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    Etiqueta: sol

    Noche sin ojos

    Acaríciame, noche sin ojos
    Bacante surgida de mi sombra
    ¿Cómo puedes reparar un corazón roto?
    Así en el amor me entrego, querida
    Nada, amor, significa mucho
    Si no tiene ese sombreado swing
    No tiene que ser una gran estrella
    Mi chica está en el dulce paraíso
    Algún día estaremos latiendo al unísono
    En el oscuro camino del sol

    Tu espacio para navegar

    Todas mis inseguridades, todas mis aristas nunca me hicieron parpadear ni una sola vez. Me rendiría para siempre por tocarte, porque sé que me sientes de alguna manera. Eres lo más cercano al cielo que nunca estaré y no quiero irme a casa ahora mismo. Estoy pensando en ti, en mi insomne soledad de esta noche. Si está mal amarte, entonces mi corazón simplemente me ha dejado sin razón. Podría hacerte feliz, hacer tus sueños realidad. Nada hay que yo no haría. Ve a los confines de la tierra sentada en el sol para que te haga sentir mi amor. Y cuando necesites tu espacio para navegar un poco, estaré aquí esperando pacientemente para que me encuentres. No me rendiré.

    Fabrizio Dall’Aglio. No Era La Lluvia…

    No era la lluvia, no, no era la nieve

    no era el sol no era viento, y la estación

    era sólo su reducido espacio

    un bosquejo del tiempo, una visión.

     

    No era antes, no, no era después

    no era noche ni día, se soltaba

    y unía en un intervalo vacío

    de ti, de mí, de todo cuanto había.

     

    No eras tú, no, no era yo

    no era boca ni cuerpo mano ojo

    sino perdido al fondo de su imagen

    el inútil fulgor de una mirada.

     

     

    PANDEMONIA

    Recuerdo aquel voluptuoso verano del año que pasé viviendo con mi abuelo, en el que se disiparon todos mis problemas. Venus me era favorable y mis uñas abiertas arañaban el día desde el amanecer hasta la tarde. Mis sueños eran azules y yo besaba hasta el centro de las sombras. El calor del sol, el silencio de la ciudad, el color de las sábanas… crepitaban en mi salvaje cabeza, en mis hasta entonces, desiertos pezones, ahora en llamas. La desnudez de las fiestas, las miradas que lo decían todo, mis montes de mujer arrasados por sus manos y sus ojos… han sido sacralizados por mi imaginación y mi memoria para siempre. Yo era aquel verano la Venus de las sombras.

    LA HUERTA

    burro, higuera, noria, nogal, olivos, sierra, corralitos, aljibes, pepinos, tomates, tabaco, cangilones, cortijo, chimenea, palos, leña, sol, primavera, cielo azul, caminos y veredas, escondrijos,

    A MI HERMANO ANICETO

    La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.

    EXT. TORRE. DÍA

    LAS NUBES son cisnes, cisnes blancos, grises o negros,
    sobre el lago azul y sereno del cielo.
    El sol es su jinete, y de las nubes, sube y baja
    con la montura celeste en que cabalga
    el monte o las montañas.
    Las nubes del monte lloran el mar sobre nosotros
    y nos devuelven, puras, las lágrimas lloradas
    por todos los vivientes.
    Mientras el frío viento las va esquilando,
    se precipitan como minúsculas banderas blancas de nieve:
    las banderas de paz de los abismos de la noche.
    La nube, aquella larga nube de plata,
    dorada también por el crepúsculo,
    es enhebrada por la torre para coser
    los abismos del cielo de la noche.
    La torre enhebra nubes, jugando entre campanas,
    esos camellos verdinegros que por la aguja
    pasan, juegan, tañen, cantan, bailan… a las almas.
    En esas nubes grises, blancas y negras
    naufragan las palabras y sus almas.
    No son ya nubes de agua o nieve,
    son nubes de palabras y de almas,
    que reman, como un Caronte de arriba,
    con el remo de la torre, y que pasan, pasan, pasan
    —pasa otra nube—
    un rebaño de nubes, de palabras y de almas.

    SOLVE ET COAGULA

    Sobre su ombligo crecen
    Burbujas atroces de pus.
    La bruma se extiende
    Por una playa infinita
    De cristales rotos
    Sobre los que institivamente
    El mendigo, arrastra
    Los jirones del delirio,
    Los guiñapos
    De estrellas apagadas
    Y todos sus rescoldos cenicientos.
    El mar eyacula
    una espuma verdosa
    Y naufragan sus sombras
    en los cielos de bruma.
    El sol adiestra las sienes
    del narrador omnisciente.
    Corto pues esta parte del todo
    Con aquella palabra afilada
    Y esta otra expresión cosecha
    Otro fragmento del ser entero.
    ¿Qué mundo no asciende ni desciende?