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    Etiqueta: colores

    Sikkim

    La pequeña huérfana americana entró a formar parte de la familia real el día fijado por los astrólogos, siendo coronada, con tan sólo veinticinco años, como la gyalmo de Sikkim, la reina de El reino de las orquídeas.
    Al pie del trono, la Denjong Gyallo, la que reina sobre el país del arroz y esposa de las divinidades, recoge las ofrendas de un lama: un cofre precioso, lleno de amuletos de la buena suerte, mientras, en los jardines de palacio cantan los niños del templo bajo las banderolas de vivos colores. Es un día radiante y festivo en el pequeño reino de Sikkim.

    -Yo le amo, y el reino de Sikkim es un país de ensueño. Dice Hope Cooke, cuando el principe Thondup, le ofrece, junto a su amor, la corona del reino.

    Apenas cuatro años antes, ella había encontrado a su apesadumbrado príncipe en un hotel de Darjeeling. Ni en sus más osados sueños hubiera imaginado una historia de amor tan de cuento de hadas… Continuará

    MOCOSOS DE PÁRVULOS

    el primer día no lloré, tampoco el segundo, pero el tercero fue terriblemente triste, definitivamente se había acabado la libertad. Entrar en párvulos era cumplir una condena de cárcel, uniformados con rayas, sentados en pupitres alineados, sin poder hablar, sin poder reír, sin poder moverte y salir a la calle, al campo, a jugar. Aquello era una tortura. Te engañaban con cosas nuevas y bonitas, como una colorida cartera nueva y un plumier maravilloso, lleno de lápices de colores y un sacapuntas,

    EL NAVAJAZO A MI HERMANA

    Fue una repentina explosión de rabia. Yo estaba sentado con mi familia alrededor de la mesa redonda de la cocina. Era de noche. Estábamos cenando. Algo que hizo mi hermana mayor me hizo rabiar de ira. Yo estaba sentado en una de esas sillitas de bebé que también era de madera y que te elevaban a la altura de los adultos en la mesa. Podía comer por mi mismo y alcanzar los objetos que había sobre la mesa, entre ellos una pequeña navaja con mango de colores. Supongo que era mía porque estaba a mi alcance fácilmente. No recuerdo que fue lo que mi hermana hizo, pero realmente me cabreó. Cogí la navaja y sin dar tiempo a nadie para reaccionar se la lance a mi hermana mayor. Mi puntería no debió ser mala porque le partí la ceja. Un tremendo tortazo vino inmediatamente a visitar mi cara. En un segundo, una tranquila y rutinaria cena familiar se había con vertido en una tragedia rural.

    Siento elevarme hacia lo negro lo negro de…

    Siento elevarme hacia lo negro,
    lo negro de mi cuerpo que más pesa.
    Que pesa en el averno del cielo,
    del cielo más profundo y más verde.

    Verde de la muerte que me acecha
    y acecha en los colores de las grietas,
    grietas que perfilan los horrores,
    horrores que definen nuestros gestos.

    Gestos de odio ante el miedo,
    miedo que nos come y nos ata,
    nos ata como muertos que somos.

    Que somos vivos, eso sin duda.

    Te quiero desnuda

    con el pelo acaranchado por las batallas nocturnas
    danzando descalza sobre mi vientre anhelante

    te quiero planta carnívora trepando por mis muslos
    improvisando cánticos húmedos con tu boca caramelo

    te quiero intensa
    con tu aliento vainilla enredado entre mis dientes
    y tus yemas decodificando cada porción de mi cuerpo

    te quiero de piernas bien abiertas
    para enterrar mis manos en tu jaula de pan
    y liberar uno a uno los gorriones que te habitan

    te quiero con el alma llena
    de inquietos pececitos de colores
    y tu carne dulce ofrendada a nuestro vandálico festín

    pero mas allá del verso y la metáfora
    mas allá de lo que quiero
    lo que muy seriamente necesito hoy
    es tu sanador soplo de luz