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    Etiqueta: Corona

    Sikkim

    La pequeña huérfana americana entró a formar parte de la familia real el día fijado por los astrólogos, siendo coronada, con tan sólo veinticinco años, como la gyalmo de Sikkim, la reina de El reino de las orquídeas.
    Al pie del trono, la Denjong Gyallo, la que reina sobre el país del arroz y esposa de las divinidades, recoge las ofrendas de un lama: un cofre precioso, lleno de amuletos de la buena suerte, mientras, en los jardines de palacio cantan los niños del templo bajo las banderolas de vivos colores. Es un día radiante y festivo en el pequeño reino de Sikkim.

    -Yo le amo, y el reino de Sikkim es un país de ensueño. Dice Hope Cooke, cuando el principe Thondup, le ofrece, junto a su amor, la corona del reino.

    Apenas cuatro años antes, ella había encontrado a su apesadumbrado príncipe en un hotel de Darjeeling. Ni en sus más osados sueños hubiera imaginado una historia de amor tan de cuento de hadas… Continuará

    Esas cobardes gallinas que gritan prudentes ¡centro…

    Esas cobardes gallinas que gritan prudentes:
    “¡centro!, extremos huelen” y pican en el patio
    que a la derecha se impone desde Europa,
    falsos demócratas que vinieron del establo,
    más bien caverna, de la España del águila y
    cuyos polluelos arrastran el culo por las instituciones
    de la nueva farsa España.

    O los republicanos reconvertidos
    en sanguijuelas que se pegan a la corona,
    zorra dorada que vigila desde el trono
    su dominio ignorante y apestoso,
    olor a podrido de transición,
    la mano de Franco todavía campante
    ¿y ellos? socialistas sin socialismo, parasitismo.

    Y tantos otros que husmean
    con sus hocicos por fuera del espectáculo,
    esperando la oportunidad del salto,
    unos no pueden en su descarrile al centro,
    otros, viejas caras con aspecto nuevo
    que repican sus gemidos en la CEOE.

    Así el nuevo domingo irás a votar
    con oportunidad de algo,
    entonces irá a pasar la institución
    a otras pocas manos ¿y el dueño del corral?
    riendo en su dorado manto.

    Tengo mil palabras para derribar los muros con…

    Tengo mil palabras para derribar
    los muros, con mis puños de seda.
    Millares de palabras atropelladas
    con las que hacer temblar
    al bronce. Pero ¡Ay! He perdido
    los engarces; no hay corona.
    Estoy cansada de parecer
    “una tía dura” con poco éxito.
    Harta, de no poder ser
    mimosa, vulnerable, cristalina
    tranquila y a gusto. De serlo
    a mi pesar, cuando me encuentran
    con la guardia baja.
    Las ilusiones que se van muriendo
    luchan hasta convertirse
    en obsesión. Estoy desbordada,
    sin nervio, sin aliento.
    Quisiera recostarme en la arena,
    y no digo morir, sino dejar
    volar el tiempo, volverme
    espuma de mar,
    lecho de gaviotas.
    No digo morir,
    ni dejar mi último suspiro evaporase
    al azar por el éter.
    No, sólo permitir que el reloj
    deje de pulsar
    a fuego lento. Desaparecer
    de la mirada de las serpientes
    y de la cizaña, sin príncipes
    que rompan las cortinas.
    Las ilusiones que se difuminan
    luchan para no convertirse
    en lánguidas sombras.
    Espuma de mar y arena;
    rehacerme al tercer día
    ¿Estará ya cerca?

    GRILLO (CANTANDO)

    Está ya en mis zapatos floreciendo
    la corona de espinas de mi muerte,
    el hollín de los sueños ya me ciega
    y el nocturno infinito me rodea.

    En su molde de horrores y pasiones
    crece la mala hierba, vieja arpía
    que desde el lacrimal pantano
    tiende su matriarcal regazo.

    Ya caballero exangüe me imagino
    en este cementerio de lectores
    y con la monocorde oración de la cigarra
    y el negro luto de grillo me conformo.

    sacrificio, Gran

    Después de las lágrimas, crucé la puerta que lleva a los lugares —no exentos de infamia— que llevan a las bahías y ciudades de la remota muerte.

    Extendí el camastro del abatimiento y me entregué al coro de pensamientos que desde las tinieblas acosaban mi mente. Y, entre ellos, recordaba que tú estuviste allí también, coronada de rosas y jacintos.

    Wiki?

    Quería evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirigí a la TommeO.Tal como le había dicho a NoNakis, prosiguió mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le habían mantenido hasta ese momento.Durante esos diez años no sólo se desarrolló la nueva construcción del templo… Read More

    La noche

    La noche empezaba a tragar el bosque cercano. El pesado aliento de la niebla otoñal se acercaba húmedo y sigiloso. Salió al pequeño cementerio de la iglesia. Ya nadie se ocupaba de él. Y deseó morir. Un repentino vértigo se apoderó de sus vísceras. Estaba a punto de desmayarse. Sus rodillas se clavaron en el suelo, su frente sobre una lápida. En su amplio mentón se imprimieron las primeras letras inscritas en una abandonada tumba: SOL… El resto de la inscripción estaba tapada por el barro, los trozos degradados de flores de plástico y una esquelética y deshojada corona de alambres torturados por el tiempo. Una repentina mueca se incrustó en su cara, sus ojos brillaron y por primera vez en su vida una lágrima se lanzó al vacío aterrada quizás porque aquel monstruo sin sentimientos hubiera sido capaz de expulsarla de sus sorprendidos y vírgenes lacrimales. Clavó sus uñas en el barro y comenzó a cavar con la desesperación de un condenado en las mazmorras del infierno. La letras esculpidas en piedra hablaban: SOLEDAD MARTÍN DE GAYOL – R.I.P. […]