El tiempo amarillo

A veces gusto de sacar la vieja caja de madera en la que mi abuela guardaba sus
retratos. Ella nunca los llamó fotos, del mismo modo que siempre llamó radio a
la televisión, se quedó apeada en la nomenclatura tesliana. Hoy la observo
apeada también en estas cartulinas envejecidas que entonces reproducían un mundo
creíble, pero ya no. Su pátina ajada, la textura decrépita, los ropajes caducos,
los rostros antiguos, inútilmente pretenden rescatar el esplendor de un tiempo
que parecía fijado a la eternidad. Algún día también se pondrá el tiempo
amarillo sobre mis fotografías.