Aforismos (Leonardo da Vinci)

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Índice
Aforismos
Prólogo
Leonardo al lector
Teodicea
Psicología
Moral
La ciencia
La naturaleza
Astronomía
Geología
El agua, el aire y los volátiles
Anatomía óptica
Refutación de las ciencias ocultas
Estética
Alegorías

  • I –

Bestiario

  • II –

Volucrario
Descripciones
Representación del diluvio
Modo de representar una batalla
Cómo se debe representar una tempestad
Manera de representar la noche
Paisajes
Figuras alegóricas
Fábulas
Profecías
Chistes
(Facezie)
Cartas
Miscelánea
***************

Prólogo
Los extractos de la obra escrita de Leonardo de Vinci que componen
este volumen han sido preferentemente elegidos entre los publicados, por
Edmundo Solmi en su compilación titulada Leonardo da Vinci, Frammenti
letterari o filosofici (Firenze, G. Barbera editore, 1900) y los
coleccionados por Luca Beltrami (vol. XXII de la serie de Gli Immortali,
Istituto Editoriale Italiano, s. f.).
Hemos utilizado, además, la publicación de J. P. Richter en dos
espléndidos volúmenes, profusamente ilustrados y provistos de abundantes
comentarios históricos, biográficos, gramaticales: The Literary Works L.
da V. Compiled by Jean Paul Richter, second edition, revised by J. P.
Richter, and Irma A. Richter, Oxford University Press, 1939. Esta notable
colección contiene los textos originales y su traducción inglesa (no
siempre rigurosamente fiel).
Hemos consultado frecuentemente, y siempre con provecho, la
concienzuda y erudita traducción alemana de María Herzfeld: Leonardo da
Vinci, der Denker, Forscher und Poet, verlegt bei Eugen Diederichs, Iena,
1926.
En fin, la traducción francesa de Péladan (Ed. du Mercure de France,
1907) nos ha servido guía para la clasificación y distribución metódica de
la materia. Ése es el único mérito de la pretendida traducción de Péladan,
emprendida sin el más vago conocimiento no ya de la lengua de Vinci, pero
ni siquiera de la lengua italiana en general. He aquí algunas perlas,
tomadas al azar, en esta pretendida traducción, ejemplo único de audacia y
de ignorancia:
Petroso, parent; brutezza, brutalité; resta, résiste; inverso a, a la
l’inverse de; insensibile, animé; poscia che, malgré que; nomi, hommes;
riverte, révéle; li semplici naturali, les sciences naturelles; debita,
débile; capello, chapeau; il calar, la chaleur; tortora, torture; apre la
strada, elle est apre la voie; pentimenti, pétillements; li pota, le boit;
fermare, fermer; civetta, civette, y mil otros desatinos semejantes.
Leonardo no es, ciertamente, lo que suele llamarse un autor fácil. En
todo caso, hay que reconocer que no es un autor fácil de traducir.
Sin contar las formas y giros dialectales que dan sabor a su prosa,
pero oscurecen a veces el sentido, su olímpico desprecio por la gramática
y la retórica le hace acumular en una sola página de solecismos y bruscos
cambios de tema que no podrían trasladarse a otra lengua sin afectación
intolerable. Hay que resignarse, pues, a parafrasear, eludiendo en lo
posible los dos escollos que amenazan a toda traducción: fea casi siempre,
si pretende ser fiel; e infiel, si quiere ser bella.
Finalmente, la originalidad de muchas de sus geniales ideas altera
-hay que confesarlo- con la copia casi literal de pensamientos ajenos y
con pensamientos propios de escasísimo valor.
Hemos preferido, sin embargo, incluir también, siguiendo el ejemplo
de todos los compiladores y traductores de la obra de Leonardo, estos
lamentables ejemplos de mal gusto, a fin de dar en sus varios aspectos una
imagen imparcial y completa de la producción del más desigual, quizá, de
todos los grandes escritores conocidos.
E. GARCÍA DE ZÚÑIGA.
Leonardo al lector
1.- Considerando que no podía encontrar una materia de gran utilidad
o agrado, puesto que los hombres nacidos antes que yo habían tomado para
sí todos los temas útiles y necesarios, haré como el que, a causa de su
pobreza, llega el último a la feria y, no pudiendo surtirse de otro modo,
compra cosas ya vistas por los otros y desechadas por ellos a causa de su
escaso valor.
2.- Emplearé en la adquisición de esa mercadería despreciada,
rechazada y proveniente de muchos mostradores, mi escaso peculio, y así
recorreré no las grandes ciudades, sino los pobres caseríos, distribuyendo
las cosas de que dispongo y recibiendo por ellas el precio que merecen.
3.- Empezado en Florencia, en la casa de Braccio Martelli, el 22 de
marzo de 1508, todo esto forma una recopilación sin orden de muchas hojas
sueltas, a la espera de clasificarlas según la materia de que tratan. Creo
que, antes de llegar al fin, repetiré muchas veces las mismas cosas. Si
ello ocurre, no me critiques, lector. Las cosas son en gran número y la
memoria no puede reténerlas todas. Yo no quisiera escribir lo que ya he
dicho; mas para no incurrir en ese error, sería menester que cada vez que
agrego algo, releyese todo lo pasado, lo que me ocuparía mucho tiempo,
pues escribo a largos intervalos y fragmento por fragmento.
4.- Que no me lea quien no sea matemático, porque yo lo soy siempre
en mis principios.

Teodicea
5.- Te bendigo, Señor, ante todo por el amor que, de acuerdo con mi
razón, debo sentir por ti; y luego, porque Tú sabes abreviar o prolongar
la vida de los hombres.
6.- Tú vendes, ¡oh Dios!, todos los bienes a los hombres al precio de
su esfuerzo.
7.- ¡Admirable justicia la tuya, Causa Primera! Tú no has permitido
que ninguna fuerza falte al orden y calidad de sus efectos necesarios.
8.- ¡Quiera Nuestro Autor que yo haya demostrado bien la naturaleza
del hombre y sus facultades, mediante mis figuras descriptivas!
9.- Que el Señor, luz de todas las cosas, se sirva iluminarme, a fin
de que yo trate dignamente de la luz.
10.- No tocaré a las sagradas escrituras, porque ellas son la suprema
verdad.
11.- El amor a un objeto, cualquiera que sea, es hijo de su
conocimiento. El amor es tanto más ferviente cuanto más cierto es el
conocimiento; pero la certidumbre nace del conocimiento integral de todas
las partes, que reunidas forman el todo que debe ser amado. Si no conoces
a Dios, no podrás amarlo; si lo amas por el bien que de Él esperas y no
por su virtud soberana, imitas al perro que menea la cola y festeja con
sus saltos a quien le va a dar un hueso; si el animal conociera la
superioridad del hombre, lo amaría mejor.
12.- ¿Cuál es la cosa que cesaría de existir si se la pudiera
definir? El infinito, que sería finito si pudiera ser definido. Porque
definir es limitar la cosa definida con otra que la circunscribe en sus
extremos, de modo que lo que no tiene términos no puede ser definido.
13.- La verdad es de tal excelencia que, cuando elogia pequeñas
cosas, las ennoblece.
14.- Hay, sin duda, la misma proporción de la mentira y la verdad que
de las tinieblas a la luz; y la verdad es tan elevada esencia que, aun si
se aplica a materia humilde y baja, sobrepasa incomparablemente las vagas
y mentirosas amplificaciones y los más grandes y sublimes discursos.
Aunque nuestro espíritu, en efecto, tenga a la mentira por quinto elemento
(agregado a los cuatro que componen el mundo: aire, tierra, fuego y agua),
no deja de ser cierto que la verdad es la soberana alimentación no de los
espíritus vagabundos, pero sí de las inteligencias agudas. Mas tú, que
vives de ensueños, preferirás los sofismas y las mentiras de los
charlatanes en las cosas grandes e inciertas, a las verdades naturales,
bien que menos pretenciosas.
15.- ¡Oh, contemplador!, yo no te ensalzo porque conoces las cosas
ordinarias que la naturaleza dirige por sí misma; pero te envidio cuando
alcanzas a descubrir el fin de las cosas impresas en tu mente.
16.- La proporción entre la obra humana y la naturaleza es la misma
que media entre el hombre y Dios.
17.- Con poca esperanza pueden los míseros estudiosos aguardar el
premio de su virtud. En tal caso me encuentro yo, seguro de incurrir en no
pocas enemistades, ya que ninguno creerá lo que yo pueda decir de él. Muy
contados son los hombres a quienes desagradan sus propios vicios; antes
bien, sólo repugna generalmente el vicio a los que, por naturaleza, son
contrarios a él; muchos odian a sus padres o pierden la amistad de quienes
los reprenden, y no quieren saber de ejemplos de virtudes contrarias, ni
oír ningún humano consejo.
18.- Si encontráis a un hombre virtuoso y bueno, no lo apartéis de
vosotros; honradlo para que no tenga que huir de vosotros y refugiarse en
desiertos o cavernas u otros lugares solitarios, lejos de vuestras
insidias; miradlos como a dioses terrestres, merecedores de estatuas y
simulacros.
19.- Pero cuidad de no hacer como en algunas regiones de la India,
donde, si alguno de tales simulacros opera un milagro, o lo que allí creen
ser un milagro, los sacerdotes lo cortan en trozos (son de madera) y lo
venden a los habitantes; y cada uno pulveriza la parte que le ha tocado,
la esparce sobre el primer manjar que come y se queda persuadido de haber
devorado su Santo, que lo protegerá de todo peligro.
20.- En el número de los tontos, hay una secta de hipócritas que se
dedican continuamente a engañarse a sí mismos y a engañar a los otros, más
a los otros que a sí mismos, aunque de hecho se engañan más a sí mismos
que a los otros. Y son éstos los que reprenden a los pintores, porque
estudian los días de fiesta cosas atingentes al verdadero conocimiento de
todas las figuras con que se muestran las obras de la naturaleza y,
solícitamente, se ingenian en adquirir ese conocimiento hasta donde les es
posible.
21.- ¡Callen los tales reprensores, que éste es el modo de conocer al
Operador de tantas cosas admirables, y de amar a tan sublime Inventor! El
gran amor nace del gran conocimiento de la cosa que se ama; y si tú no la
conoces, poco o nada podrás amarla; y si la amas por el provecho que de
ella esperas y no por su virtud suma, harás como el perro que menea la
cola y hace fiestas a quien puede darle un hueso. Pero si conociese la
virtud de su amo, lo amaría bastante más, siempre que ella respondiera a
su propósito.
22.- Siendo los hechos más antiguos que las letras, no es de extrañar
que en nuestros días no se encuentre ninguna descripción escrita sobre los
mares que ocuparon tantos países; y si alguna escritura aparecía, las
guerras, los incendios, los diluvios de agua, las mutaciones de lenguas y
de leyes han consumido toda antigüedad; pero nos bastan los testimonios de
los seres nacidos en aquellas aguas saladas y que encontramos en altos
montes alejados de los mares de entonces.
Muchos tienen tienda abierta engañando a la necia multitud, y si
alguien denuncia su impostura se le castiga.

Psicología
23.- En la descripción del hombre deben comprenderse los animales de
la especie, tales como el mono, el babuino y muchos otros similares.
24.- La marcha del hombre tiene el carácter general de la del
cuadrúpedo, que mueve las patas en cruz. Como el caballo que trota, el
hombre agita sus cuatro miembros en cruz: si adelanta el primero el pie
derecho, adelantará al mismo tiempo el brazo izquierdo, o viceversa.
25.- Los antiguos llamaban al hombre un mundo menor, designación
justa, porque está compuesto de tierra, agua, aire y fuego como el cuerpo
terrestre, y a él se asemeja. Si el hombre tiene sus huesos, que le sirven
de armadura y sostienen su carne, el mundo tiene sus rocas que sostienen
su tierra; si el hombre tiene dentro de sí un lago de sangre, donde crece
y decrece el pulmón para su respiración, el cuerpo de la tierra tiene su
mar océano que, cada seis horas, crece y decrece también para su
respiración; si de aquel lago de sangre derivan las venas que van
ramificándose por todo el organismo, análogamente el mar océano llena el
cuerpo terrestre con innumerables venas de agua; pero faltan a nuestro
globo los nervios, que no le han sido dados porque ellos están destinados
al movimiento, y el mundo, en su perpetua estabilidad, carece de
movimiento, y donde no hay movimiento los nervios son inútiles. Pero, en
todo lo demás, el hombre y el mundo son semejantes.
26.- Si la naturaleza hubiera fijado una sola regla para la calidad
de los miembros, las fisonomías de todos los hombres serían semejantes, y
no sería posible distinguirlas unas de otras; pero ella ha variado de tal
modo las cinco partes del rostro que, aunque haya establecido una regla
general para la proporción, no ha seguido ninguna para la calidad; de
manera que es fácil reconocer cada semblante.
27.- Yo he encontrado en la constitución del cuerpo humano, como en
la de los otros animales, la más obtusa y grosera inventiva. Compuesto sin
ingenio, de instrumentos en parte inapropiados para recibir el vigor de
los sentidos.
28.- Como los ojos de la especie leonina ocupan una gran parte de la
cabeza, los nervios ópticos comunican inmediatamente con el cerebro. En el
hombre pasa lo contrario: los agujeros de los ojos toman poco lugar en la
cabeza, y los nervios ópticos, livianos, largos, débiles, operan
flojamente; el hombre ve poco durante el día y menos durante la noche; los
animales citados ven mejor de noche que de día: cosa que no les molesta
porque salen de noche y duermen de día, como hacen también las aves
nocturnas.
29.- El ojo, a una distancia y en condiciones medias, se equivoca
menos en su oficio que cualquiera de los otros sentidos, porque no ve sino
por líneas rectas: las que componen la pirámide base del objeto y las que
la conducen al ojo, como espero demostrarlo.
30.- En cambio, el oído suele engañarse en cuanto a la situación y
distancia de sus objetos; porque las representaciones de éstos no llegan a
él por líneas rectas, como para el ojo, sino por líneas tortuosas y
reflejas; y ocurre muchas veces que las cosas remotas parecen más cercanas
que las próximas, por culpa de los recorridos del sonido. La voz del eco,
sin embargo, sólo por líneas rectas se encamina al oído.
31.- El olfato indica con menos certeza el lugar de donde procede un
olor; pero el gusto y el tacto sólo tienen la exacta noción del objeto que
tocan.
32.- El hombre posee gran razonamiento, pero en su mayor parte vano y
falso; los animales lo tienen menor, pero útil y verídico, y más vale una
pequeña certeza que un gran engaño.
33.- No me parece que los hombres groseros, de costumbres bajas y de
poco ingenio, merezcan tan bello organismo ni tal variedad de rodajes como
los hombres especulativos y de gran talento. Los primeros no son más que
un saco a donde entra y de donde sale lo que comen, pues nada me prueba
que participen de la naturaleza humana, salvo en la voz y en la figura; en
todo lo demás son bastante semejantes a las bestias. Debiera llamárseles
fabricantes de estiércol y rellenadores de letrinas, porque no es otro su
oficio en el mundo. Ninguna virtud ponen en práctica. Letrinas llenas, es
todo lo que queda de su paso por la Tierra.
34.- El alma parece residir en la inteligencia, y ésta en el lugar a
donde concurren todos los sentidos, el cual se llama común sentido o
cerebro. El alma no está toda en todo el cuerpo, como muchos han creído,
sino toda ella en el cerebro, porque si estuviera desparramada en todas
partes, o toda en cada parte, los instrumentos de los sentidos no
necesitarían concurrir a un solo lugar; antes bien bastaría que el ojo
llenara el oficio de la sensación sobre su propia superficie, sin tener
que mandar por la vía de los nervios ópticos, hasta el cerebro, la
representación de las cosas vistas; pues el alma, por las razones dichas,
podría sentirlas en la superficie del ojo.
35.- De un modo semejante, al sentido del oído bastaría la voz que
resuena en las concavidades porosas del hueso pétreo, que se halla en el
oído, sin que fuera necesario que ella recorriera el camino hasta el
cerebro.
36.- El sentido del olfato se ve también necesariamente obligado a
concurrir al cerebro. Las sensaciones del tacto pasan por los nervios al
cerebro, y estos nervios se derraman en infinitas ramificaciones hasta la
piel que circunda los miembros del cuerpo y las vísceras.
37.- Los nervios transmiten también la sensación y la voluntad a los
músculos, los cuales obedecen, actualizando su obediencia en contracciones
y tumefacciones Los nervios se internan, a través de los músculos, hasta
los extremos de los dedos, y llevan finalmente al cerebro la sensación
táctil.
38.- Los músculos con sus tendones obedecen a los nervios, como los
soldados a sus capitanes; y los nervios están subordinados al cerebro,
como los capitanes al supremo comandante; la coyuntura obedece, pues, al
tendón, el tendón al músculo, el músculo al nervio y el nervio al cerebro.
El cerebro es el sitio del alma, cuya proveedora es la memoria y cuya
consejera es la sensibilidad.
39.- El común sentido (que reside en el cerebro) juzga de las cosas
que los otros sentidos le transmiten y entra en acción mediante las
mismas. Los objetos exteriores mandan sus imágenes a los cinco sentidos,
las cuales son transferidas a la sensibilidad y percepción, y de ésta al
común sentido; y después de ser allí examinadas, pasan a la memoria, que
las conserva más o menos, según la potencia de cada una.
40.- Los cinco sentidos son: la vista, el oído, el tacto, el gusto y
el olfato.
41.- Los antiguos pensadores habían llegado a la conclusión de que la
facultad de juzgar concedida al hombre tiene su causa en un instrumento al
que se refieren los otras cinco mediante la percepción, y a dicho
instrumento designaron con el nombre de común sentido, afirmando que se
halla situado dentro de la cabeza. Le aplican este hombre de común sentido
sólo porque él es el juez común de los otros cinco sentidos, a saber:
vista, oído, tacto, gusto y olfato. El común sentido entra en acción
mediante la percepción, que se halla entre ella y los sentidos. La
percepción es excitada por las imágenes que le envían los instrumentos
superficiales, es decir, los sentidos, colocados entre las cosas
exteriores y la percepción, y actuados a su vez por los objetos. Los
objetos también mandan sus imágenes a los sentidos, los sentidos las
transfieren a la percepción, ésta al común sentido y de allí pasan a la
memoria, en la cual permanecen más o menos según la importancia o poder de
cada una.
42.- La naturaleza ha distribuido en el cuerpo del hombre los
músculos, que estiran los tendones y mueven los miembros de acuerdo con la
voluntad y deseo del común sentido, a semejanza de los oficiales
distribuidos por su señor en varias provincias y ciudades, los cuales en
dichos lugares lo representan y obedecen a su voluntad. Y el oficial que
una vez haya obedecido a las indicaciones directas de su señor, hará
después espontáneamente, en igual caso, lo necesario, sin desviarse de la
voluntad superior.
43.- Así hacen frecuentemente los dedos que han aprendido muy
dócilmente a ejecutar, con discernimiento, sobre un instrumento de música,
una pieza cualquiera, y que sabrán después tocarla sin intervención de
aquella facultad.
44.- Esto te aparecerá claro si observas cómo agitan los paralíticos
y los entumecidos de frío sus miembros temblorosos, su cabeza y sus manos,
sin licencia del alma, la cual, con todo su esfuerzo, no podría impedirlo.
Y ello ocurre asimismo en los epilépticos y en los miembros mutilados,
como por ejemplo en la cola de un lagarto separada del cuerpo del animal.
45.- Piensa, ¡oh lector!, lo que podemos creer de nuestros
antepasados cuando han pretendido definir lo que es el alma y la vida,
cosas indemostrables, porque no son cosas que la experiencia puede
claramente conocer y probar, ya que durante tantos siglos han sido
ignoradas o falsamente creídas.
46.- La esperanza y el deseo de repatriarse y volver al primitivo
estado, es como la luz para la mariposa; el hombre, con perpetuo deseo,
aspira a nueva primavera, a un nuevo estado, a próximos meses y a nuevos
años; y cuando llegan las cosas deseadas es demasiado tarde, y el hombre
advierte que aspira así a su ruina.
47.- Pero este deseo es la quintaesencia de los espíritus elementales
que se hallan encerrados, por el alma, en el cuerpo humano; el hombre
aspira sin cesar a volver a su mandatario. Y es sabido que ese mismo deseo
y esa quintaesencia son compañeros de la naturaleza, como el hombre es
modelo del mundo.
48.- El hombre es víctima de una soberana demencia que le hace sufrir
siempre, en la esperanza de no sufrir más; y la vida le escapa mientras
espera gozar de los bienes que ha adquirido al precio de grandes
esfuerzos.
49.- Si queréis saber cómo habita el alma en el cuerpo, os bastará
observar cómo usa el cuerpo de su cotidiana habitación: si ésta es
desordenada y confusa, desordenado y confuso será el cuerpo poseído por el
alma.
50.- Siempre se verán sobre la Tierra animales que combaten entre sí,
con grandes perjuicios y frecuentemente la muerte para cada partido.
51.- Su malignidad no tiene límites; sus brazos salvajes arrojan por
tierra los más grandes árboles de las selvas del mundo; y para conseguir
el sustento que alimente sus deseos, desencadenarán la muerte, las penas,
los dolores, las guerras y la devastación sobre todo ser viviente. En su
prodigioso orgullo se elevarían contra el cielo, si el peso demasiado
grande de sus miembros no los mantuviera sobre la Tierra. Nada, ni en la
tierra, ni bajo ella, deja de ser perseguido, perturbado, aniquilado por
ellos; pasan de un país a otro y el cuerpo de esta ralea se convierte en
sepultura y pasaje de todos los cuerpos de animales muertos.
52.- ¡Oh, mundo!, ¿cómo es que no te abres para arrojar al fondo de
tus barrancos, precipicios y abismos, y no mostrar más a la luz un
monstruo tan cruel y tan implacable?

Moral
53.- Todos los males presentes y pasados puestos por el hombre en
acción no satisfarían el deseo de su ánimo inicuo. Yo no podría, aunque
dispusiera de largo tiempo, describir su naturaleza.
54.- Digamos, para no salir de las cosas humanas, una suma crueldad,
que no se observa en los animales terrestres, por cuanto entre ellos no
los hay que devoren, otros de su propia especie, salvo por extravío del
instinto, cosa que solamente ocurre entre los animales rapaces: leones,
leopardos, panteras, lobos, gatos y otros animales semejantes, que a veces
devoran a sus hijos.
55.- Pero tú no sólo comes a tus hijos, sino también a tu padre, a tu
madre, a tus hermanos, a tus amigos; y como eso no te basta, vas a lejanas
islas a la caza de otros hombres, los castras para que engorden y los
matas para satisfacer tu gula. ¿No produce acaso la naturaleza vegetales
en cantidad suficiente, y no puedes, mezclándolos, preparar platos
compuestos como los que describe Platina y otros autores de gastronomía?
56.- Los ambiciosos que no se contentan con el beneficio de la vida y
la belleza del mundo, tienen por castigo el no comprender la vida y el
quedar insensibles a la utilidad y belleza del universo.
57.- La sabiduría es hija de la experiencia.
58.- ¡Oh, dormilón!, ¿qué cosa es el sueño? Es la imagen de la
muerte. ¿Por qué, pues, no conduces a buen fin alguna obra que, después de
muerto, te dé una semblanza de vida perfecta, a ti, que mientras vives te
asemejas por el sueño a los míseros muertos?
59.- Una vida bien cumplida el siempre larga.
60.- Como un día bien empleado procura un dulce sueño, así una vida
bien utilizada conduce a una dulce muerte.
61.- ¡Oh, tiempo!, por tu causa los duros dientes de la vejez, poco a
poco y con lenta muerte, consumen todas las cosas. Elena, mirando al
espejo las marchitas arrugas de la vejez en su rostro, dolíase y pensaba
que había sido raptada dos veces.
62.- Los hombres buenos son naturalmente deseosos de saber.
63.- La adquisición de cualquier conocimiento es siempre útil al
intelecto, que sabrá descartar lo malo y conservar lo bueno.
64.- Es imposible amar algo ni odiar algo, sin empezar por conocerlo.
65.- Adquiere en tu juventud de qué compensar el perjuicio de la
vejez. Si comprendes que la vejez tiene por sustento la sabiduría, te
esforzarás durante tus jóvenes años para que, en los últimos, no carezcas
de alimento.
66.- Cornelio Celso: «El soberano bien es la sabiduría; el soberano
mal es el dolor del cuerpo.» Pero compuestos como estamos de dos cosas:
alma y cuerpo, de las cuales la primera es la mejor y la segunda la peor,
y la sabiduría perteneciendo a la parte mejor y el sumo mal a la peor,
será óptima cosa la sabiduría y pésima cosa el dolor del cuerpo. Por
consiguiente, así como el sumo mal es el dolor corpóreo, la sabiduría es
el sumo bien del alma en el hombre consciente: nada hay que pueda serle
comparado.
67.- El conocimiento del tiempo pasado y del estado de la Tierra en
él son el ornato y el alimento del espíritu humano.
68.- El renombre del rico termina con su vida; se recuerda el tesoro,
pero no al atesorador. Muy otra es la gloria de la virtud de los mortales
que la de sus tesoros.
69.- Cuántos emperadores y príncipes han pasado sin dejar recuerdo.
Sólo se propusieron conquistar Estados y riquezas para que les
sobreviviera su memoria. Cuántos, al contrario, vivieron pobres de dinero,
para poder adquirir virtudes: y su deseo se ha cumplido en tanto cuanto la
virtud sobrepasa a la riqueza.
70.- ¿No ves tú que el tesoro no honra a su acumulador, después de su
vida, como hace la ciencia, que atestigua y proclama a su creador, porque
es hija de quien la genera y no hijastra como la pecunia?
71.- Demetrio solía decir que no hay diferencia entre las palabras y
la voz de los tontos ignorantes y los ruidos del vientre que provienen del
exceso de gases.
72.- La lujuria es causa de la generación. La gula mantiene la vida.
El miedo o el temor la prolongan. El dolor es la salvación del organismo.
73.- Así como la animosidad entraña peligro para la vida, el miedo es
causa de seguridad para ella.
74.- La paciencia obra contra la s injurias como los vestidos contra
el frío. Si multiplicas los abrigos según la intensidad del frío, éste no
podrá perjudicarte. Así, frente a las injurias, redobla la paciencia, y
ellas no podrán alcanzarte.
75.- Nuestro juicio no aprecia las cosas hechas en distintos períodos
de tiempo ni en distancia relativa; porque los hechos ocurridos antes nos
parecen próximos y casi actuales, y otras muchas cosas muy vecinas en el
tiempo nos parecen lejanas, porque tienen por antigüedad la época de
nuestra juventud.
76.- He aquí una cosa que rechazamos cuanto más la necesitamos: el
consejo. De mala gana lo escucha quien más lo necesitaría, a saber: el
ignorante.
77.- He aquí otra cosa que más nos persigue cuanto más huimos de
ella: la miseria, que en la medida que pretendemos evitarla nos agobia sin
darnos reposo.
78.- Cuando la obra satisface al juicio, es una triste señal para el
juicio; cuando la obra supera al juicio, éste es pésimo, como ocurre
cuando alguien se maravilla de su trabajo; pero cuando el juicio supera a
la obra, he ahí un signo perfecto; y si un joven se halla en tal
disposición, llegará sin duda a ser un excelente artista, aunque sólo
compondrá pocas obras, pero llenas de cualidades que detendrán a los
hombres para admirar sus perfecciones.
79.- Quien no pone freno a su voluptuosidad, desciende al nivel de
los brutos.
80.- El placer y el dolor pueden representarse aparejados, porque
jamás están separados uno del otro: vueltos de espaldas, porque son
contrarios uno al otro, y colocados sobre un mismo cuerpo, pues tienen el
mismo fundamento, desde que el placer está en el esfuerzo contra el
desagrado, y este último se halla en el fondo de todos los placeres. Y lo
figuramos con una caña en la mano, símbolo de la vanidad sin fuerza, pero
cuyos pinchazos son, no obstante, venenosos. Se emplean las cañas en la
Toscana para soporte de los lechos, significando que ellos son el teatro
de vanos ensueños, que en ellos se consume gran parte de la vida y se
pierde mucho tiempo útil, especialmente en la mañana, cuando la mente está
sobria y reposada, y el cuerpo apto para nuevas fatigas; y allí, en fin,
nos entregamos a muchos vanos placeres, ya con la mente, imaginando cosas
imposibles, o gozando con el cuerpo de placeres que disminuyen la
vitalidad. Es por estos motivos por los que la caña se emplea a tales
fines.
81.- Si tú me dices que la visión impide la fija y sutil cogitación
mental que penetra en las divinas ciencias, y que tal impedimento condujo
a un filósofo a privarse de la vista, responderé que el ojo, como señor de
los sentidos, cumple con su deber impidiendo las disputas confusas y
engañosas, que nada tienen que ver con la ciencia y que van siempre
acompañadas de ruidosas exclamaciones y grandes gestos; y el mismo deber
incumbiría al sentido del oído, que sufre, más aún que el de la vista, de
aquellas disputas; porque ellas malogran su deseo de concordancia entre
los dos sentidos. Y si aquel filósofo se arrancó los ojos para razonar
mejor, tal acto fue digno de fruto de su cerebro enfermo y de aquellas
vanas disputas; porque todo ello fue locura. ¿No podía, en efecto, al
entrar en semejante frenesí, haber cerrado los ojos y no abrirlos de nuevo
hasta que el furor se calmase? ¡Pero el hombre estaba sin duda loco, y
loco era su razonamiento que lo llevó estúpidamente a privarse de la
vista!
82.- La parte tiende a reunirse con su todo para huir de su
imperfección. El alma desea permanecer unida al cuerpo, porque, sin los
instrumentos orgánicos del mismo, no puede obrar ni sentir.
83.- La cosa amada atrae al amante como lo sensible al sentido, hasta
que se unen en un solo objeto. La obra es lo primero que nace de esa
unión. Si la cosa amada es vil, el amante se torna vil. Cuando la unión
conviene al que la realiza, resulta para él deleite, placer, satisfacción.
Cuando el amante se une a la cosa amada, reposa en ella.
84.- De oscuras y tenebrosas cavernas saldrá una cosa que infundirá a
toda la especie humana grandes inquietudes y peligros mortales. A muchos
que lo buscarán, el oro dará, tras múltiples afanes, algunos placeres, y
el que esté privado de él morirá entre sufrimientos y calamidades.
85.- Inspirará infinitas traiciones; arrastrará a todos los hombres a
cometer asesinatos, robos y perfidias; sembrará la sospecha entre los
partidarios, arrebatará el estado a las ciudades libres, quitará a muchos
la vida, enemistará a los hombres entre sí con muchos artificios, engaños
y traiciones.
86.- ¡Oh, animal monstruoso, cuánto mejor sería para los hombres que
volvieses al infierno! ¡Por tu culpa las grandes selvas quedarán desnudas
de sus vegetaciones e infinitos animales perderán la vida!87.- Y tú,
hombre, que consideras en este trabajo mío las obras admirables de la
naturaleza, si admites que sería cosa nefanda destruirlo, piensa qué cosa
nefandísima sería quitar la vida al hombre. Si juzgas que su composición
corpórea es un maravilloso artificio, has de reconocer, sin embargo, que
ella es nada, comparada con el alma que habita en semejante arquitectura;
y, a la verdad, tal como es, es cosa divina. Déjala, pues, ocupar su obra
a su gusto, y no quieras que tu cólera o malignidad destruya tan hermosa
vida, pues quien no la estima no la merece. Es contra su voluntad como el
alma se separa del cuerpo; y cuando lo hace, su queja y su dolor no son
sin causa.
88.- Los médicos nos atribuyen enfermedades que ellos mismos no
conocen.
89.- Si quieres conservar tu salud, lo conseguirás en la medida que
sepas evitar a los médicos, porque sus remedios son del mismo género que
la Alquimia, la cual ha producido tantos tratados como la Medicina.
90.- ¡Oh, Naturaleza negligente! ¿Por qué eres tan parcial y no
tratas a tus hijos como una buena madre, sino como una cruel e implacable
madrastra? Veo a tus hijos entregados al servicio ajeno, sin ninguna
ventaja para ellos, recibiendo por remuneración del bien que nos hacen
cruelísimos martirios, y agotando su vida en beneficio de su verdugo.
(Acémilas.)
91.- Los más duros trabajos, recompensados por el hambre, la sed, el
dolor, los garrotazos, los puñetazos, las maldiciones y vil trato. (Los
asnos.)
92.- ¿La belleza y la utilidad no pueden, acaso, ir juntos como en
los castillos y en los hombres?
93.- Las bellezas y las fealdades aparecen más potentes las unas por
las otras.
94.- ¡Oh, miseria humana, a cuántas cosas te sometes por el dinero!
95.- Tanto da hablar bien del malvado como hablar mal del bueno.
96.- La constancia no está en empezar, sino en perseverar.
97.- Un vaso de arcilla cruda, si se rompe puede repararse, pero no
el de arcilla cocida.
98.- No siempre es bueno lo que es bello… Ejemplo de este error dan
los que hablan con elegancia, pero sin doctrina.
99.- Debes reprender en secreto a tu amigo y alabarlo en público.
100.- Pide consejo al que sabe corregirse a sí mismo.
101.- El mal que no me perjudica es como el bien que no me aprovecha.
102.- No reneguemos del pasado.
103.- Las amenazas sólo son armas para el amenazado.
104.- Quien no castiga el mal ordena que se haga.
105.- El que pretende enriquecerse en un día, se verá apremiado
durante un año.
106.- He aquí una cosa que cuanto más se necesita menos se estima: el
consejo.
107.- Mal haces si alabas, y peor si reprendes una cosa que no
entiendes bien.
108.- La justicia requiere poder, inteligencia y voluntad, y se
asemeja al águila.
109.- No existe mayor ni menor señorío que el sí mismo.
110.- Se expone a daños quien se gobierna por el consejo de los
jóvenes.
111.- Donde entra la ventura, la envidia le pone asedio y la combate.
Cuándo nos abandona, nos deja el dolor y el arrepentimiento.
112.- Quien no estima la vida no la merece.
113.- Cosa bella mortal pasa y no dura.
114.- La hiedra tiene larga vida.
115.- Cuando la fortuna viene, tómala a mansalva y por delante, pues
por detrás es calva.
116.- Las palabras que no satisfagan al oyente, le causan fastidio y
disgusto; ello se manifiesta generalmente por copiosos bostezos. Cuando
hables, pues, a hombres cuya benevolencia quieres captarte, si observas en
ella tales muestras de aburrimiento, abrevia tu discurso o cambia de
terna; si no lo haces, recogerás en vez de la benevolencia que deseas,
odio y enemistad.
117.- Y si quieres saber lo que a uno deleita, sin necesidad de que
te lo diga, háblale de diversos asuntos, y cuando lo observes escuchando
atento, sin bostezos ni fruncimiento de cejas, ni otros signos semejantes,
puedes estar seguro de que la cosa de que hablas es la que le deleita.
118.- Bien sé que por no ser yo literato, algún presuntuoso podrá
razonablemente reprocharme mi falta de letras. ¡Gente necia! Ignoran los
tales que yo podría, como Mario a los patricios romanos, contestarles que
los que a sí mismos se adornan con ajenos trabajos, son los que se niegan
a concederme el mérito de los míos.
119.- Dirán que, por carecer de letras, no podré expresar bien lo que
deseo. No saben ellos que mis cosas valen más por ser fruto de la
experiencia y no de palabras ajenas, experiencia que fue maestra de los
buenos escritores y que yo por tal la reconozco y no cesaré de alegarla en
todos los casos.
120.- ¡Oh, tontería humana! ¿No echas de ver que aunque has pasado
toda tu vida contigo mismo, no has logrado reconocer lo que mejor posees,
a saber: tu locura? Siguiendo la multitud de los sofistas, te engañas y
engañas a los otros. Desprecias las ciencias matemáticas, que contienen la
verdadera noción de las cosas que son de tu dominio; pasas luego a tratar
de los milagros, pretendiendo saber cosas que escapan a la capacidad de la
mente humana y no pueden demostrarse con ningún ejemplo natural; y piensas
haber realizado un milagro cuando has deteriorado la obra de algún ingenio
especulativo, sin advertir que incurres en el mismo error que el que
despoja una planta del ornamento de sus ramos, llenos de hojas, de
olorosas flores y de frutas.
121.- Tal hizo Justino, abreviador de las Historias escritas por
Trogo Pompeyo, que había relatado con admirable ornamento de arte las
grandes hazañas de sus antepasados. Compuso una obra desnuda y digna tan
sólo de los espíritus impacientes, para quienes es perder el tiempo
emplearlo útilmente en el estudio de las obras de la naturaleza y de las
cosas humanas.
122.- Pero quédense ellos en compañía de las bestias; háganles
cortejo los perros y otros animales rapaces, y corran junto con éstos tras
los inocentes animales que, obligados por el hambre, en la época de las
grandes nieves, se acercan a tu casa a pedirte limosna como a su tutor.
123.- Felices los que prestan oído a los muertos: leamos los buenos
libros y pongamos en práctica sus enseñanzas.
124.- Ninguna investigación puede ya permitirnos escribir algo nuevo.
125.- Las ciencias imitables son aquellas en que los discípulos
igualan al maestro y pueden producir frutos semejantes. Éstas son útiles
al imitador, pero no alcanzan tanta excelencia como aquéllas, que no
pueden dejarse en herencia como otras sustancias.
126.- Entre las ciencias inimitables está en primer lugar la pintura.
Ella no se enseña a quien no tiene don natural, al contrario de las
matemáticas, en las que el discípulo recibe tanto cuanto el maestro le
enseña; ni se copia como las letras, en las que tanto vale la copia como
el original; ni se modela como en la escultura en la que el objeto
modelado equivale al original; y en cuanto a la fecundidad de la obra,
ésta no produce infinitos hijos como ocurre con los libros impresos. Sólo
ella conserva su nobleza, sólo ella honra a su autor, y queda preciosa y
única sin parir hijos iguales a ella.
127.- Como se ve a los soberanos reyes del Oriente andar velados y
cubiertos, pensando que disminuiría su fama si publicaran y divulgaran su
presencia, así vemos con frecuencia las pinturas que representan las
divinas deidades, cubiertas con preciosos cortinados, y no se las descubre
sin previas solemnidades eclesiásticas de diversas músicas y cantos. Y
apenas descubiertas, la gran multitud del pueblo congregado se prosterna
adorando y pidiendo el restablecimiento de la salud perdida o la salvación
eterna, ni más ni menos que si el Ser figurado por la pintura estuviera
allí presente y vivo.
128.- Esto no pasa con ninguna otra ciencia u obra humana. Y si
pretendieras que no es la fuerza del pintor la que entonces opera, sino la
propia virtud de la cosa imitada, te responderé que, si así fuera, la
imaginación podría satisfacerse quedándonos cómodamente en cama, en vez de
emprender difíciles y peligrosos peregrinajes, como los que vemos hacer
continuamente.
129.- Pero, si a pesar de todo, esos peregrinajes se realizan con
tanta frecuencia, ¿qué motivo los decide sin necesidad? Ciertamente
confesarás que ese motivo no es otro que el simulacro o pintura que
representa en efigie y potencia la idea de la divinidad, y que tal
resultado podrían alcanzar todas las escrituras imaginables. Parecería,
pues, que esa idea ama tal pintura y a quienes la aman y veneran, y que se
complace más en ser adorada en esa que en otra manera de imitación, y, en
fin, que por ella concede gracias y dones de salud -según creen los que a
tal lugar concurren.

La ciencia
130.- Se llama ciencia al discurso mental que toma su origen en los
primeros principios, más allá de los cuales nada puede hallarse que forme
parte de ella. La geometría, por ejemplo, que estudia la cantidad
continua, empezando por la superficie de los cuerpos, viene a tener su
origen en la línea, término de esas superficies; pero con esto no quedamos
satisfechos, porque sabemos que la línea termina en el punto, y que el
punto es la cosa más pequeña que podemos concebir.
131.- Luego el punto es el primer principio de la geometría, y no hay
nada en la naturaleza ni en la mente humana que pueda dar principio al
punto. Porque si dijeras que en el contacto establecido sobre una
superficie por la agudeza última de la punta de un punzón se halla la
creación del punto, esto no sería verdad, sino que diríamos que tal
contacto es una superficie que circunda un centro, y que en ese centro
reside el punto.
132.- Llamaremos mecánico al conocimiento engendrado por la
experiencia, científico al que empieza y termina en el espíritu, y, en
fin, semimecánico al que nace de la ciencia y termina en operación manual.
133.- Pero vanas y llenas de errores me parecen aquellas ciencias que
no nacen de la experiencia, madre de toda certidumbre, ni terminan en una
noción experimental; es decir, tales que, ni su origen ni su medio, ni su
fin pasan por ninguno de los cinco sentidos.
134.- Si dudamos de cada cosa que pasa por los sentidos, cuánto más
debemos dudar de las cosas rebeldes a esos sentidos, como la esencia de
Dios, la del alma y otras cuestiones similares, sobre las cuales siempre
se discute y disiente. Y sucede en verdad que, donde falta el
razonamiento, se le suple con palabrerío, cosa que no ocurre cuando se
trata de cosas ciertas. Diremos, pues, que donde hay ruidosas discusiones
no hay verdadera ciencia, porque la Verdad tiene un solo término, el cual
una vez hallado y hecho público, el litigio queda destruido para siempre
y, si resurge, es porque sólo hay ciencia mentirosa y confusa y no
certidumbre nata.
135.- Pero las verdaderas ciencias son las que la experiencia ha
hecho penetrar por los sentidos imponiendo silencio a los argumentadores y
no nutriendo de sueños a sus investigadores; las que, sobre los primeros
principios conocidos, proceden sucesivamente y con verdadera ilación hasta
el fin, como se ve en los elementos de las matemáticas, o sea en el número
y la medida (en la aritmética y la geometría), que tratan con suma verdad
de la cantidad continua y de la discontinua.
136.- Estudia primero la ciencia y sigue después la práctica, nacida
de la ciencia.
137.- El que se enamora de la práctica sin ciencia, es como el marino
que sube al navío sin timón ni brújula, sin saber con certeza hacia dónde
va.
138.- La práctica debe siempre ser edificada sobre la buena teoría.
139.- Acuérdate, cuando estudies el agua, de alegar primero la
experiencia y después la razón. (A sí mismo.)
140.- Si tú dices que las ciencias reconocidas verdaderas son de
especie mecánica, por cuanto no pueden llevarse a fin de otro modo que
manualmente, yo diré lo mismo de todas las artes que aplica el escultor,
las cuales son de la especie del dibujo, que es sólo una parte de la
pintura; pero también la astronomía y otras ciencias pasan por las
operaciones manuales, aunque empiezan por ser mentales, como lo es la
pintura, la cual reside primero en la mente del artista, pero no puede
llegar a su perfección sin la operación manual.
141.- Huye de los preceptos de los especuladores cuyas razones no
están confirmadas por la experiencia.
142.- Todo nuestro conocimiento nos viene de las sensaciones.
143.- Muchos creerán razonablemente poderme censurar, alegando que
mis pruebas van contra la autoridad de ciertos hombres, dignos de gran
reverencia para su juicio inexperto, sin considerar que ellas vienen de la
simple y mera experiencia, que es la verdadera maestra.
144.- Quien discute alegando la autoridad, no aplica el ingenio, sino
más bien la memoria.
145.- Comer con desgana convierte el alimento en repulsivo manjar.
Así, el estudio sin voluntad malogra la memoria, que no retiene entonces
nada de lo que toma.
146.- Como el hierro, por falta de ejercicio, se cubre de herrumbre,
y el agua se corrompe o se hiela por la misma causa, así el ingenio, sin
ejercicio, se deteriora.
147.- Sabemos con certeza que la vista es uno de los más rápidos
sentidos y que ella ve en un instante infinitas formas; sin embargo, sólo
puede comprender una cosa por vez. Pongamos por caso que tú, lector,
abraces de una oleada esta página escrita. Reconocerás de inmediato que
está llena de variadas letras, pero no distinguirás en tan breve tiempo
qué letras son, ni lo que ellas signifiquen. Te será, pues, necesario ir
tomando nota de esas letras, palabra por palabra y renglón por renglón.
Del mismo modo, si quieres subir a lo alto de un edificio has de subir
escalón por escalón, y sólo así llegarás a su cumbre.
148.- Digo, pues, que si Natura te endereza a este arte (la pintura),
y si quieres lograr el verdadero conocimiento de la forma de las cosas,
comenzarás por sus particularidades, y no pasarás a la segunda sin tener
bien, en la memoria y en la práctica, la primera; si tal no haces,
disiparás tu tiempo, y alargarás mucho el estudio. Recuerda que hay que
aprender primero la diligencia, y después la presteza.
149.- Antes de avanzar en una investigación haré alguna experiencia,
pues mi intención es alegar, ante todo, la experiencia, y demostrar luego,
con el razonamiento, por qué tal experiencia ha de operar de tal modo.
150.- Y ésta es la regla verdadera, según la cual han de proceder los
observadores de los efectos naturales. Por más que la naturaleza empiece
por la razón y termine en la experiencia, nosotros debernos seguir la
marcha contraria; es decir, empezar, como lo expresé antes, por la
experiencia, y con ella investigar la razón.
151.- Lo que es divisible de hecho, lo es también en potencia; pero
no todas las cantidades divisibles en potencia lo son también de hecho.
152.- Estas reglas (del método experimental) te permitirán distinguir
lo verdadero de lo falso. Ellas inducen a los hombres tan sólo a
prometerse cosas posibles y moderadas. Ellas te librarán del velo de la
ignorancia, la cual, impidiéndote comprobar el efecto (que buscas), sería
para ti causa de desesperación y melancolía.
153.- ¿Qué es la fuerza? Digo que es una virtud espiritual, una
potencia invisible; la cual, por una violencia accidental externa, es
consecuencia del movimiento, se halla infundida en los cuerpos y los saca
de su estado natural de reposo, comunicándoles una vida activa de
maravillosa potencia.
154.- ¿Qué es la fuerza? Digo que es una potencia espiritual,
incorpórea, invisible, la cual, con breve vida, se manifiesta en los
cuerpos que, por una accidental violencia, se encuentran fuera de su
estado de reposo natural.
155.- Toda acción hade ejercerse por movimiento.
156.- El movimiento es causa de toda vida.
157.- La gravedad, la fuerza y el movimiento accidental, junto con la
percusión, son las cuatro potencias accidentales por las cuales todas las
obras visibles de los mortales tienen su ser y su fin.
158.- Ningún objeto inanimado se mueve por sí mismo. Su movimiento le
viene de otros.
159.- Todo movimiento natural y continuo desea conservar su curso,
por la línea de su principio.
160.- Todo movimiento tiende a mantenerse; en otras palabras: todo
cuerpo, una vez puesto en movimiento, seguirá moviéndose, en cuanto la
impresión de la potencia de su motor se conserve en él.
161.- Cada uno mantiene violentame nte su existencia.
162.- Si fuera posible abrir en la esfera de la Tierra como un pozo
que, pasando por su centro, fuera de una a otra superficie, un cuerpo
pesado que se dejara caer en dicho pozo no podría detenerse en el centro,
sino que su ímpetu, durante años y años se lo impediría.
163.- El ímpetu es una potencia nacida del movimiento, y transmitida
del motor al móvil, el cual móvil estará en movimiento mientras el ímpetu
dure.
164.- El ímpetu es la impresión del movimiento transmitido del motor
al móvil.
165.- Toda impresión tiende a perpetuarse, es decir, desea
permanecer.
166.- Que toda impresión desea permanecer se comprueba por la
impresión que hace el sol en los ojos de quien lo mira, y en la impresión
que hace el badajo golpeando la campana.
167.- Ninguna investigación humana puede llamarse verdadera ciencia
si no pasa por la demostración matemática.
168.- Si tú dices que las ciencias que empiezan y terminan en la
mente son verdaderas, ello no puede concederse, sino, antes bien, negarse,
por muchas razones, y ante todo porque en tales discursos mentales no
interviene la experiencia, sin la cual no existe ninguna certeza.
169.- Equivocadamente se lamentan los hombres de la experiencia,
acusándola con suma acritud de ser falaz. Pero dejad en paz a la
experiencia y dirigid tales lamentaciones contra vuestra ignorancia, que
os extravía con vanos y necios deseos, hasta prometeros de la experiencia
cosas que no están en su poder. Así tachan, pues, los hombres de falaz a
la inocente experiencia achacándole, sin razón, mentirosas demostraciones.
170.- La experiencia no engaña jamás. Sólo engañan vuestros juicios
cuando de ella se prometen efectos que no pueden hallar su causa en
nuestras experiencias. Porque, dado un principio, es necesario que cuanto
de él se deduzca sea verdadera consecuencia de tal principio, a menos que
exista impedimento; y si lo hay, el efecto que debía derivarse de dicho
principio participará tanto más o tanto menos del impedimento, cuando éste
supere a dicho principio o sea menos potente que él.
171.- Ninguna certeza existe allí donde no puede aplicarse alguna de
las ciencias matemáticas o de las que están unidas con ellas.
172.- Todo cuerpo que se nutre, muere y renace continuamente. Porque
el alimento sólo puede entrar a aquellos lugares donde el alimento
anterior ha sido consumido, y donde no habría más vida si tú no
reemplazaras con igual cantidad el alimento desaparecido. Pero si
devuelves al cuerpo lo que ha consumido día a día, renacerá tanta vida
cuanta se haya consumido; a semejanza de la luz de las candelas, nutrida
por el sebo derretido que va continuamente restaurado, con veloz ayuda, el
que la llama consume; hasta que su esplendor se convierte en negro humo, y
la luz muere apenas cesa el movimiento ascendente del humor que la nutre.
173.- El calor es causa del movimiento de lo húmedo; y el frío, de su
inmovilidad; así se observa en la región fría del aire, que detiene las
nubes.
174.- Donde hay vida hay calor; donde hay calor vital hay movimiento
de humores.
175.- La ciencia instrumental o de las máquinas, es nobilísima, y
útil más que todas las otras; por su mediación todos los cuerpos animados,
capaces de movimiento, realizan sus operaciones. Esos movimientos nacen
del centro de gravedad colocado entre pesos desiguales, y estos cuerpos
poseen pobreza o riqueza de músculos y palancas y contrapalancas.
176.- La mecánica es el paraíso de las ciencias matemáticas, porque
con ella se alcanza el fruto matemático.
177.- Cada instrumento (o medio) debe adaptarse a la experiencia.
178.- No es censurable mostrar, dentro del proceso ordenado de una
ciencia, alguna regla general, inferida de una conclusión anterior.
179.- Entre los estudios de las causas y razones naturales, el de la
luz es el que más deleita a los observadores. Entre las grandes cualidades
de las matemáticas, la certeza de las demostraciones es la que más eleva e
ilustra el ingenio de los investigadores.
180.- La perspectiva, por consiguiente, debe ocupar el primer puesto
entre todos los discursos y disciplinas humanas. En su dominio, la línea
luminosa se combina con las variedades de la demostración y se adorna
gloriosamente con las flores de la matemática, y más aún de la física. Sus
resultados pueden detallarse analíticamente; pero me propongo encerrarlos
en breves conclusiones, entretejiendo, según la modalidad de la materia
tratada, demostraciones naturales y matemáticas, y deduciendo a veces los
efectos de las causas, y otras veces las causas de los efectos.
181.- Aunque el tiempo se cuenta entre las cantidades continuas,
siendo él invisible e incorpóreo, no cae bajo el dominio de la geometría,
la cual divide los cuerpos en figuras y sólidos de infinita variedad, como
se ve que ocurre constantemente en las cosas visibles y corpóreas; sólo
coincide con ella en los primeros principios, a saber: el punto y la
línea. El punto, en el tiempo, se traduce por el instante; y la línea se
asemeja a un intervalo de tiempo; y así como los puntos son principio y
fin de dicha línea, los instantes son término y principio de cualquier
intervalo de tiempo dado; y si la línea es divisible al infinito, el
intervalo de tiempo tampoco repugna a tal división; y si las partes en que
se ha dividido la línea son proporcionales entre sí, también serán entre
sí proporcionales las partes del tiempo.
182.- Antes de sacar de un caso aislado una regla general,
experiméntalo dos o tres veces, observando si las experiencias producen
los mismos efectos.
183.- Si se dejan caer simultáneamente varios cuerpos de igual peso y
forma, los excedentes de sus intervalos serán iguales entre sí.
184.- La precedente ley del movimiento debe comprobarse con la
siguiente experiencia, a saber: Tómense dos castañas de igual peso y forma
y déjeselas caer de una gran altura, de modo que, al iniciarse su caída,
se toquen mutuamente; y observe el experimentador desde el suelo, si ellas
se mantienen en contacto, o no, durante su caída. Y hágase esta
experiencia varias veces para que ningún accidente impida o falsee la
prueba, evitando así que, siendo falsa la experiencia, pueda ella engañar
al observador.
185.- No hay parte alguna de la astrología que no dependa de las
líneas visuales y de la perspectiva, hija de la pintura -ya que es el
pintor quien, por necesidad de su arte, ha creado dicha perspectiva-, en
cuyas líneas se incluyen todas las varias formas de los cuerpos generados
por la naturaleza y sin las cuales el arte del geómetra no existiría. Y si
el geómetra reduce toda superficie circunscrita por líneas, a la figura
del cuadrado, y todo cuerpo a la figura del cubo; y si la aritmética hace
lo mismo con sus raíces cúbicas y cuadradas, estas dos ciencias sólo
atienden a la noción de cantidad, continua o discontinua, pero de la
calidad no se ocupan, la cual es belleza de las obras de la naturaleza y
ornamento del mundo.
186.- Algunos comentadores censuran a los antiguos inventores de
quienes nacieron las gramáticas y las ciencias, y se proclaman paladines
contra los inventores de pasadas épocas; y porque no han logrado ser
inventores ellos mismos, por pereza y porque juzgan más cómodo recurrir a
los libros, procuran constantemente criticar con falsos argumentos a sus
maestros.
187.- El buen juicio nace de la buena inteligencia y la buena
inteligencia deriva de la razón, sacada de las buenas reglas; y las buenas
reglas son hijas de la buena experiencia: madre común de todas las
ciencias y las artes.

La naturaleza
188.- Toda cosa desea naturalmente mantenerse en su ser.
189.- Muchas veces una misma cosa está sometida a dos influjos
violentos: necesidad y potencia. Cae el agua, y la tierra la absorbe por
necesidad de líquido; el sol la evapora no por necesidad, sino por
potencia.
190.- En todo el universo cada cosa desea mantenerse en su
naturaleza; por eso la corriente de agua en movimiento procura mantener su
curso según la potencia que la impulsa, y si tropieza con un obstáculo,
acaba, por un movimiento circular y torcido, el trayecto de su curso
empezado.
191.- Todos los elementos, cuando están fuera de su sitio natural,
desean volver a él, principalmente el fuego, el agua y la tierra.
192.- Toda acción natural se verifica por el camino más corto.
193.- Toda acción natural está realizada por la naturaleza misma del
modo y en el tiempo más breve posible.
Ninguna acción natural puede abreviarse, pues la naturaleza la genera
del modo más breve posible.
194.- No es tan fuerte el mugir del mar tempestuoso cuando el
septentrional aquilón lo agita en olas espumantes entre Escila y Caribdis;
ni el estruendo de Stromboli o Mongibello, cuando las llamas de azufre,
rompiendo y abriendo violentamente la gran montaña, fulminan por los aires
piedras y tierra que escapan junto con las llamas vomitadas, o cuando las
caldeadas cavernas de Mongibello, regurgitando el mal contenido elemento
(el fuego) y lanzándolo a su región propia, se llevan furiosamente por
delante cualquier obstáculo que se opone a su impetuosa furia… Y
arrastrado por mi vivo deseo, ansioso de ver la gran mezcolanza de las
variadas y extrañas formas creadas por la artificiosa naturaleza, después
de rondar algún tiempo entre umbrosos peñascos, llegué a la entrada de una
gran caverna, delante de la cual quedé por un rato estupefacto y sin saber
lo que veía. Después, arqueando el lomo, con una cansada mano fija sobre
la rodilla, hice sombra con la diestra a las pestañas que mantenía bajas y
cerradas. Encorvándome muchas veces hacia un lado u otro, trataba yo de
discernir algo allá dentro, sin poder lograrlo, a causa de la gran
oscuridad interior. Después de estar así por cierto plazo, despertáronse
en mí súbitamente dos cosas: miedo y deseo; miedo de la amenazadora y
oscura caverna, deseo de ver si allí adentro, había alguna cosa de
milagro.
195.- La necesidad es maestra y tutora de la naturaleza. Es su tema y
la fuente de sus invenciones, su freno y su regla perpetua.
196.- ¿Por qué no dispuso la naturaleza que los animales no viviesen
unos de la muerte de los otros?
197.- La naturaleza satisface su deseo y encuentra placer en crear
continuamente vidas y formas, porque sabe que ellas acrecientan su
material terrestre, y tiene más voluntad y prisa por crear que el tiempo
por consumir; por eso ha dispuesto que muchos animales sean alimento unos
de otros; y cuando ello no basta a su deseo, suele enviar ciertos vapores
venenosos y pestilencias sobre las grandes multitudes y congregaciones de
animales, y especialmente de hombres, que se reproducen en gran escala; y
evita de ese modo que otros animales los devoren. Suprimida así la causa,
desaparece el efecto.
198.- Así, pues, en nuestra Tierra, es tanto mayor la pérdida de
vidas cuanto más aumenta su multiplicación.
199.- Por la ya indicada y demostrada razón, los efectos no se
asemejan muchas veces a sus causas: los animales son ejemplo de la vida
mundial.
200.- En las cosas muertas subsiste vida insensible; ellas recobran
vida sensible e intelectual cuando son absorbidas por el estómago de los
seres vivientes.
201.- Si la naturaleza ha hecho capaces de sufrir dolor a las almas
vegetativas dotadas de movimiento (los animales), velando por la
conservación de los instrumentos que el movimiento podría deteriorar o
destruir, las almas vegetativas sin movimiento (las plantas), que no están
expuestas a chocar contra obstáculos exteriores, no necesitan de tal
defensa, y por esa razón se las puede romper sin ocasionarles dolor como a
los animales.
202.- Si un árbol pierde una parte de su corteza, la naturaleza
proveerá el remedio dirigiendo a esa parte del árbol una cantidad mucho
mayor de savia; de manera que, para compensar la falta, hará crecer en ese
punto una corteza mucho más fuerte que en cualquier otro; y la savia,
llegada al lugar donde su socorro es necesario, surgirá en alto, pululando
y borbotando, como un agua que hierve impetuosamente.
203.- ¿Quién te mueve, hombre, a abandonar tus propias habitaciones
de la ciudad, a dejar tus parientes y amigos, a ir por lugares campestres,
por montes y valles, si no es la belleza natural del mundo, la cual, si
bien lo consideras, sólo con el sentido de la vista puedes gozar? ¿Y si el
poeta pretende entonces rivalizar con el pintor, por qué no aprovechas la
descripción que hace él de tales sitios, y te quedas en casa, al abrigo
del excesivo calor del sol? ¿No conseguirías de ese modo algo más útil y
menos fatigoso, dentro de un ambiente fresco, sin necesidad de movimiento,
sin peligro de enfermedad? Sin duda; pero tu alma ya no podría gozar del
beneficio de los ojos, ventanas de su habitación; no podría recibir las
imágenes de los alegres sitios, no podría contemplar los umbrosos valles
regados por los arroyos que serpentean juguetones, ni ver las variadas
flores cuyos colores forman una armonía visual, ni, en fin, todas las
otras cosas que solamente los ojos pueden percibir. Pero si el pintor en
la estación fría y triste del invierno, te muestra esos mismos paisajes y
otros que hayan sido teatro de tus placeres; si junto a alguna fuente
puedes verte de nuevo, amante con tu amada, sobre los prados florecidos,
bajo la dulce sombra de los verdes árboles, ¿no experimentarás un placer
más grande que oyendo el mismo efecto descrito por el poeta?
204.- La costumbre de cortar las narices a los caballos, es cosa
digna de risa. Los necios la practican como si creyeran que la naturaleza
ha omitido algunas cosas necesarias, y que los hombres deben corregirla.
Ella ha hecho las dos ventanas de la nariz -cada una de las cuales tiene
un ancho igual a la mitad del diámetro del canal de los pulmones por donde
se exhala el aliento-, si bien la boca, de no existir ellas, bastaría
sobradamente a ese fin. Y si me preguntas por qué la naturaleza ha dotado
a los animales de narices, cuando la respiración por la boca es
suficiente, te contestaré que las narices sirven para usarlas cuando la
boca está ocupada en masticar el alimento.

Astronomía
205.- Afirman algunos escritores que las estrellas tienen luz propia,
alegando que, si Venus y Mercurio no la tuvieran tal, cuando esas
estrellas se interponen entre nuestros ojos y el sol, oscurecerían una
parte del sol igual a sus tamaños aparentes. Pero esto es falso, por
cuanto está probado que un cuerpo sin lumbre colocado frente a otro
luminoso, queda rodeado y cubierto todo por los rayos laterales del resto
de dicho cuerpo luminoso, y permanece, por consiguiente, invisible. Así se
comprueba cuando se mira el sol a través de las ramificaciones de un árbol
de hojas muy separadas unas de otras. Las ramas del árbol no interceptan
entonces parte alguna del sol a nuestros ojos.
206.- Lo mismo ocurre, pues, con los mencionados planetas, los
cuales, aunque privados de luz propia, no ocupan, según lo dicho, ninguna
parte de sol para nuestros ojos.

Geología
207.- La Tierra es una estrella. Gracias a la esfera acuosa que la
envuelve en gran parte, resplandece en el universo como un simulacro del
Sol y a la manera de todas las demás estrellas de cuyo conjunto forma
parte.
208.- Nada nace donde no hay vida sensitiva, vegetativa o racional.
Nacen las plumas sobre el cuerpo de las aves y cambian todos los años. Los
pelos crecen sobre a piel de las bestias y cambian también todos los años,
salvo en alguna parte, como en las barbas de los leones, gatos y otros
animales semejantes. Nacen las hierbas sobre los prados y las hojas sobre
los árboles, y en gran parte se renuevan todos los años. Podremos, pues,
decir que la Tierra tiene alma vegetativa y que su carne es el suelo, sus
huesos los órdenes y agregaciones de las rocas que forman sus montañas,
sus tendones las tobas, su sangre las venas de agua. Podremos igualmente
decir que al lago de sangre que rodea el corazón corresponde el mar
océano; que a la respiración y a las palpitaciones del pulso con el crecer
y decrecer de la sangre, corresponde en la Tierra el flujo y reflujo del
mar; que el calor del alma del mundo es el fuego oculto en su interior, y,
en fin, que el alma vegetativa reside en el mismo fuego que en diversos
lugares del globo caldea el agua de los baños termales y se muestra en
sulfataras y volcanes, en Mongibello de Sicilia y en bastantes sitios más.
209.- Los cursos subterráneos del agua, así como los que se deslizan
entre el aire y la tierra, desgastan y profundizan constantemente sus
lechos.
210.- La tierra que arrastran los ríos se descarga en su
desembocadura, es decir, que esa tierra, arrancada de la parte superior de
su curso, se deposita en los últimos bajíos de su carrera.
211.- Donde abunda el agua dulce en la superficie del mar, es seguro
presagio de la creación de una isla, que se descubrirá tanto más tarde o
tanto más temprano, cuanto menor o mayor sea la cantidad de agua que
surge.
212.- Y una isla se formará también por la acumulación de tierra o de
rocas descompuestas, causada por un curso subterráneo de agua en los
sitios en que se detiene.
213.- Empieza por la definición del ojo.
214.- Mostrarás después cómo el centelleo de las estrellas tiene su
causa en el ojo, y por qué ese centelleo es más pronunciado en unas que en
otras, y de qué modo los rayos de la luz estelar afectan el ojo. Agrega
después esta observación: que si el centelleo proviniera de las estrellas,
como aparentemente ocurre, su dilatación se igualaría al cuerpo de cada
estrella; si ésta fuera mayor que la Tierra, resultaría que tal movimiento
instantáneo sería, aun entonces, bastante veloz para redoblar la magnitud
de la estrella; prueba después cómo la superficie del aire en los confines
del fuego y la superficie del fuego en su extremo, es la misma en que los
rayos solares, penetrándola, tienen semejanza con los cuerpos celestes: de
gran dimensión, cuando salen o se ponen, y pequeños cuando se hallan en el
medio del cielo.
215.- Si miras las estrellas libres de toda irradiación (lo que puede
conseguirse observándolas a través de un pequeño agujero hecho con la
punta de una aguja delgada y colocado casi tocando el ojo), comprobarás
que ellas son de tan mínimas dimensiones que nada menor puede concebirse.
La gran distancia que nos separa de las mismas es realmente la causa de su
proporcional disminución, por más que muchas de esas estrellas sean de
magnitud infinitamente superior a nuestra Tierra.
216.- Que la Tierra no está en el centro de la órbita del Sol ni en
el centro del mundo, sino en medio de sus elementos, a ella unidos y que
la acompañan; y que, a un observador colocado en la Luna cuando ella y el
Sol están debajo de nosotros, esta nuestra Tierra con su elemento acuoso,
parecería hacer el oficio que hace la Luna para nosotros.
217.- La yema del huevo está en medio de la clara, sin caer de ningún
lado. Ella es o más ligera, o más pesada, o de igual densidad que la
clara. Si es más ligera, debería elevarse sobre toda la clara y detenerse
cuando estuviera en contacto con la cáscara; si fuera más pesada, debería
descender; y si fuera de igual peso podría estar en uno de los extremos,
como en el medio o más abajo.
218.- El movimiento de los cuerpos pesados hacia el centro común no
tiene por causa el propio deseo de llegar a ese centro, ni una atracción
semejante a la del imán ejercida por el centro sobre los cuerpos.
219.- ¿Por qué el peso no permanece en su sitio?
220.- ¿Por qué no está dotado de resistencia?
221.- ¿Y hacia dónde se moverá?
222.- Se moverá hacia el centro.
223.- ¿Y por qué no seguirá otra línea?
224.- Porque el peso, desprovisto de resistencia, descenderá por el
camino más corto al centro del mundo, que es el sitio más bajo.
225.- ¿Y cómo sabrá hallarlo y con tanta brevedad?
226.- Porque no tendrá que ir, como lo haría un ser animado, vagando
primero por diversas líneas.
227.- Fin del mundo: Quedando el elemento acuoso, rodeado por las
riberas siempre más altas de los ríos y el mar reducido gradualmente por
la invasión de las tierras, el aire circundante que cubría la masa
reblandecida de la Tierra -mantenido entre el agua y el fuego-, se verá
privado del agua necesaria y con su volumen muy reducido. Los ríos
perderán su caudal, el fértil suelo dejará de brotar sus gráciles frondas,
los campos perderán el adorno de las plantas renovadas; los animales, no
encontrando frescas hierbas que pacer, morirán; faltará la comida a las
bestias rapaces: leones, lobos y otros animales que viven de la caza; y
los hombres, agotados todos los expedientes, perecerán al fin,
desapareciendo de la Tierra el género humano. Abandonada así la fértil y
fructuosa Tierra, se tornará estéril y árida. No obstante, gracias al
humor acuoso (encerrado en su vientre), y por obra de la vivaz naturaleza,
continuará manifestando algo de su virtud productiva, hasta que,
desaparecida la acción del aire sutil y frío, el fuego la consuma; su
superficie se cubrirá entonces de cálidas cenizas, y éste será el fin de
la vida terrestre.
228.- El litoral gana terreno avanzando constantemente hacia el medio
del mar. Los escollos o promontorios se desmoronan y desgastan
continuamente. Los mares interiores expondrán al aire sus fondos y sólo
reservarán un canal para el río más caudaloso, que lo atravesará corriendo
al océano a derramar en él sus aguas, junto con las de todos sus
afluentes.
229.- ¡Oh tiempo, rápido devastador de las cosas creadas! ¡Cuántos
reyes, cuántos pueblos has hecho desaparecer, cuántas mutaciones, cuántos
diversos casos han ocurrido, desde que la maravillosa forma de este pez,
muerto aquí en las cavernosas y retorcidas entrañas… y ahora, consumido
por el tiempo, yace inmóvil en este oculto lugar, con los huesos
descarnados y desnudos, convertido en armadura y sostén del monte
superpuesto!
230.- Los mariscos son animales cuyo esqueleto es exterior. (Citado
por Humboldt.)
231.- Como los acontecimientos son mucho más antiguos que las letras,
no es de extrañar que no haya llegado a nuestra época noticia escrita que
nos haga saber cómo el mar ocupó en otros tiempos tantos países; y si, con
todo, alguna escritura aparecía, las guerras, los incendios, las
inundaciones, los cambios de lenguas y de leyes, han destruido toda la
Antigüedad; pero bástennos los testimonios que nos da el hecho de
encontrarse hoy cosas provenientes de aguas saladas, en altos montes
alejados de los mares de entonces.
232.- Hay quienes afirman que los mariscos fósiles provienen de
animales nacidos por un influjo astral a gran distancia del mar, y que ese
influjo astral hizo apto para crear animales fósiles el lugar en que
nacieron.
233.- A ellos hay que responder que, si se admitiera, semejante
influjo, sería a condición de no hallarse juntos sino animales de la misma
suerte y edad, y no (como se observa) viejos con jóvenes, algunos
provistos de cubierta (testáceos) y otros sin ella, unos rotos y otros
enteros. Tampoco debieran, encontrarse algunos de estos mariscos fósiles
llenos de arena de mar o de fragmentos grandes o chicos de otros mariscos.
Ni veríamos el aparato bucal de un cangrejo sin el resto de su cuerpo; ni
mariscos de otras especies prendidos a ellos en forma tal que parecen
haber atacado su corteza o cubierta, sobre la cual se conservan vestigios
semejantes a los que deja el teredo en la madera roída por él; ni
aparecerían finalmente, entremezclados con esos mariscos, huesos y dientes
de pescado en forma de saetas o de lenguas de serpiente, y miembros de
diversos animales: todo lo cual nos obliga a reconocer que los tales
mariscos fósiles fueron arrojados del litoral marítimo.
234.- Si dijeras que los mariscos fósiles que se ven en los confines
de Italia, en nuestros tiempos, lejos del mar y a gran altura, están allí
por causa del diluvio bíblico, te contestaré que, creyendo tú que el tal
diluvio, superó en siete codos al monte más alto -como escribió el que lo
midió-, esos mariscos, que siempre están vecinos a las costas del mar,
debieron quedar sobre las montañas y no tan cerca de su base y por capas a
nivel.
235.- Si dijeras que, siendo los mariscos amigos de vivir en la
proximidad del borde del mar, cuando éste creció, aquéllos abandonaron su
mansión primitiva para seguir la creciente hasta su máxima altura,
responderíamos que los mariscos no son más veloces que la limaza, antes
bien son más lentos, e incapaces de nadar, recorriendo por día tres o
cuatro brazas; y que, por consiguiente, hubieran necesitado para ir del
mar Adriático hasta Monferrato en Lombardía, a 250 millas de distancia,
mucho más de los cuarenta días que menciona el que llevó la cuenta.
236.- Si pretendieras afirmar que las ondas los transportaron, te
contestaría que su peso les impide moverse, de otro modo que arrastrándose
sobre el fondo; y si te niegas a concederme esto, tendrás que confesar por
lo menos que ellos hubieran debido quedar en las cimas de los más altos
montes o en los lagos que éstos encierran; como ser el Lago Mayor o los de
Lario, Como, Fiésole, Perugia, etc.
237.- En conclusión, la existencia de estos fósiles tan tierra
adentro sólo se explica admitiendo que ellos nacieron en los sitios donde
ahora se encuentran.
238.- Aclaremos, para terminar, la duda de si el diluvio acaecido en
la época de Noé fue universal o no. Diremos las razones que demuestran que
no lo fue. Según el relato bíblico, el diluvio consistió en una lluvia
universal y continua que duró cuarenta días y cuarenta noches y elevó el
nivel de las aguas seis codos por encima del monte más alto de la Tierra;
y si efectivamente la lluvia fue universal, ella envolvió con sus aguas
nuestra Tierra dándole una figura esférica. Pero una superficie esférica
tiene todos sus puntos equidistantes de un centro, de donde resulta que el
agua en las condiciones expresadas no podía moverse, porque el agua sólo
se mueve descendiendo. ¿Cómo, pues, pudo el agua del diluvio escurrirse,
si todo movimiento le estaba vedado, según acabamos de demostrarlo? A
falta de razones naturales, hay que apelar al milagro para resolver la
duda, o decir que el agua fue evaporada por el Sol.

El agua, el aire y los volátiles
239.- El agua, humor vital de la terrestre máquina, se mueve mediante
su calor natural.
240.- El agua es el vehículo de la naturaleza.
241.- Entre las causas más poderosas de perjuicios, pienso que los
ríos con sus ruinosas inundaciones ocupan el primer lugar; y no el fuego,
como han querido algunos, por cuanto el fuego termina su vorágine cuando
le falta el alimento, mientras que el movimiento del agua mantenido por la
inclinación de los valles, sólo termina y muere en el último bajío del
valle. El fuego perdura mientras halla con qué nutrirse; el movimiento del
agua necesita de la pendiente para propagarse. El alimento del fuego es
desunido, y desunido y separado el daño causado, el cual cesa cuando falta
aquél. La inclinación de los valles es continua, y, por consiguiente, es
también continuo el perjuicio que ocasiona el devastador curso del río,
hasta que su marcha se termine en el seno del mar, único reposo de la
peregrinación de las aguas fluviales.
242.- Contra los ríos salidos de madre no existe defensa humana
posible.
243.- Para exponer la verdadera ciencia del movimiento de los pájaros
en el aire, hay que empezar por exponer la ciencia de los vientos, la cual
se demuestra mediante el estudio de los movimientos del agua en sí misma;
y esta ciencia de cosas inanimadas, servirá de escalera para llegar a la
ciencia de los volátiles que se mueven en el aire y en los vientos.
244.- El agua que surge de los montes es como la sangre que presta
vida a la montaña. Si esa agua viene a derramarse a través de una
perforación hecha en la montaña, la naturaleza, defensora de sus
criaturas, obedeciendo al generoso deseo de remediar a la falta de fluido
derramado, prodigará entonces sus solícitos cuidados necesarios. De un
modo parecido, cuando sufre una herida nuestro cuerpo, la sangre afluye
abundante bajo la piel produciendo una tumefacción en el lugar golpeado;
o, cuando cortamos una cepa de viña por su extremo superior, la
naturaleza, mandará allí, desde las raíces, una reparadora corriente de
savia; y si ésta se pierde, ella continuará, mientras pueda, suministrando
el vital humor.
245.- El pájaro es un organismo que obra según leyes matemáticas; el
hombre puede construir un organismo igual, dotado de los mismos
movimientos, aunque de menor potencia y capacidad para mantenerse en
equilibrio. Diremos, pues, que a tal instrumento fabricado por el hombre,
sólo le faltaría el alma del pájaro, la cual debería ser remedada por el
alma del hombre.
246.- El alma obedecerá mejor, sin duda, a los miembros del pájaro y
a sus necesidades, de lo que podría hacer el alma del hombre separada de
aquel organismo artificial, principalmente en los movimientos de
balanceamiento apenas sensibles. Pero observando cómo el pájaro provee a
una gran variedad de movimientos perceptibles, podremos juzgar por esa
comprobación, que también aquellos movimientos casi imperceptibles del
pájaro, acabarán por llegar a conocimiento del hombre, y que él conseguirá
evitar la ruina del instrumento mecánica de que se ha constituido en alma
y guía.
247.- Es cosa explicable que los pájaros pequeños, de escaso plumaje,
no soporten el inmenso frío que reina en las altas capas del aire donde
viven los buitres, las águilas y otros grandes pájaros, vestidos de
numerosas hileras de plumas.
248.- Además los pájaros pequeños, con sus alas sutiles y débiles,
pueden sostenerse en el aire bajo, que es más denso, pero no podrían
hacerlo en un aire ligero y de poca resistencia.
249.- El agua que tocas en la superficie de un río, es la última de
la que pasó y la primera de la que viene: así el instante presente.
250.- Lo que mueve el agua en sus venas ramificadas, contra el curso
natural de los graves, es la misma propiedad que mueve los humores en los
cuerpos animados.
251.- Las olas del mar suelen huir del punto en que se forman, sin
que haya desplazamiento del agua. En eso se asemejan a las ondas que
produce el viento en un campo de espigas, al que se ve ondular sin que
ellas cambien de sitio.
252.- De cómo es posible por medio de un aparato, permanecer algún
tiempo debajo del agua; por qué me niego a describir mi procedimiento para
permanecer bajo el agua por todo el tiempo durante el cual me es posible
prescindir de alimentarme. No lo publico y no quiero explicarlo, temiendo
el carácter malvado de los hombres, que aplicarían este dispositivo con
fines de destrucción, empleándolo para despedazar desde el fondo del mar
el casco de los buques y hundirlos junto con sus tripulaciones. He ideado
otro aparato que no ofrece tal peligro y que consiste en un tubo cuyo
extremo se mantiene sobre la superficie del agua por medio de odres o de
corchos, y permite al buzo respirar a través de él.
253.- He dividido el tratado de los pájaros en cuatro libros: el
primero explica el vuelo que efectúa el pájaro sacudiendo sus alas; el
segundo se ocupa del vuelo a favor del viento; el tercero, del vuelo en
general de los murciélagos, peces, insectos; el cuarto, del vuelo
artificial.
254.- El pájaro se hace pesado o liviano, según su voluntad.
255.- Como hace el hombre que se apoya con sus pies y su espalda
contra las paredes de una chimenea mientras la deshollina, tal hace el
pájaro con el borde del extremo de sus alas contra el aire en que éstas se
apoyan.
256.- Tanto trabajo efectúa el aire contra un objeto inmóvil, como el
que se requiere para mover el objeto contra el aire inmóvil.
257.- Parece que me hallara destinado a escribir particularmente del
buitre, porque uno de los primeros recuerdos de mi infancia me representa
un buitre que, acercándose a mi cuna, viene hacia mí, me abre la boca con
su cola y con ella me golpea muchas veces entre los labios.
258.- El extremo del ala del pájaro avanza en el aire como lo hace la
extremidad del remo en el agua, o el brazo (o mejor la mano) del nadador
debajo del agua.
259.- El movimiento simple de las alas del pájaro le es más fácil al
subir que al descender; la mayor facilidad del movimiento hacia arriba se
debe a dos causas: la primera consiste en que el peso (del pájaro), cuando
desciende, hasta por sí solo para levantar las plumas un poco en alto; la
segunda, en que, siendo las alas convexas hacia arriba y cóncavas hacia
abajo, el aire cede más fácilmente a la presión de las alas en subida que
en bajada, ya que ésta provoca una condensación del aire encerrado antes
de que tenga tiempo de escapar.
260.- Cuando el pájaro desea girar sacudiendo las alas, hundirá más
abajo en el aire el ala que está del lado hacia el cual quiere torcer su
vuelo, y así el pájaro torcerá el curso de su vuelo de acuerdo con el
ímpetu del ala que más se movió, y provocará en el aire del lado opuesto
la agitación correspondiente. Cuando el pájaro intenta elevarse en el aire
a golpes de ala, levanta los hombros y oprime contra su cuerpo los
extremos de sus alas. Aumenta así la densidad del aire que se encuentra
entre los extremos de las alas y el pecho del pájaro, cuya presión lo
eleva en el aire.
261.- El buitre y los otros pájaros que agitan poco las alas en el
vuelo, buscan siempre la corriente del aire; cuando el viento reina en las
capas superiores de la atmósfera se los observa volando a gran altura; si
reina en las capas inferiores, permanecen en ellas.
262.- Cuando hay viento, se ve al buitre golpear muchas veces el aire
mientras vuela, de modo que sube y gana ímpetu, con el cual después,
descendiendo un poco, va un largo trecho sin mover las alas; repite luego
la maniobra, y avanza constantemente. Esos descensos sucesivos le permiten
descansar del trabajo ocasionado por sus aleteos anteriores.
263.- Todos los pájaros que vuelan por empujes, se elevan a golpes de
ala, y cuando descienden descansan, porque durante el descenso no mueven
las alas.
264.- De los cuatro movimientos de reflexión e incidencia que hacen
los pájaros, según las diversas direcciones del viento.
265.- El descenso oblicuo de los pájaros, cuando se produce contra el
viento, ocurre siempre bajo el viento, y su movimiento reflejo se hace
sobre el viento. Pero cuando la caída se efectúa hacia el Este, con viento
de tramontana (Nordeste), el ala de ese lado queda inmóvil bajo el viento
y permanece también durante el movimiento de reflexión, de modo que al
finalizar este movimiento el pájaro se hallará de frente al Nordeste.
Cuando el pájaro vuela hacia el Sur descendiendo, mientras sopla viento
del Norte, efectuará esa caída sobre el viento, en tanto que su movimiento
de reflexión se operará bajo el viento; pero a este propósito se ha
discutido mucho, pues parece que en este caso un movimiento de reflexión
es imposible.
266.- Cuando el pájaro hace su movimiento de reflexión, viento
arriba, subirá a mucha mayor altura de la que corresponde a su ímpetu
natural, luego que el viento favorable, en colaboración con dicho ímpetu,
penetra por debajo desempeñando el papel de una cuña. Pero, llegado el
pájaro al término de su movimiento ascensional, habrá consumido su ímpetu,
quedándole entonces la sola acción favorable del viento, que torcería la
trayectoria de su vuelo al dar contra el pecho del pájaro, si no bajara
éste su ala derecha o su ala izquierda, para volar hacia la derecha o
hacia la izquierda, y descender en semicírculo.
267.- Para tu aparato de volar, el murciélago te suministrará el
mejor modelo; porque el tejido de sus alas constituye una armadura, o,
mejor dicho, la ligazón de una armadura, semejante a la vela principal de
un buque.
268.- Si imitaras, en cambio, las alas de los pájaros de pluma, éstas
tienen huesos más potentes y más fuerte nervatura, porque son
discontinuas, es decir, que sus plumas no están unidas entre sí y el aire
puede pasar entre ellas; pero el murciélago tiene la ventaja de un tejido
que hace de sus alas un todo solidario impenetrable al viento.
269.- El movimiento del pájaro artificial debiera verificarse siempre
arriba de las nubes para evitar que las alas se humedezcan, para poder
divisar más tierra y para prevenir el peligro de las corrientes de aire
giratorias que reinan dentro de las gargantas de las montañas, donde hay
siempre choques y torbellinos de viento. Además, si el pájaro diera en
girar una y otra vez sobre sí mismo, tendrías en tales condiciones sobrado
tiempo, siguiendo las reglas ya dadas, para enderezarlo antes de tocar
tierra.
270.- El pájaro mencionado ha de ser capaz de elevarse a grandes
alturas con ayuda del viento, y esto le proporcionará la seguridad
necesaria; pues aun en el caso de producirse los movimientos giratorios
aludidos antes, tendrá tiempo para recuperar su situación de equilibrio,
con tal que los miembros de su estructura posean gran resistencia y pueden
vencer al furor y la violencia de los vientos. Deberán, con ese fin, ir
provistos de coyunturas (giunture) de cuero curtido, y de nervios hechos
de cordones de seda cruda fortísimos. Nunca se cometa la imprudencia de
emplear material de hierro, que se quebraría muy pronto al doblarse, y se
gastaría, razón por la cual no puede inspirar confianza.
271.- El hombre, en su aparato volador (volatile), tendrá libertad de
movimiento de la cintura para arriba, para poder balancearse como en un
bote, de manera que el centro de gravedad de su cuerpo y el de su aparato
puedan oscilar y cambiar de lugar cuando lo exija la alteración de su
centro de resistencia.
272.- Emprenderá el gran pájaro su primer vuelo desde el lomo de su
gigantesco cisne (cecere, pequeño cerro cerca de Florencia), llenando de
asombro el mundo, divulgándose en mil escritos su fama; convertido en
eterna gloria del nido en que nació.

Anatomía óptica
273.- Y tú que juzgas preferible ver hacer la anatomía a observar
tales dibujos, tendrías razón si fuera posible contemplar todas las cosas
que en ellos aparecen, reunidas en una sola figura; en la cual, a pesar de
todo su ingenio, apenas llegarías a tener visualmente la noción de unas
pocas venas (arterias); mientras que yo, para lograr un verdadero y pleno
conocimiento de dichas cosas, he disecado más de diez mil cuerpos humanos,
destruyendo todas las otras partes, reduciendo a pequeñísimas partículas
toda la carne que rodeaba las venas, y evitando derrames de sangre, salvo
la que, en cantidad inapreciable, salía de las venas capilares. Como un
solo cuerpo no dura el tiempo necesario, tenía que proceder sucesivamente
sobre tantos cuantos se precisaban para completar el conocimiento, y
repitiendo la operación dos veces para comprobar las diferencias.
274.- Aunque sientas amor por estos estudios, el estómago te impedirá
realizarlos; o tendrás miedo de pasar horas de la noche en compañía de
cadáveres descuartizados de espantoso aspecto, o ignorarás el arte de
dibujar bien, indispensable para la representación de las cosas.
275.- Y si posees este arte, no sabrás quizá la perspectiva, o no
serás capaz de ordenar las explicaciones geométricas y los cálculos de las
fuerzas y acciones de los músculos, o carecerás de paciente diligencia.
276.- Si yo he tenido todas esas cosas o no, los ciento veinte libros
que he compuesto lo dirán. No han obstaculizado mi propósito ni la
avaricia ni la negligencia, pero sí el tiempo solamente. Vale.
277-Así, pues, con doce figuras completas se te mostrará la
Cosmografía del mundo menor (el hombre, microcosmos), en el mismo orden
seguido por Tolomeo en su Cosmografía. Dividiré después el cuerpo en
miembros, como él divide el todo en provincias. Diré luego el oficio de
cada parte, poniendo delante de tus ojos la explicación de toda la figura
y fuerza del hombre y los movimientos locales de sus partes.
278.- Y quiera Nuestro Creador que yo pueda mostrar la naturaleza de
los hombres y sus costumbres, como describo su figura.
279.- El corazón es el más potente de los músculos… Yo he descrito
la situación de los músculos que descienden de la base a la punta del
corazón, y la situación de los músculos que parten de la punta del corazón
y van a su base.
280.- Las orejas del corazón son las puertas que reciben la sangre
que se escapa del ventrículo, desde el principio hasta el final de la
contracción; porque si esa sangre no se escapara en parte, el corazón no
podría contraerse.
281.- La sangre de los animales se mueve siempre, partiendo del lago
del corazón y elevándose hasta el vértice de la cabeza.
282.- Tú harás un estudio de las patas de cada animal para mostrar en
qué difieren; así, las del oso tienen los ligamentos de los tendones
digitales reunidos sobre el empeine.
283.- Deberás mostrar las diferencias que hay entre el hombre y el
caballo y otros animales; empezarás por los músculos que nacen sin
tendones y, se terminan sobre los huesos, luego hablarás de los que están
munidos de tendones en cada extremidad o en una sola.
284.- ¡Oh, admirable y estupenda necesidad, tú obligas con tu ley a
todos los efectos a participar, por el más corto camino, de sus causas!
¡He ahí los verdaderos milagros!
285.- Escribe en tu ANATOMÍA cómo en tan pequeño, espacio la imagen
que se forma en el ojo puede renacer y recomponerse en su dilatación.
286.- La pupila del ojo cambia tantas veces de tamaño cuantas son las
variedades de claridad u oscuridad de los objetos que se le ponen delante.
287.- En este caso, la naturaleza ha velado en defensa de la
facultad visual; cuando la ofende una luz excesiva, restringiendo la
pupila del ojo; y agrandándola, al contrario, cuando la oscuridad de
diversos grados la molesta, como se haría con la abertura de una bolsa. Y
la naturaleza procede como el que, recibiendo demasiada luz en su
habitación, cierra a medías su ventana, más o menos, según la necesidad; y
la abre completamente cuando llega la noche, para poder ver mejor dentro
de su cuarto. Y usa aquí la naturaleza de una continua adaptación de la
pupila, la proporción de claridad u oscuridad que penetra en el ojo.
288.- La pupila del ojo, en pleno aire, cambia de dimensión a cada
grado del movimiento solar, y con las variedades de la pupila se produce
una variación en la penetración visual del mismo objeto, aunque la
comparación de los objetos que nos rodea nos impida frecuentemente
descubrir esos cambios en el objeto que miramos.
289.- Así como un cuerpo que se mueve con lentitud en sentido
contrario a su tendencia natural se vuelve después en tanto más empuje,
mientras que aquel que retorna tras frecuentes pero breves recorridos
adquiere poco empuje en cada intervalo, así también el estudio de una
misma materia, hecho con largos intervalos de tiempo, permite al juicio
hacerse más perfecto y más capaz de reconocer los errores. Lo mismo hace
el ojo del pintor para criticar su obra.
290.- Todo cuerpo que se mueve con rapidez parece teñir de su propio
color su trayectoria. El relámpago que rompe las nubes sombrías, se
asemeja en la rapidez de su curso a una culebra luminosa. Imprimid a un
tizón un movimiento circular, y aparecerá un círculo de fuego. Este
fenómeno resulta de que la impresión es más rápida que el juicio. Cuando
pasamos de la claridad a la sombra, ésta nos parece más oscura, hasta
tanto que el ojo haya perdido la impresión de la claridad.
291.- Observad la luz y admirad su belleza. Cerrad los ojos y mirad:
lo que habéis visto ya no existe, y lo que veréis no existe todavía.
¿Quién lo rehace, si quién lo hace está en perpetuo movimiento?
292.- El ojo no podría enviar en un mes su potencia visual a la
altura del Sol.

Refutación de las ciencias ocultas
293.- Como el más tonto de los razonamientos humanos debe ser
reputado el que invita a la credulidad en la nigromancia, hermana de la
alquimia, la cual da a luz cosas simples y naturales; pero es tanto más
digna de censura que la alquimia, cuanto ella no da a luz cosa alguna que
no sea su propia imagen, es decir, la mentira.
294.- Eso no ocurre con la alquimia, administradora de los simples
productos de la naturaleza; oficio que no puede desempeñar la naturaleza
por carecer de instrumentos orgánicos que le permitan operar lo que opera
el hombre mediante sus manos, con las cuales fabrica el vidrio, etc.
295.- Pero la nigromancia es verdadero estandarte y bandera echada al
viento, para servir de guía a la necia multitud, que muestra con sus
clamoreos los infinitos efectos de tal arte. Circulan libros llenos de
afirmaciones referentes a la acción de los encantamientos y de los
espíritus que hablan sin lengua y sin aquellos instrumentos orgánicos
indispensables para la palabra; y no sólo afirman que los tales espíritus
hablan, sino que les atribuyen la capacidad de transportar grandísimos
pesos, de provocar lluvias y tempestades, y de convertir a los hombres en
gatos, lobos y otras bestias; ¡por más que, en calidad de bestias,
deberían, en primer lugar, contraste los que semejantes cosas afirman!
296.- Cierto es que si existiera la nigromancia, como lo creen los
pobres de espíritu, no habría sobre la Tierra nada que la igualara en daño
o en provecho del hombre. En efecto, si en ella residiera la facultad de
turbar la tranquila serenidad del aire, convirtiéndola en nocturno
aspecto; la de poder, desencadenar vientos y rayos, acompañados de
horribles truenos y fulguraciones en las tinieblas; la de echar por tierra
altos edificios y arrancar de cuajo los árboles de las selvas con vientos
impetuosos; o exterminar los ejércitos, dispersándolos y aterrándolos, o,
finalmente, causar, dañosas perturbaciones atmosféricas que arrebaten a
los agricultores el premio de sus fatigas: ¿qué sistema de guerra podría
concebirse que tanto perjudicara al enemigo como arruinar sus cosechas?
¿Qué batalla naval se asemejaría a la que libraría quien tuviera a los
vientos bajo su comando y en sus manos la ruina y naufragio de cualquier
flota? A la verdad, quien disponga de un poderío tan avasallador será
señor de los pueblos, y ningún ingenio humano resistirá a su fuerza
destructora. Los tesoros ocultos, las gemas escondidas en el seno de la
tierra, le serán todas reveladas. Se hará llevar, a través de los aires,
de Oriente a Occidente, para gozar de todos los más opuestos aspectos del
universo…
297.- Pero, ¿a qué extenderme todavía más? ¿Qué cosa es la que no
podría ser realizada con ayuda de ese, artificio? Ninguna casi, excepto
librarse de la muerte. Y si ella existe de veras, ¿por qué no se ha
quedado por ninguna divinidad? Pues sé de muchos que, por satisfacer su
apetito, no dudarían en abolir a Dios junto con todo el universo.
298.- Si no ha permanecido entre los hombres, siéndoles tan
necesaria, es porque nunca existió ni existirá jamás.
299.- ¡Quiero hacer milagros! Tendrás que vivir con mayor estrechez
que los otros hombres más sensatos: los que pretenden enriquecerse en un
día viven por largo tiempo en la pobreza, como ocurre y ocurrirá siempre a
los alquimistas, empeñados en crear oro y plata, y a los ingenieros que
quieren que el agua muerta dé vida de continuo movimiento a sí misma, o al
solemne tonto que cree en la nigromancia y en los encantamientos.
300.- No me ocuparé de la Fisiognomónica ni de la Quiromancia, porque
no hay verdad en ellas, simples quimeras sin fundamentos científicos.
301.- Cierto es, sin embargo, que la naturaleza de los hombres, sus
vicios y sus temperamentos se muestran en parte por los rasgos de la cara:
302.- a) Cuando la separación entre las mejillas y la boca, los
orificios de las narices y las órbitas de los ojos se destacan con
evidencia, tales signos son propios de hombres alegres y risueños; los
signos contrarios caracterizan a los pensadores y meditativos.
303.- b) Los que tienen los rasgos faciales muy pronunciados en
relieve y profundidad, son hombres bestiales, iracundos y de escaso
entendimiento.
304.- c) Los que tienen muy marcadas las líneas del entrecejo son
iracundos.
305.- d) Los que tienen fuertemente delineadas las arrugas
transversales de la frente, son hombres que se lamentan copiosamente en
público o en secreto.
306.- Y así podríamos hablar de muchos otros rasgos.
307.- ¡Oh, investigadores del movimiento perpetuo, cuántos vanos
proyectos fraguasteis en su búsqueda! Idos en compañía de los inventores
de la fabricación del oro.
308.- No debemos desear lo imposible.

Estética
309.- Con razón la pintura se duele de ser excluida del número de las
artes liberales, siendo, como es, verdadera hija de la naturaleza, y
operando por medio del ojo, que es el más digno de los sentidos.
310.- Injustamente, pues, ¡oh, escritores!, la habéis dejado fuera
del conjunto de dichas artes liberales; desde que ella no sólo se aplica a
las obras de la naturaleza, sino que realiza infinidad de otras que la
naturaleza no creó jamás.
311.- Y es porque los escritores no se han percatado de la ciencia de
la pintura, ni han sabido describir los grados y las partes que la
constituyen -pues la obra artística no se traduce en palabras-, que, en su
ignorancia, la han relegado a un rango inferior al de las ciencias, lo
cual no alcanza, sin embargo, a privarla de su divino carácter.
312.- Y a la verdad, una razón tenían para no ennoblecerla: ella es
noble por sí misma, sin ayuda de ajenas lenguas, como lo son las obras
excelentes de la naturaleza. Y si los pintores no la han descrito ni
convertídola en ciencia, no es por culpa de la pintura, que no es por ese
motivo menos noble, sino porque hay pocos pintores que hagan profesión de
las letras, no bastándoles toda su vida para dominar su arte.
313.- ¿Diremos, acaso, que las virtudes de las hierbas, piedras,
plantas, no existen porque los hombres no las han conocido?
No, por cierto; diremos, antes bien, que ellas conservan su nobleza,
sin la ayuda de las lenguas o letras humanas.
314.- Una ciencia es tanto más útil cuanto más universalmente pueden
comprenderse sus producciones; y, al contrario, lo serán menos en la
medida en que éstas sean menos comunicables.
315.- El fin de la pintura es comunicable a todas las generaciones
del universo, porque depende de la facultad visual, y las impresiones de
la visión pasan al cerebro sin utilizar el oído.
316.- Ella no necesita, por consiguiente, de intérpretes de diversas
lenguas, como la literatura; y satisface de inmediato al espíritu humano,
a semejanza de las cosas que produce la naturaleza. Y no sólo a la especie
humana, sino también a los otros animales; así ocurrió con una pintura que
representaba a un padre de familia: los hijos, todavía en pañales, lo
acariciaban, como asimismo el perro y el gato de la casa, siendo algo
maravilloso contemplar este espectáculo.
317.- Las ciencias imitables son tales que en ellas el discípulo
iguala al maestro, y sus producciones son semejantes a las de éste. Son
útiles al imitador, pero no poseen la misma excelencia que es propia de
las que no pueden pasar en herencia como los otros bienes, y entre las
cuales priva la pintura. Ella no se enseña a quien la naturaleza no lo
concede; ocurre lo contrario con las matemáticas, en las que el discípulo
asimila todo lo que el maestro le explica. La pintura no se copia como las
producciones literarias, cuyas reproducciones valen tanto como el
original; ni se genera por fiel imitación como las obras de la escultura,
que pueden reemplazar al original en cuanto al efecto artístico; ni se
prolifica en infinitos hijos como los libros impresos. Sólo la pintura se
mantiene en su nobleza, honra a su autor, es preciosa y única, y no pare
hijos iguales a sí misma. Y esta singularidad la hace más excelente que
las otras ciencias que por todas partes se divulgan.
318.- ¿Pues no vemos a los más grandes reyes del Oriente andar
velados y cubiertos, pensando disminuir su fama si mostraran al público su
presencia? ¿Y no se ven las pinturas representativas de la suprema
divinidad, envueltas constantemente en riquísimas telas que las mantienen
cubiertas? Al acto de descubrirlas preceden grandes solemnidades
eclesiásticas, acompañadas de variados cantos y diversas piezas musicales.
Asiste a él gran multitud de gentes que se prosternan y adoran al ser
fulgurado en la pintura, y le solicitan la gracia de recuperar la perdida
salud y obtener la salvación eterna, exactamente como si tal divinidad
estuviera allí presente y viera.
319.- Esto no se ve en ninguna otra ciencia, en ninguna otra creación
humana. Si dijeras que no interviene aquí la potencia del pintor, sino la
propia potencia de la cosa imitada, te contestaré que, si así fuera,
podrían los hombres dar satisfacción al deseo de su mente sin abandonar el
lecho y sin ir a lugares de acceso difícil y peligroso, como vemos que lo
hacen en frecuentes peregrinaciones.
320.- Pero si estas peregrinaciones se realizan continuamente, ¿quién
las inspira sin necesidad? Confesarás ciertamente que es el simulacro
pictórico de la Divinidad, la cual no podría ser figurada en efigie y
virtud por ninguna descripción literaria. Parecería, pues, que la
Divinidad ama la tal pintura y ama a los que la aman y reverencian, y se
deleita más en ser adorada, en esa figura que en otra imitación suya, y
que, en fin, por ella concede gracias y dones de salud, según creen los
que a tales lugares de peregrinación concurren.
321.- El ojo, que llaman ventana del alma, es la vía principal por
donde el centro de los sentidos o común sentido (comune senso) puede
contemplar más ampliamente las infinitas y magníficas obras de la
naturaleza; la oreja es el segundo sentido, el cual se ennoblece
escuchando el relato, de las cosas que el ojo ha visto.
322.- Si vosotros, historiógrafos, o poetas, o matemáticos (hombres
de ciencia), no habéis visto las cosas con vuestros ojos, mal podréis
referirlas por escrito; y si tú, poeta, quieres trazar una historia con la
pintura de tu pluma, el pintor con su pincel lo hará más
satisfactoriamente y, causando menos hastío, logrará que lo entiendan. Si
tú llamas a la pintura una poesía muda, el pintor podrá replicarte
diciendo que la poesía es una pintura ciega. Decide ahora cuál es la más
perjudicial de las dos incapacidades: la del ciego o la del mudo. Si el
poeta es tan libre en sus invenciones como el pintor, sus ficciones no
procuran al hombre tanta satisfacción como las pinturas, porque si la
poesía se empeña en figurar con palabras, formas, hechos, sitios, el
pintor busca en la imitación de las formas la manera de reproducirlas.
Ahora bien, ¿qué está más cerca del hombre: su nombre de hombre o su
figura humana? El hombre cambia de un país a otro; la forma sólo se altera
con la muerte.
323.- Si dijerais: la poesía perdura más, yo contestaría que las
obras del calderero son más durables aún, y que el tiempo las conserva más
que las vuestras y las nuestras; pero, fantaseos aparte, la pintura,
ejecutada sobre una superficie de cobre y empleando colores de vidrio,
dura indefinidamente.
324.- El arte que profesamos nos confiere el derecho de llamarnos
descendientes de Dios. Si la poesía trata de filosofía moral, nuestro arte
se ocupa de filosofía natural; si aquélla describe las operaciones de la
mente que la ocupan, ésta influye en los movimientos con la mente; si
aquélla aterroriza a los pueblos con sus ficciones infernales, ésta
produce igual efecto poniéndolas en acción. Imaginemos al poeta y al
pintor rivalizando en la representación de la belleza, de la fiereza o de
la fealdad nefanda y monstruosa; por muchas transmutaciones, de formas que
el poeta realice a su modo y antojo, nunca llegará a superar al pintor.
¿Pero no se han visto pinturas tan conformes a la verdad que engañaban a
hombres y animales?
325.- Hay de la imaginación al efecto la misma proporción que de la
sombra al cuerpo que la proyecta, y esa misma proporción existe entre la
poesía y la pintura. Porque la poesía representa las cosas con la
imaginación, literaria, mientras que la pintura las representa fuera del
ojo, en forma real, después de haber recibido del ojo mismo las imágenes,
no de otro modo que si fueran las cosas naturales. La poesía no da esa
imagen de las cosas, las cuales no son por ella percibidas siguiendo el
camino de las impresiones visuales, como ocurre con la pintura.
326.- La pintura representa a la sensibilidad, con más verdad y
certidumbre las obras de la naturaleza, de lo que hacen las palabras o las
letras; aunque las letras representan con más verdad las palabras de lo
que podría hacer la pintura. Pero siempre diremos que es más admirable
aquella ciencia que representa las obras de la naturaleza, que la que sólo
representa las obras del operador, es decir, las obras de los hombres, las
palabras, como hace la poesía y otras semejantes que se manifiestan por el
lenguaje humano.
327.- El ojo, por el cual se refleja como por un espejo la belleza
del universo a quien la contempla, es de tan grande excelencia que el que
consiente en su pérdida renuncia a representarse todas las obras de la
naturaleza, viendo las cuales se reconcilia el alma con la prisión del
cuerpo. Gracias a los ojos, el alma se representa todas, las varias cosas
de la naturaleza, pues quien los pierde queda con su alma encerrada en una
oscura prisión adonde no llega ninguna esperanza de ver de nuevo el sol,
luz de todo el universo. Hombres hay para los cuales las tinieblas
nocturnas son sumamente odiosas, aunque de breve duración. ¿Qué harían
ellos si esas tinieblas los acompañaran por toda su vida?
328.- Nadie, a buen seguro, preferiría perder, antes que el oído o el
olfato, el sentido de la vista. La pérdida del oído sólo trae consigo la
pérdida de todas aquellas nociones que se resuelven en palabras; mientras
que, la de la visión, lo privaría de la belleza del mundo, la cual
consiste en la superficie de los cuerpos, ya sean naturales o producidos
por el arte, que se reflejan en el ojo humano.
329.- La pintura sirve a un sentido más digno que la poesía y
reproduce con mayor verdad que el poeta las figuras de las obras de la
naturaleza; y éstas son mucho más dignas que las palabras, que son obra
humana; porque media la misma proporción entre las obras de los hombres y
las de la naturaleza que la que separa al hombre de Dios. Es, por
consiguiente, más digna cosa imitar las obras de la naturaleza con
verdaderas imágenes de los hechos, que imitar con palabras los hechos y
palabras de los hombres.
330.- Y si quieres, ¡oh, poeta!, describir las obras de la naturaleza
sin salir de tu profesión, fingiendo diversos sitios y formas de varias
cosas, el pintor te vencerá con infinita superioridad de potencia. Si
quieres, en cambio, apropiarte ciencias ajenas, separadas de la poesía,
tienes que reconocer que no te pertenecen: tales la astrología, la
retórica, la teología, la filosofía, la geometría, la aritmética y otras
semejantes. Dejas ya entonces de ser poeta, te transformas y no eres más
aquél de quien hablamos ahora. ¿No ves, pues, que si quieres ir a la
naturaleza, irás con ayuda de las ciencias inventadas por otros para
estudiar los efectos naturales? El pintor, por sí solo, sin valerse de
nada perteneciente a las diversas ciencias, irá, en cambio, directamente a
la imitación de las obras de la naturaleza.
331.- Así el amante será atraído hacia el simulacro de la amada y
hablará con la pintura que la imita. Los pueblos, con fervientes votos,
marcharán en busca de los simulacros de los dioses, y no a ver las obras
de los poetas que figuran con palabras a esos mismos dioses. Hasta los
animales se dejan engañar por las pinturas. Yo vi hace algún tiempo cómo,
engañado por el parecido, un perro hacía grandes fiestas a una pintura que
representaba a su amo; y análogamente he visto perros abalanzarse ladrando
contra perros pintados, queriendo morderlos; y a un mono hacer mil locuras
frente a otro mono pintado; he visto, en fin, golondrinas volando e
intentando posarse sobre los hierros figurados en saliente en las ventanas
de los edificios.
332.- La imaginación no ve tan excelentemente como el ojo, porque
éste recibe las apariencias o similitudes de los objetos y las transmite a
la sensibilidad, y de la sensibilidad al común sentido, que las juzga.
Pero la imaginación no sale fuera del común sentido sino para ir a la
memoria, donde se detiene y muere, si la cosa imaginada no es de gran
excelencia. En este caso la poesía reaparece en la mente o en la
imaginación del poeta, que inventa las mismas cosas que el pintor y
pretende con ellas igualarlo; pero queda muy lejos de él, como antes lo
hemos demostrado. Luego, pues, en estas invenciones, podremos ajustándonos
a la verdad, decir que hay tanta distancia de la ciencia de la pintura a
la poesía como entre el cuerpo y la sombra que proyecta; o mayor todavía,
puesto que la sombra de tal cuerpo entra al menos por el ojo hasta el
común sentido, mientras que la imaginación del mismo cuerpo nace allí
mismo, en el común sentido (o cerebro). ¡Cuánta diferencia entre el
imaginar la luz en el cerebro y verla efectivamente fuera de las
tinieblas!
333.- Si describes, ¡oh, poeta!, una sangrienta batalla en medio de
una oscura y tenebrosa atmósfera, que ensombrecen el humo de terribles y
mortíferas máquinas y la espesa polvareda que levantan en su fuga,
enloquecida por el temor y la muerte, los míseros combatientes, el pintor
te supera también en este caso, porque tu pluma habrá consumido todo su
poder antes de que termines la descripción de lo que el pintor, con su
ciencia, habrá logrado representar inmediatamente, y tu lengua se verá
impedida por la sed, y tu cuerpo por el sueño y el hambre, antes de que
muestres con tus palabras lo que el pintor muestra con su pintura en un
instante. Y en esa pintura sólo faltará el alma de las cosas
representadas. De cada cuerpo se verá íntegramente todo lo que un solo
aspecto puede revelar; al paso que la poesía necesitará repetir, con largo
y molesto esfuerzo los movimientos de los actores del combate y describir
en detalle los miembros de sus cuerpos y ornamentos; cosas todas que la
pintura te pone por delante con tanta rapidez como verdad. Sólo echarás de
menos en ella el estrépito de las máquinas, el clamor terrorífico de los
vencedores, los gritos y quejas de los vencidos; pero sobre todo el poeta
no podrá tampoco representarlo al sentido del oído. Diremos, en resumen,
que la poesía es ciega, que opera principalmente sobre los ciegos, y la
pintura sobre los sordos; y por eso la pintura puede reclamar para sí más
alta dignidad, ya que sirve a un sentido superior.
334.- El único oficio del poeta consiste en fingir palabras de
personas que hablan unas con otras, y sólo estas palabras ofrece al
sentido del oído como naturales, pues lo son en sí en cuanto creaciones de
la voz humana. En todos los demás casos, el pintor lo supera. Pero más
numerosas, sin comparación, son las variedades a que se aplica la pintura
que aquellos que son del resorte de la palabra. Infinitas cosas hará el
pintor que no podrán designarse con palabras, por carencia de vocablos
apropiados. ¿No ves, en efecto, que si el pintor quiere figurar animales o
diablos en el infierno la abundancia de sus invenciones no tendrá límite?
335.- Me sucedió hace algún tiempo representar en pintura una
divinidad. Un enamorado de mi obra, habiéndola comprado, la despojó de los
atributos divinos para poder besarla sin sospecha de profanación. Pero la
conciencia venció al fin los impulsos de la sensualidad, y la pintura fue
retirada de su casa. ¡Ea, pues, poeta! Describe una belleza, sin
representación de cosa viva, capaz de despertar en los hombres semejantes
apetitos. Si tú dices: «Yo te describiré el infierno o el paraíso y otros
horrores o delicias», el pintor te aventajará solicitándote, en silencio,
con iguales delicias, o inspirándote el deseo de huir con los horrores
imaginarios de sus pinturas. La pintura excita log sentidos más pronto que
la poesía. Si afirmas que, con la palabra, tú eres capaz de hacer llorar o
reír a la multitud, te contestaré que no eres tú quien la conmueve, sino
el orador y su fisonomía. Cierto pintor representó a un hombre en el acto
de bostezar, y todos cuantos miraban la pintura bostezaban en seguida.
Otros han representado actos lujuriosos, y sus pinturas incitaban a quien
las contemplaba, a imitar tales actos, cosa que no está al alcance de la
poesía. Si tú, poeta, describes la figura de algunos dioses, tu escritura
no merecerá las mismas muestras de veneración que el cuadro que la
represente, el cual será objeto de continuos votos y diversas oraciones; y
vendrán a visitarlo muchas generaciones de varias provincias y aun de los
mares del Oriente para pedir su socorro. Nada de eso ocurrirá con tu
escritura.
336.- ¿Quién no preferirá perder el oído, el olfato y el tacto antes
que la vista? Porque el que pierde la vista es como un hombre desterrado
del mundo, puesto que ya no puede verlo ni ver cosa alguna; y una vida
semejante es hermana de la muerte.
337.- También los animales sufren mayor perjuicio privados de la
vista que privados del oído, y esto por varias razones: primero, porque la
vista les es necesaria para hallar el alimento que es indispensable para
su nutrición y, segundo, porque es con la vista como se percibe la belleza
de las cosas creadas, y máximamente de las que inducen al amor. Es así
como, entre los hombres, el ciego de nacimiento no puede concebir por el
oído lo que es la belleza, porque nunca tuvo noción de ella; y el sentido
del oído que le queda sólo le sirve para entender las voces del lenguaje
humano, que encierra los nombres de todas las cosas que tienen nombre. Sin
saber siquiera esos nombres, también se puede vivir contento, como viven
los sordomudos, que se distraen dibujando.
338.- ¿Qué poeta, con sus palabras, reproducirá para ti, amante, la
exacta efigie de tu ideal, con tanta verdad como el pintor? ¿Quién te
mostrará los paisajes de los ríos, bosques, valles y campiñas, donde
pasaron tus días más felices, si no es el pintor?
339.- Y sí tú dices: «La pintura es de por sí una poesía muda si no
hay alguien que nos explique lo que ella representa», ¿no ves que tu libro
está en peores condiciones? Porque, suponiendo que alguien hable por él,
todavía te será imposible ver las cosas de que habla, como se verán las
cosas que una pintura representa, si en la misma las escenas y los hechos
son tan bien ordenados mentalmente que entendemos la pintura como si nos
hablara.
340.- La pintura es una poesía que se ve sin oírla; y la poesía es
una pintura que se oye y no se ve; son, pues, estas dos poesías o, si lo
prefieres, dos pinturas, que utilizan dos sentidos diferentes para llegar
a nuestra inteligencia. Porque si una y otra son pintura, pasarán al común
sentido a través del sentido más noble que es el ojo; y si una y otra son
poesía, habrán de pasar por el sentido menos noble, es decir, el oído.
341.- Someteremos entonces la pintura al juicio del sordo de
nacimiento, y la poesía será juzgada por el ciego de nacimiento. Y si la
pintura está figurada con los movimientos propios de los caracteres
morales que actúan en un sentido determinado, no hay duda de que el sordo
de nacimiento comprenderá la obra y las intenciones del pintor; pero el
ciego de nacimiento no comprenderá nada de lo que el poeta manifieste y
que haga honor a la poesía. Y aunque entre sus nobles representaciones se
cuentan las de los gestos de los personajes que componen sus historias,
las de los paisajes con sus ornamentos deleitosos y sus aguas
transparentes que muestran el verde fondo y cuyas ondas juguetean sobre
las praderas o los menudos guijarros y abundan en peces de ágiles
movimientos; todas estas descripciones podrían dirigirse con igual efecto
a una piedra que a un ciego de nacimiento, quien nunca vio cosa alguna de
las que forman la belleza del mundo, es decir, la luz, las tinieblas, el
color, los cuerpos, las figuras, los paisajes, la lejanía, la proximidad,
el movimiento y el reposo, que son los diez ornatos de la naturaleza.
342.- Pero el sordo, privado del sentido menos noble, aunque haya
perdido juntamente el lenguaje, porque nunca oyó hablar, y no haya podido
aprender ninguna lengua, podría, sin embargo, percibir cualquier detalle
del cuerpo humano mejor que uno capaz de hablar y oír; y comprenderá
también las obras del pintor y todo lo que en ellas se represente con
figuras apropiadas.
343.- La pintura es una poesía muda y la poesía una pintura ciega, y
una y otra van imitando la naturaleza en cuanto les sea posible, y por una
y otra pueden mostrarse muchos hábitos morales, como hizo Apeles con su
Calumnia.
344.- Pero del hecho de que la pintura sirve a un sentido más noble,
como es el ojo, resulta para sus producciones una especie de proporción
armónica; en otros términos: de la misma manera que muchas voces
diferentes, unidas en simultáneo efecto, dan la sensación de una
proporción armónica que satisface el sentido del oído al extremo de
producir en los auditores una admiración casi estática, así también, y aun
mucho más, las bellezas proporcionadas de un rostro angélico, puestas en
pintura, son para el ojo lo que es para el oído un armonioso concierto de
sonidos musicales. Y si esta armonía de bellezas es mostrada al amante de
la mujer que les ha servido de modelo, la admiración profunda y el placer
incomparable de sus ojos serán muy superiores a todo lo que podría
experimentar con sus otros sentidos.
345.- En cambio, la poesía -obligada a ensayar la representación de
una perfecta belleza, mediante la figuración de cada una de las partes que
componen la armonía pictórica mencionada antes- no llegará a obtener un
resultado que supere en gracia al que nos proporcionaría el músico
haciéndonos oír sucesivamente, en varios tiempos, cada una de las voces,
que sólo actuando a la vez formarían un armónico acento; o al que
lograríamos haciendo mostrar un rostro parte por parte, recubriendo
siempre las que mostramos primero. En una tal exhibición nuestros ojos
olvidarían cada cosa a medida que otra la reemplazara, y no podrían
abrazar el conjunto en simultánea y proporcionada armonía.
346.- Tal ocurre con las bellezas de cualesquiera creaciones del
poeta, de las cuales, por ser sus partes recitadas separadamente, en
tiempos separados, la memoria no puede percibir ninguna armonía.
347.- La pintura se muestra directamente, con la manifestación para
la cual su autor la generó, y da al sentido máximo todo el placer que
puede dar cosa creada por la naturaleza. En este caso, el poeta, que envía
las mismas cosas al común sentido por el camino del oído, sentido
inferior, no da otro placer que el experimentado escuchando el relato de
una cosa.
348.- Ahora bien, observa cuánta diferencia media entre oír, durante
un lapso prolongado, contar una cosa que da placer a los ojos, y verla con
la presteza con que se ven las cosas naturales. Y aunque las producciones
poéticas sean leídas dedicándoles mucho tiempo, suele acaecer con
frecuencia que no las entendamos o necesitemos, para alcanzar a
entenderlas, del auxilio de diversos comentarios; sucediendo entonces
todavía que los mismos comentadores rarísima vez penetran la mente del
poeta; y, en fin, muchas veces no leemos, apremiados por el tiempo, sino
pequeña parte de sus obras. Pero la obra del pintor es inmediatamente
comprendida por quienes la contemplan.
349.- La pintura, en un instante solo, representa su esencia en tu
facultad visual, y utiliza el propio medio con que la percepción recibe
los objetos naturales, y el mismo momento en que se componen la armónica
proporcionalidad de las partes constituyentes del todo que satisface al
sentido: la poesía, en tanto, transmite, por un intermediario menos, digno
que el ojo y más confusamente y con mayor tardanza que este órgano, las
representaciones de las formas mencionadas. Dicho órgano es, en efecto, el
que interpreta los objetos, haciendo que la sensibilidad pueda percibir
enseguida, con suma verdad y exactitud, las superficies y figuras que ante
él se manifiestan, armonizándolas en un dulce concento, agradable al
espíritu. No de otro modo se armonizan diversas voces simultáneas en el
sentido del oído; peto también en este caso el sentido del oído es
inferior en dignidad al del ojo, porque las sensaciones auditivas son
fugaces y nacen y mueren, tan veloces en nacer como en morir: cosa que no
puede ocurrir con el sentido de la vista. Si representas para los ojos una
belleza humana compuesta de hermosos miembros bien proporcionados, tal
belleza no es tan mortal ni se disipa tan ligero como la de la música;
antes bien goza de larga permanencia y se deja ver y curiosear. No renace,
como la música, en fuertes sonoridades que molestan. Esa belleza humana te
enamora y es causa de que todos los sentidos quisieran poseerla y luchar a
porfía para lograrlo. Su boca, por ejemplo, desearíamos apropiárnosla e
incorporárnosla; nuestro oído sentiría placer en escuchar la descripción
de sus encantos; el sentido del tacto penetraría de buena gana en todos
sus secretos; el olfato anhela absorber el aire que ella constantemente
respira. Pero el tiempo destruirá en pocos años esa belleza y armonía;
mientras que, imitada por el pintor, se conservará un largo plazo; y los
ojos, desempeñando su oficio, sienten un placer tan grande en la
contemplación de la belleza figurada, que no se lo procuraría mayor la
misma belleza viva. Sólo el tacto quedará insatisfecho, el cual, si ya
logró antes su intento, usando de sus fueros de hermano mayor, no impedirá
después a la razón que considere a su gusto la divina belleza. A esto
suplirá en gran parte la imitación pictórica, pero nunca las descripciones
del poeta, que, pretendiendo equipararse al pintor, no se da cuenta de que
el tiempo separa sus palabras, con las cuales va mencionando uno a uno los
miembros de la belleza, deja que el olvido se interponga entre ellas y
divide las proporciones, que le es imposible al poeta detallar sin gran
prolijidad, fallando así en su intento de componer el resultado armónico
hecho de tales divinas proporciones. El lapso que basta para la
contemplación de una belleza pictóricamente imitada, no bastará, pues,
para su descripción verbal; y comete un pecado contra natura, quien se
proponga utilizar el oído, allí donde hay que utilizar los ojos.
Aplíquesele a los menesteres de la música, y no a la percepción de las
figuras naturales cuya imitación compete a la pintura.
350.- ¿Qué te mueve, hombre, a abandonar tus habitaciones de la
ciudad, a dejar parientes y amigos, a recorrer lugares campestres
atravesando montes y valles, si no es la belleza natural del mundo, la
que, pensándolo bien, sólo puedes gozar con el sentido de la vista? Y si
el poeta quiere entonces llamarse, él también, pintor, ¿por qué no
aprovechas sus descripciones de aquellos sitios, y te quedas en casa sin
tener que soportar el calor excesivo del sol? Al fresco, sin agitación,
sin peligro de enfermarte, ¿no conseguirías así un más útil resultado con
menos fatiga? Pero el alma no lograría entonces el beneficio que los ojos
-ventanas de su habitación- le conceden, de contemplar los alegres
paisajes de umbrosos valles, regados por el curso juguetón y sinuoso de
los ríos; las variadas flores que armonizan sus colores para encanto de
los ojos, y todas las otras cosas que se manifiestan a la vista. Y si el
pintor, en los días fríos y duros del invierno, te ofrece la imitación de
esos mismos paisajes y de otros que fueron escenario de tus placeres; si
en ella puedes verte de nuevo en compañía de tu amada, cabe a una fuente,
rodeado de floridas praderas, bajo la dulce y verde sombra de los árboles,
¿no sentirás un deleite muy superior al de oír los mismos efectos
descritos por el poeta?
351.- Aquí el poeta nos responde: Admite los argumentos que preceden;
pero dice que supera al pintor, porque hace hablar y razonar a los hombres
mediante diversas ficciones de cosas inexistentes; que los puede arrastrar
a tomar las armas; que sabe describir el cielo, las estrellas, la
naturaleza, las artes y cualquier otra cosa. A lo que es fácil responder
que ninguna de estas cosas de que se jacta, pertenece a su profesión
propia, pues cuando quiere hablar y arengar, el orador lo vence; si habla
de astrología, lo que dice lo ha robado del astrólogo; y si de filosofía,
al filósofo; porque, en efecto, la poesía no tiene dominio propio, y todo
su mérito es el de un mercader que junta las mercaderías hechas por
diversos artesanos.
352.- Cuando el poeta cesa de figurar con palabras lo que en la
naturaleza es un hecho, no iguala al pintor. Todo lo que puede efectuar,
abandonando tal figuración, es describir las palabras elegantes y
persuasivas de la persona a quien hace hablar, y entonces se convierte en
orador y no es más un poeta, ni un pintor; si habla de los cielos, se
torna astrólogo; y filósofo o teólogo, si se ocupa de la naturaleza o de
Dios; pero si vuelve a intentar la figuración de algún objeto, sólo
emularía al pintor si, como él, pudiera, con sus palabras, satisfacer el
sentido de la visión.
353.- Pero la divina ciencia de la pintura considera los objetos (ya
sean obra de Dios o de los hombres) limitados por sus superficies, y fija
con estos lineamientos terminales de los cuerpos, que impone al escultor,
la perfección de las estatuas. Gracias a sus principios del dibujo, enseña
al arquitecto a dar a sus edificios un aspecto grato a la vista: dirige a
los fabricantes de urnas o vasos, y a los orífices y tejedores y
bordadores. Ella inventó los caracteres con que se expresan las diversas
lenguas, las cifras aritméticas, las figuras de la geometría y enseña la
perspectiva a los astrólogos, maquinistas e ingenieros.
354.- No hay parte alguna de la astrología que no dependa de los
rayos visuales y de la perspectiva, hija de la pintura -porque es el
pintor quien engendró la perspectiva por necesidad de su arte. Esa
perspectiva enseña a trazar las líneas que limitan las figuras todas de
los diversos cuerpos creados por la naturaleza. Sin ella la ciencia del
geómetra no existiría.
355.- Si el geómetra reduce toda superficie circundada por líneas a
la figura del cuadrado, y todo cuerpo a la figura del cubo, y la
aritmética hace lo mismo con sus raíces cúbicas y cuadradas, estas
ciencias no van más allá de la noción de cantidad continua y discontinua;
pero de la cualidad no se preocupan, la cual es belleza de las obras de la
naturaleza y ornamento del mundo.
356.- Dice el poeta que su ciencia es invención y medida, que forman
simplemente el cuerpo de la poesía: invención de materia y medida en los
versos, que él adorna después con todas las galas de otras ciencias. A lo
que el pintor responde que él tiene las mismas obligaciones en su ciencia
de la pintura, es decir, invención y medida: invención de la materia que
debe representar, y medida en las figuras para que no aparezcan
desproporcionadas; pero que él no se viste de aquellas tres ciencias
(aritmética, geometría, perspectiva), antes bien son las otras ciencias la
que se visten de la pintura; como la astrología, que no hace nada sin
ayuda de la perspectiva, la cual es parte principal de la pintura -hablo
de la astrología matemática y no de la falaz astrología judiciaria (¡y
perdónenme los que, explotando a los tontos, viven de ella!)
357.- Dice el poeta que él sabe describir (alegóricamente) cosas qué
representan a otras llenas de hermosos pensamientos. Y el pintor dirá a su
vez que él puede, a su arbitrio, hacer lo mismo; con lo cual demuestra
que, también en esto, él es poeta. Si el poeta afirma ser capaz de
encender en los hombres el amor, que es cosa principal en todas las
especies animales, el pintor podrá hacer lo mismo, mostrando al amante la
propia efigie del objeto amado, la que es frecuentemente de tan exacto
parecido, que induce a besarla y hablarle: cosa imposible de hacer con las
bellezas que describe el poeta. Y aun llega a tanto el dominio de su arte
sobre el espíritu humano que lo tienta a enamorarse de pinturas que no
representan a ninguna mujer real.
358.- Si el poeta sirve al común sentido por vía del oído, el pintor
utiliza el órgano más noble de la visión. Bastaría para mi objeto que un
buen pintor representase el furor de una batalla, que un poeta describiera
la misma y que ambas producciones, una junto a la otra, se exhibieran al
público. Verías entonces dónde los espectadores se detendrían de
preferencia para contemplar, alabar y manifestar su mayor satisfacción.
Ciertamente la pintura, mucho más útil y bella, agradará más. Inscribe en
un lugar el nombre de Dios, y confronta esta inscripción con la figura,
colocada al lado, que representa al mismo dios; tú verás cuál de los dos,
inscripción o figura, inspira más reverencia. Si la pintura comprende en
sí todas las formas de la naturaleza, sólo te quedan los nombres, que no
son universales como las formas. Vosotros describís los efectos de las
cosas visibles; nosotros las representamos en sus efectos.
359.- Tomad a un poeta que describa las bellezas de una mujer a su
enamorado, tomad un pintor que la figure; verás hacia dónde dirigirá la
naturaleza al enamorado juez. Debemos, sin duda, dejar al ensayo de la
experiencia que pronuncie su dictamen. Habéis clasificado la pintura entre
las artes mecánicas; a buen seguro que, si la pintura fuese apta para
alabar por escrito sus obras, como lo hacéis vosotros, no sería ella
relegada a tan vil categoría. Si la llamáis mecánica porque es con ayuda
de las manos que ejecuta lo que la fantasía concibe, vosotros también,
poetas, dibujáis manualmente con la pluma lo que os sugiere vuestro
ingenio. Y si decís que la pintura es mecánica porque se hace pagar su
trabajo, ¿quién cae en este error, si error puede llamarse, más que
vosotros? Si dais conferencias en casas de estudios, ¿no vais a quien
mejor os paga? ¿Hacéis algo sin beneficio? Aunque no digo esto para
censurar tales opiniones, pues todo trabajo espera retribución. Y en fin,
si el poeta dice: mi ficción tendrá un significado grandioso, cosa igual
podrá hacer el pintor, como lo hizo ya Apeles con su Calumnia.
360.- Cuentan que el día del natalicio del rey Matías, cierto poeta
le ofreció una obra suya que celebraba la fecha memorable en que, para
bien del mundo, había nacido el ilustre monarca; y agrega la tradición que
un retrato de su amada le fue presentado en el mismo acto por un artista
que lo había pintado con tal fin. El rey, apenas tuvo en sus manos la
pintura, sin hacer más caso del libro, fijó en ella sus ojos con gran
admiración.
361.- El poeta entonces, fuertemente indignado, dijo: «¡Oh, rey, lee,
lee, y percibirás algo de mayor sustancia que una muda pintura!» Pero el
rey, oyéndose reprochar su atención hacia cosas mudas, replicole: «Calla,
oh poeta, que no sabes lo que dices; esta pintura apela a un sentido más
noble que tu libro, que es bueno para ciegos. Dame algo que pueda ver y
tocar, y no solamente oír, y no me censures porque he puesto la obra tuya
bajo mis codos mientras que sostengo la pintura con ambas manos, frente a
mis ojos. Ellas se han puesto espontáneamente al servicio de un sentido
superior al oído. Pues yo creo que la distancia que separa la ciencia del
pintor de la ciencia del poeta, es la que media entre los sentidos
respectivos de que se sirven.»
362.- «¿No sabes tú que nuestra alma se compone de armonía, y que
ésta exige contemporaneidad de las partes, en la cual los objetos se hagan
ver u oír en justas proporciones? ¿No ves que en tu ciencia, esa
contemporaneidad no existe, sino que antes bien una parte nace de la otra
sucesivamente, y no nace la subsiguiente si la antecedente no muere?»
363.- «Por eso juzgo tu invención bastante inferior a la del pintor:
quiero decir, porque no puede componerse con aquélla una proporcionalidad
armónica. Ella no satisface la mente del oyente o espectador, como lo hace
la buena proporción de los bellísimos detalles que forman la divina
hermosura de este rostro que contemplo, los cuales, todos al mismo tiempo
reunidos en conjunto, me producen tal placer con su divina proporción, que
no creo que otra cosa sobre la Tierra, hecha de mano de hombre, pudiera
dármelo más grande.»
364.- No habrá hombre tan insensato que, si se le da a elegir entre
estar perpetuamente en las tinieblas o perder el oído, no diga al instante
que preferiría perder el oído junto con el olfato, a quedarse ciego.
365.- Pues quien pierde la vista, pierda la belleza del mundo con
todas las formas de las cosas creadas, y el sordo pierde únicamente el
sonido, que resulta de la agitación del aire golpeado, cosa de mínima
importancia en el mundo. Tú que dices que una ciencia es tanto más noble
cuanto más digno es el sujeto a que se aplica, y que por eso vale más una
falsa concepción de la esencia de Dios que la concepción verdadera de una
cosa menos digna, habrás de admitir que la pintura, que sólo se aplica a
las obras de Dios, es más digna que la poesía, que sólo se ocupa en
fraguar mentirosas ficciones de las obras humanas.
366.- Tú dices, oh pintor, que tu arte es adorada. No te atribuyas
tal virtud; lo que se venera son las cosas que tus pinturas imitan.
367.- Aquí el pintor responde: -¡Oh, poeta, que también te haces
imitador!; ¿por qué no representas con tus palabras, o con las
descripciones que con ellas formas, cosas que hagan adorables tus
palabras?
368.- Alabemos, pues, al que satisface al oído con palabras; y al que
con sus pinturas satisface al gusto de los ojos; pero menos al primero que
al segundo, porque las palabras son creaciones accidentales del hombre y
no obras de la naturaleza, como las que el pintor imita, y que se le
presentan en forma de figuras definidas por las superficies que las
determinan.
369.- Para concluir, la poesía ocupa el grado más alto de comprensión
para los ciegos; y la pintura, para los sordos. Diremos, pues, que la
pintura es superior a la poesía por cuanto apela a un sentido mejor y más
noble; y esta nobleza ya hemos probado que es tres veces mayor que la de
cada uno de los tres sentidos del oído, del olfato y del tacto, mostrando
que, de tener que elegir, preferiríamos perder juntamente el oído, el
olfato y el tacto, antes que la vista.
370.- El que pierde la vista, pierde, en efecto, la percepción de la
belleza del universo y queda como encerrado en un sepulcro, aunque vivo y
capaz de movimiento.
371.- ¿No ves que, en efecto, el ojo abraza la belleza total del
mundo? Es jefe de la astrología, crea la cosmografía, aconseja y corrige
todas las artes humanas, conduce al hombre a diversas partes del mundo, es
príncipe de las matemáticas, sus nociones son ciertísimas, mide la altura
y la magnitud de las estrellas, ha descubierto los elementos y sus
posiciones, ha hecho predecir los acontecimientos futuros mediante el
curso de las estrellas, ha engendrado la arquitectura, la perspectiva y la
divina pintura. ¡Oh, tú, excelentísima entre todas las otras cosas creadas
por Dios!, ¿con qué alabanzas expresar tu nobleza? ¿Qué pueblos, qué
lenguas podrán describir cuanto operas?
372.- Ésta es la ventana del humano cuerpo; a través de ella, el alma
contempla y goza la belleza del mundo, gracias a ella, soporta su humana
cárcel, que, sin ella, sería su tortura; por ella, la industria humana ha
descubierto el fuego, mediante el cual el ojo reconquista lo que las
tinieblas le robaban; ha ornado, en fin, la naturaleza con la agricultura
y con jardines deleitables.
373.- ¿Pero a qué extenderme en tan alto y largo discurso? ¿Qué cosa
existe que no se haga con su mediación? Él mueve a los hombres del Oriente
al Occidente, ha inventado la navegación, y supera a la naturaleza en
esto: que las variedades de los minerales, vegetales y animales son
finitas, mientras que las obras que el ojo encomienda a las manos, son
infinitas, como lo demuestra el pintor en las ficciones de innumerables
formas de animales y hierbas, plantas y sitios.
374.- No debemos llamar la música con otro nombre que el de hermana
de la pintura, ya que está subordinada al oído, sentido que viene después
del de la visión. Ella compone la armonía, mediante la conjunción de sus
partes proporcionales en un mismo tiempo, está obligada a nacer en uno o
en varios espacios armónicos; esos espacios circundan la proporcionalidad
de los miembros que componen, a la manera como lo hace el contorno de los
miembros que constituyen la belleza humana.
375.- La pintura sobrepasa en excelencia y señorío a la música,
porque no muere luego de haber dado a luz sus creaciones, como le ocurre a
la desventurada música; la pintura, al contrario, prolonga su existencia
mostrándonos sobre una simple superficie toda su vitalidad.
376.- ¡Oh, maravillosa ciencia de la pintura, tú das vida permanente
a las caducas bellezas de los mortales, y les confieres más duración que a
las obras de la naturaleza, continuamente sometidas a las variaciones del
tiempo, que las conduce a la vejez inevitable!, tú guardas la misma
proporción con la divina naturaleza, que la que existe entre tus obras y
las suyas; eres, pues, digna de nuestra adoración.
377.- Cada cosa es noble en la medida en lo que es el sentido a que
satisface; la pintura, por consiguiente, es más noble -ella, que satisface
el sentido de la vista- que la música, la cual sólo satisface al oído.
378.- De dos cosas, es más noble la que más perdura; la música, que
va consumiéndose a medida que nace, es de menor dignidad que la pintura,
que puede conservarse eternamente, empleando el cobre y colores de vidrio.
379.- El arte que contiene en sí más universalidad y variedad de
cosas debe ser considerado como el de mayor excelencia. La pintura ha de
ser, por consiguiente, colocada a la cabeza de todas las actividades
artísticas. Ella contiene todas las formas que existen y aun las que no se
hallan en la naturaleza. Merece más gloria y exaltación que la música, la
cual tiene la voz por único dominio.
380.- De ella son los simulacros de los dioses, en cuyo alrededor se
celebra el culto divino, colaborando, como sirvienta suya, la música; ella
procura a los amantes un símil del objeto amado; ella conserva las
bellezas que el tiempo y la madre naturaleza hicieron efímeras; ella
perpetúa la imagen de los hombres famosos. Y si dijeses: la música se hace
eterna escribiéndola, lo mismo pasa con las letras que ahora trazamos aquí
sobre el papel.
381.- ¿Por qué has incluido la música entre las artes liberales?
Suprímela, o agrega a la lista la pintura.
382.- Si me dijeras: hay hombres viles que utilizan la pintura; yo te
preguntaré: ¿desmerece acaso la música puesta al servicio de quien no la
sabe?
383.- Y finalmente, si dices: Las ciencias no mecánicas son las
únicas ciencias que pueden llamarse mentales, te contestaré que la pintura
es mental, pues así como la música y la geometría consideran las
proporciones de las cantidades continuas, y la aritmética las de las
discontinuas, la pintura considera todas las cantidades continuas, y las
cualidades de las proporciones de sombras y luces y distancias, en su
perspectiva.
384.- Pretende el músico equiparar su ciencia con la del pintor,
porque aquélla compone un cuerpo de muchos miembros, del cual el
observador contempla toda la gracia, en tantos tiempos armónicos cuantos
son los tiempos en que cada miembro nace y muere; y así la música solaza y
encanta el alma que reside en el cuerpo del contemplador.
385.- Pero el pintor responde y dice que el cuerpo de una figura,
compuesto de sus miembros no sólo produce a intervalos armónicos una
sensación de placer en quien lo contempla, sino que esa agradable
sensación, sujeta -cuando de una belleza musical se trata- a nacer y morir
en esos intervalos, se hace, en la pintura, permanente por muchísimo
tiempo; de manera que la obra pictórica logra conservar viva aquella
armonía de proporcionados miembros cuya duración la naturaleza con todos
sus recursos no sabría prolongar.
386.- ¡Cuántas veces la pintura eterniza el simulacro de una divina
belleza, cuyo original verdadero fue destruido en breve espacio por la
muerte o el tiempo! Y la obra del pintor ha vencido la creación de la
naturaleza, su maestra.
387.- Si arguyes, ¡oh, músico!, de mecánica la pintura, porque opera
con el ejercicio de las manos, la música también opera con el ejercicio de
la boca, aunque no por cuenta del sentido del gusto, como el pintor cuando
utiliza las manos no pone en juego el sentido del tacto.
388.- Las palabras valen menos todavía que los hechos, y tú, escritor
científico, no haces más que copiar con palabras de tu mano lo que tienes
en la mente; como el pintor traduce en sus imágenes los hechos que están
en su espíritu.
389.- Y si me dices que la música está compuesta de proporciones, con
estas mismas persigo yo mi obra pictórica, como lo verás.
390.- En la figuración de las cosas corpóreas, la poesía y la
pintura, difieren tanto como los cuerpos desmembrados difieren de los
unidos: cuando el poeta describe la belleza o la fealdad de un cuerpo lo
muestra miembro a miembro y en diversos tiempos; el pintor lo hace ver
íntegro en un solo instante.
391.- El poeta no puede poner de manifiesto con sus palabras la
verdadera figura de los miembros que componen un todo; el pintor, en
cambio, muestra las cosas con toda la realidad posible en la naturaleza.
Le acontece al poeta como al músico, que canta él solo un trozo compuesto
para cuatro voces: empieza por la voz de soprano, sigue con la de tenor,
con la de contralto y la de bajo; pero de esta sucesión de voces no
resultará la gracia de la proporcionalidad armónica, que está encerrada en
tiempos armónicos. Y hace el tal poeta como si mostrara un rostro hermoso,
parte por parte; no pudiendo así comunicarnos una impresión satisfactoria
de su belleza, que consiste ante todo en la divina proporcionalidad de
esas partes, las cuales, sólo obrando de consuno, producen el sublime
acuerdo que extasía al contemplador.
392.- La música, al menos, realiza en su tiempo armónico suaves
melodías, compuestas de varias voces; pero el poeta se ve privado de esa
distribución armónica, por razón del carácter sucesivo, y no simultáneo,
de su discurso; así, pues, aunque la poesía se perciba, como la música,
por el sentido del oído, el poeta no puede describir la armonía de la
música, porque no goza de la facultad de expresar diversas cosas en un
mismo tiempo. Esta facultad, pertenece también a la pintura, que compone
en conjunto armónico los diversos miembros de sus figuras, lo que permite
apreciar su encanto, ya en común o en detalle: en común, por el
entendimiento del todo; y en detalle, por el entendimiento de los diversos
componentes de ese todo. Por eso el poeta queda muy detrás del pintor en
cuanto a la figuración de las cosas corpóreas, y se muestra inferior al
músico en la representación de las cosas indivisibles.
393.- Pero si el poeta pide a las otras ciencias que le presten
ayuda, podrá presentarse en la feria como los otros mercaderes que apartan
diversos objetos de muchas proveniencias. Eso hace el poeta cuando recurre
a ciencias ajenas, como las del orador, filósofo, astrólogo, cosmógrafo y
otras tales, que nada tienen de común con la poesía. El poeta, en resumen,
es como un, corredor o intermediario entre varias personas que hacen un
negocio; y si quieres definir el oficio propio del poeta, di que es un
compilador de objetos robados a diversas ciencias, con los cuales hace un
engañoso menjurje, o dicho en más corteses palabras, un artificioso
compuesto. Y con esta libertad de imaginación, que constituye la más débil
parte de la pintura, es que el poeta pretende equipararse al pintor.
394.- Para representar la palabra, la poesía supera a la pintura, y
ésta a aquélla en la representación de hechos; la proporción entre los
hechos y las palabras, es la misma que hay entre la pintura y la poesía,
desde que los hechos están sometidos a la visión y las palabras al oído; y
los sentidos guardan entre sí la misma jerarquía que los objetos, razón
por la cual, juzgo la pintura superior a la poesía.
395.- Pero, como los pintores no han sabido dar sus razones, han
quedado mucho tiempo sin abogados; la pintura no habla, sino que se
muestra y termina en los hechos, en tanto que la poesía termina en
palabras y con ellas se teje vanagloriosas alabanzas.
396.- Todo el campo de lo visible es del domino de la pintura.
397.- La primera pintura fue solo una línea que circundaba la sombra
de un hombre proyectada sobre un muro.
398.- Si el pintor quiere contemplar bellezas que lo enamoren, es
dueño de crearlas; si quiere ver cosas monstruosas que causen espanto, o
sean grotescas o ridículas, o dignas de compasión, puede también evocarlas
como señor y dios; si quiere generar paisajes o desiertos, lugares umbríos
y tenebrosos en época de calor o sitios cálidos en épocas de frío, puede
igualmente generarlos. Si prefiere valles o si desea descubrir grandes
campiñas desde las altas cimas de los montes, y admirar después el
horizonte del mar, o descubrir desde los valles bajos las montañas
elevadas, o desde éstas los valles y las playas, está en su poder hacerlo.
Y, en efecto, cuanto el universo contiene en esencia, frecuencia o
imaginación, todo lo tiene él, primero en su mente y luego en sus manos; y
la excelencia de sus obras es tal, que ellas producen a la par una armonía
de proporciones que se revela a una sola mirada, como lo hacen las cosas
reales.
399.- Quien condena la pintura, condena la naturaleza, puesto que las
obras del pintor representan las obras de la naturaleza. El que así
blasfema carece, pues, de sentimiento.
400.- Podernos afirmar rotundamente que se engañan los que llaman
buen maestro al pintor que sólo hace bien una cabeza o una figura. No es,
a la verdad, gran hazaña conseguir, a fuerza de estudiar una sola cosa
toda la vida, hacerla con cierta perfección.
401.- Pero sabiendo nosotros que la pintura abraza y contiene en sí
todo cuanto produce la naturaleza o la accidental actividad de los
hombres, y en resumen, todo lo que pueden comprender los ojos, nos parece
un pobre maestro el que sólo hace bien una figura.
402.- ¿Pues no ves cuántos objetos son obra de los hombres? ¿Y no ves
la diversidad de animales, árboles y hierbas y flores, y las fuentes, los
ríos, las ciudades, los edificios públicos o privados, tantas cosas de
oportuno uso humano, como la multitud de ropajes, de adornos, de artes?
403.- Todas estas cosas y otras de semejante utilidad y bondad, han
de ser usados por el hombre que te place llamar un buen pintor.
404.- El pintor disputa y rivaliza con la naturaleza.
405.- Si tú desprecias la pintura, imitadora de todas las obras
visibles de la naturaleza, desprecias en ella un sutil invento que, con
filosófica y sutil especulación, considera, todas las cualidades de las
formas, ambientes, sitios, plantas, animales, hierbas y flores, envueltas
en sombra y luz. Y verdaderamente esta ciencia de la pintura es hija
legítima de la naturaleza, porque la engendra la naturaleza. O, para
hablar con más corrección, es nieta de la naturaleza; porque todas las
cosas visibles han sido engendradas por la naturaleza, y de ellas ha
nacido la pintura. La podemos, pues, llamar, con exactitud, nieta de la
naturaleza y parienta de Dios.
406.- El maestro que pretendiera no sólo comprender todas las formas
y efectos de la naturaleza, sino también ser capaz de conservarlas en sí,
me parecería de veras rico en ignorancia, ya que tales efectos son
infinitos y nuestra memoria no es bastante grande para darles cabida.
407.- Cuida, pues, ¡oh pintor!, de evitar que la codicia de la
ganancia venza en ti el honor del arte, pues la ganancia del honor vale
mucho más que el honor de la fortuna.
408.- Por estas y otras razones que podrían decirse, debes ante todo
atender a que tu dibujo dé al ojo en forma demostrativa la intención y la
invención elaborada primero por su facultad imaginativa: agrega o quita
después lo necesario hasta quedar satisfecho de tu obra; dispón luego las
figuras de hombres vestidos o desnudos, de la manera que te has propuesto
hacer efectiva, sometiendo a la perspectiva las magnitudes y medidas, para
que ningún detalle de tu trabajo resulte contrario a lo que aconsejan la
razón y los efectos naturales. Por ese camino es como llegarás a
conquistar honor en tu arte.
409.- Bien sabemos que los errores se descubren más fácilmente en las
obras ajenas que en las propias, y que reprendemos con frecuencia los
pequeños errores que otros cometen, mientras ignoramos los nuestros por
grandes que sean. Para evitar esta ignorancia, empieza por ser hábil en la
perspectiva, y por conocer a fondo las dimensiones del hombre y otros
animales. Trata de ser buen arquitecto, en cuanto concierne la forma de
los edificios, estudiando también otros objetos que se ofrecen a tu vista
y cuya variedad es infinita. Y así, cuanto más de tales nociones vayas
adquiriendo, más laudable será tu obra. Si alguno de aquellos objetos se
te presenta por vez primera, no dejes de retratarlo del natural.
410.- Nunca debemos recusar, cuando pintamos, el juicio de cada uno;
porque es claro que aun los que no son pintores conocen y pueden juzgar la
forma de otro hombre y ver si es jorobado, o si tiene un hombro, más alto
que el otro, o una boca o nariz desproporcionada, u otros defectos. Y si
hemos de reconocer en los demás capacidad suficiente para opinar, sin
equivocarse, de las obras de la naturaleza, con cuánta más razón hemos de
confesar que ellos también pueden condenar nuestros errores. Sabiendo cómo
nos engañamos en la apreciación de nuestras obras, consideremos las faltas
que otros cometen en las suyas, y sírvannos esas faltas ajenas de ejemplo
para nuestro provecho.
411.- Escucha, pues, con paciencia la opinión de otros jueces; y
examina y piensa con empeño si tu censor tiene o no razón para censurarte.
Si encuentras que la tiene, corrígete. En caso contrario, haz como si no
lo hubieras oído, o demuéstrale con argumentos -si es hombre digno de tu
estima- el porqué de su engaño.
412.- Hay toda una generación de pintores que, a causa de su poco
estudio, se pasan la vida bajo la muestra del oro y azul de la belleza,
declarando neciamente que, si no ponen en obra buenas cosas, es porque se
las pagan pobremente, pero que ellos también harían los que otros, si
fueran bien pagados. ¡Oh, gente estúpida! ¡Por qué no ofrecen una buena
obra, diciendo: ésta es de alto precio; y después otra de precio mediano,
y otra, en fin, de ínfimo precio! Así demostrarían que las tienen de todos
los precios.
413.- Cuando quieras ver si tu pintura en conjunto está conforme con
el objeto que ella tomó del natural, procúrate un espejo y haz que en él
se refleje la cosa viva, parangonando con tu pintura la imagen reflejada
en el espejo; y observa bien si las dos semblanzas, la de la cosa misma y
la de la pintura, son conformes entre sí.
414.- Debes tomar al espejo por maestro -hablo de un espejo plano-,
porque sobre su superficie las cosas se asemejan en muchas partes a la
pintura.
415.- Ves, en efecto, que la pintura hecha sobre un plano muestra
cosas que parecen destacarse, y el espejo, también sobre un plano, realiza
lo mismo. La pintura es una sola superficie y análogamente el espejo. La
pintura es impalpable en cuanto los objetos que en ella parecen redondos y
salientes no pueden circundarse con las manos; y lo mismo pasa con el
espejo. El espejo y la pintura muestran las imágenes de las cosas
envueltas en sombra y luz; una y otra aparecen bastante más allá de sus
superficies.
416.- Y si tú reconoces que el espejo, por medio de los lineamientos
y las sombras y las luces, te hace aparecer las cosas destacándose, tú,
que tienes entre tus colores las sombras y las luces más potentes que las
del espejo, ciertamente, si sabes combinarlos bien, conseguirás que tu
pintura parezca también una cosa natural, vista en un gran espejo.
417.- Cada ramo y cada fruto nace a raíz de su hoja, la cual les hace
las veces de madre, ofreciéndoles el agua de las lluvias y la humedad del
rocío que le cae de noche, y muchas veces los abriga del calor excesivo de
los rayos solares.
418.- Pero tú, pintor, que no gozas de un parecido ordenamiento, no
desprecies el estudio, como hacen los ávidos de ganancia; y evita la
crítica de los entendidos, complaciéndote en sacar de la naturaleza todas
tus representaciones.
419.- Los hombres y las palabras son hechos. El pintor que no sabe
utilizar las figuras que representan a los primeros, es como el orador que
no sabe emplear bien las segundas.
420.- El joven debe empezar por aprender la perspectiva; después, las
medidas de cada cosa; después, debe pasar a manos de un buen maestro que
lo acostumbrará a dibujar hermosos miembros; después, dibujará del
natural, para confirmar la razón de las cosas aprendidas: después
aprenderá bajo la dirección simultánea de diversos maestros, y, en fin, se
habituará a poner en práctica y obra su arte.
421.- Digo, pues, que, ante todo, hay que estudiar los miembros y sus
movimientos; terminando este conocimiento, pasar al estudio de las
actitudes accidentales del hombre: en tercer lugar, componer historias
sobre la base de observaciones de actos naturales, al acaso de su
ocurrencia accidental; fijar la mente en ellos y anotarlos a medida que
nos aparecen en las calles, en las plazas, en el campo; usando a ese fin
una representación con breves lineamientos: es decir que, para significar
una brazo, una recta quebrada, y cosa parecida para las piernas y el
busto. Vueltos a casa, traduciríamos en perfecta forma tales recuerdos.
422.- A esto dice mi contrincante que, para hacerse práctica y
producir obras en buen número, es mejor dedicar el primer período de
estudio a copiar composiciones hechas sobre papel o en superficies murales
por diversos maestros, y así se practica velozmente y se adquieren buenos
hábitos de trabajo. A lo que responderemos nosotros que esos hábitos serán
buenos a condición de basarse en obras bien compuestas por maestros
experimentados. Pero, siendo éstos tan raros que es difícil encontrarlos
aún en corto número, es más seguro ir derechamente a los objetos que nos
ofrece la naturaleza, antes que a las imitaciones que los empeoran y que
nos inculcarían hábitos mezquinos. Porque no hay que beber de vaso cuando
se puede ir a la fuente.
423.- Cuando hayas aprendido bastante perspectiva e incorporado a tu
espíritu todos los miembros y cuerpos de las cosas, es preciso que
adquieras el gusto, en tus horas de solaz, de ver y examinar tanto los
paisajes como los hombres, y las actitudes de éstos cuando discuten o ríen
o riñen. Observarás sus acciones mutuas y las de los circunstantes,
causantes o simples espectadores de tales cosas, para anotarlas pon signos
abreviados, en la forma dicha, sobre una pequeña libreta que llevarás
siempre contigo. Sobre sus hojas dibujarás con tinta, pues las cosas que
sobre ellas vayas figurando no deben ser borradas con el fin de utilizar
de nuevo las hojas, sino que, antes bien, deben conservarse con gran
diligencia. Cuando hayas llenado una libreta, emplearás, otra nueva y,
coleccionadas todas, serán ellas tus autores y maestros, que ayudarán tu
memoria, incapaz de recordar, por sí sola, las infinitas formas y
movimientos de las cosas.
424.- No quiero excluir de estos preceptos un nuevo invento de
especulación, el cual, aunque parezca pequeño y casi risible, es de gran
utilidad para encaminar el ingenio hacia varias concepciones. Helo aquí:
si observas algún muro lleno de sucias manchas o en el que se destacan
piedras de diversas sustancias, y si te propones idear un paisaje, podrás
ver allí, sobre ese muro, las imágenes de distintos países, ornados de
montañas, ríos, peñascos, árboles, llanuras, grandes valles y cuellos de
múltiples formas; podrás ver allí todavía numerosas figuras de batallas y
de rápidas acciones, extraños aspectos de rostros y actitudes, y otras
infinitas cosas que podrás integrar en formas de arte. Y te parecerá que,
al contemplar sobre el muro tal mezcla de cosas imaginarias, te ocurre lo
mismo que cuando oyes un sonido de campanas, y te entretienes en fantasear
nombres y vocablos correspondientes a cada toque.
425.- Me ha sucedido ya, a veces, mirando una nube o un muro,
descubrir en ellos manchas que, si bien privadas en realidad de
perfección, en algún detalle despertaban mi inventiva, gracias a la
perfección de sus movimientos y actitudes.
426.- Los cuartos o habitaciones pequeños concentran el espíritu; los
grandes lo dispersan.
427.- ¡Pobre maestro aquél cuya obra es superior a su juicio! Aquel
cuya obra es superada por su juicio, marcha en derechura a la perfección
de su arte.
428.- ¡Pobre discípulo el que no deja atrás a su maestro!
429.- Cuando la obra supera el juicio del operador, éste avanzará
poco. Pero cuando el juicio supera la obra, ésta irá perpetuamente
mejorando -si la codicia del dinero no lo impide.
430.- Estudia, ¡oh, pintor!, el modo de conseguir que tus obras
atraigan a los espectadores y los hagan detenerse con gran admiración y
deleite; y no atraerlos y despedirlos luego, como atrae el aire en horas
de la noche a uno que se arroja desnudo del lecho para admirar la calidad
de ese aire, nebuloso o sereno, y vuelve a acostarse muy pronto, corrido
por el frío. Ejecuta, al contrario, obras que se asemejen al aire que en
tiempos calurosos nos arranca de nuestros lechos y nos retiene a gozar del
estivo fresco; y no quieras ser más práctico que docto, ni permitir que la
codicia venza al deseo de adquirir la gloria merecidamente conquistada con
tu arte.
431.- ¿No ves tú que, entre las humanas bellezas, un bellísimo rostro
detiene a los transeúntes mejor que las riquezas que lo encuadran? Me
refiero aquí a los que adornan sus pinturas con abundancia de dorados
embelecos.
432.- ¿Y no ves cómo pierde en parte su excelencia la más
esplendorosa hermosura cuando la recargan excesivos o demasiados
rebuscados ornamentos? ¿No encontraste nunca alguna campesina envuelta en
toscos paños incultos, y más bella así que otras portadoras de vistosos
atavíos?
433.- No representes, pues, en tus figuras aquellos tocados que los
tontos aderezan con gran afectación, temerosos siempre de que un solo
cabello fuera de lugar provoque la censura de los espectadores
circunstantes, los cuales, abandonando su primer pensamiento, no hablen ya
de otra cosa ni critiquen otra cosa. Tales hombres tienen por constantes
consejeros el espejo y el peine; y el viento, que pone en desorden sus
acicaladas cabelleras, es su más mortal enemigo.
434.- Haz que, en las cabezas que dibujes, los rizos jugueteen
movidos por el fingido viento, alrededor de los juveniles rostros,
ornándolos con su revolotear gracioso y cambiante; y guárdate bien de
hacer como aquellos que parecen haberse propuesto embadurnar con engrudo
las guedejas y dar a los rostros no sé qué aspecto vidrioso. Locuras,
siempre en aumento, de ciertos seres, a quienes no bastando para oponerse
a que el viento altere la lisura de sus cuidadas melenas con la goma
arábiga traída por los navegantes desde los países de oriente, buscan
algún artificio más ridículo todavía.
435.- Puesto que no atiendo menos a la escultura que a la pintura, y
alcanzo en una y otra el mismo grado, creo poder eludir toda grave
acusación pronunciándome sobre la facultad de inventiva, la dificultad de
ejecución y la perfección que revela cada una de ellas. En primer lugar la
escultura está sometida a determinada luz que le viene de lo alto,
mientras que la pintura trae consigo luz y sombra de todos lados; esta
cuestión de luz y sombra es, pues, importante en la escultura. El escultor
obtiene una y otra con la ayuda natural del relieve, que por sí solo las
genera; el pintor, con la oportuna aplicación de su arte, las crea allí
donde lo haría razonablemente la naturaleza. El escultor no puede
diversificar los caracteres variados de los colores; el pintor dispone de
todos los colores que desee. Las perspectivas de los escultores carecen de
toda verdad; la del pintor alcanzan a cien millas de distancia. La
perspectiva aérea es ajena a la escultura, la cual no sabe figurar ni los
cuerpos transparentes, ni los luminosos, ni las formas reflejadas, ni los
cuerpos lúcidos -como los espejos y otros objetos brillantes similares-,
ni las nubes, ni la niebla, ni la oscuridad, ni otras muchísimas cosas que
no mencionamos para no aburrir.
436.- Lo que tiene a su favor es su resistencia al tiempo; aunque la
pintura tiene análoga resistencia cuando se la ejecuta sobre una lámina
gruesa de cobre, recubierta de esmalte blanco, empleando colores, también
de esmalte, y exponiendo todo al fuego. Esta pintura al esmalte aventaja a
la escultura en duración. Se podrá argüir que un error en la escultura no
es fácil de remediar: triste argumento para probar que lo irremediable de
toda negligencia da mayor dignidad a la obra. Ya os contestaré que el
ingenio del maestro que tales errores comete es más difícil de reparar que
la obra malograda por él. Bien sabemos que el escultor entendido y
práctico no caerá en estos errores, sino que, mediante la aplicación de
reglas apropiadas, irá extrayendo material poco a poco hasta llevar a buen
término su trabajo. Además, si el escultor recurre a la arcilla o a la
cera, podrá agregar o quitar, y, concluido el modelo, vaciarlo en bronce:
última operación, y la más permanente, de la escultura; ya que la obra de
bronce no está expuesta a arruinarse, como la de mármol.
437.- De modo, pues, que la pintura de cobre es susceptible, por sus
métodos, de agregados o reducciones, como la escultura en bronce, la cual
admite igualmente unos y otras en el modelo de cera provisorio. Si esta
escultura de bronce es eterna, la pintura de cobre o de vidrio es
eternísima; si el bronce queda negro y feo, la pintura se muestra llena de
diversos y lindos colores de infinita variedad. Y si quisieras solamente
referirte, como antes, a la pintura sobre madera, yo daría en estos
términos mi sentencia: -Así como la pintura es más bella y de más fantasía
y más copiosa, la escultura es más durable; pero ninguna otra cosa tiene a
su favor.
438.- La escultura, con poco trabajo, muestra lo que en la pintura
parece cosa de milagro: dar una apariencia palpable a objetos impalpables,
relieve a lo que es plano, lejanía a lo que está cerca. En efecto, la
pintura está ordenada de infinitas especulaciones que la escultura
desconoce.
439.- La escultura no es ciencia, sino arte muy mecánica. Produce con
sudor y fatiga corporal para el operario. Bastan al escultor las simples
medidas de los miembros y el conocimiento de los movimientos y actitudes,
y ahí termina su dominio; mostrando al ojo cada objeto como es, sin
provocar la admiración del espectador; mientras que la pintura la
conquista, exhibiendo, a fuerza de ciencia, en una superficie plana, las
vastísimas campiñas con sus lejanos horizontes.
440.- Entre la pintura y la escultura no encuentro más que esta
diferencia: que el escultor ejecuta sus obras con mayor fatiga de cuerpo
que el pintor, y el pintor ejecuta las suyas con mayor fatiga de mente.
441.- Así se demuestra que el escultor, a fuerza de brazo, va
haciendo saltar a golpes en el bloque de mármol u otra piedra dura,
materia de la obra que realiza, todo lo que excede a la figura encerrada
en él. Su ejercicio, mecánico en alto grado, va frecuentemente acompañado
de copioso sudor, que se mezcla con el polvo y se convierte en fango. Con
el rostro enharinado como el de un panadero y todo él cuerpo cubierto de
menudas escamas de mármol, diríase que le ha nevado encima. Su habitación,
llena de fragmentos de piedra, es sucia y polvorienta.
442.- Todo lo contrario ocurre con el pintor -sólo hablamos, claro
está, de pintores y escultores excelentes-. Bien vestido, cómodamente
sentado frente a su obra, mueve sobre la tela su livianísimo pincel
embebido en finos colores. Sus ropas son elegantes y a su gusto. Su
habitación es limpia, y pinturas exquisitas le sirven de ornato. Se hace
acompañar a veces de músicos y lectores, que hacen oír bellas y variadas
producciones, las cuales -lejos de todo ruino de martillos o de cualquier
otro bullicio- son escuchadas con deleite.
443.- No hay comparación posible entre el ingenio, artificio y
discurso de la pintura y los de la escultura. Para esta última, la
perspectiva es resultado material y no artificial; no implicando, por
consiguiente, ninguna dificultad.
444.- Si el escultor hace notar su incapacidad de restablecer lo que
haya quitado con exceso en alguna parte de su obra, cosa que el pintor
puede hacer fácilmente, responderemos que si tal hizo fue por falta de
entendimiento y maestría. Si sabe medir exactamente, no quitará lo que no
debe; el error, pues, no ha de imputarse a la materia, sino al operario.
445.- Pero ocupémonos tan sólo de los maestros, y no de los
malgastadores de mármol.
446.- Esos maestros no confían ‘en el juicio de sus ojos, que siempre
engaña, como lo comprobará quien se proponga dividir una línea en dos
partes iguales sin más criterio que la vista: con mucha frecuencia el
experimento le demostrará la equivocación de sus ojos. Y es porque siempre
sospechan, que los buenos jueces temen siempre -al revés de lo que hacen
los ignorantes-, y buscan su gobierno en el conocimiento de cada longitud,
espesor y ancho; de ese modo no se exponen a aquel error sin remedio de
quitar material con exceso.
447.- Pero la pintura tiene maravillosos artificios y sutilísimas
especulaciones, que faltan a la escultura, la cual es de muy menguado
discurso.
448.- Al escultor que afirma que su obra es más permanente que la de
la pintura, basta responder que tal permanencia es virtud de la materia
esculpida y no del escultor, el cual no debe atribuirse la gloria de dicha
virtud, sino dejarla a la naturaleza, creadora de la materia.
449.- La pintura es de más discurso mental y de mayor artificio y
maravilla que la escultura, por cuanto la necesidad obliga la mente del
pintor a transmutarse en la mente misma de la naturaleza, y a ser
intérprete entre la naturaleza y el arte, comentando con aquélla las
causas de sus figuraciones obedientes a sus leyes; y cómo las imágenes de
los objetos que nos circundan concurren con los verdaderos simulacros a la
pupila de nuestro ojo; y entre los objetos de igual tamaño, cuál parecerá
mayor a la vista; y entre colores iguales, cuál se mostrará más o menos
oscuro, más o menos claro; y entre las cosas colocadas a un mismo nivel
bajo, cuál parecerá estar más o menos alta; y si a un mismo nivel alto,
cuál más o menos alta; y en fin, de entre objetos iguales, colocados a
diversas distancias, por qué unos se mostrarán menos aparentes que los
otros.
450.- Este arte contiene y encierra en sí todas las cosas visibles,
lo cual no está al alcance de la pobre escultura. Ella puede representar
los colores y las medias tintas y figurar los objetos transparentes, que
el escultor reproducirá de la naturaleza sin ningún artificio; el pintor
te mostrará la diversidad de las distancias, mediante la variación que
sufren los colores por la interposición del aire entre los objetos y el
ojo; y las nieblas a través de los cuales penetran con dificultad las
imágenes de los objetos; y las lluvias, con las nubes y los montes y los
valles tras de sí; y la polvareda que levantan los pies de los
combatientes y que los cubren a ellos mismos; y las humaredas más o menos
densas; y los peces que juguetean bajo la superficie del agua, y el fondo
de ésta; y, sobre las limpias arenas del cauce de los ríos, guijarros
pulidos de diversos colores, mezclados con hierbas ondulantes; y las
estrellas de diferentes alturas sobre nosotros; y así, otros objetos
innumerables, a los que no alcanza la escultura.
451.- La escultura no tiene la belleza de los colores ni su
perspectiva; no puede, como la pintura, poner en perspectiva y desdibujar
los contornos de las cosas remotas, porque para la escultura los contornos
de los objetos lejanos son tan determinados como los de los objetos
próximos. No sabrá ocultar más los objetos remotos, mediante el aire
interpuesto entre ellos y nuestro ojo, para que aparezcan velados, como
las figuras que muestran la desnuda carne bajo los velos que las cubren.
No podrán, en fin, representar menudos guijarros bajo la superficie de
aguas transparentes.
Alegorías

  • I –

Bestiario
452.- León.- Este animal con su atronador rugido despierta sus
cachorros de tres días y les aviva los sentidos, adormecidos; y todas las
fieras de la selva huyen llenas de pavor.
453.- Pueden asimilarse estos cachorros de león a los hijos de la
virtud, que se despiertan al grito de la gloria y, educados en estudios
honorables, crecen en mérito, mientras que los malvados huyen al oír ese
grito y se alejan de los hombres virtuosos.
454.- El león cubre las señales de sus pisadas para ocultar su marcha
al enemigo; así conviene al capitán disimular los secretos de su alma,
para que los enemigos ignoren sus designios.
455.- Felinos.- Los leones, leopardos, panteras y tigres encierran
las uñas en su estuche, y no las desenvainan sino para lanzarse sobre la
presa o sobre el enemigo.
456.- Cuando la leona defiende sus cachorros del ataque de los
cazadores, para no asustarse de los chuzos, baja a tierra los ojos, y
evita con su huida que sus hijos caigan prisioneros.
457.- El león, este animal terrible, teme, sin embargo, más que
ninguna otra cosa, el estrépito de las carretas vacías, y el canto de los
gallos, cuyas crestas también le infunden miedo. Si le cubren la cara,
pierde mucho de su coraje.
458.- La cólera.- Cuéntase del oso que va a las colmenas a robar la
miel a las abejas y que, picado por éstas, deja la miel y busca el modo de
vengarse. Queriendo vengarse de todas, no logra vengarse de ninguna. Lleno
de rabia se arroja al suelo y, sacudiendo pies y manos, trata, pero en
vano, de defenderse de sus atacantes.
459.- Pantera.- Tiene la forma de una leona, pero es más alta de
patas y más delgada y larga. Es toda blanca, punteada de manchas negras y
redondas. Todos los animales se deleitan en mirarla. Estarían de buena
gana a su alrededor, si no fuera por lo terrible de su aspecto. Ella, que
lo sabe, esconde la cara, deja que los animales la rodeen, creyendo poder
gozar seguros de tanta belleza; se arroja entonces sobre el que está más
cerca y lo devora.
460.- Camellos.- Los bactrianos tienen dos jorobas; los árabes una.
Son veloces en los combates y utilísimos como bestias de carga. Es
observador muy exacto de reglas y medidas. No se mueve, sí lo cargan más
de lo acostumbrado; y también si se le quiere obligar a hacer un viaje
demasiado largo, bruscamente se detiene, forzando a los viajeros a acampar
allí mismo.
461.- Tigre.- Nace en Hircania. Su piel manchada le asemeja algo a la
pantera. Es animal terriblemente veloz. Después de llevarse sus cachorros,
el cazador pone algunos espejos en el sitio de donde los robó y huye
enseguida, montando en su rápido caballo. Cuando vuelve la madre y observa
los espejos puestos sobre el suelo, se mira en ellos y cree ver sus
cachorros. Arañando con sus garras, descubre el engaño, y entonces,
husmeando el olor de los cachorros, sale en persecución del cazador.
Cuando éste la ve cerca, deja caer uno de los cachorros, que la madre coge
y lleva enseguida a su cueva, volviendo luego a correr tras el cazador, el
cual abandona otro cochorro, y así hasta llegar con los restantes al bote
que lo espera.
462.- Elefante.- El gran elefante posee por naturaleza lo que rara
vez se encuentra en los hombres: probidad, prudencia, equidad y
observancia religiosa. Al renovarse la Luna, va a purificarse en los ríos,
lavándose solemnemente y, después de saludar el planeta, vuelve a las
selvas. Cuando se enferma, se echa con el lomo sobre e suelo y arroja
hierbas hacia el cielo como si quisiera hacer un sacrificio.
463.- Entierra sus colmillos cuando se le caen de vejez. De sus dos
dientes, emplea uno para excavar las raíces de que se alimenta; el otro,
que conserva puntiagudo, le sirve para combatir. Cuando es vencido por los
cazadores y el cansancio le abate, rompe sus dientes, se los arranca, y
con ellos se rescata.
464.- Es clemente y sabe prever los peligros. Si encuentra a un
hombre solo y extraviado, lo reconduce al camino que ha perdido. Si
descubre las huellas de un hombre antes de verlo, temiendo una emboscada,
se detiene, resopla, las muestra a otros elefantes, y todos en fila se
ponen en marcha con prudencia.
465.- Van siempre en tropas, con el más viejo a la cabeza y el que lo
sigue en edad detrás de todos. Son púdicos, se ocultan en la sombra de la
noche para acoplarse, y no retornan a sus tropas sino después de haberse
lavado en el río. No pelean nunca con las hembras, como otros animales.
Son tan compasivos por naturaleza, que evitan hacer daño a los menos
fuertes, y si tropiezan con una manada de ovejas, las desvían con la
trompa, por miedo a pisotearlas: y no hacen mal, si no son provocados. Si
uno cae en una zanja, los otros aportan ramas, tierra y piedras para
rellenarla; y elevando el fondo, salvan a su compañero. Les asusta el
gruñir de los puercos, que los hace ir reculando, con lo que no hacen
menos daño a sus compañeros que a los enemigos. Sienten gran placer
vagabundeando en la proximidad de los ríos, pero su enorme peso les impide
pasarlos a nado. Engullen piedras, y los troncos de los árboles son su
alimento favorito. Detestan las ratas. Las moscas, atraídas por su olor,
se les posan encima, pero ellos las matan, apretándolas entre los pliegues
de su piel.
466.- Cuando atraviesan un río, mandan primero a los más jóvenes
aguas abajo y, colocándose aguas arriba, rompen el curso unido del agua y
evitan así que su corriente arrastre a aquéllos.
467.- Unicornio.- El unicornio olvida su ferocidad, incapaz de vencer
la atracción que sobre él ejercen las mujeres. Dejando de lado toda
suspicacia, se llega a una de ellas y duerme en su regazo. Y es así cómo
los cazadores consiguen apoderarse de este animal selvático.
468.- Humildad.- Es el cordero sumo ejemplo de humildad. Se somete a
todos los otros animales. Cuando es arrojado a la jaula del león para
servir a éste de alimento, se entrega a él como a la propia madre, y tan
mansamente que se ha visto muchas veces al león negarse a matarlo.
469.- Abstinencia.- Cuando el asno salvaje vaya a beber a la fuente y
encuentre turbia el agua, por mucha sed que tenga, se abstendrá de beber y
esperará a que el agua se aclare.
470.- Adulación.- La sirena canta tan dulcemente que adormece a los
marineros, y logra trepar sobre los barcos y matar a los marineros
adormecidos.
471.- Castigo.- Cuando el lobo penetra cautamente en un establo y
pone por acaso el pie en falso, causando ruido, se muerde el pie para
castigar su error.
472.- Locura.- Como el toro salvaje odia el color rojo, los cazadores
se valen de este ardid para vencerlo: envuelven el tronco de un árbol con
un paño rojo; el toro atropella con gran furia, clavando sus cuernos en el
tronco, y esto permite a los cazadores matarlo a mansalva.
473.- Temperancia.- El camello es el animal más lujurioso que existe,
capaz de correr mil millas tras la hembra. Pero es, sin embargo,
respetuoso con la madre o la hermana, ante las cuales sabe dominar su
intemperancia.
474.- Falsedad.- El zorro, si descubre una bandada de urracas,
cornejas o aves semejantes, se echa al suelo, con la boca abierta,
haciéndose el muerto. Los pájaros bajan entonces para devorarle a
picotazos la lengua, y el zorro los atrapa por la cabeza.
475.- Mentira.- El topo tiene ojos muy pequeños y habita
constantemente bajo tierra. Vive mientras está oculto, pero muere apenas
sala a la luz, porque no puede seguir ya mintiendo.
476.- Delfín.- La naturaleza ha concedido a los animales no sólo el
conocimiento de sus ventajas, sino, además, el de las desventajas de sus
enemigos. El delfín tiene conciencia de lo que vale el filo de las aletas
que lleva sobre el lomo. Sabe también cuán fácilmente penetrable es la
panza del cocodrilo. Así, cuando combate con él, se le acerca por debajo y
lo mata abriéndole el vientre.
El cocodrilo es temible para el que huye de él, pero en extremo
cobarde con el que lo persigue.
477.- Hipopótamo.- Cuando se siente enfermo, se echa a buscar espinas
o, donde pueda hallarlos, los fragmentos cortados de cañas, y con ellos se
frota hasta que consigue abrirse una vena y, después de extraer la sangre
necesaria, cierra con fango la herida. Su forma es parecida a la del
caballo, pero tiene las uñas hendidas, la cola torcida, dientes de jabalí,
el pescuezo cubierto de crines; su piel es impenetrable cuando está seca;
se nutre de cereales. Entra en los campos reculando, de modo que parezca
haber seguido la dirección contraria.
478.- Alce.- Nace en la isla Escandinavia. Tiene la apariencia de un
caballo grande, pero se distingue del caballo en la considerable longitud
del cuello y de las orejas. Pace la hierba reculando, pues tiene el labio
superior tan saliente que cubriría con él la hierba, si quisiera comerla
avanzando. Tiene las piernas sin coyunturas y, por esta razón, cuando se
apresta a dormir, tiene que apoyarse contra un árbol. Los cazadores, que
saben dónde acostumbra a dormir, cortan casi todo el tronco de su árbol
preferido, y así, cuando el alce viene a dormir, cae al suelo y los
cazadores se apoderan de él. Por ningún otro medio lo conseguirían, porque
la velocidad de su carrera es increíble.
479.- Bisonte.- Nace en Panonia. Tiene crines sobre el cuello, como
el caballo; pero es semejante al toro en el resto del cuerpo, salvo en sus
vasos, doblados hacia adentro, le impiden dar coces; y por eso no tiene
otro medio de salvación que la fuga, durante la cual va arrojando
estiércol en un trayecto de cuatrocientas brazas. Ese estiércol quema
cuanto toca, como fuego.
480.- Ciervo.- Cuando se siente mordido por la araña llamada
falangio, come cangrejos y así se libra del veneno.
481.- Comadreja.- Cuando sale a cazar ratas, come ruda antes.
482.- Jabalí.- Cura sus enfermedades comiendo hiedra.
483.- Serpiente.- Cuando quiere renovar su piel se despoja de ella,
empezando por la cabeza. La operación dura un día y una noche.
484.- Pantera.- Con las entrañas fuera lucha todavía con los perros y
los cazadores.
485.- Paz.- Se ha escrito que el castor, cuando los cazadores lo
persiguen a causa de la virtud medicinal de sus testículos, sabiéndolo, se
detiene, si no puede huir, los corta con sus afilados dientes, y los
abandona a sus enemigos.
486.- Temor o cobardía.- La liebre tiembla de temor perpetuamente.
Basta para asustarla y hacerla huir el ruido de las hojas que caen de los
árboles en otoño.
487.- Castidad.- La tórtola no engaña jamás a su compañero. Si éste
muere, el otro observa perpetua castidad, y no se posa más sobre las ramas
verdes, ni bebe agua clara.
488.- Avaricia.- El sapo se nutre de tierra, y está siempre flaco,
porque no come nunca hasta saciarse: tanto es su temor de que llegue a
faltarle el alimento. Huye de la luz del sol; y cuando a ella es expuesto
con violencia, se hincha y oculta la cabeza para resguardarla de sus
rayos. Tal hace el enemigo de la clara y esplendente virtud, cuando su
rebelde espíritu es obligado a enfrentarla.
489.- Armiño.- Come frugalmente una sola vez al día; y preferirá caer
en manos del cazador a mancillar en algún sucio pantano la blancura
delicada de su piel.
490.- Catoblepas (gnu).- Nace en Etiopía, cerca de las fuentes del
Niger (Nigricapo). Es un animal de moderado tamaño, perezoso en todos sus
miembros. Su cabeza es tan grande que la lleva trabajosamente, siempre
inclinada hacia el suelo. Gracias a esta circunstancia, no es fatal al
hombre, pues todo aquel a quien mira muere instantáneamente.
491.- Basilisco.- Es nativo de la provincia Cirenaica. No mide más de
doce dedos. Tiene en la cabeza una mancha blanca a manera de diadema.
Valiéndose de su silbido, caza toda clase de serpientes. Se asemeja a una
culebra, pero no se mueve tortuosamente, sino manteniéndose rígido, del
medio del cuerpo a la cabeza. Se dice que, cuando un jinete lo mata de un
lanzazo, el veneno del basilisco sube a lo largo de la lanza y mata al
caballo, pero no al jinete. Destruye los cereales que toca y aun aquellos
que sólo reciben su aliento.
492.- Comadreja.- Descubre la cueva del basilisco por el olor de su
orina derramada, y lo mata; pero muchas veces ese mismo olor mata a la
comadreja.
493.- Crueldad.- El basilisco es tan cruel que, cuando no puede matar
a los animales con sus ojos venenosos, se vuelve contra las hierbas y los
árboles, y los deseca con los efluvios de su mirada.
494.- Víbora.- La hembra ataca al macho -y esto es exclusivamente
propio de su especie- abriendo la boca y mordiéndolo con sus agudos
dientes hasta matarlo. Los hijos salen de su cuerpo desgarrándole el
vientre y causando así su muerte.
495.- Boa.- Es una culebra de grandes dimensiones. Se enrosca a las
patas de la vaca, inmovilizándola, y luego la ordeña hasta agotarla. Fue
muerta una culebra de esta especie en tiempos del emperador Claudio, sobre
el monte Vaticano, la cual tenía en su interior el cuerpo entero de un
niño que se había tragado.
496.- Dragón.- Van enlazados unos con otros formando a manera de
zarzas, y pasan los pantanos nadando con la cabeza levantada, en busca de
mejor postura. Si no se unieran de ese modo, perecerían ahogados: modelo
de concordia. Cuando el dragón ve un pájaro que vuela por el aire, le
arroja un tan fuerte soplo de su aliento, que lo hace caer en su boca.
497.- Marco Régulo, cónsul del ejército romano, fue asaltado por uno
de estos animales y estuvo a punto de verse aniquilado, él y su gente. Se
logró matarlo con una máquina de guerra, y se halló que medía ciento
veinticinco pies o sesenta y dos brazas y media. Su cabeza se levaba sobre
todos los árboles de una selva.
498.- Combate con el elefante anudándole las patas con la cola y
rodeándole las costillas con las alas y las garras, mientras le destroza
con los dientes la garganta. El elefante cae vencido sobre el dragón y lo
aplasta con su peso; y así, muriendo, se venga de su enemigo.
499.- Cerasta.- Tiene cuatro pequeños cuernos móviles. Cuando quiere
alimentarse, esconde bajo las hojas todo el cuerpo, excepto los
cuernecillos. Moviendo éstos, los pájaros que los toman por gusanillos que
juegan entre ellos, bajan a comerlos, y entonces el cerasta se enrosca
alrededor de ellos y los devora.
500.- Anfisbena.- Tiene dos cabezas: una en el sitio normal, la otra
en la cola, como si no le bastase con una para arrojar su veneno.
501.- Jáculo.- Se posa sobre los árboles, se lanza desde ellos como
un dardo y atraviesa el cuerpo de los animales salvajes, matándolos.
502.- Áspid.- La mordedura de este animal es incurable, a menos de
extirpar enseguida las partes mordidas. Este odioso animal tiene tanto
afecto por su compañera, que siempre van juntos, y si uno es muerto, el
otro persigue al matador con increíble velocidad, y en su deseo furioso de
venganza no lo vencería ninguna dificultad, no lo detendría un ejército;
sólo desea una cosa la ruina de su enemigo. Para satisfacer ese deseo,
traspone las más largas distancias y no hay otro medio de escapar a su
persecución que ganarle en velocidad o trasponer una corriente de agua.
503.- Icneumón.- Este mortal enemigo del áspid es nativo de Egipto.
Cuando descubre cerca del sitio en que habita la presencia de un áspid,
corre enseguida a buscar la arena o el fango de los bordes del Nilo, y con
ellos se embadurna todo, y después de secarse al sol, repite la operación
varias veces, procurándose así tres o cuatro vestiduras semejantes a
corazas. Ataca entonces a su enemigo y pelea con él valientemente hasta el
momento en que logra, cogiéndolo por la garganta, matarlo.
504.- Cocodrilo.- Nace en el Nilo; es animal cuadrúpedo; causa tantos
perjuicios en el agua como fuera de ella. Es el único animal privado de
lengua que se conoce. Muere moviendo sólo la mandíbula superior. Crece
hasta alcanzar el largo de cuarenta pies. Tiene garras, y su cuerpo está
defendido por una piel coriácea que resiste a todos los golpes. Pasa el
día en tierra y la noche en el agua, y se alimenta de peces. Se adormece
en las riberas del Nilo, con la boca abierta, y el pequeñísimo pájaro
llamado troquilo se introduce en ella y, saltando entre sus dientes, le va
sacando por dentro y fuera con el pico, los restos de alimento que le han
quedado entre ellos, provocando así en el cocodrilo una sensación
voluptuosa que lo invita al sueño. Cuando el icneumón lo percibe en este
estado, se arroja en su boca ampliamente abierta, le perfora el estómago y
los intestinos y lo mata finalmente.
505.- Hipocresía.- Cuando el cocodrilo sorprende a un hombre, lo mata
enseguida. Después de matarlo se compadece de él con voz lastimera y lo
llora con muchas lágrimas. Cuando ha terminado: su lamentación, lo devora
cruelmente. Tal hace el hipócrita, que disimula, con el rostro bañado en
lágrimas, su corazón de tigre y, mostrando apiadarse, en el tondo de su
corazón se regocija de los males ajenos.
506.- Camaleón.- Vive del aire, en el cual todos los pájaros lo
dominan. Para estar más seguro, vuela sobre las nubes hasta encontrar aire
tan sutil que no puede sostener a los pájaros que lo persiguen. A esa
altura sólo llega aquel a quien el cielo da permiso, es decir, el
camaleón.
507.- Oruga.- Teje con empeñoso trabajo, admirable artificio y fina
labor, la habitación nueva que la encierra y de la cual sale, con sus
bellas alas de colores, para elevarse al cielo. (Alegoría de la virtud.)
508.- Araña.- Saca de sí misma la obra maestra de su artificiosa
tela, que le da como premio de su trabajo la presa en ella prisionera.
509.- Tarántula.- La mordedura de la tarántula mantiene al hombre en
la disposición de espíritu en que se hallaba cuando fue mordido.
510.- Justicia.- Se puede comparar la virtud de la justicia con el
rey de las abejas, el cual ordena y dispone todas las cosas
razonablemente; manda a algunas que vayan a las flores, a otras que
trabajen, a otras que peleen contra las avispas, a otras que quiten las
inmundicias, a otras que acompañen y escolten al rey. Cuando es viejo y
pierde las alas, lo transportan, y si alguna falta a este deber, la
castigan sin remisión.
511.- Cigarra.- Con su canto hace callar al cuclillo. Muere en el
aceite y revive en el vinagre. Canta durante los calores ardientes.
512.- Escorpión.- La saliva, escupida en ayunas, lo mata. De igual
modo la abstinencia de los placeres del paladar se lleva y mata las
enfermedades que de ellos provienen y abre el camino de la virtud.
513.- Murciélago.- Donde hay más luz, más se enceguece y más se
ofusca cuanto más mira el sol. Aplicable al vicio que no puede soportar la
presencia de la virtud.
514.- Prudencia.- La hormiga, por instinto natural, se provee en el
verano para el invierno, matando las semillas que va almacenando para que
no renazcan, y de ellas se alimenta a su tiempo.
515.- Búho o lechuza.- Privan de la vista a los animales con quienes
pelean y de los cuales se nutren, siguiendo así las órdenes de la
naturaleza.

  • II –

Volucrario
516.- Amor de la virtud.- La alondra es un pájaro del que se cuenta
que, llevado junto a un enfermo, si éste ha de morir desvía de él los
ojos, alejándose; en caso contrario, no aparta de él la vista y así lo
libra de cualquier enfermedad.
517.- Del mismo modo, el amor de la virtud rehuye mirar cosa vil o
baja; antes bien, se asocia a todo lo que es honesto y virtuoso y
constituye su morada en los corazones nobles, a semejanza de los pájaros
que habitan en las verdes selvas, sobre los ramos florecidos. Ese amor se
muestra más en la adversidad que en la prosperidad, como la luz que
resplandece más cuando ilumina un lugar sombrío.
518.- Alegría.- Se la representa por el gallo, que cualquier ínfima
cosa llena de regocijo, haciéndolo cantar y agitarse en variados y
juguetones movimientos.
519.- Tristeza.- Se asemeja al cuervo que, observando la blancura de
sus pichones, con gran dolor se aleja de ellos, los abandona con tristes
lamentaciones y no los alimenta hasta que les ve algunas pocas plumas
negras.
520.- Magnanimidad.- El halcón quiere, soberbio y orgulloso, dominar
a todas las aves de presa; prefiere siempre estar solo y se le ha visto
muchas veces atacar al águila, rey de las aves. Sólo caza pájaros grandes,
y preferiría morir antes que alimentarse de pájaros pequeños o de carne
fétida.
521.- Envidia.- Se ha escrito del buitre que, cuando en el nido sus
pichones engordan demasiado, los picotea y los tiene sin comer, movido por
la envidia. Su apetito lo domina a tal extremo que volaría miles de millas
por comer una carroña; por eso es que sigue a los ejércitos.
522.- Águila.- Cuando es vieja, vuela tan alto que se quema las
plumas, y la naturaleza permite que recobre su juventud, cayendo en un
agua poco profunda. Si sus aguiluchos no pueden sostener la vista del Sol,
no los alimenta. ¡Que ningún pájaro que no quiera morir se acerque a su
nido! ¡Cómo la temen los animales! No les hace ningún mal, sin embargo (a
menos de ser provocada), y siempre les deja restos de sus presas.
523.- Ibis.- Se asemeja a la cigüeña. Cuando se siente enfermo, se
llena el buche de agua y se clisteriza con el pico.
524.- Cuervo.- Cuando ha dado muerte a un camaleón, se purga con
laurel.
525.- Ingratitud.- Las palomas son parangón de ingratitud; en efecto,
cuando llegan a la edad en que no necesitan más ser alimentadas, empiezan
a pelear con el padre y no termina la lucha hasta que el hijo desaloja al
padre y le roba su compañera.
526.- Avestruz.- Convierte el hierro en su alimento. Empolla los
huevos con la vista. Símbolo de las armas, alimento de los guerreros.
527.- Cisne.- Es blanco, sin mancha alguna. Canta dulcemente antes de
morir; y con ese canto concluye su vida.
528.- Lumerpa.- Nace en el Asia Menor. Su cuerpo es tan
resplandeciente que no proyecta sombra. No pierde su luz después de
muerto. No le caen jamás las plumas, y si una se le arranca, deja ésta de
resplandecer.
529.- Pelícano.- Siente gran amor por sus hijos; si los encuentra en
el nido, muertos por una serpiente, se hiere en el corazón y bañándolos en
una lluvia de sangre, les devuelve la vida.
530.- Perdiz.- Se convierte de hembra en macho y se olvida de su sexo
primitivo; roba entonces por envidia los huevos a las otras aves, pero los
pichones siguen a la verdadera madre.
531.- Golondrina.- Con la piedra quelidonia da la vista a sus hijos,
que nacen ciegos.
532.- Lagarto.- Cuando pelea con serpientes, come cerraja y así
escapa a sus mordeduras.
533.- Liberalidad.- Del águila se cuenta que, por mucha hambre que
tenga, deja siempre una parte de su presa a los pájaros que la rodean, y
éstos, incapaces de conseguir por sí mismos el alimento, la acompañan y
aprovechan de su liberalidad.
534.- Grulla.- Temiendo que su rey perezca por falta de vigilancia,
las grullas lo rodean de noche, sosteniendo una piedra en una garra a fin
de que si el sueño las vence, el ruido que haría la piedra al caer las
despierte. Amor, temor y reverencia: escribe estas palabras sobre tres
piedras de grulla.
535.- Jilguero.- Da euforbio a sus hijuelos enjaulados, prefiriendo
verlos muertos antes que privados de la libertad.
536.- Gallo.- No canta sin sacudir primero por tres veces las alas.
El papagallo, al cambiar de rama, no pone la pata donde no ha puesto antes
el pico.
537.- Gratitud.- La virtud de la gratitud es, según se dice, muy
general en los pájaros llamados abubillas los cuales, reconocidos del
beneficio recibido del padre y de la madre con la vida y la alimentación,
cuando ven que están viejos, les construyen un nido, les dan calor y les
procuran de comer. Les arrancan con el pico las plumas viejas y feas y,
empleando ciertas hierbas, les devuelven la vista, de modo que tornan a
ser felices.
538.- Lujuria.- El murciélago, desenfrenadamente lujurioso, no
observa en sus acoplamientos las diferencias de sexo.
539. Vanagloria.- Se ha escrito, a propósito del pavo real, que
supera en este vicio a todos los otros animales. Contempla constantemente
la belleza de su cola, desplegándola en forma de rueda y atrayendo a sí,
con su grito, la atención de las bestias circunstantes. Es éste, de todos
los vicios, el más difícil de vencer.
540.- Constancia.- El fénix representa la constancia. Previendo por
instinto su renovación, soporta con constancia el ardor de las llamas que
lo consumen; y luego, una vez más, renace.
541.- Inconstancia.- Puede figurarse en la golondrina, la cual está
siempre en movimiento, huyendo de la menor incomodidad.
542.- Fidelidad.- Las grullas son tan fieles y leales a su rey que de
noche, mientras duerme, algunas hacen la guardia alrededor del prado,
mirando desde lejos, y otras se quedan cerca del rey. Y cada una lleva una
piedra agarrada, en forma que, si fueran vencidas por el sueño, el ruido
de la piedra al caer, las despertaría. Otras, en fin, duermen juntas
alrededor del rey, turnándose cada noche, temerosas siempre de perderlo.

Descripciones
Representación del diluvio
543.- La densa lluvia había oscurecido el aire. Su trayecto oblicuo
se plegaba obedeciendo el curso transversal de los vientos, y formaba
ondas parecidas a las que forma el polvo agitado; con esta diferencia, sin
embargo, que tal inundación era atravesada por las líneas que las gotas de
agua figuran al caer. Por su color le venía del fuego generado por las
saetas que hendían las nubes desgarrándolas, y cuyos resplandores herían y
abrían los mares que llenaban los valles, y mostraban en las partes más
altas las copas dobladas de los árboles. Y se veía a Neptuno en medio de
las aguas alzando su tridente, y a Eolo arrastrando con sus vientos las
plantas que, desarraigadas y flotantes, se entreveraban con las ondas
inmensas.
544.- Toda la bóveda celeste y el horizonte que la limita, aparecían
borrascosos e incendiados por el continuo fulgor de los relámpagos.
Veíanse hombres y pájaros llenando los árboles más grandes, no cubiertos
aún por la invasión de las aguas y que formaban altas barreras en torno de
los profundos abismos.
545.- Se veía también el combate que los vientos de diversos rumbos
parecían librar por todas partes contra la atmósfera nebulosa y oscura,
envueltos en persistente lluvia de agua y granizo, y llevándose consigo
infinitos gajos y hojas de los árboles que su furor arrancaba de cuajo y
desgarraba. Y parecían las ruinas de los montes socavados por la corriente
de los ríos, derrumbándose sobre ellos y obstruyendo sus cauces; y, en
fin, se presenciaban los estragos que el desbordamiento de estos ríos
causaban en las tierras inundadas y sumergidas y en los pueblos que las
habitaban.
546.- Habríais podido contemplar todavía, en las cumbres de muchas
montañas, varias especies de animales que llenos de espanto se agrupaban y
buscaban, domesticados, la compañía de los fugitivos y de sus mujeres e
hijos. Las campiñas, cubiertas por el agua, mostraban mil objetos
flotantes: tablas, armazones de camas, barcas y otros objetos, sobre los
cuales vagaban mujeres, hombres, niños, obligados por la necesidad y el
temor de la muerte. Sus llantos y lamentaciones se mezclaban con el furor
del viento desencadenado y borrascoso, que revolvía hasta el fondo el agua
llena de cadáveres de ahogados. Toda cosa más liviana que el agua servía
de asilo a diversos animales, los cuales, reconciliados por el peligro
común, se asociaban en medrosas agrupaciones. Había entre ellos: lobos,
zorros, serpientes y toda suerte de bestias fugitivas de la muerte. Pero
las olas golpeaban los bordes de los sitios de refugio y arrojaban
diversos objetos flotantes, que causaban al fin la muerte de los que
habían escapado hasta entonces con vida.
547.- Los hombres defendían a mano armada sus pequeños refugios
contra los leones, lobos y otras fieras rapaces que buscaban allí su
salvación. ¡Cuántos espantosos rumores se oían a través del aire oscuro,
sacudido por rayos y truenos, destructores de cuanta cosa hallaban en su
camino! ¡Cuántos habríais visto taparse los oídos para esquivar los
inmensos estrépitos que causaban en el aire la furia de los vientos y la
lluvia y los truenos que sacudían el cielo, iluminado por los relámpagos!
548.- A otros, no bastándoles con cerrar los ojos, se los tapaban con
las manos puestas una sobre otra, para no ver el cruel destrozo causado
por la ira divina en la humana especie. ¡Cuántos lamentos desesperados
partían de entre los peñascos! El ímpetu de los huracanes lanzaba por los
aires grandes ramas de encinas cargadas de hombres.
549.- Muchas barcas que las olas habían volcado, unas enteras, otras
despedazadas, llevaban gente asida a sus maderos, la cual, en actitud y
con movimientos dolorosos, precursores de una muerte atroz, se afanaba en
salvarse de algún modo. Otros, movidos por la desesperación, se quitaban
la vida, abandonando la esperanza de poder soportar más tales dolores:
bien arrojándose de los altos peñascos, o estrangulándose con las propias
manos. Los había que mataban a sus propios hijos, sacudiéndoles
rápidamente el cuerpo entero contra las rocas; otros, que se herían o
mataban con sus propias armas; otros, en fin, se prosternaban
encomendándose a Dios. ¡Cuántas madres lloraban a sus hijos muertos
teniéndolos sobre sus rodillas, alzando al cielo los abiertos brazos y
maldiciendo, con alaridos en la voz, la cólera de los dioses; o se mordían
y ensangrentaban las manos entrelazadas, y doblaban el pecho sobre las
rodillas, vencidas por la angustia infinita, intolerable!
550.- Tropas de animales, como caballos, bueyes, cabras, ovejas,
rodeados por las aguas, quedaban aislados en las cumbres de los montes
elevados, y apretujados a tal extremo que los más próximos al centro del
montón se trepaban en alto y pisoteaban a los demás, causando entre sí
gran alboroto. Y muchos de ellos morían por falta de alimento.
551.- Los pájaros se posaban sobre los hombres y las bestias, por no
encontrar ya tierra descubierta no ocupada por los vivos. El hambre,
ministro de la muerte, había arrebatado la vida a gran parte de los
animales; y los cadáveres, alivianados, se elevaban del fondo de las aguas
profundas y surgían a la superficie. Bajo las olas entrechocadas,
sacudidas unas contra otras, como pelotas llenas de viento, que la
percusión vuelve a separar, estos cadáveres servían a los pájaros de
asiento. Y sobre todo este horror, flotaban en el aire oscuras nubes,
hendidas por el serpentear de furiosos rayos que iluminaban desde el
cielo, aquí y allá, la oscuridad de las tinieblas.
552.- El movimiento del aire se hace visible en el movimiento del
polvo que levanta el caballo en su carrera. Y este movimiento del polvo le
permite ir llenando -a medida que se producen- los espacios de aire, que
serían invisibles si él no los vistiera. El movimiento del polvo será,
pues, tanto más veloz cuanto más rápido sea el movimiento con que el
caballo deja tras de sí esos espacios de aire invisibles.
553.- Y quizá pienses poder reprocharme el haber figurado los trazos
que marca en el aire el movimiento del viento, teniendo en cuenta que el
viento es cosa invisible. A esto responderé que no es el movimiento del
viento, sino el de las cosas que el viento lleva en sí las que se ven en
el aire.
554.- Tinieblas, viento, borrascas, diluvio, selvas incendiadas,
lluvia, el rayo, los terremotos, desmoronamiento de montañas, arrasamiento
de ciudades.
555.- Vientos vertiginosos que levantan en el aire masas de agua,
gajos de árboles, cuerpos humanos.
556.- Ramas arrancadas por el viento y arrastrando en su carrera a
los hombres asidos de ellas.
557.- Árboles despedazados, cargados de gente.
558.- Naves hechas pedazos contra los escollos.
559.- Tropas de ganado azotadas por el granizo, los rayos y el viento
arremolinado.
560.- Gente que, trepada sobre un árbol, no logra sostenerse en
posición; plantas, peñascos, torres, cumbres llenas de gente; barcas,
tablas, artesas y otros objetos que pueden ayudar a nadar; alturas
cubiertas de hombres, mujeres y animales, y relámpagos que desde las nubes
iluminan todo.
561.- Figurar primero la cima de un monte empinado, con algunos
valles que circundan su base, y mostrar en sus laderas la corteza del
terreno levantado por raíces diminutas y pequeños troncos hasta dejar al
descubierto gran parte de los peñascos vecinos. Mostrar también un curso
de agua descendiendo a través de la tierra desmoronada, golpeando y
descalzando con la turbulencia de su curso las raíces retorcidas y
prominentes de las plantas, y tumbando aún los árboles más grandes. Y
hacer ver las montañas que, así desnudadas, descubren profundas grietas
causadas por antiguos terremotos. Y aparecerá en fin la base de estas
montañas rellena y vestida de fragmentos de los arbustos que han rodado
por las laderas de las tales montañas, mezclados con fango, raíces, gajos,
hojas, tierra y piedras.
562.- Desciendan luego las ruinas de algunas montañas hasta la
profundidad de algún valle, convirtiéndose en represa del agua desbordada
del río que por él corre, la cual represa se rompa, dejando pasar en olas
enormes el caudal del río, que irá a golpear y destruir los muros de las
ciudades y granjas del valle. Las ruinas de los altos edificios de tales
ciudades, levantarán gran polvareda, mientras el agua subirá en forma de
humo o de revueltos nubarrones, que chocarán contra la lluvia descendente.
563.- Pero este agua desbordada irá arremolinándose en el piélago que
la encierra, y con retrocesos vertiginosos, producidos al chocar contra
diversos objetos, saltará en fangosa espuma, volviendo a caer ruego y
proyectando en el aire el agua por ella golpeada. Y las ondas circulares
que huyen del punto en que chocaron, caminando oblicuamente sobre las
otras ondas circulares que vienen a su encuentro, surgen en alto sin
despegarse de sus bases.
564.- Y al salir del agua del mencionado piélago, las ondas se
expanden y extienden hacia la salida; al caer en el aire, el agua adquiere
ímpetu que la hace penetrar, mezclada con el aire, en el agua, abriéndola
hasta el fondo y reflejándose sobre éste; la espuma que se forma entonces
en la superficie, contiene fragmentos de maderaje y otros residuos más
ligeros que el agua, alrededor de los cuales se inicia la formación de
ondas cuyo circuito aumenta con su movimiento. La amplitud creciente del
circuito va acompañada de una disminución en la altura de las ondas, de
modo que éstas acaban por desaparecer a la vista. Pero si las ondas
tropiezan contra algún objeto, sufren un movimiento retrógrado,
describiendo, en torno del objeto, circuitos análogos a los recién
mencionados.
565.- La lluvia que se desprende de las nubes es del color de éstas,
es decir, de la parte sombría de las mismas, si los rayos del sol no la
han penetrado todavía. En caso contrario, la lluvia aparecería menos
oscura.
566.- Si las pesadas ruinas de las grandes montañas o de los altos
edificios chocan en su caída contra el vasto piélago de las aguas, gran
cantidad de agua rebotará en el aire, y será proyectada de modo que el
ángulo de reflexión sea igual al ángulo de incidencia.
567.- De las cosas arrastradas por la corriente, la más pesada o más
grande se alejará más de las riberas. Los remolinos del agua serán tanto
más rápidos cuanto más próximos a la línea media. La cima de las olas del
mar cae hacia adelante de la base de las mismas golpeando y rozando su
redondeada superficie. De ahí resulta la aglomeración de las menudas
partículas de agua desprendidas, que se convierten en espesa niebla, la
cual, bajo la acción de los vientos, es densa o ligera, a medida de la
densidad o ligereza de los vientos. Así se genera un velo transparente,
formado por la lluvia que cae y que se halla más vecina al ojo del
observador.
568.- La ola del mar, al golpear oblicuamente las laderas de las
montañas que con él confinan, se tornará espumosa y, en su movimiento de
retroceso, se encontrará con una segunda ola y, tras el choque estrepitoso
de una contra la otra, volverán, ambas unidas, al mar de donde proceden.
Gran multitud de hombres y animales se refugiarán, ante la inundación
creciente, en las cimas de las montañas vecinas.

Modo de representar una batalla
569.- Figurarás, primero, el humo de la artillería mezclado con el
polvo que levantan los caballos y los combatientes. Representarás esa
mezcla de polvo y humo del siguiente modo: el polvo, cosa terrestre y
pesada, aunque se eleve en el aire, gracias a su sutilidad, vuelve
fácilmente abajo y sólo llega a lo más alto su parte más sutil; esta parte
es, por consiguiente, lo que menos se ve, confundiéndose casi con el color
del aire. En cuanto al humo, que se mezcla con el aire cargado de polvo,
llegado a cierta altura, semejará oscura nube y será allí más visible que
el polvo.
570.- El humo tenderá a tomar un color algo azulado, mientras que el
polvo conservará el suyo propio. Del lado de donde viene la luz, esta
mezcolanza de aire, humo y polvo parecerá mucho más lúcida que de la parte
opuesta; los combatientes, cuanto más se internen dentro de esa turbia
atmósfera, tanto menos aparentes serán al observador, y menos sensible la
diferencia entre las partes oscuras y las iluminadas de los mismos.
571.- Darás un tinte rojizo a los rostros, a las personas, al aire, a
los fusileros, y a todo el ambiente; y ese tinte rojizo se irá perdiendo a
medida que de su origen se alejen las cosas. Las figuras situadas entre la
luz y tú, estando alejadas, aparecerán oscuras en un campo claro, y las
piernas de los personajes perderán visibilidad en las partes más próximas
al suelo, porque allí el polvo es más grueso y denso.
572.- Y cuando representes caballos que huyan corriendo del montón,
hazlos seguir de nubecillas de polvo, distantes una de otra tanto cuanto
puedan indicar el intervalo de los saltos de los caballos, y la nubecilla
más alejada del caballo, se verá menos, mostrándose alta, dispersa y
enrarecida; mientras la más próxima estará formada de un polvo más
aparente, condensado y espeso.
573.- El aire estará lleno de saetas de diversos tipos: las unas
seguirán una trayectoria ascendente, otras descenderán oblicuamente,
otras, en fin volarán en línea horizontal; y las balas de los fusiles irán
acompañadas por detrás de un poco de humo.
574.- Las figuras de primer plano tendrán cubiertos de polvo los
cabellos, las cejas y otras partes lisas aptas para retenerlo. Los
vencedores darán al viento sus cabelleras y las cosas flotantes de su
vestimenta; frunciendo el ceño, harán avanzar los miembros contrarios, es
decir, que si lanzan hacia adelante el pie derecho, el brazo izquierdo se
moverá también hacia adelante. Si quieres figurar cómo resbala y cae un
combatiente, harás ver en torno a él, la tierra semilíquida y las huellas
impresas por el pasaje de los hombres y caballos sobre el suelo convertido
en un sangriento charco.
575.- Representarás algún caballo arrastrando a su jinete muerto, y
dejando sobre el polvo y el fango la traza del cuerpo así arrastrado. Los
vencidos mostrarán su abatimiento en la palidez del rostro, en la
elevación del entrecejo y en los numerosos y doloridos pliegues de la
carne que les queda. Los costados de la nariz estarán surcados por arrugas
que, partiendo de sus ventanas, formarán arcos terminados cerca de los
ojos, y cuya causa está en el fruncimiento de las narinas. Los labios
enarcadas dejarán al descubierto los dientes superiores, los cuales
estarán separados de los inferiores, como para dar paso a un grito
quejumbroso. Una de las manos se colocará como un escudo delante de los
asustados ojos con la palma dirigida hacia el enemigo; la otra apoyada en
tierra para sostener el busto levantado. A otros los representarás
fugitivos, con la boca desmesuradamente abierta, lanzando gritos. Al pie
de los combatientes pondrás toda suerte de armas destrozadas: escudos,
lanzas, espadas y cosas semejantes. Mostrarás cadáveres cubiertos a medias
por el polvo, y el polvo mismo, mezclado con la sangre, convertido en rojo
fango; y pintarás la sangre con su color propio, brotando del cuerpo y
perdiéndose en tortuosos giros, mezclada con el polvo; y los hombres que,
apretando los dientes, revolviendo los ojos y retorciendo las piernas, se
golpeará la cara con los puños. Podrá verse también alguno, desarmado y
golpeado por el enemigo, volverse contra él y, con arañazos y mordiscos,
tomar dura y cruel venganza. Podrá verse algún caballo correr rápidamente
con las crines tendidas al viento, por entre los enemigos, causándoles
gran daño. Algún herido se verá, en fin, postrado en tierra, cubriéndose
con su escudo, y el enemigo, inclinado frente a él, esforzarse en
rematarlo.
576.- Podrán asimismo verse muchos hombres, tumbados juntos, sobre un
caballo muerto; algunos de los vencedores abandonar el combate y retirarse
a la multitud, limpiándose con ambas manos los ojos y las mejillas,
embadurnadas del fango hecho de lágrimas y polvo; escuadrones de reserva,
esperanzados y temerosos a la vez, con las manos sobre las erizadas cejas,
atentos al mandato del jefe; y éste con el bastón en alto corriendo hacia
ellos para mostrarla el lugar donde es necesaria su presencia; y caballos
a la carrera dentro de un río cuyas aguas enturbian y cubren de espuma,
haciéndolas saltar entre sus patas y sobre sus cuerpos. Y que no haya más
superficies lisas que las de la sangre que llena las pisadas.

Cómo se debe representar una tempestad
577.- Si quieres representar bien una tempestad, examina atentamente
sus efectos cuando el viento, soplando sobre la superficie del mar y de la
tierra, arranca y se lleva consigo todo lo que no puede resistir a su
corriente avasalladora.
578.- Para lograr con exactitud esa representación, empezarás por
figurar las nubes, rotas y destrozadas, siguiendo la dirección del viento,
y acompañadas del polvo arenoso procedente de las playas marinas.
Mostrarás también remos y hojas arrastrados por la furiosa potencia del
viento y esparcidos por el aire, junto con mil otras cosas ligeras. Los
árboles y las hierbas, doblados hacia el suelo, parecerán como dispuestos
a seguir el curso de los vientos; sus ramos, torcidos y desviados de su
actitud natural, harán ver sus hojas en desordenada agitación. Los hombres
que allí se encuentren estarán desfigurados por el polvo y rodando
algunos, por tierra, enredados en sus vestimentas. Otros se mantendrán en
pie abrazados a un árbol para evitar que el viento los arrastre. Otros,
con las manos sobre los ojos, para defenderlos contra el polvo, estarán
inclinados hacia el suelo y con sus cabellos y sus ropas impulsadas en la
dirección del viento. El mar, turbulento y tempestuoso, lleno de remolinos
y de espuma que cubrirá los intervalos entre sus empinadas olas, dejará al
viento levantar en el aire agitado otra espuma más sutil, a semejanza de
niebla espesa y cerrada. A los navíos que allí se encuentren los figurarás
con las velas rotas en jirones, sacudidas por el viento, junto con trozos
de cuerdas desprendidas; otros, cubiertos de mástiles despedazados por las
olas furiosas. Algunos hombres, agarrados a los restos del naufragio,
lanzarán grandes gritos. Figurarás las nubes llevadas por el viento
impetuoso a las altas cumbres de los montes, y formando a su alrededor
remolinos semejantes a los de las olas al chocar con un peñasco. Y el aire
aparecerá espantosamente oscuro, a causa del polvo, la niebla y las nubes
tenebrosas.

Manera de representar la noche
579.- Una cosa enteramente privada de luz es toda tinieblas. Estando
la noche en tales condiciones, si quieres figurar en ella una escena,
dispondrás un gran fuego que teñirá de su color los objetos,
principalmente los que estén más cerca de él; porque una cosa participa
tanto más de la naturaleza de otra cuanto más próxima se halla de esta
otra. Y si das al fuego un color rojo, rojas también deberás hacer todas
las cosas iluminadas por él; mientras que las más alejadas de él deberán
en mayor grado teñirse del color negro de la noche. Las figuras que estén
situadas entre el fuego y tú deberán aparecer oscuras en la oscuridad de
la noche, y no claras como el fuego; las que se encuentren a los lados
serán medio oscuras y medio rojizas; y, en fin, las que puedan verse más
allá de los confines de las llamas, aparecerán completamente iluminadas de
luz rojiza en campo negro.
580.- En cuanto a las actitudes representarás a los personajes que se
hallan cerca del fuego como resguardándose con las manos o con un manto
del excesivo calor; y, volviendo el rostro al lado opuesto, mostrarás a
los más alejados en el acto de huir; y mostrarás a la mayoría de ellos
defendiéndose con las manos los ojos ofendidos por el vivo resplandor.

Paisajes
581.- (I). Un efecto de nubes sobre el Lago Mayor. He visto ya tales
condensaciones de nubes en la atmósfera; y sobre Milán, cerca del Lago
Mayor, he visto una nube en forma de grandísima montaña, llena de peñascos
incendiados, porque el sol, que ya tocaba el horizonte, la teñía de su
color rojizo. Y esta nube atraía a sí todas las nubecillas que la
rodeaban; y la nube grande no se movía de su lugar; antes bien, conservó
en su cumbre la luz del sol hasta una hora y media después de anochecer,
¡tan inmensa era! Y hacia las dos horas de la noche se levantaron grandes
vientos de una fuerza estupenda e inaudita.
582.- (II). Variadas coloraciones del mar. El mar undoso no tiene un
color único. Para quien lo ve de tierra firme es de un color oscuro, y
tanto más oscuro cuanto más vecino al horizonte, observándose en él
algunas manchas claras o lustrosas que se mueven con lentitud como blancas
ovejas en medio de una tropa de ganado. Para quien lo ve desde alta mar,
parece azul; y esto viene de que, desde la tierra, sus ondas reflejan la
oscuridad de la tierra, mientras que, observado de alta mar, se ve el aire
azul reflejado como en un espejo sobre la superficie de sus olas.
583.- (III). La isla de Chipre. De las costas meridionales de la
Cilicia se ve, hacia el sur, la bella isla de Chipre, que fue el reino de
la diosa Venus. Muchos, atraídos por su belleza, han destrozado los cascos
y obenques de sus naves contra los escollos que la rodean y en medio de
las olas vertiginosas. La hermosura del suave collado invita a los
navegantes vagabundos a recrearse entre sus floridas verduras que,
agitadas por los vientos juguetones, llenan de suaves olores la isla y el
mar que la circunda… ¡Oh, cuántos barcos naufragados en sus costas!,
¡cuántos despedazados en sus escollos! Aquí podrían verse innumerables
navíos deshechos y medio cubiertos de arena, unos mostrando sólo la popa
fuera del agua, otros la proa, o la carena, o las cuadernas: espectáculo
que hace soñar con un juicio final de buques muertos, prontos a resucitar.
¡Tan grande en la multitud de los que cubren toda la ribera septentrional!
Aquí los aquilones resuenan con varios horribles estruendos.
584.- (IV). Una ascensión al Monte-Rosa. Afirmo que el azul que el
aire muestra no es su color propio, sino que es causado por la humedad
caliente, evaporada en diminutos átomos insensibles, la cual absorbe los
rayos solares que la hieren y se hace luminosa bajo la oscuridad de las
inmensas tinieblas de la región del fuego que la recubren.
585.- Y esto verá, como lo vi yo, el que suba al Monteroso
(Monte-Rosa), cima de los Alpes que divide Francia de Italia. Esta montaña
da nacimiento en su base a cuatro ríos, que riegan en cuatro direcciones
contrarias toda la Europa; y ninguna montaña tiene su base a tanta altura.
586.- Su altura es tal, en efecto, que casi está por encima de todas
las nubes; y rara vez nieva sobre ella, sino únicamente granizo de verano,
cuando las nubes ascienden a mayor altura; y este granizo se conserva de
modo que, si no fuera porque rara vez cae y rara vez suben tan alto las
nubes (cosa que solamente ocurre un par de veces por generación), el hielo
formado por capas sucesivas de granizo alcanzaría grandísima altura. Ellas
aparecen más espesas a mediados de julio. Pude observar sobre mí la
oscuridad tenebrosa del aire, y comprobar que el sol hería aquí, más
luminoso, la montaña, que en las bajas llanuras; porque se interponía
menos aire entre la cima de la montaña y el sol mismo.
587.- (V).- La vegetación sobre una colina. Sus hierbas y plantas
serán de color tanto más pálido cuanto más árido y escaso, de humor sea el
terreno que las nutre; y el terreno es más árido y pobre sobre las piedras
de que se componen los montes. Los árboles serán tanto más pequeños y
delgados cuanto más próximos estén a las cumbres de los montes, pues el
terreno es tanto más estéril cuanto más vecino a dichas cumbres, y tanto
más rico en humores cuanto más se acerca a la concavidad de los valles.
588.- Mostrarás, por consiguiente, ¡oh, pintor!, en lo alto de los
montes, las piedras de que están constituidos, desprovistas de tierra en
su mayor parte; y las hierbas que allí nacen, pequeñas, delgadas, pálidas
y secas por falta de savia; y dejarás entrever el arenoso y magro terruño
por entre las pálidas hierbas, y las menudas plantas, fatigadas,
envejecidas, de ínfimo tamaño, con cortas y espesas ramificaciones y pocas
hojas, descubriendo en gran parte las raíces áridas y carcomidas,
agarradas a las lajas y grietas de las rugosas peñas, así como los troncos
mutilados por los hombres y los vientos. Aparezcan también por doquiera,
superando montes y collados, peñascos vestidos de sutil y pálido musgo, y
sólo en partes luciendo su verdadero color, que el rayo puso de
manifiesto, hiriéndolos para vengarse del obstáculo opuesto por ellos a su
trayectoria.
589.- Y a medida que desciendas hacia la base de los montes, las
plantas serán más vigorosas y mejor provistas de ramos y hojas, y su
verdor diferirá de una a otra de las especies que forman la selva; siendo
además diversa de una a otra especie, la ramificación, tanto en la
ordenación de los ramos como en su frondosidad. Las hojas estarán a
diferentes alturas y afectarán contornos diferentes; ciertos árboles
tendrán ramos rectos, como el ciprés; otros ramos esparcidos y dilatados,
como el castaño, la encina y sus semejantes. Algunos tienen pequeñísimas
sus hojas; o escasas, como el enebro y el plátano. En fin, hay plantas que
nacen separadas unas de otras; pero las hay también que crecen unidas, sin
espacios intermedios.

Figuras alegóricas
590.- El colérico.- A la figura airada, la harás cogiendo a un hombre
por los cabellos, obligándolo a volver la cabeza hacia el suelo y
apoyándole una rodilla al costado. Elevará un puño en alto, tendrá los
cabellos echados para arriba, las cejas bajas y fruncidas, los dientes
apretados y las proximidades de cada extremo de la boca arqueados. El
cuello será grueso y lleno de arrugas por delante, debidas a la postura
inclinada sobre el enemigo.
591.- El desesperado.- Le representarás hiriéndose con un cuchillo, y
mostrando haberse desgarrado las ropas con las manos. Sus pies estarán
separados, sus piernas un poco dobladas, toda su persona inclinada a
tierra y arrancándose y dispersando sus cabellos.
592.- La envidia.- La envidia ofende con ficciones de infamia, es
decir con palabras calumniosas que atemorizan la virtud.
593.- Se la representa con las manos insultando al cielo, porque, si
pudiera, emplearía sus fuerzas contra Dios. Lleva una bella máscara
mentirosa. Golpean sus ojos la palma y el olivo; su oído, el lauro y el
mirto, significando así que la victoria y la verdad la ofenden. De ella
brotarán humaredas que figuran la maledicencia. Hazla flaca y seca, porque
un afán perpetuo la consume. Una hinchada serpiente le roerá el corazón.
Darasle un carcaj lleno de flechas en forma de lenguas, porque
frecuentemente ofende con su lengua. Vistela de una piel de leopardo,
porque este animal envidia al león y lo mata alevosamente. Que lleve en la
mano un vaso lleno de flores, y pon entre ellas escorpiones, sapos y otras
bestias venenosas. Que vaya cabalgando a la Muerte, porque la Envidia
nunca muere ni se cansa de dominar. Su brida irá cargada de diversas
armas, todas instrumentos de la muerte.
594.- Apenas nace la virtud, cuando ya genera contra sí la Envidia,
pues antes verás un cuerpo sin sombra que la virtud sin la Envidia.

Fábulas
595.- La mujer y la candela.- Las llamas duraban ya desde hacía un
mes en el horno del vidriero, cuando vieron acercárseles una candela en un
bello y lustroso candelero; se esforzaban, llenas de un gran deseo, en
alcanzarla. Una de ellas, separándose de su curso natural, y pasando a
través de un tizón hueco, del que se alimentaba, y escapándose por una
pequeña hendidura del lado opuesto, se arrojó con suma gula y crueldad
sobre la candela que le estaba próxima, y la devoró hasta consumirla casi
enteramente; queriendo luego prolongar su propia vida, intentó en vano
volver al horno de donde había partido, pero no pudo evitar morir y
extinguirse junto con la candela. Así, finalmente, con llantos y
arrepentimientos, se convirtió en humo detestable, mientras sus hermanas
seguían gozando de larga vida y espléndida belleza.
596.- Falso esplendor.- No contenta la vanidosa y vagabunda mariposa
de luz con poder volar cómodamente en el aire, y conquistada por la
seductora llama de una vela, resolvió dirigir a ella su vuelo; pero su
alegre carrera terminó en súbito dolor. La lumbre consumió, en efecto, sus
alas sutiles, y el mísero insecto cayó todo quemado al pie del candelero.
Tras muchas lágrimas de arrepentimiento, se enjugó los húmedos ojos, y
levantándolos al cielo dijo así: ¡Oh, mentirosa luz!, ¡a cuántos como yo
debes tú en pasados tiempos haber tristemente engañado! Si quería ver la
luz, ¿no debí acaso distinguir la verdadera, que nos viene del Sol, de la
falsa, que se alimenta de vil sebo?
597.- La llama y la marmita.- Un resto de fuego que en un pequeño
trozo de carbón había quedado entre las tibias cenizas, se nutría escasa y
pobremente del poco alimento que conservaba todavía. Sobrevino entonces la
criada de cocina, para preparar la comida ordinaria; colocó algunos leños
sobre el hogar, reavivando en él con una pajuela el ya casi extinguido
fuego; agregó sobre la llama otros leños, puso la marmita sobre ellos, y
sin ninguna preocupación más se alejó tranquila.
598.- Y ocurrió entonces que el fuego, invadiendo los secos leños
puestos sobre él, comenzó a elevarse, desalojando el aire de los
intervalos que los separaban y deslizándose por éstos con alegres y
juguetones movimientos.
599.- Habiendo así convertido los intersticios por donde introducía
su aliento en alegres ventanas para su uso, iluminaba, con el brillo de
las rutilantes chispas que iluminaba, con el brillo de las rutilantes
chispas que despedía el espacio de la cerrada cocina, disipando la
oscuridad que la entenebrecía. Las llamas, desbordando al fin, se
mezclaban con el aire circundante y mostraban su regocijo cantando con
dulces murmullos de suaves sonidos…
600.- El fuego, contento de encontrar leños en el hogar, se acercó a
ellos y dio en divertirse, tejiéndoles un velo de pequeñas llamas por
entre los huecos que dejaban. Y así, gozoso y festivo, aparecía aquí y
allá, siguiendo su camino por las alegres ventanas que él mismo se abría.
601.- Cuando se vio ya muy crecido y grande sobre los leños del
hogar, empezó a hincharse, transformando su ánimo tranquilo y manso en
soberbia inaguantable, como jactándose de atraer todo el elemento del
fuego sobre aquellos pocos leños.
602.- Y resoplando y llenando de estampidos y centellas el hogar, las
llamas agrandadas se elevaban unidas hacia el aire… Cuando las llamas
más altas fueron a pegar contra el fondo de la marmita colocada sobre
ellas…
603.- Quien se humilla será exaltado.- Colgada en la cumbre de un
peñasco situado sobre la altura extrema de una altísima montaña, se
hallaba un puñado de nieve que, recogiéndose en sí misma, empezó a
trabajar con su imaginación y a decirse para sus adentros:
604.- ¿No me juzgarán acaso jactanciosa y soberbia al verme colocada,
pequeña partícula de nieve, en tan elevado sitio, y permitiendo que tanta
cantidad de nieve cuanta pueda ver desde aquí, ocupe un lugar inferior al
mío? Mi pequeñez no merece a la verdad una posición tan elevada, y bien
podría sucederme, en prueba de mi insignificancia, lo que ayer aconteció a
mis compañeras, las cuales fueron en pocas horas consumidas por el sol; y
de ello fue causa el haber usurpado un puesto más alto que el que les
correspondía. Yo quiero huir de la cólera del Sol y descender hasta un
lugar apropiado a mi mezquindad. Y, arrojándose abajo, fuese rodando por
sobre las otras nieves. Pero a medida que bajaba su tamaño crecía en
proporción, de manera que, al terminar su curso sobre un cerro, se mostró
casi tan grande como él. Y ella fue la última que el sol derritió en aquel
verano. Decimos esto a propósito de los humildes, que son exaltados.
605.- La navaja de afeitar.- Saliéndose un día la hoja de afeitar de
su mango, que le sirve también de estuche, y habiéndose expuesto al sol,
lo vio reflejado en su cuerpo, de lo que se envaneció grandemente y
volviendo atrás su pensamiento, exclamó:
606.- ¿Volveré jamás a la tienda de donde acabo de salir? No, a buen
seguro. ¡Dios no permita que tan espléndida belleza caiga en tan vil
tentación! ¡Qué locura sería la de ir a rapar las enjabonadas barbas de
rústicos aldeanos y ocuparme de mecánicos trabajos! ¿Convienen a este
cuerpo semejantes ejercicios? Ciertamente, no. Prefiero esconderme en
algún lugar secreto y pasar allí una vida de tranquilo reposo. Y en
efecto, pasó unos cuantos meses oculta; pero vuelta al aire libre, al
salir de su mango, se vio convertida en algo semejante a una herrumbrosa
sierra, e incapaz ya de reflejar en su superficie al sol resplandeciente.
Con inútil arrepentimiento lamentó en vano el daño irreparable, diciendo
para sí: ¡Oh, cuánto mejor fuera ejercitar en manos del barbero, mi tan
agudo filo, ahora perdido! ¿Dónde está mi lustrosa apariencia? ¡La odiosa
y fea herrumbre la ha destruido! Tal cosa ocurre a los ingenios que, en
vez de ejercitarse, se entregan al ocio. Ellos, a semejanza de nuestra
navaja, pierden su aguda sutileza, de manera que la herrumbre de la
ignorancia los deforma.
607.- La agitación.- El torrente arrastró tanta tierra y tantas
piedras en su lecho que tuvo que cambiar su curso.
608.- El papel y la tinta.- Viéndose el papel todo manchado de la
negrura de la tinta, se lo reprocha; pero ella le demuestra que las
palabras escritas sobre él serán motivo de su perduración.
609.- La piedra.- Una piedra de buen tamaño, cubierta por el agua
hasta hacía poco, se mostraba sobre un lugar elevado, en el límite de un
bosquecillo deleitoso y junto a un áspero camino. Rodeábanla hierbas y
diversas flores de bellos colores, pero al ver las muchas piedras que
debajo de ella estaban desparramadas en el camino, entrole el deseo de
dejarse caer sobre ellas, diciéndose a sí misma: -¿Qué hago yo aquí con
estas hierbas? Es en compañía de estas hermanas mías donde deseo
instalarme.
Y, dejándose caer en efecto, fue a terminar en medio de ellas su
caprichosa trayectoria. Pasado algún tiempo, las ruedas de los carros, los
pies de los viandantes, las patas herradas de los caballos, empezaron a
darle continuo trabajo, y revolcada en el fango y pisoteada, cubierta de
estiércol, dirigía vanamente su mirada hacia el lugar de solitaria y
tranquila paz que había abandonado.
610.- Así acontece a los que, alejándose de la vida solitaria y
contemplativa, vienen a vivir en las ciudades y entre gentes llenas de
infinitos vicios.
611.- El agua.- Encontrándose el agua en el soberbio mar, que es su
elemento, le vino el deseo de subir sobre el aire, y ayudada por el fuego
elemental, elevándose en sutil vapor, parecía casi tan ligera como el aire
mismo. Subiendo en alto, llegó adonde la atmósfera es menos densa y más
fría, y allí fue abandonada del fuego; y las pequeñas partículas
condensándose y uniéndose, se hicieron pesadas. Su descenso, convirtió la
soberbia en fuga.
612.- Cayó, pues, del cielo y fue bebida por la seca tierra, en la
cual por mucho tiempo encarcelada hizo penitencia de su pecado.
613.- El castaño y la higuera.- Viendo el castaño a un hombre que,
trepado sobre una higuera, doblaba sus ramas hacia sí y de ellas arrancaba
los maduros frutos que iba metiendo en la abierta boca para romperlos y
dilacerarlos con los duros dientes, empezó a sacudir sus largas ramas y a
decir: -¡Oh, higuera, cuánto menos que yo debes tú a la naturaleza!
Observa cómo dispuso ella, para mejor guardar a mis dulces hijos,
vestirlos primero de una delgada camisa y envolverlos luego en una piel
espesa y resistente; y todavía, no satisfecha de tanto favorecerme, les
construyó una sólida habitación, defendida por espinas abundantes y
agudas, a fin de que las manos del hombre no puedan dañarla. La higuera
entonces echose a reír junto con sus hijos, y cuando hubo concluido de
reírse, le contestó así: -Tú ignoras que el hombre se ingenia, con
pértigas, piedras y sarmientos, para hacerte bajar las ramas y privarlas
de sus frutos, los cuales, caídos al suelo y golpeados con los pies o con
piedras, salen estropeados y maltrechos fuera de la fortificada casa. A
mí, entretanto, los hombres me tratan con manos cuidadosas y no -como a
ti-, con palos y guijarros.
614.- Las malas compañías.- La viña envejecida sobre el viejo árbol,
arrastrada por su triste compañero, compartió su ruina.
615.- El sauce que, gracias a sus largas ramas, pretende superar a
los demás árboles, por haber trabado compañía con la vid, podada todos los
años, era estropeado siempre al mismo tiempo que ella.
616.- El ligustro y el mirlo.- El ligustro sentía en sus delgadas
ramas, cargadas de frutos nuevos, las heridas que le causaba con sus
garras y su pico un importuno mirlo; y lo acusaba con dolientes quejas,
pidiéndole que, ya que le robaba sus delicados frutos, le dejase al menos
las hojas que lo defendían del quemante sol, y no lo descortezase,
desnudándolo con sus agudas uñas, de su tierna piel. A ello contestó el
mirlo con grosera aspereza: -¡Calla, vil arbusto! ¿Ignoras que la
naturaleza te manda estos frutos para mi nutrimiento? ¿No sabes que si
estás en el mundo es para alimentarme? ¿No prevés, villano, que en el
próximo invierno harán fuego con tu leña?
Palabras todas éstas que fueron pacientemente escuchadas por la
planta, aunque no sin lágrimas. Poco tiempo después, el mirlo fue cogido
en una red y los cazadores cortaron algunas ramas para construir una jaula
donde encarcelarlo, siendo casualmente elegidas para formar el enrejado de
la jaula algunas flexibles varas del ligustro. Cuando éstas observaron que
eran causa de la pérdida de libertad del mirlo, festejaron el caso,
dirigiéndole estas palabras: -¡Oh mirlo! ¡Aquí estamos, no consumidas aún
por el fuego, a pesar de tus pronósticos: te vemos a ti preso antes que tú
nos veas quemadas!
617.- La nuez y el campanario.- Sucedió que la nuez era llevada por
una corneja a lo alto de un campanario. Dejola caer el pájaro en una
grieta del muro, y así la nuez se vio librada del mortal pico de la
corneja. Suplicó entonces al muro que la socorriera, por la gracia que
Dios le había concedido de ser tan eminente y ornado de bellas campanas de
tan venerable sonido; y que no la abandonase en la desdicha que le había
impedido caer bajo las verdes ramas de su viejo padre y sobre la blanda
tierra cubierta de hojas caídas, realizando así el voto que había hecho
mientras se hallaba en el fiero pico de la fiera corneja, de acabar su
vida, si escapaba de este peligro, en cualquier modesto rinconcito. Movido
a compasión, consintió el muro en hospedarla en el lugar donde ella había
caído. Al poco tiempo, empezó la nuez a abrirse y echar raíces por entre
las fisuras de las piedras y ramas fuera de su cueva, hasta que estas
ramas se elevaron por encima del edificio y aquellas raíces, cada vez más
gruesas y retorcidas, abrieron los antiguos muros y sacaron las piedras de
sus viejos sitios. Tarde y en vano deploró entonces el campanario la razón
de su desgracia, cuando vio en poco tiempo arruinados sus muros.
618.- El sauce y la calabaza.- El mísero sauce, encontrándose con que
no podía gozar del placer de ver sus flexibles ramas tornarse tan gruesas
como deseaba, o erguirse en alto, por impedírselo la vecindad de una vid o
de alguna otra planta, por cuya culpa crecía sin ramas, estropeado y
maltrecho, concentró en sí mismo todas las fuerzas de su espíritu y con
ellas, abriendo de par en par las puertas de la imaginación, empezó en
medio de continuas reflexiones, a buscar entre todas las plantas
existentes, con cuál podría aliarse, que no necesitara de la ayuda de sus
ramas. Y tras un rato de nutrida imaginación (notrida imaginazione), la
idea de la calabaza asaltó súbitamente su pensamiento y le hizo sacudir
con alegría todas sus ramas, por parecerle que había encontrado la
compañía más conveniente a su propósito; ya que, en efecto, la calabaza es
más apta a enlazar otras plantas que a ser por ellas enlazada. Y, tomada
ya su decisión, extendió al cielo sus ramas, a la espera de algún pájaro
amigo que le sirviera de intermediario para la realización de su deseo. Y
como viera allí cerca una urraca, dirigiole estas palabras: -¡Oh, gentil
pájaro, yo te ruego, en retribución del socorro de cierta mañana, pocos
días ha, te prestaron mis ramas cuando un hambriento halcón, cruel y
rapaz, iba a devorarte, y por los momentos de reposo que sobre mí
encontraste muchas veces, cuando tus alas lo pedían, y por tantos placeres
como has gozado a mi abrigo mientras jugueteabas enamorado junto con tus
compañeras: por todo eso te ruego que vayas adonde está la calabaza y le
pidas unas pocas semillas, diciéndole que, una vez germinadas, yo las
trataré tal como, si de mi propio cuerpo las hubiese generado; y emplea
así todas aquellas palabras que la persuadan de cuál es mi intención,
aunque a ti, maestra en el arte de hablar, no hay necesidad de
aleccionarte. Y si haces esto, recibiré tu nido sobre el codo de mis
ramas, en compañía de tu familia, sin que me pagues alquiler.
La urraca, después de convenidas con el sauce y ratificadas las
capitulaciones, entre las cuales figuraba en primer término el compromiso
de no aceptar como inquilinos ni serpientes ni garduñas, levantó la cola,
bajó la cabeza y confió a sus alas el peso de su cuerpo. Y agitándolas por
el aire fugitivo y dirigiendo curiosamente su vuelo aquí y allá con ayuda
del timón de su cola, se acercó a una calabaza, la saludó amablemente con
algunas buenas palabras, le pidió las deseadas semillas, las cuales
entregó al sauce -que las recibió con alegre semblante-, y las plantó en
la tierra en tomo del tronco, previamente removida con su pico. Las
semillas brotaron al poco tiempo, y se desarrollaron formando un ramaje
que cubrió el sauce y le quitó, con sus grandes hojas, la belleza del sol
y del cielo. Y como si no bastara con tanto perjuicio, las calabazas que
nacieron luego, empezaron a doblar con su excesivo peso las delgadas ramas
de sus extremos, causándoles grandes incomodidades y dolores. El sauce
agitábase y se sacudía inútilmente para arrojar lejos de sí las calabazas;
pero los días pasaban en vanos y engañosos esfuerzos, pues la trama sólida
y resistente, malograba sus intentos. Sintiendo pasar el viento, le pidió
que soplara con violencia y el viento accedió a su deseo. Se abrió
entonces hasta la raíz el viejo y hueco tronco en dos partes, las cuales
se derrumbaron, con gran dolor del sauce, que hubo de reconocer que su
destino lo condenaba a no ser feliz jamás.
619.- El perro y la pulga.- Un perro dormía sobre la piel de un
cordero capón, cuando una de sus pulgas, sintiendo el olor de lana
grasienta, juzgó que allí encontraría mejor vida y más abrigo de los
dientes y las uñas del perro de cuya sangre se nutría; y sin pensarlo más
abandonó al perro y se introdujo en la espesa lana. Quiso, primero, con
sumo trabajo, llegar hasta las raíces de los pelos; pero, tras mucho
sudar, vio lo inútil de su empresa, porque estos pelos estaban tan
apretados que casi se tocaban, y no había sitio entre ellos para atacar la
piel. Después de mucho trabajo y fatiga, resolvió finalmente volver a su
perro, y como éste se había ido entretanto, la pulga, quejosa y
arrepentida, acabó por morirse de hambre.
620.- El mono y el pajarillo.- Encontró el mono un nido de pequeños
pájaros y, muy contento, se arrojó sobre ellos, pero como ellos sabían ya
volar, sólo consiguió apresar uno. Lleno de alegría, volvió con él en mano
a su albergue y empezó a contemplarlo y a besarlo con entrañable amor; y
tanto al fin lo besó, acarició y apretó, que acabó por sofocarlo. Decimos
esto por aquellos cuyos hijos se pierden por no haber sido castigados a
tiempo.
621.- El ratón, la comadreja y el gato.- Estando el ratón asediado en
su pequeño albergue por una comadreja que esperaba, vigilante, el momento
de matarlo, veía, a través de una estrecha rendija, a su peligroso
enemigo. Entretanto, llegó el gato, cogió a la comadreja y la devoró
enseguida. El ratón entonces, después de sacrificar unas cuantas nueces a
Júpiter, le dio las gracias efusivamente, pero habiendo salido de su cueva
para gozar de la libertad que había perdido, las feroces uñas y los
dientes del gato le privaron luego no sólo de la libertad, sino también de
la vida.
622.- La araña y el racimo de uvas.- Una araña metida entre las uvas,
cogía las moscas que de esas uvas se alimentaban: vino la vendimia y fue
machacada junto con las uvas.
623.- La misma araña, habiendo hallado un racimo de uvas, que por ser
muy dulce eran visitadas por muchas abejas y diversas clases de moscas,
creyó ser éste un sitio muy a propósito para sus emboscadas. Bajó, pues, a
lo largo de su hilo sutil, hasta su nuevo puesto; y allí, por entre los
intersticios de los granos de los racimos, asaltaba como un ladrón a los
pobres animales, que no sospechaban su presencia. Pero pasados pocos días,
los vendimiadores arrancaron el racimo y, junto con otros y con la misma
araña, lo majaron. Y así el racimo fue lazo y engaño de la engañadora
araña, como de las engañadas moscas.
624.- La ostra, el ratón y el gato.- La ostra que, junto con unos
peces, había sido descargada cerca de la casa del pescador, próxima al
mar, pidió al ratón que la condujese al mar. El ratón, con la intención de
comerla, hace que se abra y la muerde. Pero ella la aprieta la cabeza y lo
mantiene inmóvil: el gato sobreviene y lo mata.
625.- El halcón y el pato.- El halcón, no pudiendo soportar con
paciencia que el pato huyese de él, escondiéndose bajo el agua, quiso,
imitándolo, perseguirlo también bajo el agua; pero humedecidas sus plumas,
no pudo remontar el vuelo y pereció ahogado, mientras el pato,
remontándose en el aire, se burlaba de él.
626.- La ostra y el cangrejo.- En la época del plenilunio, la ostra
se abre cuanto puede; el cangrejo, introduciéndose entonces un guijarro o
una astilla, que le impide cerrarse, la devora. Tal ocurre a quien abre la
boca y dice su secreto para provecho del malintencionado auditorio.
627.- Los tordos y la lechuza.- Los tordos vieron con mucha alegría
que un hombre se apoderaba de una lechuza y la privaba de su libertad,
ligándole las patas con fuertes lazos; la cual lechuza, con ayuda del
visco, fue causa de que los tordos perdieran no sólo su libertad, sino
también su propia vida. Dicho para aquellos pueblos que se regocijan
viendo a sus gobernantes sin libertad, con lo que ellos mismos pierden
todo socorro y caen presa del enemigo, que les arrebatará entonces muchas
veces, además de la libertad, la vida misma.
628.- La araña.- La araña, queriendo envolver a la mosca en sus redes
traidoras, pereció cruelmente entre ellas, muerta por el zángano.
629.- El cangrejo.- El cangrejo se mantenía oculto bajo una piedra y
cogía los peces que penetraban en su escondrijo. Sobrevino una crecida,
con su devastador arrastre de piedras, las cuales, rodando sobre el
cangrejo, lo despachurraron.
630.- El olmo y la higuera.- Observando una higuera las ramas
estériles de un olmo, su vecino, las cuales osaba robar el sol a sus
frutas, verdes todavía, díjole en son de reproche: -¿No te avergüenzas,
olmo, de estar delante de mí? Pero aguarda a que mis hijos lleguen a su
edad madura, y verás luego cuál será tu suerte.
Y sucedió que, pasando algún tiempo después un escuadrón de soldados
por aquel paraje, la emprendieron a golpes con la higuera para quitarle
sus ya maduros frutos. Y el olmo, viéndola toda estropeada, lacerada y con
sus ramas rotas, le preguntó:
-¡Oh, higuera!, ¿no hubiera sido para ti mejor estar sin hijos, que
venir a tan mísera situación a causa de ellos?
631.- Las plantas y el peral.- Viendo cómo tajaban un peral, el
laurel y el mirto, gritaron con altas voces:
-¡Oh, peral! ¿Adónde vas? ¿Dónde está la altanería que mostrabas
cuando te veías cargado de maduros frutos? ¡Ya no podrás hacernos sombra
con tu frondosa copa!
El peral respondió entonces:
-Yo iré con el labriego que me corta, y que me llevará al taller de
un óptimo escultor, el cual me dará artísticamente la forma del dios
Júpiter; y seré consagrado en el templo y adorado como el mismo Júpiter,
mientras vosotros, estropeados y despojados de vuestras ramas, me
serviréis de ornato, puesto en torno mío por los hombres para honrarme.
632.- El asno sobre el hielo.- Habiéndose dormido el asno sobre el
hielo de un profundo lago, su calor derritió el hielo, y el asno, para su
daño, hundiéndose en el agua, se ahogó apenas despierto.
633.- La hormiga y el grano de mijo.- La hormiga encontró un grano de
mijo, que sintiéndose ya en su poder, le gritó:
-Si tienes a bien dejarme gozar el placer de reproducirme, yo te
devolveré ciento por uno.
Y así fue hecho.
634.- Leyenda del vino y de Mahoma.- Hallándose el vino, ese sublime
licor extraído de la uva, en una rica taza de oro, ensoberbecido por tanto
honor, se sintió de pronto asaltado por un pensamiento contrario, y se
dijo a sí mismo:
-¿Qué hago, pues? ¿Por qué estoy tan alegre? ¿No advierto que estoy a
punto de morir, dejando la habitación que me brinda esta áurea taza, para
entrar en las torpes y fétidas cavernas del cuerpo humano y transformarme,
de odorífero y suave licor, en fea y sucia orina? Y como si eso no
bastara, tendré todavía que permanecer largo tiempo en inmundo
receptáculos, con la maloliente y corrompida materia que expelen las
entrañas.
Y gritó al cielo reclamándole venganza contra su adverso destino y
pidiéndole que pusiese fin de una vez a tanta degradación: que si el país
producía las mejores uvas del mundo, tanto menos motivo existía para
transformarlas en vino. Dispuso entonces Júpiter que el espíritu del vino
bebido por Mahoma, subiera a su cerebro, enloqueciéndolo y haciéndolo
cometer tales errores que, vuelto a su sano juicio, promulgó una ley que
prohibía a los asiáticos el uso del vino.
(Escrito al margen.)
635.- Apenas el vino entra en el estómago, comienza a hervir y a
fermentarse; el alma empieza a abandonar el cuerpo, dirigiéndose hacia el
cielo encuentra el cerebro, que es la causa de que ella haya abandonado el
cuerpo; ya empieza a contaminarlo y a enfurecerlo a la manera de un loco;
ya comete irreparables errores, matando a sus amigos…

Profecías
636.- De los honores funerarios.- Se rendirán muy grandes y pomposos
honores a ciertos hombres, sin que ellos lo sepan.
637.- Del día de los difuntos.- Muchos llorarán a sus padres muertos,
llevándoles velas encendidas.
638.- De las nubes.- Gran parte del mar se escapará hacia el cielo, y
no volverá por mucho tiempo: desde las nubes.
639.- De los buques.- Los árboles más grandes de las selvas serán
llevados por el ímpetu de los vientos del Oriente al Occidente, es decir,
por mar.
640.- De la siembra.- Los hombres arrojarán sus propias vituallas
que, para sustentarse, guardaban en sus casas.
641.- De las cartas.- Los hombres se hablarán y responderán desde
remotísimos países.
642.- De los zapateros.- Los hombres verán con placer gastar y romper
sus propias obras.
643.- De las mulas.- Muchos tesoros y grandes riquezas serán
confiadas a animales cuadrúpedos, que las llevarán a diversos lugares.
644.- De los cascabeles de las mulas.- Se oirán en muchos países de
Europa instrumentos de varios tamaños y diversas armonías, con mucho
cansancio de quienes los oyen de cerca.
645.- De las cabritas.- Volverán los tiempos de Herodes, pues los
hijos inocentes serán arrancados a sus nodrizas, y morirán de grandes
heridas causadas por la crueldad de los hombres.
646.- De los gatos que devoran los ratones.- Tus hijos, ciudad de
África, serán despedazados en sus mismas casas por crueles y rapaces
animales de tu país.
647.- De la bola de nieve.- Habrá muchos que crecerán derrumbándose.
648.- De las armas.- Obras del hombre causarán su muerte: las espadas
y las lanzas.
649.- Del hierro.- Los muertos saldrán de bajo tierra, y con sus
fieros movimientos expulsarán del mundo a innumerables criaturas humanas.
650.- De las espadas y lanzas que por sí mismas son inofensivas.- El
que por sí mismo es apacible y sin maldad alguna, se volverá feroz y
terrible a causa de las malas compañías, y privará, con crueldad extrema,
de la vida a muchas gentes; y más aún destruiría, si ciertos cuerpos sin
alma, salidos de los peñascos, no las defendieran: esto es, las corazas de
hierro.
651.- De las estrellas de las espuelas.- Gracias a las estrellas, se
verán hombres velocísimos, al par de cualquier animal veloz.
652.- De las bombardas.- Saldrá de bajo tierra quien aturdirá con sus
gritos espantables a los circunstantes, y con su aliento dará muerte a los
hombres y arruinará ciudades y castillos.
653.- Del pedernal que, con el fuego que produce, incendia los
bosques y consume la leña cuyas brasas cuecen la carne de los animales.-
Las grandes piedras de los montes, lanzarán fuego bastante para quemar la
leña de muchos y grandes bosques y la carne de numerosas bestias salvajes
o domésticas.
654.- Del pedernal y el eslabón.- Con piedra y con fierro se harán
visibles, cosas que antes no se veían.
655.- De la avaricia.- Muchos habrá que, con gran solicitud y fatiga,
perseguirán desesperadamente algo que siempre les asustó, sin conocer su
maldad.
656.- De los que se hacen más avaros a medida que envejecen.- Veranse
hombres, apreciados por su juicio y experiencia, que cuanto menos
necesitan las cosas con más avidez las buscan y rebuscan.
657.- De la ambición de riquezas.- Los hombres correrán tras la cosa
que más temen, es decir, que serán miserables por temor a la miseria.
658.- De las cosas que se comen, matándolas antes.- Será muerto a
golpes despediados quien los nutre.
659.- Del alimento vivo.- Gran parte de los cuerpos vivos pasará a
través de los cuerpos de otros animales, a saber, las casas deshabitadas
pasarán en pedazos por las casas habitadas, dándoles algo útil y
llevándose lo perjudicial: en otras palabras, la vida del hombre se hace
de las cosas que come, las cuales llevan consigo la parte muerta del
hombre.
660.- De la boca del hombre, la cual es un sepulcro.- Se oirán
grandes rumores provenientes de las sepulturas de aquellos que murieron de
mala y violenta muerte.
661.- De los dados.- Se verán los huesos de los muertos, ocuparse con
veloces movimientos de la forma de quien los mueve.
662.- Del sonido de la gaita.- El viento, pasando por el pellejo de
los animales, hará bailar a los hombres.
663.- De los pelotaris.- Pieles de animales sacarán a los hombres de
su silencio, haciéndoles gritar y blasfemar.
664.- De la navegación.- Soplarán fuertes vientos que harán correr
hacia el Occidente las cosas del Oriente, y hacia el Norte las del Sur. Y
mezclándose todas, seguirán el curso del viento por largas extensiones del
país.
665.- De la noche.- Llegará a suceder que ya no se podrá distinguir
entre los colores, sino que, al contrario, todos ellos asumirán la
cualidad de la negrura.
666.- Del fuego.- Nacerá un pequeño elemento que se agrandará con
presteza, y este elemento no tendrá en ninguna estima las cosas creadas.
Antes bien, gracias a su poder, tendrá la facultad de hacer que todas las
cosas transformen su esencia en otra diferente.
667.- Del espejo cóncavo que enciende el fuego en el fondo de un
horno, caliente el cielo del mismo, y en él vuelve el calor a reflejarse
hacia el fondo.- Los rayos solares encenderán fuego en el suelo, haciendo
arder lo que está bajo el cielo y reflejándose en él para volver hacia
abajo.
668.- De las constelaciones.- Y muchos animales terrestres y
acuáticos subirán a las estrellas.
669.- De la sombra que se mueve con el hombre.- Se verán formas y
figuras de hombres y de animales, que seguirán a esos hombres y animales a
dondequiera que huyan; y el movimiento de aquéllas será igual al de éstos,
pero causará asombro observar la diferencia de tamaño entre unas y otros.
670.- De las lenguas de diversos pueblos.- El género humano llegará a
un punto tal que cada hombre será incapaz de entender el habla de los
otros -por ejemplo los alemanes y los turcos.
671.- De las linternas.- Los temibles cuernos de los forzudos toros,
defenderán la luz nocturna contra la furia impetuosa de los vientos.
672.- Del mango del hacha.- Los bosques engendrarán hijos que serán
causa de su muerte.
673.- De las hormigas.- Muchos pueblos se esconderán, junto con sus
recién nacidos y sus provisiones, en oscuras cavernas; y en esos lugares
tenebrosos se alimentarán, con sus familias, durante muchos meses sin
ninguna luz accidental o natural.
674.- De las moscas.- Saldrán los hombres de sus sepulturas,
convertidos en pájaros, y asaltarán a otros hombres, quitándoles el
alimento de sus propias manos y mesas.
675.- De la extracción de agua con cubos en los extremos de una
cuerda.- Muchos se ocuparán tirando hacia abajo una cosa, mientras otra se
escapará en sentido contrario.
676.- Del foso.- Muchos se ocuparán en sacar material de algo que
crecerá tanto más cuanto mayor sea el volumen extraído.
677.- De los nogales golpeados.- Cuanto más méritos tengan, más serán
golpeados, y a sus hijos -arrancados, descortezados y desnudos- les
romperán los huesos.
678.- De las nueces, aceitunas, bellotas y castañas.- Muchos hijos
serán despiadadamente aporreados, arrancados de los brazos de sus propias
madres, arrojados al suelo y destrozados.
679.- De los árboles que nutren a las ramas injertadas.- Se verán
padres y madres cuidando más a sus hijastros que a sus verdaderos hijos.
680.- De las embarcaciones que naufragan.- Se verán grandísimos
cuerpos sin vida llevar, con furia, multitud de hombres a la pérdida de
sus vidas.
681.- De los zuecos.- Los grandes fangales obligarán a los hombres a
utilizar los árboles del lugar en que viven, para marchar sobre ellos.
682.- Del horno.- Por todas las ciudades, tierras, castillos y casas,
se verá a unos, por deseo de comer, quitar a otros de su propia boca la
comida, sin que éstos puedan en manera alguna defenderse.
683.- De los odres.- Las cabras conducirán el vino a las ciudades.
684.- De los segadores.- Muchos se moverán, unos contra otros,
llevando en sus manos el cortante hierro. Pero no se harán ningún daño,
salvo el que resulta del cansancio, porque, a medida que uno avanza, el
otro se retira. Pero, ¡ay del que se introduzca entre ellos!, pues al fin
será hecho pedazos.
685.- Del dormir sobre las plumas de los pájaros.- Habrá muchos que,
olvidados hasta de su nombre y existencia, estarán como muertos sobre los
despojos de otros muertos.
686.- De las jóvenes que se casan.- Se verán padres entregar a sus
hijas a la lujuria de los hombres, y aun premiarlos, olvidándose de sus
anteriores celosos cuidados.
687.- De los médicos que viven de los enfermos.- Los hombres
descenderán a tal grado de cobardía, que tendrán como un favor que otros
aprovechen de sus males y de la pérdida de su mayor riqueza: la salud.
688.- De los metales.- Saldrá, de oscuras y tenebrosas cavernas, algo
que acarreará a toda la especie humana grandes afanes y peligros y aun la
muerte. A sus secuaces, tras muchas fatigas, les procurará contento; pero
el que no sea su partidario, morirá abatido por la calamidad.
689.- Causará infinitas traiciones; se impondrá a los hombres,
persuadiéndoles de que les conviene cometer asesinatos, latrocinios y
perfidias; esto hará finalmente sospechosos a sus partidarios; esclavizará
a las ciudades libres; privará a muchos de la vida; afligirá a los hombres
con sus arterías, engaños y traiciones.
690.- ¡Oh, animal monstruoso!, cuánto mejor sería para nosotros que
volvieras al infierno; por tu culpa las grandes selvas perderán sus
árboles e infinitos animales su existencia.

Chistes
(Facezie)
691.- De un fraile y un mercader.- Los hermanos mínimos acostumbraban
observar la cuaresma en sus conventos absteniéndose de comer carne; pero
cuando van de viaje, como viven de limosnas, les está permitido
alimentarse de todo lo que les ofrecen. Entrando pues, en una posada dos
de esos religiosos, en compañía de cierto mercachifle, se sentaron los
tres a la misma mesa. Sirviéronles, como único manjar, un pollo hervido,
que otra cosa no había disponible en la mísera posada. Viendo el mercader
que este único plato apenas bastaba para él solo, se volvió a los
religiosos y les dijo: «-Si mal no recuerdo, vosotros no coméis en
vuestros conventos y en días como éstos, ninguna clase de carne.» A estas
palabras los religiosos, de acuerdo con su regla, hubieron de contestar
sin ambages, que tal era la verdad, con lo que el mercachifle, muy
satisfecho, se comió el pollo; y los hermanos tuvieron que conformarse
como pudieron.
692.- Partiéronse luego en compañía y sucedió que después de andar un
trecho, llegaron a un río de bastante anchura y profundidad. Como los tres
iban a pie -los hermanos por pobreza, y el otro por avaricia- fue
necesario para comodidad de la compañía, que uno de los frailes se
descalzara y cargara sobre sus hombros al mercachifle, y así lo hizo,
dándole a guardar sus zuecos entre tanto.
693.- Cuando el fraile se encontró en la mitad del río, le vino a la
memoria una de las reglas de su orden, y este nuevo San Cristóbal, alzando
la cabeza, preguntó al hombre que cargaba: «-Dime, antes de seguir
adelante, ¿llevas contigo algún dinero?» «-Sin duda -contestó el otro-;
¿puedes pensar, acaso, que un mercader como yo emprenda viaje en otras
condiciones?» «¡Cuánto lo siento! -exclamó el fraile-; nuestra regla nos
prohíbe llevar dinero encima».
Y sin más, lo arrojó al agua. Comprendió entonces el mercader que
ésta era la alegre venganza de su mal proceder, y sonriendo pacíficamente,
con rubor y vergüenza la soportó.
694.- Agudeza de un artesano a su señor.- Solía un artesano visitar a
su señor, aunque sin el propósito de pedírle merced alguna. Preguntole al
fin el señor, cuál era el objeto de sus visitas, contestándole el artesano
que sólo quería darse un placer que no estaba al alcance del otro, por
cuanto satisfacía de ese modo un deseo muy común en la gente de su clase:
el de ver a un hombre más poderoso que él, mientras que el señor no
pudiendo ver sino a hombres que le eran inferiores, se veía privado de tal
placer.
695.- Respuesta a un pitagórico.- Queriendo uno probar, con la
autoridad de Pitágoras, cómo ya en otras épocas habla estado en el mundo,
y viendo que su interlocutor no le dejaba concluir su razonamiento, le
dijo:
-Y para demostrarte que, en efecto, no te engaño, yo recuerdo que tú
eras entonces molinero.
El otro, sintiéndose ofendido por tales palabras, le replicó
declarando que conocía la exactitud del hecho, confirmada por la
circunstancia -que ahora le venía a la memoria-, de que el amigo
pitagórico era el asno que traía la harina al molino.
696.- Respuesta de un pintor.- Preguntaban a un pintor por qué,
mientras sus figuras -cosas muertas, al fin- eran tan bellas, sus hijos
eran, al contrario, tan feos.
-Es -contestó el pintor- porque mis pinturas las hago de día y mis
hijos de noche.
697.- Palabras de un moribundo.- Un enfermo estando ya a punto de
morir, oyó golpear a la puerta de su dormitorio, y preguntó a uno de sus
criados quién era el que así llamaba; y como el criado le contestara que
era una mujer de nombre Buena, el enfermo alzó los brazos, dio las gracias
a Dios en alta voz y ordenó a sus criados que la hiciesen entrar sin
demora, a fin de que pudiera ver, antes de morir, una mujer buena, pues en
toda su vida no había encontrado una sola que fuera digna de tal nombre.

Cartas
698.- A Ludovico el Moro.- Después, Señor mío ilustrísimo, de haber
visto y examinado ya suficientemente las pruebas de cuantos se reputan
maestros en la construcción de aparatos bélicos, y de haber comprobado que
la invención y manejo de tales aparatos no traen ninguna innovación al uso
común, me esforzaré, sin detrimento de nadie, en hacerme oír de Vuestra
Excelencia para revelarle mis secretos; ofreciéndole para la oportunidad
que más le plazca, poner en obra las cosas que, en breves palabras, anoto
enseguida (y otras muchas que sugieran las circunstancias de cada caso):
699.- 1. He concebido ciertos tipos de puentes, muy ligeros y sólidos
y muy fáciles de transportar, ya sea para perseguir al enemigo o, si
ocurre, escapar de él; así como también otros, seguros y capaces de
resistir, el fuego de la batalla, y que puedan ser cómodamente montados y
desmontados. Y procedimientos para incendiar y destruir los del contrario.
700.- 2. Sé cómo extraer el agua de los fosos, en el sitio de una
plaza, y construir puentes, catapultas, escalas de asalto e infinitos
instrumentos aptos para tales expediciones.
701.- 3. Si la altura de los terraplenes y las condiciones naturales
del lugar hicieran imposibles en el asedio de una plaza el empleo de
bombardas, yo sé cómo puede arruinarse la más dura roca o cualquier otra
defensa que no tenga sus fundaciones sobre la piedra.
702.- 4. Conozco, además, una clase de bombardas de cómodo y fácil
transporte y que pueden lanzar una tempestad de menudas piedras, es tanto
que el humo que producen infunde espanto y causa gran daño al enemigo.
703.- 5. En los combates navales, dispongo de aparatos muy propios
para la ofensiva y la defensiva, y de navíos capaces de resistir el fuego
de las más grandes bombardas, pólvora y vapores.
704.- 6. También he ideado modos de llevar a un (¿punto?),
preindicado, a través de excavaciones y por caminos desviados y secretos,
sin ningún estrépito y aun teniendo que pasar por debajo de fosos o de
algún río.
705.- 7. Ítem, construiré carros cubiertos y seguros contra todo
ataque, los cuales, penetrando en las filas enemigas, cargados de piezas
de artillería, desafiarán cualquier resistencia. Y en pos de estos carros
podrá avanzar la infantería ilesa y sin ningún impedimento.
706.- 8. En caso de necesidad, haré bombardas, morteros y otras
máquinas de fuego, bellísimas y útiles formas, fuera del uso común.
707. 9. Donde fallase la aplicación de las bombardas, las reemplazaré
con catapultas, balistas, trabucos y otros instrumentos de admirable
eficacia, nunca usados hasta ahora. En resumen, según la variedad de los
casos, sabré inventar infinitos medios de ataque o defensa.
708.- 10. En tiempo de paz, creo poder muy bien parangonarme con
cualquier otro en materia de arquitectura, en proyectos de edificios,
públicos o privados, y en la conducción de aguas de un lugar a otro.
Ítem, ejecutaré esculturas en mármol, bronce y arcilla, y todo lo que
pueda hacerse en pintura, sin temer la comparación con otro artista, sea
quien fuere. Y, en fin, podrá emprenderse la ejecución en bronce de mi
modelo de caballo que, así realizado, será gloria inmortal y honor eterno
de la feliz memoria de vuestro Señor padre y de la casa de Sforza.
709.- Y si alguna de las cosas antedichas parecieran imposibles e
infactibles, me ofrezco de buena gana a experimentarlas en vuestro parque,
o en el lugar que más agrade a Vuestra Excelencia, a quien humildemente me
recomiendo.
Leonardo Da Vinci. Florentino.
710.- A Hipólito, Cardenal de Este, en Ferrara.-
Muy ilustre y reverendo Señor:
Hace pocos días que he llegado a Milán, y me encuentro con que un
hermano mío se niega a ejecutar el testamento hecho por mi padre, tres
años ha, poco antes de su muerte; y, aunque todo el derecho está de mi
parte, no he querido faltar a mí mismo en cosa que considero importante,
omitiendo pedir a Vuestra Reverenda Señoría una carta de recomendación y
protección para el señor Rafael Girolami, que es uno de los altos y
poderosos señores, ante quienes se ventila este asunto, y que está,
además, especialmente encargado por Su Excelencia el Gonfalonero de
ocuparse de dicha causa, la cual será decidida y terminada para la próxima
fiesta de todos los Santos. Por eso es por lo que, Monseñor, ruego con
todas mis fuerzas a Vuestra reverenda Señoría, quiera escribir una carta
al mencionado señor Rafael con los giros hábiles y afectuosos que sabrá
encontrar Vuestra Señoría, para recomendarle a Leonardo Vincio, apasionado
servidor de Vuestra Señoría, como soy y pretendo ser siempre, a fin de que
no sólo me haga justicia, sino que pronuncie una decisión en mi favor. Y
no dudo que, de acuerdo con los numerosos informes que tengo, el señor
Rafael -muy afecto a Vuestra Señoría- enderezará las cosas según mis
votos, lo que yo atribuiré a la carta de Vuestra reverenda Señoría, a
quien presento mi respeto.
Et bene valeas. Florencia, 18 de septiembre de 1507. Leonardo
Vincius, pintor.
711.- A Julián De’Medici.- Me he alegrado tanto, Ilustrísimo Señor
mío, del restablecimiento tan deseado de vuestra salud, que me he sentido
libre casi de mi propio mal.
Siento de veras no haber podido satisfacer el pedido de Vuestra
Excelencia, referente a aquel mentiroso alemán, por culpa de su maldad; a
pesar de no haber omitido cosa alguna que, a mi juicio, le hubiera sido
agradable. Lo invité a vivir en mi casa con el fin de observar
continuamente su trabajo y de poder corregir sus errores. Quería además
que aprendiera la lengua italiana y pudiera hacerse entender sin
intérprete. Se le pagó siempre su salario por anticipado. Pretendió
después tener los modelos en madera de los trabajos en hierro, y
llevárselos a su país. A ello me negué, diciéndole que le daría en dibujo
el ancho, largo y espesor, así como la forma de lo que tendría que hacer:
esto fue causa de que al fin quedáramos en malos términos.
712.- El segundo incidente consistió en que, habiéndose establecido
con tienda aparte, provisto de banco e instrumentos, dormía en ella y
trabajaba para otros; iba después a comer con los suizos de la guardia,
gente holgazana, y que por eso se entendían bien con él. Y frecuentemente
salían de a dos o tres, armados de escopetas, a cazar pájaros en los
viejos monumentos, y no volvían hasta la noche.
713.- Y cuando yo mandaba a Lorenzo para rogarle que trabajara,
contestaba, enojado, que no quería obedecer a tantos patronos y que sólo
tenía que ocuparse de los armarios de Vuestra Excelencia. Pasaron así dos
meses, sin variación, hasta que, habiéndome encontrado con Gian Niccolo,
de la guardarropa, le pregunté si el alemán había terminado los encargos
del Magnífico; a lo que me contestó que sólo se le había dado a limpiar
dos escopetas. Después, y tras otros pedidos de mi parte, abandonó su
tienda y empezó a trabajar en su habitación, perdiendo bastante tiempo en
fabricarse un nuevo torno, limas e instrumentos de tomillo, así como
devanaderas para seda, las cuales escondía al llegar alguno de mi gente,
pronunciando recriminaciones y juramentos: de modo que ninguno de mis
criados se atrevía a entrar.
714.- Al fin he descubierto que este maestro Juan de los Espejos
había hecho todo esto por dos razones: primero, porque pensó que mi venida
aquí lo ha privado de la relación y el favor de Vuestra Señoría; y
segundo, porque dice que su nueva habitación le conviene para trabajar los
espejos con mis criados, que ha convertido en enemigos míos y a quienes ha
inducido a dejarle su taller donde fabrica, con otros obreros, muchos
espejos que manda vender en las ferias.
715.- Fragmento de una carta a su padre.
«Queridísimo padre: A fines del pasado mes recibí la carta que me
escribisteis, la cual, casi al mismo tiempo me causó alegría y tristeza:
alegría, porque me enteró de que estás sano, y por ello doy gracias a
Dios; y tristeza, porque me trae la noticia del mal estado de tus
negocios…»
716.- Fragmento de una carta a uno de sus hermanos.
«Mi queridísimo hermano: Sólo para decirte que hace muy pocos días me
llegó una carta tuya, por la que veo que has recibido una herencia, lo que
te ha causado extraordinaria alegría. Y esto me demuestra cuán equivocado
estaba al juzgarte hombre prudente, pues te regocijas de haberte procurado
un encarnizado enemigo que pondrá todo su empeño en privarte de la
libertad, y que sólo con tu muerte…»
717.- Fragmento de una carta a su madrastra (Lucrezia Cortigiani,
cuarta mujer de Ser Piero da Vinci), y a sus hermanas (Violante y
Margarita).
«En el nombre de Dios, el día 5 de julio de 1507. Mi querida y amada
madre, hermanas y cuñado:
»Quiero haceros saber que, gracias a (¿Dios?), me encuentro sano.
Espero que os pase lo mismo. Os recuerdo que dejé una espada en vuestra
casa, y os diré lo que habéis de hacer con ella: llevadla a la Piazza
delli Strozzi, en lo de Maso delle Viole, que me la guardará. (Esto me
interesa mucho.) También os recomiendo mis vestidos. Os pido que, en mi
nombre, tratéis con bondad a Deianira (¿joven sobrina de Leonardo?), para
que no piense que la he olvidado. Saludad por mí a Petro, mi cuñado,
avisándole que permaneceré aquí hasta fines de septiembre; …que me
trasladaré luego rápidamente ahí y me ocuparé de su asunto en forma que le
satisfaga.»
718.- Dos cartas de Benedetto de’Pertarti: parodiando los viajes
fantásticos de Benedetto Dei, contemporáneo de Leonardo.
Carta I.- La negra cara, desde que se la ve por primera vez, es
horrible y espantosa; especialmente los enrojecidos y hundidos ojos, que
desde su puesto, debajo de las oscuras y ceñudas cejas, serían capaces de
nublar el cielo y hacer estremecerse la tierra.
719.- Y puedes creerme si te digo que el hombre más intrépido
desearía tener alas para huir de su mirada ardiente; y que el infernal
Lucifer parecería un ángel, en comparación. Su fruncida nariz, de cuyas
amplias ventanas salían abundantes y gruesas cerdas, hacía juego con la
torcida boca de espesos labios, amarillos dientes y bigotes de gato. Su
estatura supera la de un hombre a caballo en todo el largo de su busto.
720.- Lleno de impaciencia, transformada su ira en verdadera furia,
empezó a penetrar por entre la multitud, agitando con rabia las robustas
piernas y lanzando a puntapiés por los aires a los hombres, que caían unos
sobre otros como espeso granizo; y muchos mataban así, al mismo tiempo que
morían. Y este cruel espectáculo duró hasta que el polvo levantado por sus
enormes pies, obligó al infernal monstruo a volver atrás, mientras que
nosotros continuamos huyendo.
721.- ¡Oh!, ¡cuántos ataques fueron vanamente intentados contra esta
endiablada bestia, que se reía de nuestros asaltos! ¡Oh!, ¡mísera gente,
de nada os valen las fortalezas inexpugnables, ni las altas murallas de
las ciudades, ni el reunirnos en multitudes; de nada las casas o palacios!
Sólo os queda el recurso de esconderos en agujeros o cuevas subterráneas,
como los cangrejos o los grillos, o de buscar la salvación en la huida.
722.- ¡Cuántas infelices madres y padres perdieron a sus hijos!
¡Cuántas míseras mujeres, a sus compañeros! A la verdad, mi querido
Benedetto, a la verdad, yo no creo que desde que existe el mundo el terror
haya provocado tantos lamentos y llantos en el pueblo.
723.- Ciertamente, la especie humana tiene que envidiar, en este
caso, a todas las otras clases de animales: porque, si el águila vence en
poder a todos los otros pájaros, en velocidad de vuelo no los vence; las
golondrinas, con su presteza, escapan a la rapacidad del mirlo; los
delfines, a fuerza de veloces, logran burlar la voracidad de las ballenas
y de los grandes cachalotes; pero de qué nos servirá, ¡pobres de
nosotros!, correr cuanto podamos, si este fantástico gigante, con lento
paso, gana al más rápido corcel. No sé qué decir ni qué hacer. Me imagino
ya ir nadando por la descomunal garganta, y llegar de cabeza a encontrar
desesperada muerte y confusa sepultura en el vasto vientre del monstruo.
724.- Carta II.- Habiendo resbalado y caído el fiero gigante, por lo
fangoso y ensangrentado de la tierra, se hubiera dicho que una montaña se
derrumba, sacudiendo la campaña como un terremoto, capaz de causar pavor
al mismo Platón, dios de los infiernos. Y, a causa del gran golpe, quedó
medio aturdido sobre el suelo, de modo que la turba de gente volviendo
adonde él estaba, pensó que había sido muerto, atravesado quizá por una
saeta; y empezó entonces a correr sobre su cuerpo, como hormigas
enloquecidas que se agitan sobre el tronco derribado de un roble. Y
laceraban sus miembros con infinitas heridas.
725.- Vuelto en sí el gigante, viéndose cubierto por aquella multitud
de hombres y sintiéndose aguijoneado por tantas picaduras, lanzó un mugido
semejante a un espantoso trueno. Apoyó luego sus manos en el suelo,
levantó el rostro espantable y, al tantearse la cabeza, se la encontró
llena de hombres, prendidos de sus cabellos, a manera de pequeños
parásitos. Sacudiola con violencia, e hizo volar por el aire a todos
aquellos hombres, como granizo arrancado por el huracán, con lo que muchos
de ellos perecieron…

Miscelánea
726.- Evolución histórica de la pintura.- Si el pintor elige para
modelos pinturas ajenas, las suyas serán de poca excelencia; pero si
aprende directamente de la naturaleza, conseguirá buen fruto. Así vemos
que los pintores posteriores a la época de los romanos, imitándose siempre
unos a otros, llevaron su arte a la decadencia. Después de éstos vino
Giotti, florentino, el cual, nacido en montes solitarios sólo habitados
por cabras y bestias semejantes, inspirado por la naturaleza, empezó a
dibujar en las piedras las formas y movimientos de las cabras de su
rebaño. Comenzó luego a representar todos los animales que encontraba en
el campo; y de ese modo, tras de mucho estudio, logró superar no sólo a
los maestros de su tiempo, sino también a los de muchos siglos anteriores.
Después de él, volvió a declinar el arte, porque todos imitaban las
pinturas hechas; y siguió así declinando hasta que Tomás Florentino,
apodado Masaccio, mostró con su obra perfecta, cómo quienes tomaban por
modelo algo que no fuera la naturaleza, maestra de los maestros,
trabajaban en vano.
727.- Nuestra mente abandonada a sí misma nos engaña.- No hay cosa
que nos engañe más que nuestro juicio.
728.- La divisibilidad al infinito es una abstracción mental.- Lo que
es actualmente divisible, lo es también en potencia; pero no todas las
cantidades que son divisibles en potencia, lo son también en acto.
729.- Ley del mínimo esfuerzo.- Toda acción natural se realiza por el
camino más corto.
730.- Inercia de la materia.- Ninguna cosa inanimada se mueve
espontáneamente. Su movimiento le viene de una causa exterior.
731.- A un amigo maldiciente.- Cierto sujeto dejó de tratar con un
amigo suyo porque lo oía con frecuencia hablar mal de sus propios amigos.
Dolido éste de ver al otro olvidarse de la gran amistad que los uniera, y
habiéndole preguntado cuál era la causa de su nueva actitud, respondió
aquél: He resuelto romper mis relaciones contigo, porque no quiero que,
cuando hables mal de mí, que tanto te estimo, dejes una triste impresión
en los que te escuchen. Mientras que, no viéndonos ya juntos, supondrán
que nos hemos vuelto enemigos, y así cuando murmures de mí, según tu
costumbre, no te reprobarán como lo harían si continuaran creyéndonos
amigos.
732.- Del pintor que sólo usa del sentido práctico.- El pintor que
retrata por práctica y a ojo, sin razonar lo que hace, es como un espejo
que reproduce las cosas que se le ponen delante, sin comprenderlas.
733.- Placer que nace de la contemplación de la naturaleza.- Los
ambiciosos que no se contentan con el beneficio de la vida y de la belleza
del mundo, sufren, como penitencia, desperdiciar la misma vida y no lograr
la posesión de la utilidad y belleza del mundo.
734.- En todo viaje hay oportunidad de aprender algo.- La naturaleza
es tan benigna que ordena las cosas de manera que, en cualquier parte del
mundo, encontrarás algo que imitar.
735.- Leyes de la naturaleza.- La naturaleza no quebranta jamás sus
leyes.
736.- Definición de la fuerza.- ¿Qué es la fuerza? Llamo fuerza a una
virtud espiritual, a uno potencia invisible que, por una violencia
incidental y externa, es causada por el movimiento y reside latente en los
cuerpos, los cuales son entonces sacados de su estado natural de reposo y
reciben de dicha fuerza una vida activa de maravilloso poder.