies nacen especies,
    millones de años de resurrección.

    ¡Alégra te tú que tuviste la suerte de participar
    como flor en su primer abril
    y, en honor a lo eterno, el día disfrutar
    como ser humano
    y de poner tu grano
    en la tarea de la eternidad;
    pequeño y débil inhalarás
    un único soplo
    del día que no acaba jamás!

    -¡Qué bonito!
    -Bueno, entonces no decimos nada más por hoy. Yo digo simplemente «Final del capítulo».
    -Pero entonces tienes que dejar esa ironía tuya.
    -¡«Final del capítulo»!, he dicho. Debes obedecer mis palabras.

    Darwin

     
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    Rey Arturo
    Abismo, Caballero, Cazador, Judío errante, Minarete, Rey

    Ascensión
    Águila, Escalera

    Simbolismo ascensional
    Binario

    Ascesis
    Cabellos

    Ases
    Cosmogonía

    Asfódelos
    Pradera

    Ashvins
    Caballo

    Miguel Asín Palacios
    Viaje a los infiernos

    Asno
    Animales

    Astarté
    Cono, Gran Madre, Pez

    Astrea
    la Justicia

    Asuras
    Cosmogonía

    Atanor
    Torre

    Atargatis
    Huso, Pez

    Atenas
    Arquitectura

    Atenea
    Espiral

    Atlas
    Hespérides

    Atman
    Gemelos

    Atoum
    Anciano

    Attis
    Árbol, Granada, Guadaña, Pino, Plantas, Yedra

    Cuadras de Augias
    Hércules

    Aureola
    Mano

    Arthur Avalon
    Serpiente

    Azotes
    Flagelación

    Azoth
    Sello de Salomón

    Azufre
    Hombre, León, Matrimonio

    Azul
    Colores

    Ba
    Pájaro, Periquito

    Torre de Babel
    Torre

    Babilonia
    Éufrates, Pájaro

    Bacanales
    Cesta

    Gaston Bachelard
    Aguas, Aire, Alcohol, Barca, Brillo, Cisne, Cuaternario, Elementos, Frío, Fuego, Llama, Nubes, Pájaro, Pasta, Perfume, Pradera, Verticalidad, Viaje al interior de la Tierra, Vuelo

    J. J. Bachofen
    Espacio, Madre

    Balanza
    Libra

    Balder
    Muerte

    Ballena
    Devoración, Montaña

    Ballesta
    Arco

    Balmunga
    Espada rota

    Jurgis Baltrusaitis
    Gráfico, Lazos, Nimbo

    Bambú
    Árboles y flores

    Baphomet
    Escamas

    Barco
    Peine

    Barco de la vida
    Pez

    Barro
    Humo

    Bast
    Gato

    Georges Bataille
    Cuaternario

    Bautismo
    Aguas, Números

    Harold Bayley
    Botella, Cruz, Escalera, Espada, Estrella, Gráfico, Grutescos, Letras, Muro, Rueda, Serpiente, Tridente

    Germain Bazin
    Gráfico

    Beatriz
    Color, Mujer

    A. Beaumont
    Color, Cuervo

    Gustavo Adolfo Bécquer
    Golondrina

    Beigbeder
    Tejer

    Bel
    Tempestad

    Belerofonte
    Pegaso

    Eric Temple Bell
    Descanso semanal

    Benin
    Imagen del mundo

    Gottfried Benn
    Imagen ignota

    Luc Benoist
    Arco, Cielo, Espacio, Gráfico, Hacha, Mandorla, Paisaje, Tocado y trono

    Bartolomé Bermejo
    Dragón

    Claude Bernard
    Vida

    San Bernardo
    Color positivo-negativo

    R. Berthelot
    Desierto, Profesiones, Templo, Tiempo, Tienda, Zodíaco

    R. Bertrand
    Dualismo

    Bestia
    Números

    Betilo
    Onfalo

    Bettini
    Escalera

    Bhagavad-Gitâ
    Viaje del alma

    Bhowani
    Simbolismo fonético

    Bhutia Busty
    Mandala

    Biblos
    Cono

    Bielbog y Czernibog
    Color positivo-negativo, Gemelos

    Bimini
    Islas bienaventuradas

    Binario
    Dos, Dualismo

    William Blake
    Adán, Cielo, Cuaternario, Edades, Imagen ignota, Infierno, Viaje al interior de la Tierra

    Reina Blanche
    Mujer muerta

    Blanco
    Thule, Colores

    Blanco y negro
    Color positivo-negativo, Colores, Rojo

    H. P. Blavatsky
    Andrógino, Árbol, Caos, Cocodrilo, Color positivo-negativo, Dragón, Islas bienaventuradas, Letras, Rana, Rotación, Serpiente, Zodíaco

    Boca
    Letras

    Boca del monstruo
    Boca

    Bodo
    Gigante

    Bohaz
    Jakin

    Jacob Böhme
    Caída, Correspondencia, Dragón, Mujer muerta, Sofía

    Bolo, el democriteano
    Mirabilia

    J. L. Borges y M. Guerrero
    Animales

    Borobudur
    Mandala, Montaña, Templo

    Robert de Boron
    Rey pescador

    Bosra
    Sangre

    Maurice Bouisson
    Periquito

    Bouto
    Serpiente

    Brahma
    Acuario, Binario, Cabeza, Cuaternario, Hombre, Huevo, Loto, Simbolismo fonético, Tejido, Triforme, vaca, Viaje del alma

    Brahman
    Gemelos

    San Brandán
    Islas bienaventuradas

    Branwen
    Simbolismo fonético

    Brazo
    Letras

    André Bretón
    Amada

    Abbé Breuil
    Sigma

    Brillo
    Sol

    Bronwyn
    Simbolismo fonético

    Brunilda
    Liberación de la doncella, Lilith

    Bucráneo
    Cuernos

    Buda
    Aguas, Color, Septenario, Serpiente

    Buey
    Animales, Cuernos, Miel, Toro, Tetramorfos

    Bufón
    Anormales, Asno, Odre

    Buitre
    Madre, Prometeo

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    Rey Arturo, Castillo, Minotauro, Tabla Redonda

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    caballero, Color positivo-negativo

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    Caballero

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    Caballero

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    Caballo
    Animales, Cabalgadura, Dioniso, Gemelos

    Caballo alado
    Animales

    Caballo blanco
    Caballo, Color positivo-negativo

    Conservación de cabezas
    Decapitación

    Cabiros
    Capucha, Dedos

    Cabra
    Caballero, Cuerno de la abundancia, Dioniso, Inversión, Templo, Capricornio

    Macho cabrío
    Caballero, Cuerno de la abundancia, Dioniso, Inversión, Templo, Capricornio

    Cacería perpetua
    Identificaciones, Cazador maldito

    Cadmo
    Dragón

    Caf
    Montaña

    Caída
    Laberinto, Nave, Neptuno, Paraíso perdido, Zodíaco

    Caín
    Espada

    Calavera
    Hamlet

    Calcante
    Serpiente

    Calcinación
    Alquimia

    Caldeos
    Dioses planetarios

    Pedro Calderón de la Barca
    Titanes

    Gran Piedra del Calendario
    Mandala

    Rey de Calicut
    Muerte

    Calímaco
    Animales

    Calíope
    Sirena

    Calipso
    Bestia apocalíptica, Escollos, Isla

    Cáliz
    Caldera, Copa, Graal

    Cambises
    Zodíaco

    Camelot
    Minarete

    S. Cammanm
    Mandala

    Campana
    Objeto

    Tommaso Campanella
    Centro espiritual

    Candelabro de los siete brazos
    Imagen del mundo, Septenario

    Cangrejo
    la Luna

    Caos
    Dragón

    Capucha
    Casco

    Carbón
    Color positivo-negativo

    Cardo
    Templo

    Carlos I
    Enano

    Carnero
    Aries, Cuernos, Zodíaco

    Julio caro Baroja
    Cazador, Lamia, Ojancanu

    Caronte
    Aguas, Castillo

    Vittore Carpaccio
    Dragón

    Carro
    Riendas, Vehículo

    Carro del sol
    Rueda

    Carro procesional
    Tocado y trono, Cuadriga

    Lewis Carroll
    Espejo

    Cartago
    Babilonia

    Vincenzo Cartari
    Cuaternario

    Ernst Cassirer
    Simbolismo fonético

    Castas
    Profesiones

    Cástor y Pólux
    Caballo, Gemelos, Dioscuros

    Cátaros
    Sofía

    Valoración del amor
    Amada

    Catasterismo
    Dioses planetarios, Zodíaco

    Catástrofe cósmica
    Cielo

    Catorce
    Números

    cautes y Cautopates
    Gemelos

    Caverna
    Arquitectura, Desfiladero, Tesoro

    Culto de la caverna
    Mundo

    Cayado
    Peregrino, Poder

    Cebada
    Fecundidad

    Cécrope
    Héroe

    Cedro
    Árbol

    Celso
    Escalera

    Cenicienta
    Sacrificio, Septenario, Zapatos

    Cenit
    Huracán, Polo

    Ceniza
    Pasta

    Centauro
    Bucentauro, Cabalgadura, Hércules, Identificaciones, Minotauro

    Zelda Zonk
    MM

    Cerbero
    Diana, Ternario, Tridente

    Cerdeña
    Serpiente

    Cerebro
    Corazón

    Ceres
    Agricultura, Alas, Columna, Hormigas, Sirena

    Cetro
    Armas, Espiral, Poder

    Ch’i-lin
    Unicornio

    Chakras
    Serpiente

    Chamanes
    Soplar, Tambor

    Jean-François Champollion
    Letras

    Chang
    Fuego

    L. Charbonneau-Lassay
    Inversión, Triple recinto

    Chastaing
    Simbolismo fonético

    Louis Chochod
    Círculo, Tetramorfos, Tortuga

    Chou-Li
    Jade

    Chrétien de Troyes
    Animales, Sangre

    Chung-li Chuan
    Abanico

    Cibeles
    Gorro frigio, Guadaña, Ogro

    Cicatrices
    Marca

    Cicerón
    Luna

    Ciclo
    Año

    Ciclo anual
    Plantas

    Gran ciclo
    Edades

    Cíclope
    Gigante, Ojancanu, Ojo

    Cielo siete
    Huevo

    Templo del cielo
    Arquitectura

    Cigarra
    Crisálida

    Cilindro
    Formas

    Cinco
    Hombre, Mano, Números, Pensamiento

    Cinturón
    Hebilla

    Circe
    Encantamiento, Escollos

    Círculo
    Arquitectura, Ciclo, Dodecanario, Formas

    Cuadratura del círculo
    Arquitectura, Imagen del mundo

    Círculo de piedra
    Crómlech, Cuadrado

    Circunferencia
    Centro, Círculo

    Cisne
    Arpa, Serpiente

    Canto del cisne
    Arpa

    Cisne de Leda
    el Juicio

    Mujer-cisne
    Mujer

    Cisne y arpa
    Cisne

    Ciudad
    Gráfico, Imagen del mundo, Matrona

    Claustro
    Arquitectura

    Clava
    Maza, Mercurio

    Clemente de Alejandría
    Espacio

    Catedral de Clonfert
    Decapitación

    Cloto
    Espacio

    Clusium
    Laberinto

    Cnosos
    Laberinto

    Codex Marcianus
    Circunferencia, Color positivo-negativo, Ouroboros

    Tercer cofre
    Caja

    Coincidentia oppositorum
    Alquimia, Centro, Conjunción, Hombre, Inversión, Volcán

    J. Cola Alberich
    Anormales, Tatuajes

    Collar
    Cuerda

    Francesco Colonna
    Delfín

    Colores de la flores
    Flor

    Colores de los cabellos
    Cabellos

    Colores en alquimia
    Alquimia, Caballero

    Colores y dragones
    Dragón

    Colores y la música
    Correspondencia

    Columna rota
    Rotura

    Columna vertebral
    Columna

    Compás
    Alfa y omega

    Compás de tres tiempos
    Trébol

    Conejo
    fecundidad

    Cong
    Centro

    Congelación
    Hielo

    Coniunctio
    Despedazamiento, Sexos

    Coniunctio oppositorum
    Metales, Conjunción

    Conjunción de contrarios
    Cruz

    Símbolo de conjunción
    Flecha

    Cono
    Hacha, Formas

    Constantino
    Crismón

    Constelación canicular
    la Rueda de la Fortuna

    Ananda K. Coomaraswamy
    Caballero, despedazamiento

    Copa
    Objeto

    Copa y rituales de Etiopía
    Imagen del mundo

    Nicolás Copérnico
    Planetas

    Corazón
    Amor, Cofre

    Corno
    Gorro frigio

    Corona
    Cintas, Guirnalda, Poder, Victoria

    Corona de espinas
    Espina

    Corona de laurel
    Laurel

    Corona doble
    Poder

    Corona en el matrimonio griego
    Rey

    Corona mural
    Matrona

    Corona triple
    Poder

    Correspondencia
    Color, Objeto, Planetas

    Corroído
    Estado de conservación

    Doncella de la cosecha
    Perséfone

    Cosmogonía
    Creación

    Court de Gebelin
    Letras

    Cráneo
    Cabeza

    Seis días de la creación
    Espacio

    Cremación
    Madera

    Creta
    Hacha, Paisaje

    Anciano de Creta
    Edades

    Crimilda
    Lilith

    Crisálida
    Hueso, Máscara

    Crisaor
    Espada, Oro

    Crisol
    Horno

    Crómlech
    Recinto

    Crono
    Dioses planetarios

    Cronos mitraicos
    Eternidad, Serpiente, Saturno

    Cruz ansada
    Cruz, Llave

     
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    MERCADER 

    EXT. BOSQUE. NOCHE.
    Un bosque con frondosos árboles. Pájaros, lobos, zorros, ciervos, tormenta cada vez más intensa. Muy, muy lejos se divisa una cabaña.
    Un rey, que está cazando, cabalga por un camino con su caballo. El rey va de caza con sus criados. Se nubla, llueve, el rey y sus criados se extravían y buscan refugio.
    La tormenta arrecia y los criados y la guardia real se desbandan todos.
    CRIADOS. Majestad, volvamos, la tormenta arrecia.
    REY. No, no, sigamos al zorro, se fue por este camino.
    El rey sigue el camino y encuentra la lejana cabaña.
    REY. ¡A mí la guardia!
    REY. ¡Cobardes y viles criaturas!
    El rey dispara a los pájaros.
    Los pájaros huyen en desbandada y luego vuelven a posarse.
    Un pájaro muere. Los pájaros huyen en desbandada pero luego vuelven a posarse y atacan al rey.
    REY. Quien se mete debajo de hoja, dos veces se moja.
    CABALLO. ¿Y yo que hago aquí? ¡Brrr..!

    INT. CABAÑA. NOCHE.
    La cabaña tiene unos catres, una mesa, unas sillas, etc. Fuego encendido crepitando. Patos, cisnes, pavos reales.
    En la sencilla cabaña hay un viejo mal vestido, de barba larga y blanca.
    REY. ¿Me das albergue, viejo?
    VIEJO. Venid y secaos al fuego, Majestad.
    El rey tiende la ropa en la silla.
    El rey se acerca al fuego.
    El rey se echa a dormir en el catre. Se despierta por la noche al oír hablar al viejo. Al no verlo dentro de la cabaña, sale a buscarlo fuera.

    EXT. CABAÑA. NOCHE.
    Estrellas titilando, búhos.
    El rey sale. El cielo está despejado. El viejo está sentado en el escalón.
    REY. ¿Con quién hablas, viejo?
    VIEJO. Con los planetas, Majestad.
    REY. ¿Y que les dices a los planetas?
    VIEJO. Les agradezco la fortuna que me han dado.
    REY. ¿Qué fortuna, viejo?
    VIEJO. Me concedieron la gracia de que mi mujer diera a luz esta noche, y nació un varón; y a vos la gracia de que vuestra mujer diera a luz también esta noche, y le nació una niña; y cuando llegue el momento mi hijo será el marido de vuestra hija.
    REY. ¡Ah, viejo descarado! ¿Cómo te atreves a hablar de ese modo?
    El rey entra de nuevo a la cabaña muy enfadado.
    REY. ¡Me las vas a pagar!
    REY. Bonita luna.

    INT. CABAÑA. DÍA.
    Canto de los gallos, cerdos, gatos. El rey se vuelve a vestir. Con las primeras luces el rey sale de la cabaña. El rey toma el camino de regreso a su palacio.

    EXT. PRADERA. DÍA.
    Rechinar de ruedas oxidadas. Burros, vacas, liebres, conejos. El rey se encuentra en el camino a caballeros y criados que vienen en su busca. Los caballeros se inclinan ante él exageradamente.
    CABALLERO2. Buenos días, Majestad, ¿Cómo se encuentra su Majestad?
    CABALLERO1. Felices nuevas, Majestad. Anoche la Reina dio a luz una hermosa niña.
    REY. ¡Apartaos, pelotas, déjadme seguir!
    REY. ¡Arre!
    El rey fustiga al caballo y se dirige a palacio cabalgando a todo galope.
    REY. ¡Qué corte, señor, qué corte!
    REY. ¡Esbirros!
    CRIADO1. Su Majestad no parece de humor.
    CRIADO2. Nunca lo está.
    CRIADO2. Nuestros amos son unos…
    CRIADO1. ¿Genuflexos..?

    EXT. PALACIO. DÍA.
    Campanadas, trompetas. El rey llega cabalgando al palacio real y desmonta de la silla en el patio de armas. Las nodrizas le muestran la niña al rey. Le rodean cortesanos que le felicitan.
    REY. Que busquen a todos los hijos varones nacidos esta noche en la ciudad y les quiten la vida.
    JUGLAR1. Fea o bonita será..
    JUGLAR2. Tonta o lista crecerá..
    JUGLAR1 ¡Oh, que terrible será..!
    REY. ¡Basta ya, desmedrados bufones!
    Relinchan los caballos. Los perros ladran y huyen asustados.

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Gritos, llantos, jaleo. Palomas, ratas y ratones huyendo. Los soldados se dispersan por las calles de la ciudad y en poco tiempo la registran entera.
    SOLDADO1. Aquí no hay nada.
    SOLDADO2. Claro que sí, mira.
    Los soldados encuentran a un varón nacido esa noche.
    SOLDADO2. Ya no busques más..
    SOLDADO1. ¿Tu hijo ha nacido esta noche?
    MUJER. No, no..
    Los soldados se lo arrebatan a la madre.
    SOLDADO2. Tenemos que llevarlo al bosque para matarlo por orden del Rey.
    MUJER. ¡No, no..!
    SOLDADO1. Es una niña. No nos interesa.
    SOLDADO2. Ya no busques más..

    EXT. BOSQUE NOCHE.
    Aullidos de perros. Ardillas. Dos soldados llevan al niño y lo dejan en el suelo.
    SOLDADO1. Hazlo tú.
    SOLDADO2. No, no.. hazlo tú.
    Uno de ellos levanta su espada para matarlo. El soldado baja su espada, no se atreve a matar al niño.
    SOLDADO1. ¿Pero de veras tenemos que matar a este inocente?
    SOLDADO2. Yo tampoco puedo hacerlo.
    SOLDADO1. ¿Y ahora qué hacemos? El rey nos matará a nosotros.
    El perro ladra a los soldados.
    SOLDADO1. Se me ocurre una idea. Matamos a ese perro y con su sangre empapamos los pañales y se los llevamos al rey.
    SOLDADO2. ¡Qué buena idea! Pero ¿Y el niño?
    SOLDADO1. Lo dejamos aquí y que dios le ayude.
    Así lo hacen.
    SOLDADO2. ¡Pobre perro!
    El niño llora. El niño balbucea. El niño llora.
    CABALLO1. ¡Qué crueles! ¿Serán capaces?
    Los caballos relinchan.

    EXT. BOSQUE. DÍA.
    Llanto de niño. Un mercader pasa por el bosque en viaje de negocios y oye llorar a un niño. Lo busca entre los arbustos. El mercader encuentra un trozo de pañal. El mercader busca y no haya nada. El mercader busca y no haya nada. El mercader encuentra al niño y trata de calmarlo. El mercader se lleva al niño consigo y lo sube al caballo.

    INT. CASA NOCHE.
    Balbuceos de bebé. Perros, gatos. El mercader entra en su casa llevando en los brazos un atillo.
    MERCADER. Mujer, la mercancía que traigo esta vez no la he comprado. Es un niño que estaba en medio del bosque. Nosotros no tenemos hijos. Este es un regalo del señor.
    MUJER. Lo criaremos y educaremos como si fuera nuestro hijo y siempre creerá que realmente lo es.

    INT. CASA. DÍA.
    Música de fiesta. Moscas, mosquitos, avispas, abejas. Fiesta en casa del mercader. El hijo del mercader cumple 20 años.
    MERCADER. Hijo mío, yo estoy envejeciendo, tú te haces hombre. Encárgate de mis cuentas, mis registros, mis cajas de caudales. Tú seguirás con mis negocios.
    El joven prepara sus baúles dispuesto a partir con sus criados a recorrer el mundo para ejercitarse en los negocios con la bendición de sus padres.
    AMIGO. ¡Qué suerte la tuya!

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Ruido de carros, caballos, burros, voces de arriero. Serpientes, tortugas, reptiles. Ajetreo del mercado. El joven recorre un reino extranjero comerciando con sus joyas y piedras preciosas. La fama del mercader llega al Palacio Real. El rey le hace llamar para ver sus piedras preciosas.

    INT. PALACIO. DÍA.
    Juglares. El rey, el mismo que ordenó matarle, le recibe en la sala de audiencias del palacio real. El rey llama a la princesa, convertida ya en una bella muchacha de 20 años.
    REY. Acércate a ver si hay alguna joya que te guste.
    La princesa apenas ve al joven mercader se enamora de él.
    REY. ¿Qué pasa, hija mía, qué tienes?
    PRINCESA. Nada, papá.
    REY. ¿Quieres algo? Habla.
    PRINCESA. No, papá, no quiero joyas ni piedras preciosas. Yo sólo quiero casarme con este hermoso joven.
    El rey examina al joven mercader.
    REY. ¿Y tú quién eres? Dime.
    JOVEN. Soy hijo de un rico mercader y recorro el mundo para ejercitarme en los negocios, y ocupar después el puesto de mi viejo padre.
    El rey, considerando las riquezas del joven mercader, decide conceder al joven la mano de su hija. El joven parte para invitar a sus padres a la boda.
    CORTESANA. Qué apuesto.
    CORTESANO. Lo que tu digas, querida.
    CORTESANA. Qué apuestas a que…
    PRINCESA. Silencio, ya basta de cuchicheos.

    INT. CASA. NOCHE.
    Cuchicheo de comadres. El joven se presenta en la casa de sus padres. Les cuenta el encuentro con el rey y la promesa de matrimonio. Entonces la madre palidece de golpe y empieza a injuriarlo.
    MUJER. Ah, ingrato, quieres dejarme, te enamoraste de esa princesa y ya no ves la hora de irte. ¡Puedes irte ahora mismo! ¡Que no te vuelva a ver en esta casa!
    JOVEN. Pero, madre mía, ¿Qué he hecho yo de malo?
    MUJER. ¡Qué madre, ni qué narices! ¡Yo no soy tu madre!
    JOVEN. ¿Cómo? ¿Y entonces quién es mi madre, si no tú?
    MUJER. Pues vete a saber quién es. ¡A ti te encontraron en medio del bosque!
    Y el mercader le cuenta la historia al pobre joven que casi pierde el conocimiento.
    JOVEN. ¿Qué he hecho yo de malo?
    El mercader, ante la cólera de su mujer, no tiene el valor de oponerse. Afligido, provee al joven de dinero y mercancías y le deja partir.
    CRIADO, en voz baja. ¡Cómo está la jefa!
    CRIADO. ¡Arrea, que notición!
    MERCADER. Espera, hijo, espera, no te marches así.
    Cuchichean criados. Ladra el perro.

    EXT. BOSQUE. NOCHE.
    Canto de cigarras y grillos. Hormigas trabajando. El joven llega desesperado, se tira al pie de un árbol y dando puñetazos en el suelo suspira.
    JOVEN. ¡Ay, madre mía! ¿Qué voy a hacer ahora, tan solo y desconsolado? ¡Alma de mi madre, ayúdame!
    Junto a él aparece un viejo mal vestido de barba blanca y larga.
    VIEJO. ¿Qué te pasa, hijo?
    El joven le confía sus pesares.
    JOVEN. Así que no puedo volver con mi prometida puesto que no soy el hijo del mercader.
    VIEJO. ¿Y de qué tienes miedo? Tu padre soy yo y voy a ayudarte.
    El joven mira al viejo harapiento.
    JOVEN. ¿Tú mi padre? ¡Lo habrás soñado!
    VIEJO. Sí, hijo mío, soy tu padre. Si vienes conmigo, te traeré suerte. Si no estás perdido.
    El joven mira a los ojos del viejo y piensa ‘Perder por perder, mejor me voy con él. Después de todo no me queda mucho donde elegir’.
    JOVEN. ¿Tú qué dices caballo?
    CABALLO. Yo que tú le haría caso al viejo.
    Hace montar al viejo a la grupa del caballo y parten para el reino de su prometida.
    JOVEN. Demuéstramelo.
    VIEJO. Si vienes te lo demostraré..
    VIEJO. ¿Qué, has decidido ya?
    CIGARRA. ¡Eh, que yo no soy de este cuento!
    HORMIGA. Ni estos tampoco.
    La cigarra canta y la hormiga trabaja.
    GRILLO. ¡Bocazas, bocazas.. que lo demuestre, que lo demuestre!
    El grillo canta y la hormiga trabaja.
    HORMIGA. Es como la cigarra y el grillo, un andrajoso.

    EXT. PRADERA. DÍA.
    Cascos de caballo y asnos. Mientras vuelven al palacio, van conversando por el camino.
    VIEJO. ¿Y quién dices que te encontró?
    JOVEN. ..y me encontraron en el bosque..
    JOVEN. Un comerciante ismaelita fue.. es mi padre.

    INT. PALACIO. DÍA.
    Cuchicheos palaciegos. El joven y el viejo llegan al Palacio Real y se presentan en la sala de audiencias del rey.
    REY. ¿Dónde está tu padre?
    JOVEN, señalando al viejo. Este es.
    REY. ¡Este! ¿Y tienes el coraje de venir a pedir a mi hija?
    VIEJO. Majestad, yo soy aquel viejo que hablaba con las estrellas y os anunció el nacimiento de vuestra hija y el de mi hijo, que debía casarse con ella. Y este, como ya os ha dicho, es ese hijo mío.
    El rey da un brinco del trono.
    REY. ¡Viejo descarado, fuera de aquí! ¡Guardias a él!
    El rey se queda petrificado.
    VIEJO. ¿Majestad?
    Los guardias se adelantan a cogerlo, entonces el viejo se abre la raída vestimenta a la altura del pecho y aparece el Toisón de oro, símbolo del emperador
    GUARDIAS. ¡El emperador!
    REY. ¡El emperador!
    TODOS. ¡El emperador!
    REY. Perdón, Sacra Majestad. No sabía con quién hablaba. Esta es mi hija, cúmplase tu voluntad.
    La princesa y el joven se besan y abrazan.

    EXT. CIUDAD. DÍA.
    Ajetreo de un mercado. Golondrinas, oso amaestrado, cabras, ovejas, gallinas, pollos.
    UNO. Así que el Emperador, cansado de la corte, recorría el mundo disfrazado de pordiosero, solo, hablando con los planetas y las estrellas.
    OTRO. ¿Y dices que hoy mismo se concertaron las bodas?
    UNO. Así es. Y hoy llega el mercader y su mujer, que han sido llamados por el joven para asistir a su boda.

    INT. PALACIO. NOCHE.
    Canto de juglares, bullicio palaciego. El joven recibe a sus padres en el palacio real. Les da un abrazo.
    JOVEN. Hoy me caso con la princesa. Vosotros me echasteis de casa y por ello…
    JOVEN. …os debo mi fortuna, Pero vosotros siempre os quedaréis conmigo. ¡Padre y madre mía, porque para mí vosotros sois mi padre y mi madre!
    Y los viejos, enternecidos, rompen a llorar.

    EXT. CIUDAD. NOCHE.
    Desde la plaza mayor se ve un gran festín nupcial en toda la ciudad. El hijo del emperador se casa con la hija del rey.
    UNO. Y ellos vivirán contentos y felices..
    OTRO. Y nosotros con un palmo de narices..
    Fuegos artificiales.

    JUGLARES. ¡Viva el rey!
    TODOS. ¡Viva!

     
  • viva el Wed1Nov06 Permalink
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    La noche empezaba a tragar el bosque cercano… 

    La noche empezaba a tragar el bosque cercano. El pesado aliento de la niebla otoñal se acercaba húmedo y sigiloso. Salió al pequeño cementerio de la iglesia. Ya nadie se ocupaba de él. Y deseó morir. Un repentino vértigo se apoderó de sus vísceras. Estaba a punto de desmayarse. Sus rodillas se clavaron en el suelo, su frente sobre una lápida. En su amplio mentón se imprimieron las primeras letras inscritas en una abandonada tumba: SOL… El resto de la inscripción estaba tapada por el barro, los trozos degradados de flores de plástico y una esquelética y deshojada corona de alambres torturados por el tiempo. Una repentina mueca se incrustó en su cara, sus ojos brillaron y por primera vez en su vida una lágrima se lanzó al vacío aterrada quizás porque aquel monstruo sin sentimientos hubiera sido capaz de expulsarla de sus sorprendidos y vírgenes lacrimales. Clavó sus uñas en el barro y comenzó a cavar con la desesperación de un condenado en las mazmorras del infierno. La letras esculpidas en piedra hablaban: SOLEDAD MARTÍN DE GAYOL – R.I.P. […]

     
    • Ahasvero el Jue2Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Me acabo de percatar que esto es una hallowinada pedorra, pero ya no voy a cambiarlo, forma parte de la novelota esta por entregas -en clave “florida”- que me ha dado por continuar hasta que la muerte nos separe (jo otra vez he dicho muerte, mierda! si es que los niños no me dejan escribir con tanto “susto o muerte”, ya no sé ni lo que hago, mierda otra vez!)

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    • popi el Jue2Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Venga anda, sigue con la paranoia, que a mí ya me tiene intrigado el asunto. Ah!Y no me olvido del meme, todo tiene su tiempo. “!!!!!!!!!zuzto o muette!!!!!!!!”

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    • Ahasvero el Jue2Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Mi intención es escribir un post al día sobre este tema durante un año (365 post, más o menos). Cada uno de ellos será una página de la novelota y, a la vez, un microrrelato independiente con su propio final. Por tanto, popi, espero mantener la intriga (o el dolor de barriga) de esta paranoia hasta dentro de un año, mientras tanto habrá que conformarse con los microfinales.

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    • popi el Vie3Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Me agrada la idea, siempre y cuando al acabar la novelota no te dé por cambiar de orden cada microrrelato y nos desafíes a resolver otro meme. :)

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    • Ahasvero el Vie3Nov06 Permalink | Inicia sesión para responder

      Pues me has dado una idea, jejeje, quizás lo haga… :lol: por cierto, sobre lo del meme, te aconsejo que lo mutes, es decir, que le hagas alguna mutación :-P

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  • viva el Wed1Nov06 Permalink
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    La noche 

    La noche empezaba a tragar el bosque cercano. El pesado aliento de la niebla otoñal se acercaba húmedo y sigiloso. Salió al pequeño cementerio de la iglesia. Ya nadie se ocupaba de él. Y deseó morir. Un repentino vértigo se apoderó de sus vísceras. Estaba a punto de desmayarse. Sus rodillas se clavaron en el suelo, su frente sobre una lápida. En su amplio mentón se imprimieron las primeras letras inscritas en una abandonada tumba: SOL… El resto de la inscripción estaba tapada por el barro, los trozos degradados de flores de plástico y una esquelética y deshojada corona de alambres torturados por el tiempo. Una repentina mueca se incrustó en su cara, sus ojos brillaron y por primera vez en su vida una lágrima se lanzó al vacío aterrada quizás porque aquel monstruo sin sentimientos hubiera sido capaz de expulsarla de sus sorprendidos y vírgenes lacrimales. Clavó sus uñas en el barro y comenzó a cavar con la desesperación de un condenado en las mazmorras del infierno. La letras esculpidas en piedra hablaban: SOLEDAD MARTÍN DE GAYOL – R.I.P. […]

     
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      Me acabo de percatar que esto es una hallowinada pedorra, pero ya no voy a cambiarlo, forma parte de la novelota esta por entregas -en clave “florida”- que me ha dado por continuar hasta que la muerte nos separe (jo otra vez he dicho muerte, mierda! si es que los niños no me dejan escribir con tanto “susto o muerte”, ya no sé ni lo que hago, mierda otra vez!)

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      Me acabo de percatar que esto es una hallowinada pedorra, pero ya no voy a cambiarlo, forma parte de la novelota esta por entregas -en clave “florida”- que me ha dado por continuar hasta que la muerte nos separe (jo otra vez he dicho muerte, mierda! si es que los niños no me dejan escribir con tanto “susto o muerte”, ya no sé ni lo que hago, mierda otra vez!)

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      Venga anda, sigue con la paranoia, que a mí ya me tiene intrigado el asunto. Ah!Y no me olvido del meme, todo tiene su tiempo. “!!!!!!!!!zuzto o muette!!!!!!!!”

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      Venga anda, sigue con la paranoia, que a mí ya me tiene intrigado el asunto. Ah!Y no me olvido del meme, todo tiene su tiempo. “!!!!!!!!!zuzto o muette!!!!!!!!”

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      Mi intención es escribir un post al día sobre este tema durante un año (365 post, más o menos). Cada uno de ellos será una página de la novelota y, a la vez, un microrrelato independiente con su propio final. Por tanto, popi, espero mantener la intriga (o el dolor de barriga) de esta paranoia hasta dentro de un año, mientras tanto habrá que conformarse con los microfinales.

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      Mi intención es escribir un post al día sobre este tema durante un año (365 post, más o menos). Cada uno de ellos será una página de la novelota y, a la vez, un microrrelato independiente con su propio final. Por tanto, popi, espero mantener la intriga (o el dolor de barriga) de esta paranoia hasta dentro de un año, mientras tanto habrá que conformarse con los microfinales.

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      Me agrada la idea, siempre y cuando al acabar la novelota no te dé por cambiar de orden cada microrrelato y nos desafíes a resolver otro meme. :)

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      Me agrada la idea, siempre y cuando al acabar la novelota no te dé por cambiar de orden cada microrrelato y nos desafíes a resolver otro meme. :)

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      Pues me has dado una idea, jejeje, quizás lo haga… :lol: por cierto, sobre lo del meme, te aconsejo que lo mutes, es decir, que le hagas alguna mutación :-P

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      Pues me has dado una idea, jejeje, quizás lo haga… :lol: por cierto, sobre lo del meme, te aconsejo que lo mutes, es decir, que le hagas alguna mutación :-P

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    6. La noche… 

    nieblaLa noche empezaba a tragar el bosque cercano. El pesado aliento de la niebla otoñal se acercaba húmedo y sigiloso. Salió al pequeño cementerio de la iglesia. Ya nadie se ocupaba de él. Y deseó morir. Un repentino vértigo se apoderó de sus vísceras. Estaba a punto de desmayarse. Sus rodillas se clavaron en el suelo, su frente sobre una lápida. En su amplio mentón se imprimieron las primeras letras inscritas en una abandonada tumba: SOL… El resto de la inscripción estaba tapada por el barro, los trozos degradados de flores de plástico y una esquelética y deshojada corona de alambres torturados por el tiempo. Una repentina mueca se incrustó en su cara, sus ojos brillaron y por primera vez en su vida una lágrima se lanzó al vacío aterrada quizás porque aquel monstruo sin sentimientos hubiera sido capaz de expulsarla de sus sorprendidos y vírgenes lacrimales. Clavó sus uñas en el barro y comenzó a cavar con la desesperación de un condenado en las mazmorras del infierno. La letras esculpidas en piedra hablaban: SOLEDAD MARTÍN DE GAYOL – R.I.P. […]

     
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      Me acabo de percatar que esto es una hallowinada pedorra, pero ya no voy a cambiarlo, forma parte de la novelota esta por entregas -en clave “florida”- que me ha dado por continuar hasta que la muerte nos separe (jo otra vez he dicho muerte, mierda! si es que los niños no me dejan escribir con tanto “susto o muerte”, ya no sé ni lo que hago, mierda otra vez!)

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      Venga anda, sigue con la paranoia, que a mí ya me tiene intrigado el asunto. Ah!Y no me olvido del meme, todo tiene su tiempo. “!!!!!!!!!zuzto o muette!!!!!!!!”

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      Mi intención es escribir un post al día sobre este tema durante un año (365 post, más o menos). Cada uno de ellos será una página de la novelota y, a la vez, un microrrelato independiente con su propio final. Por tanto, popi, espero mantener la intriga (o el dolor de barriga) de esta paranoia hasta dentro de un año, mientras tanto habrá que conformarse con los microfinales.

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      Me agrada la idea, siempre y cuando al acabar la novelota no te dé por cambiar de orden cada microrrelato y nos desafíes a resolver otro meme. :)

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      Pues me has dado una idea, jejeje, quizás lo haga… :lol: por cierto, sobre lo del meme, te aconsejo que lo mutes, es decir, que le hagas alguna mutación :-P

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  • viva el Tue31Oct06 Permalink
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    Saludó con la mano a su viejo vecino… 

    Saludó con la mano a su viejo vecino que en ese momento parecía haberse quedado petrificado sobre la mecedora. Para ir a la iglesia tenía que cruzar el bosque. Su propósito era firme. Sabía que esto sería especialmente difícil pero no podía dejarse vencer al primer intento. Recorrió el trecho que le separaba del mismo sin dejar de apartar la vista de su vecino, que seguía inmóvil en su tumbona. Cierto era que nunca le había saludado, pero hoy, que había tomado la irrevocable decisión de cambiar, había que ser amable también con él. Volvió a saludarle al pasar frente a la cancela que daba entrada a su granja. El viejo se levantó tembloroso y convulso e hizo un áspero gesto como de despedirse. Entró a su casa con la celeridad que le permitían sus reumáticos huesos y sin cerrar la puerta se quedó oculto en la penumbra de la entrada. Gayol no le dió ninguna importancia, era de esperar que aquel viejo chocho, que era su vecino desde hacía veinte años -cuando llegó a vivir al campo- y al que nunca había saludado, se comportase esquivamente en su primer intento de establecer amigables relaciones vecinales. En cambio le intranquilizaba que el viejo continuase observándole tras la puerta. Nunca se había sentido acechado -hubiera sido fatal para sus antiguos propósitos- pero, conforme avanzaba, sentía tras su espalda la mirada clavada de aquel insólito abuelo. Al girar su cabeza, el ochentón cerró de un portazo. […]

     
  • viva el Tue31Oct06 Permalink
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    3. Saludó… 

    Saludó con la mano a su viejo vecino que en ese momento parecía haberse quedado petrificado sobre la mecedora. Para ir a la iglesia tenía que cruzar el bosque. Su propósito era firme. Sabía que esto sería especialmente difícil pero no podía dejarse vencer al primer intento. Recorrió el trecho que le separaba del mismo sin dejar de apartar la vista de su vecino, que seguía inmóvil en su tumbona. Cierto era que nunca le había saludado, pero hoy, que había tomado la irrevocable decisión de cambiar, había que ser amable también con él. Volvió a saludarle al pasar frente a la cancela que daba entrada a su granja. El viejo se levantó tembloroso y convulso e hizo un áspero gesto como de despedirse. Entró a su casa con la celeridad que le permitían sus reumáticos huesos y sin cerrar la puerta se quedó oculto en la penumbra de la entrada. Gayol no le dió ninguna importancia, era de esperar que aquel viejo chocho, que era su vecino desde hacía veinte años -cuando llegó a vivir al campo- y al que nunca había saludado, se comportase esquivamente en su primer intento de establecer amigables relaciones vecinales. En cambio le intranquilizaba que el viejo continuase observándole tras la puerta. Nunca se había sentido acechado -hubiera sido fatal para sus antiguos propósitos- pero, conforme avanzaba, sentía tras su espalda la mirada clavada de aquel insólito abuelo. Al girar su cabeza, el ochentón cerró de un portazo. […]

     
  • viva el Mon23Oct06 Permalink
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    CONEJO 

    El conejo es la animadora de pompón del bosque.

     
  • viva el Mon23Oct06 Permalink
    Etiquetas: bosque, , ,   

    “RAINDROPS KEEP FALLING ON MY HEAD” 

    Es hipnótico el sonido de xilófono de las gotas de lluvia en el bosque, mientras el agua chispeante –como un masajista de dioses de floresta– recorre mi rostro desnudo y delirante de cometa infantil y cuerpo cachirulo.

     
  • viva el Thu28Sep06 Permalink
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    EL RUISEÑOR Y LA ROSA 

    —Ella me prometió que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas —murmuró el Estudiante—; pero en todo el jardín no queda ni una sola rosa roja.
    El Ruiseñor le estaba escuchando desde su nido en la encina, y lo miraba a través de las hojas; al oír esto último, se sintió asombrado.
    —¡Ni una sola rosa roja en todo el jardín! —repitió el Estudiante con sus ojos llenos de lágrimas—. ¡Ay, es que la felicidad depende hasta de cosas tan pequeñas! Ya he estudiado todo lo que los sabios han escrito, conozco los secretos de la filosofía y sin embargo, soy desdichado por no tener una rosa roja.
    —Por fin tenemos aquí a un enamorado auténtico —se dijo el ruiseñor—. He estado cantándole noche tras noche, aunque no lo conozco; y noche tras noche le he contado su historia a las estrellas; y por fin lo veo ahora. Su cabello es oscuro como la flor del jacinto, y sus labios son tan rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha hecho palidecer su rostro hasta dejarlo del color del marfil, y la tristeza ya le puso su marca en la frente.
    —El Príncipe da el baile mañana por la noche —seguía quejándose el Estudiante—, y allí estará mi amada. Si le llevo una rosa roja bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja la estrecharé entre mis brazos, y ella apoyará su cabeza sobre mi hombro, y apoyará su mano en la mía. Pero como no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, tendré que sentarme solo, y ella pasará bailando delante mío, sin siquiera mirarme y se me romperá el corazón.
    —Este sí que es un auténtico enamorado verdadero —seguía pensando el Ruiseñor—. Yo canto y él sufre; lo que para mí es alegría, para él es dolor. No cabe duda que el amor es una cosa admirable, más preciosa que las esmeraldas y más rara que los ópalos blancos. Ni con perlas ni con ungüentos se lo puede comprar, porque no se vende en los mercados. No se puede adquirir en el comercio ni pesar en las balanzas del oro.
    —Los músicos estarán sentados en su estrado —decía el Estudiante—, y harán surgir la música de sus instrumentos, y mi amada bailará al son del arpa y el violín. Ella bailará tan levemente, que sus pies casi no tocarán el suelo, y los cortesanos, con sus trajes fastuosos, formarán corro en torno suyo para admirarla. Pero conmigo no bailará, porque no tengo una rosa roja para darle.
    Y se arrojó sobre la hierba, y ocultando su rostro entre las manos, se puso a llorar amargamente.
    —¿Por qué está llorando? —preguntó una lagartija verde que pasaba frente a él con la cola al aire.
    —¿Sí, por qué? —murmuraba una margarita a su vecina, con voz dulce y tenue.
    —Está llorando por una rosa roja —explicó el Ruiseñor.
    —¿Por una rosa roja? —exclamaron las otras en coro. ¡Qué ridiculez!
    La lagartija, que era un poco cínica, se puso a reír a carcajadas. Sólo el Ruiseñor comprendía el secreto de la pena del Estudiante y, posado silenciosamente en la encina, meditaba sobre el misterio del amor.
    Por último, desplegó sus alas oscuras y se elevó en el aire. Cruzó como una sombra a través de la avenida, y como una sombra se deslizó por el jardín.
    En medio del prado había un magnífico rosal, y el Ruiseñor voló hasta posársele en una de sus ramas.
    —Necesito una rosa roja —le dijo. Dámela y yo te cantaré mi canción más dulce.
    Pero el rosal negó sacudiendo su ramaje.
    —Mis rosas son blancas —le contestó—, como la espuma del mar y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve donde mi hermana que crece al lado del viejo reloj de sol, y puede ser que ella te proporcione la flor que necesitas.
    El Ruiseñor voló hacia el gran rosal que crecía junto al viejo reloj de sol.
    —Dame una rosa roja —le dijo—, y te cantaré mi canción más dulce.
    Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
    —Mis rosas son amarillas —contestó—, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar, y más amarillas que el Narciso que florece en el prado. Pero anda a ver a mi hermano, que crece al pie de la ventana del Estudiante, y quizás él pueda darte la flor que necesitas.
    El Ruiseñor voló entonces hasta el viejo rosal que crecía al pie de la ventana del Estudiante.
    —Dame una rosa roja —le dijo—, y yo te cantaré mi canción más dulce.
    Pero el rosal negó sacudiendo su follaje.
    —Rojas son, en efecto, mis rosas —contestó—; tan rojas como las patas de las palomas, y más rojas que los abanicos de coral que relumbran en las cavernas del océano. Pero el invierno heló mis venas, y la escarcha marchitó mis capullos, y la tormenta rompió mis ramas y durante todo este año no tendré rosas rojas.
    —Una rosa roja es todo lo que necesito —exclamó el Ruiseñor—; ¡sólo una rosa roja! ¿No hay manera alguna de que la pueda obtener?
    —Hay una manera —contestó el rosal—, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtela.
    —Dímela —repuso el Ruiseñor—. Yo no me asustaré.
    —Si quieres una rosa roja —dijo el rosal—, tienes que construirla con tu música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu corazón. Debes cantar con tu pecho apoyado sobre una de mis espinas. Debes cantar toda la noche, hasta que la espina atraviese tu corazón y la sangre de tu vida fluirá en mis venas y se hará mía…
    —La propia muerte es un precio muy alto por una rosa roja —murmuró el Ruiseñor—, y la vida es dulce para todos. Es agradable detenerse en el bosque verde y ver al sol viajando en su carroza de oro y a la luna en su carroza de perlas. Es muy dulce el aroma del espino, y también son dulces las campanillas azules que crecen en el valle y los brezos que florecen en el collado. Sin embargo, el Amor es mejor que la vida, y, por último, ¿qué es el corazón de un ruiseñor comparado con el corazón de un hombre enamorado?
    Y, desplegando sus alas oscuras, el ruiseñor se elevó en el aire, cruzó por el jardín como una sombra, y como una sombra se deslizó a través de la avenida.
    El Estudiante seguía echado en la hierba, como lo había dejado; y las lágrimas no se secaban en sus anchos ojos.
    —¡Alégrate! —le gritó el Ruiseñor—. ¡Siéntete dichoso, porque tendrás tu rosa roja! Yo la construiré con mi música, a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi corazón. Lo único que pido en cambio, es que seas un verdadero amante, porque el Amor es más sabio que la Filosofía, por muy sabia que ésta sea, y es más poderoso que la Fuerza, por muy fuerte que ella sea. Las alas del Amor son llamas de mil tonalidades, y su cuerpo es del color del fuego. Sus labios son dulces como la miel, y su aliento es como la mirra silvestre.
    El Estudiante levantó la vista de la hierba y escuchó, pero no comprendió lo que decía el Ruiseñor, porque él sólo podía entender lo que estaba escrito en los libros.
    En cambio, la encina comprendió y se puso a balancear muy tristemente, porque sentía un hondo cariño por el pequeño Ruiseñor que había construido el nido en sus ramajes.
    —Cántame, por favor, una última canción —le susurró la encina—, porque voy a sentirme muy sola cuando te hayas ido.
    Y el Ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que cae de una jarra de plata.
    Cuando terminó la canción del Ruiseñor, se levantó el Estudiante y sacó del bolsillo un cuadernito y un lápiz.
    —He de admitir que ese pájaro tiene estilo —se dijo a sí mismo caminando por la alameda—, eso no puede negarse; pero ¿acaso siente lo que canta? Temo que no, debe ser como tantos artistas, puro estilo y nada de sinceridad. Jamás se sacrificaría por alguien, piensa solamente en música y ya se sabe que el arte es egoísta. Sin embargo, debo reconocer que su voz da notas muy bellas. ¡Lástima que no signifiquen nada, o que no signifiquen nada importante para nadie!
    Luego entró en su alcoba, y, echándose sobre su cama, comenzó de nuevo a pensar en su amor. Después de unos momentos se quedó dormido.
    Cuando la luna alumbró en los cielos, el Ruiseñor voló hacia el rosal, y apoyó su pecho sobre la mayor de las espinas. Toda la noche estuvo cantando con el pecho contra la espina, y la luna fría y cristalina se inclinó para escuchar. Toda la noche estuvo cantando así apoyado, y la espina se hundía más y más en su carne y la sangre de su vida se derramaba en el rosal.
    Cantó primero al nacimiento del Amor en el corazón de los adolescentes. Entonces, en la rama más alta del rosal floreció una rosa maravillosa, pétalo tras pétalo como canción tras canción. Al principio era pálida, como la niebla que flota sobre el río; pálida como los pies de la mañana y plateada como las alas de la aurora. La rosa que floreció en la rama más alta del rosal era como el reflejo de una rosa en un cáliz de plata, era como el reflejo de una rosa en espejo de agua.
    El rosal le gritó al Ruiseñor para que apretara más su pecho contra la espina.
    —¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o el día llegará antes de haber terminado de fabricar la rosa!
    Y el Ruiseñor se apretó más contra la espina, y más y más creció su canto porque ahora cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un joven y de una virgen.
    Y un delicado rubor comenzó a cubrir las hojas de la rosa, como el rubor que cubre las mejillas del novio cuando besa los labios de su prometida.
    Pero la espina no llegaba todavía al corazón del corazón, y el corazón de la rosa permanecía blanco, porque sólo la sangre de un ruiseñor puede enrojecer el corazón de una rosa.
    Y el rosal le gritó al Ruiseñor para que se apretara más aún contra la espina.
    —¡Aprétate más, pequeño Ruiseñor —gritó el rosal—, o llegará el día antes de haber terminado de fabricar la rosa!
    Y el Ruiseñor se apretó más aún contra la espina, y la espina al fin le alcanzó el corazón. Un terrible dolor lo traspasó. Más y más amargo era el dolor, y más y más impetuosa se hacía su canción, porque ahora cantaba el Amor sublimado por la muerte, el Amor que no puede aprisionar la tumba.
    Y la rosa del rosal se puso camersí como la rosa del cielo del Oriente. Su corona de pétalos era púrpura como es purpúreo el corazón de un rubí.
    La voz del Ruiseñor ya desmayaba, sus alitas comenzaron a agitarse, y una nube le cayó sobre sus ojos. Su canto desmayaba más y más, y sentía que algo le obstruía la garganta.
    Entonces tuvo una última explosión de música. Al oírla la luna blanca se olvidó del alba y se demoró en el horizonte. Al oírla la rosa roja tembló de éxtasis y abrió sus pétalos al frescor de la mañana. El eco llevó la canción a la caverna de las montañas, y despertó a los pastores dormidos. Luego navegó entre los juncos del río que llevaron el mensaje hasta el mar.
    —¡Mira, mira —gritó el rosal—, la rosa ya está terminada!
    Pero el Ruiseñor no contestó, porque estaba muerto con la espina clavada en su corazón.
    Ya era eso del mediodía cuando despertó el Estudiante; abrió la ventana y miró hacia afuera.
    —¡Caramba, qué maravillosa visión! —exclamó—. ¡Una rosa roja! En mi vida he visto una rosa semejante. Es tan hermosa que estoy seguro que tiene un nombre muy largo en latín.
    Se inclinó por el balcón y la cortó.
    En seguida se caló el sombrero, y con la rosa en la mano, corrió a la casa del profesor.
    La hija del profesor estaba sentada cerca de la puerta, devanando una madeja de seda azul, con su perrito a los pies.
    —Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja —exclamó el Estudiante—. Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. Esta noche la prenderás sobre tu corazón y como bailaremos juntos podré decirte cuánto te amo.
    Pero la jovencita frunció el ceño.
    —Me temo que no va a hacer juego con mi vestido nuevo —repuso—, Y, además el sobrino del Chambelán me envió unas joyas de verdad, y todo el mundo sabe que las joyas son más caras que las flores.
    —Eres una ingrata incorregible —dijo agriamente el Estudiante, y tiró con ira la rosa al arroyo donde un carro la aplastó al pasar.
    —¿Ingrata? —dijo la muchacha—. Yo te digo que eres un grosero. ¿Qué eres tú, después de todo? Sólo un estudiante, y ni siquiera creo que lleves hebillas de plata en los zapatos, como lo hace el sobrino del Chambelán.
    Y muy altanera se metió en su casa.
    —¡Qué cosa más estúpida es el Amor! —se dijo el Estudiante mientras caminaba—. No es ni la mitad de útil que la Lógica, porque no demuestra nada y le habla a uno siempre de cosas que no suceden nunca, y hace creer verdades que no son ciertas. En realidad no es nada práctico, y como en estos tiempos ser práctico es serlo todo, volveré a la Filosofía y al estudio de la Metafísica.
    Y al llegar a su casa, abrió un libro lleno de polvo, y se puso a leer.

    Oscar Wilde

     
  • viva el Sun24Sep06 Permalink
    Etiquetas: bosque,   

    La lluvia ensaya y toca todos los xilófonos… 

    La lluvia ensaya y toca todos los xilófonos del bosque, ¡qué gran percusionista!

     
  • viva el Sun24Sep06 Permalink
    Etiquetas: bosque,   

    Xilofonista 

    La lluvia ensaya y toca todos los xilófonos del bosque, ¡qué gran percusionista!

     
  • viva el Sun6Aug06 Permalink
    Etiquetas: bosque, ,   

    EXT. BOSQUE. NOCHE 

    Luna tras árbol: esa luna de los desconfiados se esconde tras los árboles con delirio persecutorio.

     
  • viva el Sun18Jun06 Permalink
    Etiquetas: bosque,   

    Tropel de cadáveres esquisitos 

    Maraña y horca de este bosque apestado del terror de los gritos espesados ensangre con un fagot de bronce tocado a garrotazos por la brutal pilila del ahorcado en la estación de hierro que anuncia esta campana ronca.

     
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