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    Etiqueta: muerte

    García Lorca. Yerma

    Escrita entre 1933 y 1934 y estrenada en Madrid en diciembre de este último año, Yerma sintetiza la riqueza del universo lorquiano. Poesía, música, escenografía y plástica se conjugan en una obra que, a caballo entre la tradición y la innovación, representa una de las cimas del teatro español contemporáneo. El autor definió su obra como “la imagen de la fecundidad castigada a la esterilidad”, dentro de ese dramático juego universal en el que se mueven sus criaturas: la oposición entre las fuerzas de la vida, destinadas a la libertad, y la opresión, hasta la muerte, que sobre esas fuerzas se vuelca.

    AHASVERO

    En la muerte da tiempo de hacer todo lo que no hicimos en vida.
    Toda la energía y materia oscura nos pertenece, es una simple ecuación.
    Nuestra materia o energía oscura pasará por todos los espacios y tiempos que no pasamos en vida. En este momento, todos mis otros NO pasan delante de mí.

    AL DÍA

    Pierde la aprensión y el recelo,
    Espera el día a porta gayola,
    Como aguarda a la muerte
    Un gladiador de sombras
    Y como un niño confia
    Que nunca se acabe
    El tobogán infinito
    De sus juegos
    Cada
    Día.

    EXT. CEMENTERIO. DÍA

    Las sepulturas están llenas
    de idilios y benditos instantes
    en raídos cabellos,
    de lirios florales
    en pechos descarnados,
    de lágrimas secas
    en ojos desollados,
    de sales oxidadas
    en labios desdentados,
    las sepulturas están llenas
    de besos enterrados.

    EL ENTERRADOR

    La patata es convenientemente incinerada en el horno, sin epitafio, sin cruz, sin cementerio. Luego es enterrada en caliente, con su mantequilla, su queso y su piel. Para conmemorar la muerte de la patata asada hemos tocado un responso de carcajadas y dos aves maría que nos han generado una risa tonta como si nos estuvieran haciendo cosquillas con una pluma en las costillas. El hilo de las tripas se ha puesto a coser sin aguja ni dedal. Tragar su muerte ha sido duro y la garganta se anudaba un poco pero el cuello ha sido fuerte y las amígdalas no se han dejado amilanar. La nuez ha hecho el resto. Ya no hay dolor, el duelo ha sido corto y feliz el entierro, en su blanca y reluciente tumba también hemos puesto un epitafio: “Se fuerte como una Roca”.

    LA NIEVE DE HOY

    Cae con el hastío silencioso de la caspa
    un aguanieve tacaña, adulterada, esquiva.
    Se desvanece esta nieve en el asfalto
    antes de rozar siquiera el agostado suelo.
    Esta nieve es la pátina negra de las calles,
    el fósil mudo del silencio adoquinado,
    el confeti ceniciento de la muerte.
    No hay incendios sembrados en la nieve,
    ni es de Orión esta anoréxica indolencia blanca,
    es el maná plomizo y apagado de los cielos.
    Rancia, como el tiempo, se va tornando
    en simple reliquia del recuerdo.

    A MI HERMANO ANICETO

    La luz terca y cansina de las siestas de La Mancha. Todo está sumergido en el formol del pasado, viejas que debieron morir hace mucho tiempo, cosen y rumian sus rezos a las puertas de las casas. La luz familiar de estas calles es la que se prende a los ojos y a la sangre, al polvo dinástico de las cosas. La luz amniótica que pasa como un río silencioso, hermanando orillas, lamiendo la piedra de las tapias, las ventanas enclavadas. La luz detenida de las cinco de la tarde, detenida en los relojes, en los olivos, en esos cerros comidos de intemperie, en el luto totémico y lustral de los arcángeles, en el bronce tullido de las torres pregoneras. Y cómo no pensar en la muerte bajo este sol tan familiar, tan aburrido, tan obstinadamente infancia. Esta luz ni tan siquiera encuentra una puerta abierta, una sombra en la que refugiarse, una casa en la que arder reconocida. Bajo este sol, vienes a enterrar al padre del amigo.