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    Etiqueta: Poder

    Calígula: Albert Camus

    Escrita en 1938 y llevada a la escena por Gérard Philipe en 1945, Calígula es una de las grandes piezas dramáticas de Albert Camus (1913-1960) y una reflexión sobre los problemas y obsesiones que nutrieron su creación literaria y teórica. La obra une a sus valores teatrales intrínsecos el propósito de llevar hasta sus últimas y devastadoras consecuencias las premisas teóricas del nihilismo y prefigura ominosamente el enloquecido desenlace de los regímenes dictatoriales de Hitler y Mussolini. Los temas recurrentes del absurdo existencial, la enajenación metafísica, el sufrimiento humano y la lógica del poder reciben, de esta forma, un despliegue dramático que discurre en paralelo a las novelas y ensayos del Premio Nobel de 1957, cuyo talento literario y sensibilidad ética se centraron siempre en una indagación sobre la complejidad, la ambigüedad y la riqueza de la condición humana.

    LO REPUDIABLE

    No tolero lo normal
    como algo aceptable
    y correcto,

    pues en este
    infame y grotesco
    reinado del esperpento,

    de confusión
    sistemática
    y planeada,

    de desorden
    corrupto
    y manifiesto,

    de cuatreros
    atómicos y
    sangrientos,

    de arbitraria
    y consciente
    iniquidad,

    de humanidad
    pérfidamente
    complaciente…

    todo poder parece
    manifiestamente
    repudiable.

    VECINITAS

    Las vecinitas gritaban tapándose los ojos y corrían asustadas a sus casas. Al parecer era por mi causa, que sacaba mi infantil colita para mear. Ese descubrimiento me dio poder sobre aquellas pacatas, incluso sobre las mayores.
    Yo no le encontraba explicación al escandaloso rubor que les generaba, pero era tan efectivo hacerlo cuando se ponían tontas, pesadas o crueles conmigo que, algunas veces, empecé a hacerlo por pura diversión.

    MOCOSOS DE PÁRVULOS

    el primer día no lloré, tampoco el segundo, pero el tercero fue terriblemente triste, definitivamente se había acabado la libertad. Entrar en párvulos era cumplir una condena de cárcel, uniformados con rayas, sentados en pupitres alineados, sin poder hablar, sin poder reír, sin poder moverte y salir a la calle, al campo, a jugar. Aquello era una tortura. Te engañaban con cosas nuevas y bonitas, como una colorida cartera nueva y un plumier maravilloso, lleno de lápices de colores y un sacapuntas,