ECUATION

The equation is served: the bitter spread when a tremor begins by iridescent nacre. I found only his engine, but comes the common ennui and remember the first.

Gerald Durrell. Animales En General

Tal como sentenciara en su día un famoso suplemento literario, ” si los animales, pájaros e insectos pudieran hablar, posiblemente concederían a Gerald Durrell uno de sus primeros Premios Nobel”. Animales en general, que recoge las amenas charlas que el popular naturalista dio en la BBC acerca de “Galanteos animales, “Animales inventores” y “Animales que desaparecen”, constituye una buena muestra del talento de su autor para describir con inimitable frescura, brillantez y gracia los mecanismos y peculiaridades de la vida animal.

El Pirata

Ítaca le regaló un hermoso barco llamado El Invencible. Con el corazón inflamado, cuando cumplió catorce, se despidió de Ítaca. Partío el pirata joven buscando su fortuna. De su bajel pirata, por su osadía, los viejos bucaneros se mofaban. Duro fue el viaje entre tormentas, calmachichas, encallando entre arenas, rocas y bajíos, peleando por múltiples tesoros, baratijas y miserias… Más el grande, el único tesoro, no era el barco, no lo fué la fortuna, no fue la gloria, ni la fama. El grande, el único tesoro, era llegar a Ítaca, tras largas aventuras y periplos.

Homenaje a Konstantino Kavafis, cuya vida se enmarca entre dos 29 de abril.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Más no apresures el viaje.

 

Mass Media

Los medios tienen cada vez menos gente y la gente tiene cada vez más medios.

Einstein y Hawking

¡Triste época es la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Einstein.

Tal día como hoy nacía el físico alemán de origen judío Albert Einstein, físico famoso por su Teoría de la relatividad.
Tal día como hoy de 2018 muere Stephen Hawking, físico famoso por sus teorías acerca de los agujeros negros.
Hoy se celebra el día del número Pi (3.14)
Qué extrañas coincidencias!
Ambos son grandes hombres que han aportado mayor conocimiento a la humanidad.
Ambos creían que el mundo podía ser mejor y más humano.
Nuestro homenaje a estos dos grandes de la ciencia.

Gabriel García Márquez

Hoy, 6 de marzo, se conmemora el cumpleaños del bien laureado de la literatura Hispanoamericana y Universal, Gabriel García Márquez, uno de los mejores representantes del realismo mágico, quien es muy conocido por su obra maestra 100 años de soledad.

Gabriel García Márquez fue galardonado con el Premio Nobel en 1982 por sus novelas y relatos cortos en los que se combinan lo fantástico y lo realista de una manera magistral. Vaya hoy nuestro homenaje al gran maestro colombiano.

Tales de Mileto

Tales de Mileto, de quien se dice que fue uno de los primeros filósofos de la historia, sostenía que no había diferencia entre la vida y la muerte. Para burlarse de él, alguien le preguntó:

-Y si no hay diferencia, ¿por qué no te mueres?
-Por eso -contestó Tales- porque no hay diferencia.

ANTOÑITO

El tío Antonio toma el sol en la esquina y mira su reloj. Su única preocupación es saber la hora exacta. Y mantener su reloj de muñeca en hora, claro, mientras toma el sol en la esquina. Mira su reloj, agarrándose la muñeca, porque el pulso le tiembla, y acerca su vista, porque ya no ve bien. Las cinco y diecinueve, murmura. Dado que su reloj se retrasa por el día y se adelanta por la noche, le preocupa enormemente saber la hora exacta. Al cabo de los años ha calculado cuanto se retrasa y cuanto se adelanta. Para su edad es una compleja fórmula de resolver, pero a base de ensayo y error es casi seguro que puede calcular la hora en punto. Eso dice. Con frecuencia, cuando paso a su lado, me pregunta, bueno, en realidad siempre que paso a su lado me pregunta ¿Tienes hora? ¿Qué hora es? ¿Llevas reloj? Aunque de sobra sabe que sí tengo, porque en mi primera comunión me regaló un reloj, mi primer reloj, y siempre lo llevo puesto. A mí el tiempo no me importa, no, al menos todavía, pero como sé que me va a preguntar la hora, siempre lo llevo puesto. ¿Qué hora tiene tu reloj?, insiste. Las cinco y veinte, creo. Digo yo. Pero cómo que creo… —protesta— ¿ya son y veinte en punto o no? Como el tuyo tiene segundero es más exacto. A ver, dime la hora exacta, dice. Las cinco, veinte minutos y quince segundos, le digo para tranquilizarlo. Ah, ves, el mío no tiene segundero, …como es viejo. El mío todavía tiene y veinte. Se atrasa, por el día se atrasa. Y vuelve a mirar su reloj, su dorado y viejo reloj. Aunque por la noche se adelanta, ¿sabes? Me cuenta por enésima vez. Sólo está en hora dos veces al día, ¿sabes? Es un buen reloj, no creas. El mío sólo se adelanta, le digo, y ni siquiera sé cuánto. Y eso que te compré el mejor reloj que tenían en la tienda de Frasco, dice. Ya no hacen relojes como los de antes, Toni. Concluye, como siempre. Este me lo regaló mi tío Anton para mi primera comunión, como yo a tí, me revela. De pronto una náusea me invade. Me veo viejo, sentado al sol y contemplando mi viejo reloj con segundero, preocupado por cuánto se atrasa o se adelanta mi reloj, preguntando a mi sobrino ¿Qué hora es en tu reloj, Antoñito? Entonces corro a mi casa y agitado le digo a mi madre: yo no quiero llamarme Antonio, y arrojo el reloj a la basura.

samoyedos

El tío Antonio toma el sol en la esquina y mira su reloj. Su única preocupación es saber la hora exacta. Y mantener su reloj de muñeca en hora claro, mientras toma el sol en la esquina. Mira su reloj, agarrándose la muñeca, porque el pulso le tiembla, y acerca su vista, porque ya no ve bien. Las cinco y diecinueve, murmura. Dado que su reloj se retrasa por el día y se adelanta por la noche, le preocupa enormemente saber la hora exacta. Al cabo de los años ha calculado cuanto se retrasa y cuanto se adelanta. Para su edad es una compleja fórmula de resolver, pero a base de ensayo y error es casi seguro que puede calcular la hora en punto. Eso dice. Con frecuencia, cuando paso a su lado, me pregunta, bueno, en realidad siempre que paso a su lado me pregunta ¿Tienes hora? ¿Qué hora es? ¿Llevas reloj? Aunque de sobra sabe que sí tengo, porque en mi primera comunión me regaló un reloj, mi primer reloj, y siempre lo llevo puesto. A mí el tiempo no me importa, no, al menos todavía, pero como sé que me va a preguntar la hora, siempre lo llevo puesto. ¿Qué hora tiene tu reloj?, insiste. Las cinco y veinte, creo. Digo yo. Pero cómo que creo… —protesta— ¿ya son y veinte en punto o no? Como el tuyo tiene segundero es más exacto. A ver, dime la hora exacta, dice. Las cinco, veinte minutos y quince segundos, le digo para tranquilizarlo. Ah, ves, el mío no tiene segundero, …como es viejo. El mío todavía tiene y veinte. Se atrasa, por el día se atrasa. Y vuelve a mirar su reloj, su dorado y viejo reloj. Aunque por la noche se adelanta, ¿sabes? Me cuenta por enésima vez. Sólo está en hora dos veces al día, ¿sabes? Es un buen reloj, no creas. El mío sólo se adelanta, le digo, y ni siquiera sé cuánto. Y eso que te compré el mejor reloj que tenían en la tienda de Frasco, dice. Ya no hacen relojes como los de antes, Toni. Concluye, como siempre. Este me lo regaló mi tío Anton para mi primera comunión, como yo a tí, me revela. De pronto una náusea me invade. Me veo viejo, sentado al sol y contemplando mi viejo reloj con segundero, preocupado por cuánto se atrasa o se adelanta mi reloj, preguntando a mi sobrino ¿Qué hora es en tu reloj, Antoñito? Entonces corro a mi casa y agitado le digo a mi madre: yo no quiero llamarme Antonio, y arrojo el reloj a la basura.

(A Virutas y Minicuentos)

Ensayos

Un ensayo es un libro muy largo, sesudo y argumentado para defender una opinión totalmente equivocada.

Ensayos

Un ensayo es un libro muy largo, sesudo y argumentado para defender una opinión totalmente equivocada.

Boni

El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.
– Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy. – Y puso sus tacones en marcha.

Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares… Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi.

EXT. ESQUINA A BALLESTA. DÍA

El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.

BONI. Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy.

Boni puso sus tacones en marcha.

Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares…

BONI. Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi…

Ensayo

El sueño es el ensayo de la muerte, con sus infiernos, paraísos y purgatorios de saldo e incluso con sus ateas nadas.