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    Etiqueta: cielo

    Puede…

    Puede que no tenga el tacto suave.

    Y aunque no parezca mucho,

    puedo darte lo mejor de mi.

    Soy todo tuyo, pibón de la oficina.

    Eres todo lo que quiero.

    Cuando estás recostada en mis brazos,

    me cuesta creer que no estemos en el cielo.

    El cielo es un lugar en la tierra contigo.

    Tal vez no sé mucho

    pero sé que esto es cierto:

    el cielo me ha bendecido

    por ser amado por ti.

    Tu espacio para navegar

    Todas mis inseguridades, todas mis aristas nunca me hicieron parpadear ni una sola vez. Me rendiría para siempre por tocarte, porque sé que me sientes de alguna manera. Eres lo más cercano al cielo que nunca estaré y no quiero irme a casa ahora mismo. Estoy pensando en ti, en mi insomne soledad de esta noche. Si está mal amarte, entonces mi corazón simplemente me ha dejado sin razón. Podría hacerte feliz, hacer tus sueños realidad. Nada hay que yo no haría. Ve a los confines de la tierra sentada en el sol para que te haga sentir mi amor. Y cuando necesites tu espacio para navegar un poco, estaré aquí esperando pacientemente para que me encuentres. No me rendiré.

    ESPUTO SANGRANTE

    Esputo a vuestros dioses
    y estantiguas ilusorias
    esputo a vuestras redes sociales
    manejadas por los más ricos del mundo
    esputo a vuestros ídolos de la televisión
    y los canales de youtube
    esputo a vuestros rubius, vuestros idiotus,
    y a vuestra propaganda de mierda
    esputo a la página que escribo,
    esputo a mis palabras plasmáticas, purulentas
    esputo hacia el cielo
    y recibo mi parte de salivajos
    esputo en todo lo sagrado:
    el amor, la amistad, la paz y la justicia…
    esputo en vuestra sangre
    esputo en los centros de salud mental
    de todo el planeta
    esputo en los palacios de justicia,
    en vuestros areópagos y en vuestros fueros
    esputo sin saliva,
    con la garganta reseca
    de gritar que os esputo,
    que me esputo cada día
    para recordar que sólo somos
    saliva arrojada hacia el cielo
    que cae para devolvernos
    nuestra parte de babas
    y espumarajos.

    LA HUERTA

    burro, higuera, noria, nogal, olivos, sierra, corralitos, aljibes, pepinos, tomates, tabaco, cangilones, cortijo, chimenea, palos, leña, sol, primavera, cielo azul, caminos y veredas, escondrijos,

    NUBE CAÍDA

    Como una seráfica y caída sombra,
    Sin uñas, ni universo, ni vigorosa vida,
    Hoy sucumbe al dudoso mundo de Neptuno,
    Sin luz, ni realidad, ni gozoso deleite,
    Desvanecida bruma, caída en el abismo.
    Entre informes figuras de ignorado engrudo,
    Sin humo, ni manos, ni música de muerto,
    Yace, bajo la imagen inferior del infinito,
    Sin cielo, ni dragón, ni erótico suspiro,
    Dormida en noche, una invencible nube.

    LA NIEVE DE HOY

    Cae con el hastío silencioso de la caspa
    un aguanieve tacaña, adulterada, esquiva.
    Se desvanece esta nieve en el asfalto
    antes de rozar siquiera el agostado suelo.
    Esta nieve es la pátina negra de las calles,
    el fósil mudo del silencio adoquinado,
    el confeti ceniciento de la muerte.
    No hay incendios sembrados en la nieve,
    ni es de Orión esta anoréxica indolencia blanca,
    es el maná plomizo y apagado de los cielos.
    Rancia, como el tiempo, se va tornando
    en simple reliquia del recuerdo.

    EXT. TORRE. DÍA

    LAS NUBES son cisnes, cisnes blancos, grises o negros,
    sobre el lago azul y sereno del cielo.
    El sol es su jinete, y de las nubes, sube y baja
    con la montura celeste en que cabalga
    el monte o las montañas.
    Las nubes del monte lloran el mar sobre nosotros
    y nos devuelven, puras, las lágrimas lloradas
    por todos los vivientes.
    Mientras el frío viento las va esquilando,
    se precipitan como minúsculas banderas blancas de nieve:
    las banderas de paz de los abismos de la noche.
    La nube, aquella larga nube de plata,
    dorada también por el crepúsculo,
    es enhebrada por la torre para coser
    los abismos del cielo de la noche.
    La torre enhebra nubes, jugando entre campanas,
    esos camellos verdinegros que por la aguja
    pasan, juegan, tañen, cantan, bailan… a las almas.
    En esas nubes grises, blancas y negras
    naufragan las palabras y sus almas.
    No son ya nubes de agua o nieve,
    son nubes de palabras y de almas,
    que reman, como un Caronte de arriba,
    con el remo de la torre, y que pasan, pasan, pasan
    —pasa otra nube—
    un rebaño de nubes, de palabras y de almas.

    LAS ESTRELLAS

    Cuesta creerlas hinchadas de hidrógeno,
    grávidas de helio y de sustancias cósmicas,
    explotando en la bóveda del cielo.
    Cuando las vemos desde aquí,
    parecen los ojillos de peces diminutos,
    parecen tan tranquilas y pequeñas,
    que dan ganas de invitarlas a cenar,
    de arroparlas con nuestras viejas mantas,
    de dejarlas que duerman
    hasta el mediodía,
    de decirles que aguanten,
    que no se dejen borrar
    por ese azul que acaba
    quemándolas de ozono,
    vistiéndolas de día.
    Pero yo sé el secreto de su nieve
    y es que solo florece en las tinieblas.
    Sea, humilde estrella.

    SOLVE ET COAGULA

    Sobre su ombligo crecen
    Burbujas atroces de pus.
    La bruma se extiende
    Por una playa infinita
    De cristales rotos
    Sobre los que institivamente
    El mendigo, arrastra
    Los jirones del delirio,
    Los guiñapos
    De estrellas apagadas
    Y todos sus rescoldos cenicientos.
    El mar eyacula
    una espuma verdosa
    Y naufragan sus sombras
    en los cielos de bruma.
    El sol adiestra las sienes
    del narrador omnisciente.
    Corto pues esta parte del todo
    Con aquella palabra afilada
    Y esta otra expresión cosecha
    Otro fragmento del ser entero.
    ¿Qué mundo no asciende ni desciende?