A mi Quinta del 55

En un lugar de la Mancha,
que yo acordarme sí quiero,
hay un pueblo muy bonito
Villamanrique, por cierto.

Está al pie de la sierra,
tiene una iglesia bonita
y la plaza con su fuente
donde sube la vaquilla.

La Casa Grande, por cierto
que vivió Jorge Manrique,
allí también nací yo,
pasé años muy felices.

Todos los chicos del pueblo
también allí se metían
cuando llovía y a jugar
a las bolas y la pícula.

Esta poesía que he sacado
va dedicada a mí “quinta”,
quinta del cincuenta y cinco,
pues toda ella muy linda.

Nacimos noventa y tres,
todos hechos con amor,
aunque algunos ya se fueron
a la vera del Señor.

Por ellos pedimos todos
que Dios los tenga en la Gloria
y nosotros todos juntos
hoy honramos su memoria.

Fuimos niños muy felices,
aunque fueron tiempos duros
y desde muy pequeñitos
pasamos algún apuro.

Empezamos en la escuela
con cinco o seis añitos,
Íbamos con uniforme
todos requetebonitos.

Nos lo hacían nuestras madres,
pues todas eran geniales,
y cada una al suyo
le ponía las iniciales.

En párvulos empezamos
con esos pocos añitos,
teníamos Doña Pepita
que no daba muchos mimos.

Al contrario, algunas veces
nos daba algunos cachetes,
y si rompías un geranio
te daba una buena “leche”.

Por cierto, hablando de leche,
la que nos daban en polvo,
la “hermana Antonia”, la pobre,
que nos aguantaba a todos.

Era una mujer genial,
la recuerdo con cariño
cuando en el comedor
estábamos de servicio.

Con Doña Pruden tuvimos
una etapa muy cortita,
aunque nos dio tiempo a todo
pues era muy jovencita.

Nos enseñó a coser,
bordados en panamá,
hicimos un “tú y yo”
y alguna cosilla más.

Cuando se iba a casar
nos invitó a chocolate
todos decíamos contentos:
“lo podía haber hecho antes”

En las clases separados,
los chicos con Don Ricardo,
les pegaba con la goma
si hacían algo malo.

Si te daban un cachete
no te podías quejar,
pues te decían tus padres
“algo habrás hecho mal”.

Luego vino Don Marino,
y ya la cosa cambió,
los chicos hoy lo recuerdan
con toda la admiración.

Las chicas con Doña Juana,
aprendimos a restar,
multiplicar, dividir,
el catecismo y rezar.

Con Doña Julia aprendimos
raíz cuadrada, quebrados,
Geografía, Historia y Lengua,
y al final examinarnos.

Y por las tardes teníamos
clases de canto y teatro
para el día de San Juan
todos poder festejarlo.

Salíamos al recreo,
todos muy desenfrenados,
las chicas todas a un patio,
los chicos al otro lado.

Los chicos juegan al fútbol
y todos descontrolados,
a las canicas, la roma,
a la trompa y al pillado.

Las chicas también jugamos
a la comba y a la liga,
al pillado, al escondite,
qué forma más divertida.

Un día en el recreo
nos ocurrió lo siguiente:
corriendo tras las palomas
todas bajamos al puente.

Después cuando regresamos
no sabíamos la hora que era,
y nos castigó a todas
a casa sin la cartera.

Hacíamos la gimnasia
todas muy bien alineadas,
nos la daba Doña Pruden,
y que bien que nos quedaba.

Eso sí, no había chándal,
todas pololos y faldas,
y si alguna no llevaba
se quedaba a retaguardia.

Los sábados había cole,
aunque era muy distinto,
había que fregar los bancos
y frotar con mucho ahínco.

Con asperón y moliz,
con estropajo de esparto,
y también con la cuchilla
para quitar lo pintado.

También izamos bandera,
cantamos el caralsol,
todos éramos felices
y bailábamos al son.

En mayo todos al patio,
celebrábamos las flores,
y ofrecíamos a la Virgen
ramilletes de colores.

Los chicos iban a un lado,
Las chicas al lado opuesto,
ahora la cosa ha cambiado,
estamos todos revueltos.

Compartíamos diccionarios
en el cuarto “el portalillo”,
y cuando venían los chicos
pasábamos apurillos.

Nos mandaba Doña Julia,
a la que había de servicio,
a darles lo que pedían
los chicos de Don Marino.

No teníamos ni servicio
dónde hacer necesidades,
íbamos detrás del cine
a pasar calamidades.

Dónde la hermana Socorro
también solíamos ir,
a beber un vaso de agua
y también “hacer pipí”.
También la hermana Felisa
nos solía socorrer
cuando le pedíamos agua
y llegábamos con sed.

Eran años de posguerra
y también de dictadura,
hubo gente que emigró,
era una vida muy dura.

Se fueron a Barcelona,
a Madrid, San Sebastián,
Bilbao, Valencia, Palma
y alguna que otra ciudad.

Ésta es la historia del cole,
aunque hay mucho que contar,
si me he olvidado de algo
me tenéis que perdonar.

Vamos al día de hoy
que es lo que nos ha reunido,
lo planeamos hace un año
y que bien nos ha salido.

Empezamos con el “facebook”
y después con el “whatsApp”,
éramos unos poquitos
y ahora somos muchos más.

Hemos tenido reuniones,
alguna que otra vez,
hablamos, nos divertimos
y tomamos un café.

Les mandábamos las fotos
a los que estaban ausentes,
nos contestaban al pronto:
“largos nos ponéis los dientes”.

Estamos todos deseando
de que llegue San Miguel
para poder reencontrarnos
y pasárnoslo muy bien.

En una de las reuniones
se planeó ir a Santiago,
hacer juntos el Camino,
y al final tres quedamos.

Santiago nos ayudó
a que llegáramos bien,
y al llegar al casco viejo,
allí empezó a llover.

Que si nos llueve en Santiago,
decían que era lo normal,
así que prisa nos damos
a entrar en la catedral.

Al dar el abrazo al Santo
me vino mucha emoción,
al pedirle por “mi quinta”,
que nos dé su protección.

El que está enfermo lo cure,
el que está sano no enferme,
así que Apóstol bendito
protege a toda mi gente.

Llegamos a San Miguel,
nuestras fiestas más sonadas,
son de interés regional,
recientemente nombradas.

A celebrar los sesenta
esta quinta se ha juntado,
muchos han hecho un esfuerzo
para que al fin nos veamos.

Hacemos una comida
para poder celebrar
que cumplimos los sesenta
y lo pasamos genial.

Los recibimos a todos
con ilusión y entusiasmo
y deseamos, a la vez,
que no pasen tantos años.

En estas sesenta estrofas,
cada una por un año,
va dedicada a “mi quinta”
al cumplir sesenta años.

Protégenos Santo Arcángel
a todos en general,
y a los que corren la vaca
líbralos de todo mal.

Dios nos dé salud a todos
para volver a encontrarnos
y si no podemos vernos
que sigamos conectados.

(27 de septiembre de 2015)