La noche se refleja en el asfalto mojado
tras la majestuosa decandencia de la tarde.
Siempre soy yo el que está mirando;
no seas cruel conmigo, noche sin ojos.
Voy a atraparte, aunque ciegues mis ojos,
aunque, con oscuro velo, me ocultes tus secretos,
o me escatimes las buenas luces y el amor ardiente.
Es ahora o nunca; voy a coger ese misterioso tren;
y rendir mis zapatos azules en la memoria.
Sólo quiero echarte el guante una vez más.