Reía…

Me lo cortaron, me lo cortaron -se decía- y reía entusiasmado…

Salío calle abajo con el brazo al hombro. Alguien aquella mañana le prometió la gloria de los poetas. Sí, quizás un pacto con el diablo -pensaba. Y, sin pensarlo mucho, se dirigió a él…

-¿A cambio? Ah! pero ¿hay que dar algo a cambio?
-¿Te acuerdas de Cervantes? -dice el diablo.
-Yo era muy pequeñito…
-… Pues a él también le pedí su brazo a cambio de la gloria eterna.
-Está bien… estoy dispuesto, me aguarda el mundo.

Salió calle abajo con el brazo al hombro. Y reía… reía… reía.