Escribiendo una novela

La papelera está desbordada de papeles. No sé ya cuántos han sido los intentos de iniciar esta novela. He descrito personajes, tramas, comienzos, finales, escenarios… pero ninguno me seduce. Vuelvo a tirar del papel y el carro de la máquina de escribir ya empieza a quejarse, como si temiese salir despedido de la furia creciente con que lo hago en cada ocasión. Esta es la última vez que escribo, me digo a mi mismo. Y miro a los cientos de papeles arrugados en la papelera. Extraigo al azar uno de ellos. Empiezo a leer. Sorpresa. No recuerdo haber escrito eso. Cojo otro más y de nuevo la sorpresa. No puede ser. ¿Yo escribí eso? ¿Cuánto tiempo llevo escribiendo? De pronto me veo con desesperación sacando de la papelera todos los papeles arrugados. En un rato he acabado de planchar el caos y me encuentro sobre mi mesa cerca de 200 páginas escritas. Es hora de armar el rompecabezas.